<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758</id><updated>2011-12-18T22:38:58.994+01:00</updated><category term='Sensacionalismo'/><category term='Relatos'/><category term='diarios'/><category term='Conan Doyle'/><category term='Lógica'/><category term='Cela'/><category term='Pessoa'/><category term='Turner'/><category term='Envoltorios'/><category term='Cernuda'/><category term='Calles'/><category term='Pla'/><category term='Borges'/><category term='Otro mundo es posible'/><category term='El chico de las cigueñas. Presentaciones de libros'/><category term='Pau Casals'/><category term='Chejov'/><category term='Generación 2007'/><category term='Grandeza'/><category term='Polaroids'/><category term='Julio Camba'/><category term='Murakami Haruki'/><category term='Roberto Arlt'/><category term='Josef Winkler'/><category term='Galdós'/><category term='Rafael Reig'/><category term='Zavattini'/><category term='Sherlock Holmes'/><category term='Intrahistoria'/><category term='Solana'/><category term='Balzac'/><category term='Baroja'/><category term='Dignidad'/><category term='Ramón Gaya'/><category term='Doce meses sin año'/><category term='Babelia'/><category term='El enigma inexplicable de los enanos de jardín'/><category term='Crónicas del tiempo aquel'/><category term='Del oficio'/><category term='Textos'/><category term='Cuentos castellanos'/><category term='Emilia Pardo Bazán'/><category term='Vila-Matas'/><category term='Wim Wenders'/><category term='Yasujiro Ozu'/><category term='Dickens'/><category term='Arte'/><category term='Gyula Illyés'/><category term='La España negra'/><category term='María Zambrano'/><category term='Horacio'/><category term='Trapiello'/><title type='text'>El Círculo Solana</title><subtitle type='html'>A trancas y barrancas...</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default?start-index=101&amp;max-results=100'/><author><name>Mabalot</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09961022077052484776</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>104</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-1577661824813074901</id><published>2010-09-14T21:43:00.002+02:00</published><updated>2010-09-14T21:45:31.868+02:00</updated><title type='text'>El aire</title><content type='html'>Después de mucho tiempo, Laura había conseguido que Ramón, su jefe,  aceptara la invitación para ir a cenar a su casa. Por fin le tenía allí, frente a ella, sentado a la mesa en la que había dispuesto alimentos suculentos y una buena botella de vino, y parecía que se lo estaba pasando realmente bien. Los comensales eran cuatro: Laura y Jaime, su marido, y Ramón, y Jennifer, la esposa de éste. &lt;br /&gt; La conversación discurría con elegancia entre aperitivos varios, láminas de foie, sushi y otras delicatessen internacionales que Laura se había encargado de comprar con todo el cuidado. Ramón no la había decepcionado y hablaba sin soltar el tenedor de su juventud, cuando, ay, fue medio hippie y quiso cambiar el mundo. También habló de sus múltiples viajes —Nueva York es la ciudad perfecta y en Bruselas creen que todos los españoles somos camareros—y, sobre todo, de su experiencia laboral como jefe de Recursos Humanos en una multinacional. Llegado a ese punto de la conversación, a Laura se le afilaron los colmillos y se aferró a las palabras de Ramón para hacer valer su currículo y su buena disposición para el trabajo. &lt;br /&gt; —Desde luego que tu labor no pasa desapercibida para nadie, Laura—contestó Ramón.&lt;br /&gt; —Este jamón es excelente—dijo Jennifer chasqueando la lengua.&lt;br /&gt; —El sashimi quizás habría que comerlo en un japo .—objetó Jaime.&lt;br /&gt; —Con un vasito de sake templado.&lt;br /&gt; —Creo que mis propios compañeros alaban mi trabajo. Nadie puede negar que yo soy incansable. Y con los clientes tengo un trato exquisito.&lt;br /&gt; —Los bocaditos de salmón me pirran. &lt;br /&gt; —Es escocés, por supuesto.&lt;br /&gt; —El color del salmón va a juego con tu camisa, Jennifer. &lt;br /&gt; —Deberías dar el paso, Laura. Solicitar un puesto de alta dirección. &lt;br /&gt; —La elección del vino es perfecta. Marida muy bien con todo. &lt;br /&gt; —Me encanta vuestra casa. &lt;br /&gt; —Estoy dispuesta a trabajar con ahínco. &lt;br /&gt; —Contarías con mi apoyo. Aunque hay otros tan preparados como tú.&lt;br /&gt; —Creo que no tomaré postre. &lt;br /&gt; —No puedes negarte el placer de un tiramisú. &lt;br /&gt; —Estoy dispuesta a luchar por un puesto acorde con mis aptitudes en la empresa. Creo en mis merecimientos. Pruébame. &lt;br /&gt;        Luego pasaron a la terraza. Desde allí se divisaban las luces de medio Madrid. La noche era espléndida y perfecta, diseñada por un geómetra. Laura y Jaime comentaron las reformas que habían hecho en la casa y cuánto costaba decorarla. Ramón y Jennifer hablaron de la práctica de la vela en Mallorca. Ante una copa de buen coñac, Laura oyó a su jefe decir que estaba impresionado —verdaderamente impresionado, fueron sus palabras— y vio cómo ponía una mano en su rodilla y la miraba a los ojos para decirle que charlas de este tipo, alrededor de una mesa y con un buen vino, eran más esclarecedoras para él respecto a sus subordinados que la mejor de las entrevistas. A Laura, en ese momento, sin saber por qué, le dieron ganas de desperezarse y de hacer el amor con su marido. &lt;br /&gt;        El coñac había dejado en las copas una pátina acaramelada y olía a humo de buen puro por toda la casa. Dieron las cuatro de la madrugada cuando se despidieron. La velada había sido perfecta. Jennifer sonreía y estaba comentándoles que ellos también deberían ir una noche a su casa a cenar. Ya se habían besado y despedido, y la puerta del ascensor estaba abierta. Ramón repetía otra vez que lo había pasado muy bien. De pronto, a Laura se le escapó un pedo, un pequeño pedo, una insignificancia de pedo, un pedete, fruto sin duda de la dieta a base de verduras crudas que seguía para adelgazar. A esas horas, y en el eco de la escalera, el pedo resonó como un estallido fenomenal. Fue un latigazo al aire. La visita entró en el ascensor y Laura y su marido oyeron cómo, ya dentro, reían. Reían como ríen los niños en la carpa de un circo cuando actúan los payasos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-1577661824813074901?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/1577661824813074901/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=1577661824813074901' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/1577661824813074901'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/1577661824813074901'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2010/09/el-aire.html' title='El aire'/><author><name>la luz tenue</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02389564597658498690</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-421388972384275731</id><published>2010-06-05T19:59:00.002+02:00</published><updated>2010-06-05T19:59:44.203+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>De cuando mi abuelo inventó una cámara fotográfica distinta a todas las demás</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ascii-font-family: Calibri; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-bidi-font-family: Arial; mso-hansi-font-family: Calibri; mso-hansi-theme-font: minor-latin;"&gt;Cuando mi abuelo se compró su primera cámara a los fotógrafos aún se les llamaba “retratistas”. Eran tiempos lejanos en los que hacerse una foto era un pequeño acontecimiento en la vida de una persona, un capricho caro, para el que la gente elegía los momentos clave de sus vidas, y acudía al estudio con sus mejores galas para ser inmortalizados. Chicas guapas con su vestido de domingo recién estrenado, quintos uniformados que no querían que sus novias les olvidaran, niños vestidos de marinerito a punto de comulgar, o bebés rollizos con faldones llenos de puntillas. Las fotos de mi abuelo quizás no fuesen técnicamente perfectas, pero sí que conseguían sacar lo mejor de los retratados. La sonrisa encantadora de la chica sosita y tímida, el perfil con menos acné del recluta, la carcajada descontrolada del niño que había entrado al estudio llorando en brazos de su madre, y que mi abuelo sabía calmar con su paciencia infinita y un poco de ayuda extra. La jirafa Rafa y el pollito Pito pasaron de nuestro cajón de los juguetes a compartir espacio con un peine, un bote de laca y un espejo del tocador de la abuela Beatriz. Su marido no necesitaba mucho más para conseguir resultados tan buenos que lo que empezó siendo un pasatiempo para las tardes que le dejaba libres su trabajo en el Ministerio de Agricultura, terminó convirtiéndose en su verdadera profesión. Hasta el punto de terminar alquilando un pequeño local al lado de la panadería del barrio. El taller de un zapatero remendón al que atropelló un tranvía se convirtió en el estudio donde mi hermano y yo pasamos las mejores tardes de nuestra infancia. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ascii-font-family: Calibri; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-bidi-font-family: Arial; mso-hansi-font-family: Calibri; mso-hansi-theme-font: minor-latin;"&gt;A los sesenta y cinco años, el abuelo Bruno aún era un tipo atlético y ágil, de facciones tan aniñadas que poca gente le echaba más de cincuenta. El retiro le pilló en plenitud de facultades y energía, así que en lugar de aburrirse y deprimirse por haber dejado en el armario el uniforme de conserje, fue como si rejuveneciera quince años. Empezó a abrir la tienda también por las mañanas, y se pasaba allí todo el día, salvo el rato del medio día en el que se iba a comer, y se echaba la siesta. La jubilación coincidió con la época en la que las fotografías de estudio empezaban a escasear: la gente había descubierto el gusto por hacer sus propias fotos, y las cámaras encontraban su hueco en las maletas de los veraneantes. Así que los retratos empezaron a ser sustituidos por el revelado de carretes y las fotos de carnet. Tareas demasiado mecánicas para el espíritu creativo de mi abuelo, pero que también le dejaban mucho tiempo libre. Unas horas muertas que no tardó en ocupar con un proyecto secreto, un misterio incluso para su propia esposa. Como antes de dejar el ministerio, volvió a abrir el estudio sólo por las tardes: las mañanas, a puerta cerrada, las dedicaba a trabajar en el cuarto de revelado. Ni siquiera la abuela Beatriz consiguió sacarle una sola palabra en los dos años que tardó en preparar el prototipo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ascii-font-family: Calibri; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-bidi-font-family: Arial; mso-hansi-font-family: Calibri; mso-hansi-theme-font: minor-latin;"&gt;La tarde que lo terminó, mi hermano y yo merendábamos un bocadillo de mortadela, mientras hacíamos los deberes sobre el mostrador de la tienda. El abuelo estaba encerrado con el invento, como casi siempre en los últimos meses: cada vez dedicaba más horas a sus experimentos y menos al negocio, se quejaba mi madre. Aquella tarde aún no le habíamos visto, pero siguiendo instrucciones de la abuela, no nos habíamos atrevido a molestarle. Cuando salió, se acercó a nosotros y nos dio un beso a cada uno, como hacía siempre. La abuela, que hacía ganchillo en una sillita baja, levantó la vista de la labor, y sonrió. “¿Ya está?”, le preguntó. “Sí”, respondió él. Fue todo. Ella siguió tejiendo, como si nada. Félix y yo nos miramos, y decidimos seguir también a lo nuestro. Y no por falta de curiosidad: pero si mi abuela sólo había conseguido arrancarle un sí a su marido, nuestros intentos por saber más serían un fracaso. Así que yo le pegué otro mordisco a mi bocadillo, y mi hermano siguió coloreando. Y nos olvidamos del tema. Hasta el fin de semana.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ascii-font-family: Calibri; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-bidi-font-family: Arial; mso-hansi-font-family: Calibri; mso-hansi-theme-font: minor-latin;"&gt;Aquel domingo, como todos, iríamos a comer paella en casa de los abuelos. También estarían mis tíos, y mi prima Lourdes, que ya estudiaba en el instituto. Sin embargo, la noche antes, el abuelo nos llamó por teléfono para decirnos que en lugar de llegar a la una para el aperitivo, como siempre, quería vernos en el estudio, a eso de las once. Todos sabíamos que aquella irregularidad tenía que ver con su proyecto. Pero lo que nadie esperaba, por muy seguros que estuviéramos de que el ingenio del abuelo tenía que haber parido algo grande, era lo que terminamos encontrándonos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ascii-font-family: Calibri; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-bidi-font-family: Arial; mso-hansi-font-family: Calibri; mso-hansi-theme-font: minor-latin;"&gt;El fotomatón era idéntico a los que empezaban a verse en las estaciones de tren y en el metro. La decepción apareció, en mayor o menor grado, en las caras de todos nosotros. ¿Tanto rollo para terminar poniendo un aparato de ésos en el estudio? Era evidente que la robustez de mi abuelo sólo era aparente: debía estar perdiendo facultades. La primera en verbalizar lo que todos pensábamos fue mi madre. “Pero papá, ¿necesitas eso en la tienda? Si a ti te encanta hacer fotos de carnet… Son lo más parecido a los retratos de antes…”. El abuelo sonrió con picardía, y le dijo que no se dejara engañar por las apariencias: aquello parecía un fotomatón, pero no lo era. “¿Cómo que no? ¿Acaso no hace fotos?”, exclamó mi tío Ramón. Hacía fotos, claro que sí, pero los resultados no tenían nada que ver con lo que la gente esperaba cuando cerraba la cortinilla y se sentaba en la banqueta redonda. “Vamos a ver, Bruno… Podrán ser de mejor calidad, con mejor color, sin tanta cara de presidiario, pero poco más. Una foto es una foto, a fin de cuentas”, dijo mi padre. Pues no. Una foto podía ser mucho más. La única pega, le explicó el abuelo, era que el aparato no era recomendable para cierto grupo de personas. “¿Estás diciendo que tiene algo así como efectos secundarios, como las medicinas? A ver si nos va a pasar algo… Quítate de ahí, Lourdes”. Mi tía Mercedes, tan aprensiva como siempre, cogió del brazo a mi prima y las dos se fueron lo más lejos posible del fotomatón. ”No entiendo nada, Bruno”, le interrumpió la abuela. “Explícate de una vez, hazme el favor, ya está bien de tanto misterio y tanta tontería”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ascii-font-family: Calibri; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-bidi-font-family: Arial; mso-hansi-font-family: Calibri; mso-hansi-theme-font: minor-latin;"&gt;Entonces, el abuelo sonrió, y se me quedó mirando. Yo levanté la mano, como en el colegio, ofreciéndome voluntaria para probarlo. Entré en la caseta, y me senté en el taburete. El abuelo la hizo girar conmigo encima, hasta que me vi reflejada en el espejo de enfrente. Con suavidad, me apartó el flequillo de los ojos, y me acarició la cara. Luego cerró la cortina, y me dijo que no me moviera hasta que terminara de contar hasta treinta. Así lo hice.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ascii-font-family: Calibri; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-bidi-font-family: Arial; mso-hansi-font-family: Calibri; mso-hansi-theme-font: minor-latin;"&gt;Nueve pares de ojos parecían empujar con el pensamiento al cartoncito alargado con mis fotos, que aparecieron de repente, sobresaltándonos a todos. El abuelo se acercó a la máquina, y lo cogió. Todos nos abalanzamos sobre él, pero fue a mí a quien puso en la mano la tira de cuatro fotos. Quemaba todavía, y desde el cartón tibio un niño rubio y sonriente me miraba. Mi hermano me quitó las fotos de la mano, y gritó “Abu, que éstas no son. Deben ser del último que se las hizo, que no salieron”. El abuelo sonrió enigmáticamente, y no dijo nada. Mis fotos, es decir, las del chico de pelo claro y ojos chispeantes, pasaron de mano en mano, mientras todos miraban la tira de papel, y me miraban a mí. “Eh, que yo he hecho lo que me ha dicho el abuelo. Estarme quieta y contar. No es culpa mía”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ascii-font-family: Calibri; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-bidi-font-family: Arial; mso-hansi-font-family: Calibri; mso-hansi-theme-font: minor-latin;"&gt;“Claro que no, bonita. ¿Qué va a ser culpa tuya?”, me tranquilizó el abuelo, dándome un beso. “Ya os dije que no era un aparato como los demás”. “¿Quién es ese niño, papá?, preguntó la tía Mercedes. “Es el hombre de su vida, hija. Esta máquina no saca fotos de quien se sienta frente a ella, sino de su pareja ideal”. Durante un minuto, nadie dijo nada. Todos nos miramos con una mezcla de miedo e incredulidad. Miedo a que el abuelo hubiese perdido la cabeza por completo, así, de repente y sin remedio. No podía ser, pero sin embargo, ahí estaban las fotos. Yo me había puesto frente a la cámara, tan seria como siempre que me retrataban, pero la cara risueña que veíamos multiplicada por cuatro era la de otra persona. Nada menos que la del hombre con el que, de encontrarnos algún día, yo sería más feliz que con ningún otro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ascii-font-family: Calibri; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-bidi-font-family: Arial; mso-hansi-font-family: Calibri; mso-hansi-theme-font: minor-latin;"&gt;Fue mi hermano el que rompió el silencio. “Prueba conmigo, Abu”. A los pocos minutos, volvíamos a arremolinarnos en torno a mi hermano, que sostenía tembloroso una serie de fotos que mostraban a una chica de su misma edad, vestida a la manera africana, de rasgos bastos, pero sonrisa deslumbrante. ¿”Una negra?” gimió Félix. “Yo no quiero tener que casarme con una negra, jooooo”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ascii-font-family: Calibri; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-bidi-font-family: Arial; mso-hansi-font-family: Calibri; mso-hansi-theme-font: minor-latin;"&gt;&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;“Papá, ¿quieres decir que si yo me hago la foto, aparecerá Antonio?”, preguntó mi madre. “Puede ser, hija, pero sólo si tu marido es el hombre de tu vida. Si te has casado con el hombre correcto, Antonio será el que salga en las fotos. Si no, aparecerá otro. Por eso no es recomendable que usen este aparato personas ya emparejadas. Es arriesgado”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ascii-font-family: Calibri; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-bidi-font-family: Arial; mso-hansi-font-family: Calibri; mso-hansi-theme-font: minor-latin;"&gt;El abuelo nos explicó que aquel invento podía usarse para saber quién era la mujer o el hombre perfecto para ti. Y que lo había perfeccionado hasta el punto de poder elegir la zona de búsqueda a gusto del consumidor. Pulsando unas teclas con los colores del parchis, podías encontrar a tu media naranja en tu propia ciudad (botón rojo), en tu provincia (verde), en tu país (amarillo) o en el extranjero (azul). Una promesa encerrada en un rectángulo de cuatro por tres centímetros, un rostro sin nombre que te miraba invitándote a ser feliz, &lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;con quien, seguramente, jamás te cruzarías o que quizás te estaba esperando a la vuelta de la esquina, en el portal de al lado. El aturdimiento era general. Mis padres se miraban, mis tíos se miraban, y mi prima Lourdes, con una tira de fotos en cada mano, nos miraba a Félix y a mí. Todo era demasiado raro. Y todos nos hacíamos la misma pregunta. ¿Cómo podía estar tan seguro el abuelo de que las personas que salían en las fotos eran precisamente eso, la mujer o el hombre de tu vida, y no tu potencial asesino, por ejemplo? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ascii-font-family: Calibri; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-bidi-font-family: Arial; mso-hansi-font-family: Calibri; mso-hansi-theme-font: minor-latin;"&gt;“Bruno. Enséñanos las fotos que salieron cuando probaste tú”. La abuela había dicho lo que todos queríamos saber. Y su marido estaba preparado. Se metió la mano en el bolsillo de la camisa, y sacó tres tiras de papel. “Probé con misma ciudad, misma provincia y mismo país. Y saliste tú, Beatriz. En las tres. La mujer de mi vida. ¿O no?”. La abuela sonrió. “¿Y la extranjera?”, preguntó mi hermano. “Pues no lo sé. La verdad es que sólo hice esas tres. ¿Probamos a ver qué sale?”. Su mujer asintió, y él desapareció detrás de la cortinilla.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ascii-font-family: Calibri; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-bidi-font-family: Arial; mso-hansi-font-family: Calibri; mso-hansi-theme-font: minor-latin;"&gt;Cuando el cartón salió por la ranura, nadie podía contener su impaciencia. Entre las manos de mi abuelo, una mujer morena, de ojos verdes y piel de nácar sonreía con tristeza, aceptando su destino, lejos del hombre que nunca conocería y que, quizás éste sí, le hubiese hecho feliz.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ascii-font-family: Calibri; mso-ascii-theme-font: minor-latin; mso-bidi-font-family: Arial; mso-hansi-font-family: Calibri; mso-hansi-theme-font: minor-latin;"&gt;Sí. La máquina funcionaba perfectamente. Porque todos sabíamos que a mi abuelo, desde jovencito, siempre le encantó Ava Gardner…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-421388972384275731?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/421388972384275731/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=421388972384275731' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/421388972384275731'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/421388972384275731'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2010/06/de-cuando-mi-abuelo-invento-una-camara.html' title='De cuando mi abuelo inventó una cámara fotográfica distinta a todas las demás'/><author><name>Teresa, la de la ventana</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00525823307781512041</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/-SdlREwpgDe4/Tqvj-rXctlI/AAAAAAAABhU/F0PbxbYleik/s220/arellanos_0022.JPG'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-8367217571276995876</id><published>2010-05-27T19:10:00.000+02:00</published><updated>2010-05-27T19:10:06.772+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>La carta</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_7UsJMAvRFpk/S_6nZQpkxJI/AAAAAAAAAv8/STh74hVwDCk/s1600/sobre.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://2.bp.blogspot.com/_7UsJMAvRFpk/S_6nZQpkxJI/AAAAAAAAAv8/STh74hVwDCk/s320/sobre.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;El sobre le esperaba sobre la mesa, encima de la pila de la correspondencia que su secretaría había dejado como cada día, al lado de la impresora, junto con un montón de facturas, recibos bancarios y folletos de publicidad. La carta destacaba entre las demás por su color tostado y por una caligrafía que hubiese reconocido entre miles de páginas manuscritas por miles de manos.&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Nunca quiso guardar sus cartas. Ni las que recibía de ella, ni las que él enviaba, cuando se trataba de correo electrónico. Sus mensajes, los de los dos, estaban a buen recaudo en un lugar donde incluso cuando el papel se pudre y los bites se volatilizan, las palabras permanecen. Y lo hacen para siempre. O al menos, mientras él viviera. Eso era para siempre. Su ahora. “La eternidad es ahora”, le dijo ella un día. En ese instante descubrió de golpe y en su justa medida el valor del ahora. Y le asustó lo efímera que puede ser la eternidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Pero el sobre estaba ahí. Esperándole. Palpable y real. Sobre la mesa de su despacho, donde tantos otros se amontonaban cada día. Diciéndole “Ábreme. Soy tuyo”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;Supo que nada volvería a ser lo mismo si rasgaba la solapa de papel color mostaza, donde no aparecía el nombre del remitente, ni falta que hacía. Fue consciente de que estaba dando un paso que no permitía ser desandado…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, 'Times New Roman', serif;"&gt;No le importó.&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-8367217571276995876?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/8367217571276995876/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=8367217571276995876' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/8367217571276995876'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/8367217571276995876'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2010/05/la-carta.html' title='La carta'/><author><name>Teresa, la de la ventana</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00525823307781512041</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/-SdlREwpgDe4/Tqvj-rXctlI/AAAAAAAABhU/F0PbxbYleik/s220/arellanos_0022.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_7UsJMAvRFpk/S_6nZQpkxJI/AAAAAAAAAv8/STh74hVwDCk/s72-c/sobre.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-391424963659086725</id><published>2010-05-15T23:29:00.002+02:00</published><updated>2010-05-15T23:37:23.691+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='La España negra'/><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_20yJHBv1lVo/S-8Sgvf0KsI/AAAAAAAAIvM/GsmrwNqzBoU/s1600/procesi%C3%B3n.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 324px; height: 400px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_20yJHBv1lVo/S-8Sgvf0KsI/AAAAAAAAIvM/GsmrwNqzBoU/s400/procesi%C3%B3n.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5471612425993464514" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="EN-US"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-large;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="color:#990000;"&gt;ZAMORA &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="EN-US"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;En el vagón de tercera en que viajamos van algunos labradores y cabreros, otra vez sentimos de nuevo en las rodillas los pliegues duros y recortados de sus capas, miramos sus pesadas botas llenas de barro endurecido.&lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="EN-US"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; Las cribas del asiento las palpamos con los dedos como hacen los ciegos: aquí una hendidura, aquí un papel de grasa o la espina de una sardina y algún mendrugo de pan duro como una piedra.&lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="EN-US"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; Cuando nos asomamos a la ventanilla, dentro del túnel hace borrar nuestro cuerpo el humo de la máquina. Vemos los chorros de agua que manan de las junturas de las piedras. Un farol, de tarde en tarde, nos da idea de lo largas que son estas cuevas.&lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="EN-US"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; ¡Cómo sentimos los pitidos desesperados de la locomotora!, al poco tiempo de encontrarse en pleno campo, al respirar el viento sano y recordar la niebla espesa, y aquel fuerte olor de carbón que parecía nunca acabar. Otras veces, cuando vamos a llegar a un pueblo, notamos el cansancio de la máquina. Parece que la faltan fuerzas para llegar. Al pararse no vemos la estación, pues está interrumpida por un largo tren de mercancías. Mientras la máquina en la que vamos toma agua de una gruesa manga, primero vemos la mancha negra e imponente de una locomotora parada; luego los vagones, en los que están sujetos con argollas y cadenas unos cajones pintados de gris con refuerzos de hierro, donde van los toros que casi no se pueden mover. Éstos patean y bufan rabiosos, destinados para las corridas de los pueblos y que proceden de los campos de Salamanca.&lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="EN-US"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; El estribo de nuestro coche está tan alto sobre el acero de los rieles, llenos de aceite y carbonilla, que aunque tenemos ganas de apearnos, no lo hacemos por lo juntos que están los dos trenes. Un hombre, con traje azul de obrero y muy agachado, da unos fuertes golpes en las ruedas con unos martillos de hierro y desaparece misteriosamente.&lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="EN-US"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; Cuando el tren se vuelve a poner en marcha vemos, con algunas interrupciones, los vagones-jaulas llenos de corderos, cabras y carneros, van muy molestos. Entre los hierros asoman el cuello y balan. Luego los coches llenos de sacos de trigo y de troncos de árboles atados con cuerdas.&lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="EN-US"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; Cuando se para en alguna estación lejana al pueblo, parece que se cuentan los segundos y que el silencio tiene hasta sonido, como la máquina de un reloj.&lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="EN-US"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; De pronto sentimos sobre nuestras cabezas las fuertes pisadas de un hombre sobre el techo del coche que renueva las luces ya muy mortecinas al volver a colocar los faroles. Por su grueso cristal resbalan las gotas de aceite. Pasa un tren, y van desfilando delante de nuestros ojos los diferentes coches: unos de mercancía con cubiertas de encerados, amarrados fuertemente los bultos, cruzados y anudados a las argollas, de trecho en trecho; alguno ocupado por viajeros, donde van soldados cantando y tocando la guitarra. El último vagón, con un farol rojo, le vemos perderse a lo lejos. Vemos la esfera iluminada del reloj (estos relojes de las estaciones, que son tan puntuales y todos tienen la hora fija). Todo el camino del andén está lleno de vagones sueltos que tapan las primeras casas del pueblo que están alrededor de la estación. En estos vagones vacíos la luz de los faroles hace brillar sus cristales, cruzados de gotas de escarcha, y las sombras misteriosas de su interior semejan siluetas sin vida e incorpóreas de viajeros caídos de nuca y durmiendo sentados.&lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="EN-US"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span lang="EN-US"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;En la velocidad del tren las maderas del coche se estremecen y parecen abrirse y volver a cerrarse con grandes crujidos en el techo, y el suelo parece querer desfondarse, quedando limpio de tabiques y sólo con las ruedas. El viento brama en dilección contraria a que caminamos. Se ve la espesa nube negra del humo de la máquina, que se esparce por el cielo. Vemos desfilar pueblos y más pueblos. El suelo, los hilos del telégrafo y los árboles nos siguen como si corrieran. Cuando pasamos por los puentes su estruendo de hierro y el vértigo de sus arcos nos hace meternos dentro del vagón. El ramaje de los árboles, que se suceden como una exhalación, tiene un ruido sonoro y trae un viento fresco y húmedo que se nos mete en los huesos. El tren va acelerando su marcha. El cielo clarea y empieza a despuntar el día. El sol es como un redondel rojo, que poco a poco se extiende e incendia las nubes con rayos deslumbrantes. La llanura agranda a las personas y las esbeltece. Esas caravanas de labradores que vemos desde las ventanillas se destacan enteras, y el horizonte parece más limpio. Entre la panza y finas patas de las mulas, arrastrando los arados, y parece algo gigante ese hidalgo que sale de su pueblo montado en su caballo, envuelto en la capa, que tapa, paternalmente, el trasero de su cabalgadura. Estamos delante de Zamora. Al cruzar el tren su estación y pasar por las planchas giratorias de hierro, van dando brincos los coches y topetazos, metiendo mucho ruido. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Con este sobresalto vemos las primeras casas de la ciudad. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-391424963659086725?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/391424963659086725/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=391424963659086725' title='12 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/391424963659086725'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/391424963659086725'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2010/05/zamora-el-vagon-de-tercera-en-que.html' title=''/><author><name>Bernardinas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13552590227953529076</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-i8DFngFaN8A/Tu5dZWGQM2I/AAAAAAAAKsE/LM77UL7zk0Y/s220/STENCIL-SHORT.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_20yJHBv1lVo/S-8Sgvf0KsI/AAAAAAAAIvM/GsmrwNqzBoU/s72-c/procesi%C3%B3n.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-8466423414207237819</id><published>2010-05-13T11:03:00.001+02:00</published><updated>2010-05-24T16:52:13.315+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>Cosas que pasan</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;line-height: normal; margin-bottom: 0.0001pt; "&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;“Lo que ha de suceder, sucederá.”  -  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;a href="http://www.proverbia.net/citasautor.asp?autor=1118" title="Frases de Virgilio"&gt;&lt;span style="font-family:&amp;quot;;color:windowtext;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Virgilio&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;line-height: 150%; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;line-height: 150%; text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Recuerdo que llegamos a urgencias a la una del mediodía. Era un domingo gris, plomizo, de ésos que invitan a gandulear en casa. Pero ya se sabe: las enfermedades no saben de aguaceros, ni de aperitivos dejados a medio terminar cuando tu hija se está asfixiando delante de tus narices. Deprisa, pero sin nervios, entramos en el hospital con el aplomo del que pisa terreno conocido: demasiados ataques de asma nos habían llevado allí otras veces, a esos pasillos siempre poco iluminados y tristones,  a la merced de un personal sanitario cordial y atento, aunque siempre demasiado apresurado, haciendo equilibrios al borde del caos. La niña se sometía dócilmente a los tratamientos, como lo hacen los enfermos que lo han sido desde la cuna: con resignación y entereza, con el estoicismo fatalista del que sabe que las cosas son como son y no hay más que hablar. Andrea, con sus cuatro añitos, era consciente que sólo los aerosoles permitían que volviese a respirar con normalidad, y que las inyecciones de corticoides también ayudaban a que sus pulmones se recuperaran, así que la pobre no chistaba cuando la dejaba sola con las enfermeras. Como otras veces, yo me quedé en la sala de espera, y abrí el libro. Aunque las urgencias son un buen sitio para entretenerse mirando a los demás, observar y escuchar conversaciones ajenas, lo que veo y oigo siempre termina deprimiéndome. Por eso, porque soy curiosa, pero no masoquista, siempre llevo un libro en el bolso. Sin embargo, ese día me resultaba imposible concentrarme en la lectura. ¿Por qué, si la sala estaba prácticamente vacía, y todo el mundo estaba callado? Éramos sólo seis personas contándome a mí. Dos ancianas cabizbajas acompañaban a otra que iba en silla de ruedas. Tres asientos más allá, una mujer se abrazaba a su bolso, con la mirada perdida. A su lado, un adolescente ponía los cinco sentidos en morderse los padrastros. “Se va a pelar el dedo entero, qué daño…”, pensé con grima, mientras me obligaba a apartar la vista de sus manos. El chaval tenía el pelo revuelto y sudoroso, pegado a la frente. Debía venir de hacer deporte, porque aún llevaba puesto el pantalón corto y las zapatillas, aunque debía estar muriéndose de calor con el anorak, un plumas con la cremallera subida hasta el cuello. La calefacción, igual que ocurría en verano con el aire acondicionado, estaba excesivamente alta. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;line-height: 150%; text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-ascii-font-family: Calibri; mso-bidi-font-family: Calibri; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-hansi-font-family:Calibri;"&gt;&lt;span style="font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;-  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Quítate el anorak, hijo, que te va a dar algo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;line-height: 150%; text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;El chico se sobresaltó, igual que la señora de la silla de ruedas y yo misma, cuando la voz de la mujer rompió el silencio. El muchacho al fin se olvidó de su pulgar y se bajó la cremallera, dejando al descubierto una camiseta de tirantes. “Atletismo. Estos han venido con otro que se ha lesionado, me apuesto lo que quieras”, dije para mí. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;line-height: 150%; text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-ascii-font-family: Calibri; mso-bidi-font-family: Calibri; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-hansi-font-family:Calibri;"&gt;&lt;span style="font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;- &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Mamá. Pregunta otra vez, anda.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;line-height: 150%; text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Entonces fue ella la que pegó un respingo. Seguía aferrada al bolso como si fuese un salvavidas, y las palabras de su hijo parecieron traerla de vuelta, de muy lejos. Era una treinteañera guapetona, excesivamente joven para tener un hijo tan mayor, ahora me daba cuenta. Tenía unos ojos bonitos, pero la mirada mustia de quien ha sufrido mucho en muy poco tiempo. Hizo ademán de levantarse, cuando su móvil empezó a sonar.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;line-height: 150%; text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-ascii-font-family: Calibri; mso-bidi-font-family: Calibri; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-hansi-font-family:Calibri;"&gt;&lt;span style="font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; -&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Hola.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;line-height: 150%; text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-ascii-font-family: Calibri; mso-bidi-font-family: Calibri; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-hansi-font-family:Calibri;"&gt;&lt;span style="font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;- &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;(…)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;line-height: 150%; text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-ascii-font-family: Calibri; mso-bidi-font-family: Calibri; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-hansi-font-family:Calibri;"&gt;&lt;span style="font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;- &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Pues no sabemos nada todavía. Cuando le trajeron estaba inconsciente. (…) Ya, pero es que ha sido un golpe muy fuerte. Y en la cabeza.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;line-height: 150%; text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-ascii-font-family: Calibri; mso-bidi-font-family: Calibri; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-hansi-font-family:Calibri;"&gt;&lt;span style="font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style=" line-height: 24px;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;-  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;(…)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;line-height: 150%; text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-ascii-font-family: Calibri; mso-bidi-font-family: Calibri; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-hansi-font-family:Calibri;"&gt;&lt;span style="font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;-  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Bueno… más o menos. Preocupado, claro. Ya le he dicho que no ha sido culpa suya, pero ya le conoces. (…) Sí, sí que es mala suerte. Y mira que estuvo a punto de no participar hoy, porque tenía la muñeca dolorida todavía. Pero el entrenador insistió. Sí, son cosas que pasan.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;line-height: 150%; text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-ascii-font-family: Calibri; mso-bidi-font-family: Calibri; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-hansi-font-family:Calibri;"&gt;&lt;span style="font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;-  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;(…)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;line-height: 150%; text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-ascii-font-family: Calibri; mso-bidi-font-family: Calibri; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-hansi-font-family:Calibri;"&gt;&lt;span style="font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;-  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;¿Y yo qué sé? Estamos a seiscientos kilómetros de su casa. Si mi padre apenas ha salido de su pueblo en toda su vida, la alcaldía le ha tenido atado allí siempre. Por lo visto había venido aquí con los jubilados. Mientras los otros se iban al Museo del Queso, él se plantó en el polideportivo. El también lanzaba el disco en su juventud, y quiso verlo, hoy era la final del campeonato. Sí, el de comunidades autónomas. Te juro que casi me da un infarto cuando vi que era él. Lo que no sé es cómo consiguió meterse en la grada de los padres. Dios mío, qué trago… Ten en cuenta que hacía más de diez años desde la última vez. (…) Sí, entonces, cuando intentó matarnos al niño y a mí. (…) Ya, ya lo sé, no hace falta que me lo recuerdes: mi padre me ha hecho la vida imposible. Siempre. Primero a mí. Y cuando ya no tenía remedio, también al niño. Por eso, joder… dios mío… pobrecito mío… no sabes lo mal que lo está pasando…&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;line-height: 150%; text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-ascii-font-family: Calibri; mso-bidi-font-family: Calibri; mso-fareast-font-family: Calibri; mso-hansi-font-family:Calibri;"&gt;&lt;span style="font: 7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;-  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;(…) Ya. (…) Sí. (…) Pues claro que no es sencillo vivir con algo así. Eso no se deja atrás, nunca, aunque ahora parezca que está muy lejos, que llevamos una vida normal. Que tu padre haga todo lo posible por evitar que vivas tu vida, y sólo porque una chiflada le predijo que su nieto le terminaría matando… eso es una pesadilla que no se acaba en la vida. Aunque pongas mucha tierra de por medio. Aunque pasen años. Y lo más irónico es que al final el viejo se va a salir con la suya, toda su puta vida acojonado, intentando por todos los medios controlarlo todo, y zas. Nunca mejor dicho, lo de zas. Jajjajja (…) Hombre, gracioso, gracioso no es, pero si no me río, directamente me echo a llorar, y no quiero, ni puedo. (…) En fin, es todo tan absurdo… Parece mentira, un hombre con estudios, un señor como él, creyéndose esas paparruchas, toda su vida sufriendo y haciendo sufrir a los demás por el pronóstico de una bruja… Y lo que son las cosas, que va a tener razón, después de todo. (…) Ya. (…) Espera, tengo que dejarte. Los médicos acaban de salir. Luego te llamo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;line-height: 150%; text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Durante cinco minutos, un médico jovencito y otro canoso hablaron en voz baja con la madre y el hijo. La cara de ella pasó de mostrar un claro alivio a un pánico que le hizo tambalearse, hasta el punto de que el residente la cogió del brazo en el último momento, evitando que se cayera redonda al suelo. Cuando los médicos se marcharon, el chico se apoyó en la pared, cerró los ojos durante unos segundos y volvió a abrirlos, clavando en su madre una mirada tan triste como la de ella. “Mamá, soy un asesino. ¿Qué va a pasarme?” La anciana de la silla de ruedas se santiguó a toda prisa, y miró con pavor al muchacho. La mujer suspiró, se acercó al chico, y pasándole con suavidad el brazo por la cintura le arrastró hasta la zona de los asientos. “Ya has oído al médico, Perseo. Ha sido un accidente. Da igual lo que les haya dicho tu abuelo. Tú a quien tienes que escuchar es a mí. Ha sido un accidente. Tú no eres ningún asesino. Tranquilízate”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: left;line-height: 150%; text-indent: 35.4pt; "&gt;&lt;span style=" line-height: 150%; mso-bidi-font-family:Arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:inherit;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;No pude oír más. En ese momento, mi hija apareció dando saltos, de la mano de una enfermera. Las explicaciones de una y los tirones de la manga de la otra me impidieron seguir escuchando. Mientras le abrochaba el abrigo a Andrea, ya en la puerta, dos policías nacionales se cruzaron con nosotras.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-8466423414207237819?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/8466423414207237819/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=8466423414207237819' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/8466423414207237819'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/8466423414207237819'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2010/05/cosas-que-pasan.html' title='Cosas que pasan'/><author><name>Teresa, la de la ventana</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00525823307781512041</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/-SdlREwpgDe4/Tqvj-rXctlI/AAAAAAAABhU/F0PbxbYleik/s220/arellanos_0022.JPG'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-906434058123432094</id><published>2010-05-11T18:31:00.004+02:00</published><updated>2010-05-11T18:50:23.722+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_20yJHBv1lVo/S-mJ7u7KKeI/AAAAAAAAIuc/g26zJ7T-cVQ/s1600/pastor+peq.jpg"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(0, 0, 0); "&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_20yJHBv1lVo/S-mJ7u7KKeI/AAAAAAAAIuc/g26zJ7T-cVQ/s1600/pastor+peq.jpg"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="color: rgb(0, 0, 0); -webkit-text-decorations-in-effect: none; "&gt;Tiene razón Teresa. El Círculo Solana debería preocuparse un poco más por sus papeles póstumos. Así que se me ocurre traer aquí un cuento que igual alguno vio por mi blog. Lo escribí poco antes de Navidad. Se iban a publicar &lt;i&gt;Los toros en invierno &lt;/i&gt;pero el editor dijo que harían falta un par de cuentos más para que no fuera una novela corta sino una colección de cuentos. Así que añadí otro cuento que ya colgué aquí, &lt;i&gt;Los galgos y los podencos&lt;/i&gt;, y este lo escribí a propósito para no salirme mucho del tono rústico general. Al enviarlo le añadí una dedicatoria, &lt;i&gt;A Félix Rodríguez de la Fuente&lt;/i&gt;. Luego la quité por exceso de sinceridad.&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;img src="http://4.bp.blogspot.com/_20yJHBv1lVo/S-mJ7u7KKeI/AAAAAAAAIuc/g26zJ7T-cVQ/s400/pastor+peq.jpg" /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span lang="ES" style="mso-ansi-language: ES"&gt;&lt;span style="mso-tab-count:1"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="color:#990000;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-large;"&gt;Animales heridos&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span lang="ES" style="mso-ansi-language: ES"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span&gt;           &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;El ganado ya se iba. Llevaba toda la mañana en un bancal de tierra parda&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="apple-style-span"&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; que se estaba despertando del barbecho. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Las ovejas iban ya dejando las faldas ásperas de la muela, se movían con más brío entre rastrojos y rebrotes de ababol, como si alguien les hubiera dicho que había llegado la hora de beber o fuera más prudente protegerse bajo los chopos cabeceros junto al río. La mañana era fría pero estaba despejada y no soplaba el viento. El sol calentaba un poco. Las ovejas caminaban cabizbajas, un mastín negro al que se le veía la carne viva de los lacrimales las iba acompañando sin ladrarles.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;            &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;El pastor terminó de comer y se limpió las migas, pasó el filo de la navaja por la pernera de los pantalones y la plegó mientras se limpiaba los dientes con la lengua. Cogió un morral de tela azul y se lo colgó atravesado por encima de la zamarra, y cuando se agachó a recoger el cayado vio que detrás de él, detrás de una mata de cardos, una oveja se quedaba retrasada. En realidad no podía caminar. Estaba a punto de parir, es posible que hubiese ya empezado. El cielo se había cubierto y por detrás de las crestas del otro lado del valle asomaban nubarrones negros. La primera volada de aire vino al mismo tiempo que se ocultó el sol. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;            &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Una oveja que se para porque ya no aguanta más puede tardar segundos en echar la cría, pero a veces se resiste. A veces hay que coger la cabeza o las patas del cordero y estirar. El cielo era una bóveda de plomo. El pastor intentó arrear a la oveja para que lo siguiese, pero vio que abría las patas de atrás y trataba de flexionarlas. Balaba porque no podía. De modo que volvió a descolgarse el morral y sacó la navaja. Al incorporarse vio cómo de las peñas peladas que había dejado a su espalda salía un buitre y volvía a desaparecer. Su silueta sobrevolaba parsimoniosa los peñascos de la cima y se alejaba planeando sin más movimiento que el de las plumas de las puntas de las alas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;            &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Había que darse prisa, llevar las ovejas al río y meterlas en la paridera antes de que empezase a helar, o se desatase una tormenta. La silueta del buitre había vuelto a ser un mal agüero. Ya no había muladares y en la sierra se dieron casos de vacas recién paridas atacadas por los buitres. El gobierno quiso limpiar el campo de carroña, de los burros muertos que se descomponen en el fondo de un barranco y las vacas enfermas que quedaron atascadas en las charcas. Los ganaderos estaban muy preocupados.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;            &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;El rebaño había traspuesto la loma que lo separaba del río. Detrás de un horizonte de rastrojos sólo se veían las ramas más altas de los chopos con algunas hojas amarillas y la nube de polvo que iba levantando el ganado por el camino. Se rumoreaba que en la peña habían puesto un comedero controlado. Antes estaba descontrolado pero no había buitres, decían los pastores. Lo más seguro era que los buitres estuviesen arremolinados al otro lado de la peña, arriba de la pared caliza, en los yermos pelados donde antiguamente se subían las ovejas en verano, atadas con una cuerda. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;            &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;El pastor cogió a la oveja por una pata trasera y venció sobre ella el peso del cuerpo para tumbarla. Luego le agarró las patas delanteras. La oveja estaba exhausta, no hacía por levantarse. El pastor presionó varias veces con el puño en la vagina tumefacta. Palpó la cría con los dedos pero no reconocía la cabeza ni las patas. La oveja balaba entrecortadamente, cuando reunía fuerzas, un solo balido lastimero con el que no bastaba para parir. De modo que el pastor metió la mano entera para darle la vuelta dentro del útero y sacarla porque si no la madre se podría reventar. Alguna vez más lo había tenido que hacer, el tacto sedoso y caliente de las paredes del útero le acariciaba los nudillos y con los dedos iba palpando las costillas del cordero hasta que dio con las patas de atrás y poco a poco fue cambiándolo de posición. Sacó la mano llena de sangre y de un líquido blanquecino y turbio como el suero y jirones de placenta pegajosa. La pezuña de una de las patas asomaba. Volvió a meter los dedos para coger la pata de más arriba de la rodilla y estiró sin detenerse, adaptándose al ritmo con que los propios esfínteres empezaban a expulsarlo. Nada más asomar la cabeza el cordero salió entre telas ensangrentadas. El pastor sacó la bota del zurrón, la puso boca abajo entre las rodillas y con ellas presionó para que saliera un chorrillo con el que se lavó las manos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;            &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Al levantar la vista al cielo, por encima de donde debía haber llegado ya el rebaño, vio que a lo lejos las nubes se deshacían en cortinas de hilos grises y una niebla cuajada velaba las ramas de los chopos. La oveja no podía ponerse de pie. Tuvo que ayudarla el pastor y a empujones apenas consiguió que caminase unos pasos con el cordón blanco brillante de flujos colgando entre las patas. Así anduvo unos metros, hasta que de pronto la oveja se arrancó a trotar, y cuando el pastor se volvió para recoger el corderillo se dio un susto que casi le da un infarto. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;            &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Nunca antes había visto un buitre tan de cerca. Vio planear su silueta perfecta recortada en la pared caliza de la muela, y cómo bajaba el vuelo y unos metros antes de una encina seca dejaba caer las patas, sus muslos de oca, y bajaba la cabeza e inspeccionaba las ramas con su largo cuello como si una culebra estuviera saliéndole del cuerpo. Vio la pechuga gorda de gallina gigantesca, las blancas plumas moteadas, los plumones con cañones como tubos de metal, que se recogían hacia dentro para amortiguar el aterrizaje. Parecía un animal compuesto del despojo de otros muchos, un cuerpo de pavo con un cuello de culebra, y las alas como dos perchas gigantes de las que colgara una alfombra de plumas desordenadas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;            &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;El buitre se posó en la rama, a unos quince metros de donde estaba el pastor. Parecía un rey medieval arropado por un manto de plumones grises. Había doblado el cuello sobre la pechuga con la curvatura de una tripa y de su cráneo peludo salía un pico desproporcionado, una callosidad córnea descolorida con un gancho afilado en la punta. El pastor podía incluso ver las garras por encima de la rama sin color, la piel de saurio de las patas de gallina pero con muchas más bulbosidades negras. Incluso le vio la cara, la piel fina gris brillante y arrugada, los ojos redondos y muy negros escondidos en las cuencas, hundidos por debajo de los huesos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;            &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;El pastor sacó sus cosas, unas cuerdas de plástico rojo y una bolsa con comida, y metió al cordero en el zurrón con la cabeza fuera. Llevaba el garrote pero eso no era suficiente. Lo había visto posarse, su descomunal envergadura que ocupaba casi la rama entera antes de plegar las alas y quedarse a la expectativa, sus garras como garfios de hierro viejo. El pastor ató una cuerda al cuello de la oveja y la obligó a caminar sin detenerse cada pocos pasos. Conforme se alejaban el buitre inmóvil era un bulto sobre las ramas muertas al que el viento movía las plumas. El pastor caminaba mirando atrás, oteando las cejas de las peñas, la posibilidad de que viniesen más buitres. A veces agarraba unos metros a la oveja pasándole un brazo por el pecho y volvía a dejarla y estiraba de la cuerda roja. El buitre no se movía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;            &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Por delante iban surgiendo las ramas de los chopos cabeceros por entre la bruma, las vigas dejadas crecer que acaban rajando las zocas y la pelambrera de las ramas nuevas. El pastor se fue metiendo entre la lluvia. Las gotas iban despegando hilachas de placenta que aún colgaban de los ojos de la cría. Llevaba la cabeza gacha, sólo la subía para mirar atrás. Una de las veces vio cómo a lo lejos el buitre sacudía las alas y arrancaba el vuelo en dirección adonde él estaba. El pastor volvió a posar en el suelo a la oveja, sacó la navaja del bolsillo de la zamarra, la abrió y la empuñó con la mano izquierda mientras con la derecha blandía el garrote como si lo estuviera sopesando. El buitre pronto ganó altura, sus alas enormes volvieron a planear. El pastor se llevó atrás el garrote, como para coger impulso si se acercaba, pero el buitre aleteó pesadamente y pasó por encima del pastor, en dirección a los chopos desnudos del río. No hizo giros, no dio ningún rodeo, voló directo hacia la bruma densa donde ya estarían bebiendo las ovejas, a menos de quinientos metros de donde estaba el pastor, al otro lado de la loma.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;            &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;El rebaño era lo primero. Dejó la oveja parturienta y corrió con la cría metida en el morral entre bancales de cascajo que atajaban las curvas del camino. El cordero de ojos cerrados iba dando botes y balaba. No tardó ni cinco minutos en llegar al río, pero allí no había ningún buitre. Las ovejas estaban juntas entre dos viejos muñones de chopo erizados de ramas tiernas. No se veía el buitre en el amplio horizonte de ricios al otro lado del río. El pastor barrió el paisaje en círculo con la mirada. El buitre no había regresado a las montañas, y si nuevamente apareciese por el otro lado del río lo vería entre las cortinas de lluvia que azotaban ahora la sierra muy lejos de allí. Inspeccionó con cuidado el ramaje de los chopos cabeceros, las vigas gordas y las varas tiernas, y las piedras blancas esmeradas que se amontonaban aguas abajo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;            &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;No vio al buitre, pero entre los balidos de las ovejas escuchó un aullido. Caminó entre zarzas y hierbajos que le llegaban a la cintura hasta más allá de los chopos, donde se abre de nuevo el campo abierto. Vio al mastín que se alejaba del río con su andar cansino y agitaba la cabeza para sacudirse el agua de la cara. Aullaba como los lobos. El pastor lo llamó con un silbido pero el perro seguía ladrando y aullando y agitando la cabeza como si quisiera espantar la lluvia. El pastor abandonó la chopera y fue tras él, pero nada más salir de los últimos arbustos, los juncos secos y las hierbas de la primera linde, caído sobre los terrones de un labrado, vio al buitre con las alas abiertas y las patas encogidas, como si lo hubieran clavado al suelo. Lo menos tenía cuatro metros de envergadura. Al principio se asustó, pero al acercarse un poco se dio cuenta de que le faltaba la cabeza. Se la habían arrancado por el buche, quedaban minúsculas piedras amarillentas mezcladas con detritus y esparcidas por las plumas de la pechuga. La cabeza estaba un poco más adelante. Tenía los ojos y el pico muy abiertos, le salía una lengua negra que brillaba con la humedad. El pastor corrió al encuentro del mastín, que seguía dando tumbos muy despacio y aullaba y el pastor veía el aliento del animal y las gotas que despedía al sacudir la cabeza. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;            &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;El pastor lo llamó por su nombre, y el perro se volvió. Aullaba y tenía los ojos vacíos. Un hilo de sangre le corría por el hocico, un colgajo al final del que brillaba el blanco del ojo le golpeaba la boca cada vez que trataba de quitárselo y levantaba la cabeza para aullar. Los aullidos se quebraban en gañidos, el mastín cabeceaba como un toro de lidia que quiere sacarse la espada, la sangre manaba de sus ojos. El pastor trató de calmar al mastín con voces, lo cogió de la carlanca y le acarició la cabeza y le limpió la sangre del morro con los dedos y con la navaja que llevaba abierta en un tajo rápido cortó la hilacha sanguinolenta que le colgaba y tapó con las manos las cuencas de los ojos. La sangre le salía entre los dedos, la lluvia la limpiaba. Cogió al mastín por la carlanca y lo puso a andar hacia donde se guarecía el rebaño. El bicho entonces pareció tranquilizarse, ahora giraba la cabeza como si encontrase alivio en las manos del pastor sobre los agujeros negros. Mientras lentamente lo acercaba hasta la chopera para poder curarlo mejor el pastor fue contando las ovejas. No faltaba ninguna. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: left;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;            &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;De las siete ovejas preñadas tres habían parido, pero tenían a su lado los corderos. El pastor buscó el cordero recién nacido, que andaba balando entre las zarzas, y volvió a meterlo en el zurrón. Una oveja lo había terminado de limpiar. Con una manga de la camisa improvisó una venda y tapó los ojos vacíos al mastín y la sujetó con un trozo de plástico manchado de placenta que aún llevaba en el morral. A voces arreó al rebaño de regreso a las majadas, por allí por donde debió de quedarse la oveja recién parida. Al vencer los taludes del río, mucho antes de llegar a las faldas de la peña, vio cómo una bandada de buitres se amontonaba entre los rastrojos. Unos subían encima de los otros y aleteaban y soltaban plumas, o corrían como pavos con una piltrafa de carne muy roja colgando del pico.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-906434058123432094?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/906434058123432094/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=906434058123432094' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/906434058123432094'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/906434058123432094'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2010/05/tiene-razon-teresa.html' title=''/><author><name>Bernardinas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13552590227953529076</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-i8DFngFaN8A/Tu5dZWGQM2I/AAAAAAAAKsE/LM77UL7zk0Y/s220/STENCIL-SHORT.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_20yJHBv1lVo/S-mJ7u7KKeI/AAAAAAAAIuc/g26zJ7T-cVQ/s72-c/pastor+peq.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-3656280403868690843</id><published>2010-05-08T16:30:00.009+02:00</published><updated>2010-05-08T16:35:46.066+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Intrahistoria'/><title type='text'>¿Por qué no?</title><content type='html'>&lt;div style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Hace algo más de un año que no escribo nada aquí. Penoso, lo sé, aunque tenga mis razones, y desgraciadamente sean lo bastante poderosas como para justificar este abandono mío. Pero aún así, no deben ser suficientemente válidas como para que no pueda evitar sentirme muy culpable, vaga y desastrosa, y me dé mucha vergüenza haber aprovechado tan rematadamente mal la oportunidad y el hueco que me hicieron los restantes miembros del círculo. Tampoco me sirve de consuelo observar la poca actividad generalizada que hay en este rincón solanesco: no debo ser muy tonta, porque el mal de muchos en lugar de tener efecto balsámico sobre mí, me pone aún más triste. Porque creo que es una lástima que este sitio languidezca de este modo cuando podría ser tan diferente.&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;Así que, después de sacudirme la pereza, me atrevo a pedir al resto de los miembros del club que también lo hagan. Que inyectemos un poco de vidilla a este lugar, quizás de la única manera posible cuando se llega a este punto: con disciplina. Creando una obligación placentera, quizás proponiendo libros que leer en común o un tema sobre el que escribir, en plan taller de escritura. O abriendo al azar uno de los Salones de Pasos Perdidos del amigo Trapiello y escribiendo algo al hilo de una reflexión cualquiera... No sé. Son sólo un par de ideas y quizás estoy proponiendo una idiotez, algo tan infantil como un cadaver exquisito o un relato a catorce manos, pero me parece mejor que dejar morir este sito por inanición. Porque un blog se alimenta de palabras y este pobre nuestro está anémico perdido... Pienso que no deberíamos desaprovechar la serie de felices casualidades que nos trajeron poco a poco, uno tras otro, hasta aquí. Nos unen muchas cosas, gustos comunes, visiones de la vida y la literatura ¿por qué no disfrutar de ese privilegio? Estoy segura de que el hecho de comprometernos un poco más en este rincón no sólo lo resucitaría, sino que daría lugar a textos que ahora mismo se están perdiendo en la nada, y también crearía un verdadero espíritu de unión entre los "Nietos de Solana".&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;En fin, ahí queda la idea. Ojalá alguien recoja el guante...&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="margin-bottom: 0px; margin-left: 0px; margin-right: 0px; margin-top: 0px; text-align: justify;"&gt;P.D. Por cierto, esto va para el administrador de la página: el enlace a mi página está mal. La dirección actual es www.desdemiventanaotravez.blogspot.com&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-3656280403868690843?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/3656280403868690843/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=3656280403868690843' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/3656280403868690843'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/3656280403868690843'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2010/05/por-que-no.html' title='¿Por qué no?'/><author><name>Teresa, la de la ventana</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00525823307781512041</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/-SdlREwpgDe4/Tqvj-rXctlI/AAAAAAAABhU/F0PbxbYleik/s220/arellanos_0022.JPG'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-6594906821843498098</id><published>2010-01-21T14:13:00.002+01:00</published><updated>2010-01-21T14:14:01.480+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Trapiello'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Solana'/><title type='text'>Paredes</title><content type='html'>Solaneros del mundo! &lt;a href="http://www.elmundo.es/elmundo/2007/07/02/suvivienda/1183395676.html"&gt;Trapiello nos tiene colgados en sus paredes!&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-6594906821843498098?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/6594906821843498098/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=6594906821843498098' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/6594906821843498098'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/6594906821843498098'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2010/01/paredes.html' title='Paredes'/><author><name>M.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07745354048030006773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-7598671997701840181</id><published>2009-11-18T15:54:00.003+01:00</published><updated>2009-11-18T16:00:15.122+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Zavattini'/><title type='text'>Las boinas de Cesare Zavattini</title><content type='html'>He encontrado estas fotos de Cesare Zavattini con boina y no me he podido resistir.&lt;br /&gt;Ya que no llegan nuevos textos, al menos algunas imágenes como éstas, de otro espíritu solanesco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_HKy_zSwv3es/SwQLz3EujaI/AAAAAAAAExo/G0B36MUmw1w/s1600/9199imagpag253.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5405458438336449954" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 215px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_HKy_zSwv3es/SwQLz3EujaI/AAAAAAAAExo/G0B36MUmw1w/s400/9199imagpag253.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_HKy_zSwv3es/SwQLz4rpi7I/AAAAAAAAExg/IusMxzjpFgs/s1600/5485_1.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5405458438768135090" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 150px; CURSOR: hand; HEIGHT: 180px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_HKy_zSwv3es/SwQLz4rpi7I/AAAAAAAAExg/IusMxzjpFgs/s400/5485_1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_HKy_zSwv3es/SwQLzuL57pI/AAAAAAAAExY/UiuANYQufy4/s1600/50.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5405458435950636690" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 120px; CURSOR: hand; HEIGHT: 182px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_HKy_zSwv3es/SwQLzuL57pI/AAAAAAAAExY/UiuANYQufy4/s400/50.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por cierto, hace tiempo quise escribir algo sobre Rossellini para subirlo aquí, pero después se me olvidó. A ver si un día de éstos me animo a escribirlo.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-7598671997701840181?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/7598671997701840181/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=7598671997701840181' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/7598671997701840181'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/7598671997701840181'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2009/11/las-boinas-de-cesare-zavattini.html' title='Las boinas de Cesare Zavattini'/><author><name>conde-duque</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00408131078343703172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_HKy_zSwv3es/SwQLz3EujaI/AAAAAAAAExo/G0B36MUmw1w/s72-c/9199imagpag253.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-2718234845512026301</id><published>2009-10-20T16:44:00.008+02:00</published><updated>2009-10-20T16:59:52.923+02:00</updated><title type='text'>Mi lectura de la cigüeña</title><content type='html'>Al final, después de releerla estos días, me he atrevido a comentar algo de la novela de nuestra Luisa. Dejo &lt;a href="http://conde-duque.blogspot.com/2009/10/el-chico-de-las-ciguenas-de-luisa.html"&gt;aquí &lt;/a&gt;el enlace a mi lectura de &lt;em&gt;El chico de las cigüeñas&lt;/em&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-2718234845512026301?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/2718234845512026301/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=2718234845512026301' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/2718234845512026301'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/2718234845512026301'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2009/10/mi-lectura-de-la-ciguena.html' title='Mi lectura de la cigüeña'/><author><name>conde-duque</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00408131078343703172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-9158592960812483226</id><published>2009-09-18T11:43:00.014+02:00</published><updated>2009-10-04T12:58:44.329+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>Feligreses</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;A J. M. Martín Peña&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Desde el púlpito un cura de gafas oscuras y grandes cejas declina las bienaventuranzas. A su espalda hay una mesa amplia, un reclinatorio, las manchas de humedad en la pared, el retablo, la débil luz que atraviesa las vidrieras. Al hablar, al cura se le marcan las venas de las sienes y se le abren los agujeros de la nariz. &lt;em&gt;Parece un dragón&lt;/em&gt;, pienso que piensa el niño de la primera fila.&lt;br /&gt;—Bienaventurados los mansos porque ellos poseerán la tierra...&lt;br /&gt;A mi lado, Teresa lamenta su mansedumbre, su ineficacia, su estéril desposesión de la tierra. Teresa lleva quince años conmigo. No tenemos perro, ni gato, ni hijos. Teresa ha desperdiciado su vida conmigo, y yo la mía con ella. Lo sabemos. No hay duda. El viaje desde casa ha sido largo, sombrío, monótono. El coche cumplió su función sin sobresaltos (tiene demasiados años: la suspensión está rota y la culata hace un ruidito extraño), aunque no podíamos pasar de ciento diez. Casi no hemos hablado durante el camino. Fue ella la que se empeñó en venir al pueblo de sus padres. «Una visita corta, para limpiar la casa y respirar aire puro», me dijo. No se me ocurrió ninguna excusa rápida para evitar este error, esta demorada catástrofe. Sus padres murieron hace dos años; casi seguidos, ella después de él, como cumpliendo un orden preestablecido, una cadena inevitable. Desde entonces no habíamos vuelto. La puerta de la iglesia permanece abierta, al fondo; por allí entra la corriente, heladora; el mundo espera detrás de ella, pero no sé si tendremos la valentía de atravesarla solos. Estoy sentado aquí y, misteriosamente, puedo verlo y oírlo todo. Lo demás lo intuyo, sin más.&lt;br /&gt;Hace frío. El niño de la primera fila se remueve en el banco, balancea las piernas: medias altas, pantalones cortos y botas de cordón. Podría ser yo de pequeño. Le flanquean sus padres. Se diría que la madre del niño, con la mirada torcida y la nariz respingona como un tobogán, necesita mucho sexo. Lo demuestra su forma de abanicarse los muslos con el forro interior del abrigo. El marido contempla el suelo, humillado. Su aspecto es irreprochable: anillo en el dedo, corbata anudada, bufanda al cuello, pañuelo en la solapa. El paño del abrigo, sin embargo, está desgastado. Tose una tos con grumos. &lt;em&gt;Mi mujer me odia, el jefe me maltrata, ya no se me levanta&lt;/em&gt;, se mortifica para sus adentros el padre-marido.&lt;br /&gt;Teresa y yo nos conocimos en el instituto. Se sentaba detrás de mí en clase. Seguramente fue ésa la clave: el azar del orden alfabético, el destino casual (y férreo) de los apellidos. Era muy guapa, como casi todas las chicas de su edad. Solía llevar melena ondulada hasta los hombros, camisas ceñidas al pecho y faldas que le marcaban las caderas; era tímida y hablaba poco, pero siempre sonreía; cuando le hablabas te miraba fijamente, le brillaban los ojos y daba gusto verla; además, su voz era muy suave. Mientras estoy pensando esto, estornudo violentamente, sin poder evitar el escándalo: se oye el estruendo en toda la iglesia y retumba en las naves laterales. Todo estornudo suena ridículo, pienso. Teresa me mira con gesto de reproche y se saca un clínex del bolso: «Toma, anda», me dice. Me sueno. Siempre parece molesta o enfadada conmigo. No sé cómo hemos llegado a esto.&lt;br /&gt;A nuestra espalda, la señora loca de abrigo de visón y ojos negrísimos sostiene el misal entre las manos. Pasa las diminutas hojas, una tras otra. No encuentra el Salmo en cuestión: el Salmo que su padre rezaba, el mismo que pronunció antes de morir. En el cristal de sus gruesas gafas se reflejan las luces de las velas de Santa Catalina, distorsionadas. Se le pega a la frente el flequillo grasiento. Se le marcan las comisuras de los labios. Algo le duele, y no es el estómago. Parece que lleva mucha gente dentro, y todos sus huéspedes gritan.&lt;br /&gt;Al llegar a la casa de los padres de Teresa, por la mañana, tuvimos que hacer limpieza general, antes incluso de abrir las maletas. Todo estaba lleno de polvo, el suelo, los muebles, las paredes, y en las esquinas habían puesto sus huevos los más variados bichos. Resonaban nuestros zapatos en el pasillo, multiplicados por el vacío, como una presencia inquietante. Me dio la sensación de que alguien que ya no estaba nos había estado esperando durante siglos. &lt;em&gt;Quién sabe&lt;/em&gt;, pensé, &lt;em&gt;quizás el espacio también tiene memoria&lt;/em&gt;. Al abrir los grifos oxidados del lavabo, rugieron las cañerías. Tardó en salir el agua, que primero tenía color terroso y después ya empezó a aclararse. En el armario del dormitorio seguían colgados los trajes de mis difuntos suegros. Me dio pena, o grima, o extrañeza, verlos allí tan perfectamente dispuestos y planchados… para nadie. &lt;em&gt;En esto se queda todo&lt;/em&gt;, pensé. &lt;em&gt;Ahí está el verdadero esqueleto que dejamos&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;El organista disfruta sentado ante su instrumento. Es su gran momento del día, y de la semana. Las notas flotan bajo los arcos, entre las columnas, subiendo hacia la cúpula de la capilla. Teresa me da la paz con la mano, ni siquiera me mira a los ojos. ¿Cuándo fue la última vez que me dio un beso? Las notas del órgano caen sobre el anciano del fondo, que cobija su cabeza en una boina. Tiene las manos enlazadas en un puño, y el puño apoyado en el borde del banco. Su voz se superpone a la del cura; mejor dicho, el anciano mueve los labios sin voz y parece que le sale una voz ronca, que es la del cura. En perfecta sincronía. Tiene cicatrices en las manos y un mendrugo de pan duro en el bolsillo, para las palomas. Lleva luto por la mujer ausente.&lt;br /&gt;Aseada la casa, abiertas las maletas, colocadas las cosas en su sitio, salimos al jardín. Sería mediodía. Cogí los guantes y la podadora. Y un rastrillo para las malas hierbas. Teresa se sentó a fumarse un cigarro en una de las sillas metálicas, después de limpiarla concienzudamente con un paño. Mientras cortaba las hojas secas de un arbusto, vi que en el poyete del muro había un gato. De ojos apagados y pelaje marrón clarito, tenía la cabeza ancha, las orejas pequeñas y la cola gruesa. Me acerqué despacio y no se inmutó. Se dejó acariciar el lomo. «No lo toques tanto, que lo mismo tiene la tiña», me advirtió Teresa, que echaba el humo del cigarro por la boca. «Pero si tengo los guantes puestos», protesté. Le cogí una de las patas delanteras, como si le estrechase la mano para presentarme. Estaba blandita. &lt;em&gt;Es gracioso&lt;/em&gt;, pensé, &lt;em&gt;¿de quién será? &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;La loca del visón ha encontrado, por fin, el Salmo que buscaba. Lo lee en voz baja, aprovechando el interludio del organista: «Los pueblos se han hundido en la fosa que abrieron, su pie quedó atrapado en la red que ocultaron. El Señor se dio a conocer, hizo justicia, y el impío se enredó en sus propias obras. Vuelvan al Abismo los malvados, todos los pueblos que se olvidan de Dios. Infúndeles pánico, Señor, para que aprendan que no son más que hombres». Su voz se va acercando poco a poco a mis oídos, casi como un susurro que me humedece la oreja. Giro la cabeza y veo que está mirándome fijamente. Se muerde el labio y me guiña un ojo. Me doy media vuelta, asustado.&lt;br /&gt;La iglesia está medio en penumbra. Se puede decir que cada uno cumple su cometido: el organista toca a Bach, el niño juega con sus botones, el padre se suena los mocos, la loca se ríe por dentro, el viejo respira con dificultad, la madre se remueve en el asiento, el cura abre el sagrario y destapa el cáliz. Teresa parece cansada, aburrida, ya no sonríe casi nunca. Yo la miro y me odio. Me odio. Alrededor la secuencia sigue su planificación: el cura comulga, después toma el vino y se limpia la boca. Por el pasillo avanza, de su mano, el plato con las sagradas hostias. En fila, las van recibiendo uno a uno de mano del cura. El cuerpo de Cristo. Amén. El cuerpo de Cristo. Amén. El cuerpo de Cristo. Amén.&lt;br /&gt;Teresa y yo nos levantamos. Salimos de la iglesia, dejando atrás el rumor del cura con sus fieles. Me pongo el gorro de lana. Teresa se frota los guantes. Al fondo del camino se ve una casa triste, de tejado triangular. Como en los dibujos a lápiz de los niños, las ventanas son ojos y la puerta es una boca. El resto del paisaje no varía: árboles pelados sobre un manto blanco. En la nieve se ve la marca de las ruedas de los coches, rumbo a muchas partes, a ningún lugar. Sopla el viento y hace frío. Nos agarramos del brazo con firmeza, para no resbalarnos, para darnos calor. Pienso que quizás el gato siga merodeando por el jardín. Caminamos hacia casa, lentamente.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-9158592960812483226?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/9158592960812483226/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=9158592960812483226' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/9158592960812483226'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/9158592960812483226'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2009/09/feligreses.html' title='Feligreses'/><author><name>conde-duque</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00408131078343703172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-6273604561501020488</id><published>2009-09-07T09:45:00.004+02:00</published><updated>2009-09-07T18:19:12.752+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>A sangre fresca</title><content type='html'>«Me llamo Armin Meiwes, nací en 1961, soy ingeniero informático, de Rottenburgo, Alemania. Maté a un hombre, lo descuarticé y me lo comí. Desde entonces, lo llevo siempre conmigo». Aún no he logrado olvidar esas horribles palabras, tan claras y seguras, pronunciadas con una pavorosa naturalidad, sin aire solemne, como si revelasen los datos más comunes y cotidianos de una persona normal. Me las dijo el propio Armin Meiwes en la celda 345 del Módulo B de la Prisión de Alta Seguridad de Kassel, en el transcurso de una entrevista que duró varias horas y cuyo contenido fue tan espantoso que, si un feliz golpe de amnesia no lo remedia, me ha destrozado la vida para siempre.&lt;br /&gt;Es posible que todo empezara en 1969, año simbólico en lo social y en lo meramente numérico-sexual, cuando Armin Meiwes tenía ocho años. En realidad las cosas no «empiezan» ni «acaban» nunca, las cosas simplemente suceden, empiezan cuando suceden y acaban cuando suceden, simplemente, las cosas suceden en el momento en que suceden, ni antes ni después. Sólo cuando algo ocurre podemos decir que ha pasado, y todo lo que hagamos después, todo lo que digamos, todo lo que hurguemos en el pasado y busquemos en el futuro para encontrar las causas o las consecuencias será una mentira, una falsificación, una mitificación de los hechos que repercute en la simple facticidad de otros hechos, falsificándolos, una mentira a costa de otra —quizás no menos— mentira. Probablemente sea absurdo buscar los antecedentes, las motivaciones, los complejos, los traumas de la infancia, etcétera, pero aquí estamos, en la Era Freud, y resulta inevitable chapotear en el fango. Por otro lado, aquí estamos para contar, para relatar lo que se nos ha contado, para jugar con la realidad sin juzgarla (pero inevitablemente la juzgamos), para mentir con la máscara de la realidad y del, así llamado por algunos, Nuevo Periodismo. Nos han contratado para entrevistar al personaje en su celda y escribir una crónica verídica con tintes literarios de unos hechos que, se mire como se mire, son espantosos. Armin Meiwes me cuenta su historia y yo, inevitablemente, me convierto en una especie de psicoanalista-neurólogo-investigador que trata de hurgar en el cubículo de su mente supuestamente deformada, en sus recuerdos, en sus ideas, en sus palabras, buscando las raíces de la violencia, del mal, del horror, de ese canibalismo atroz lleno de significación sexual y que, sin embargo, no está tipificado como delito en Alemania. Meiwes es delgado, elegante, cortés, algunos dirían que hasta resulta atractivo, se muestra serio, decidido, habla con seguridad, con una cadencia monótona pero normal, sin estridencias, no se da aires de nada, tiene los ojos claros y los labios finos, apenas varía el gesto. Lo más aterrador de todo es que, viéndolo comportarse, oyéndolo hablar, no parece un loco. Esa no-locura nos asusta y nos desasosiega porque &lt;em&gt;no es posible &lt;/em&gt;que este hombre no esté loco. Habla del sabor de la carne humana como quien habla del sabor de un filete de ternera, pareciera que está dando una conferencia, literaria o científica, quizás más científica que literaria, porque la literatura lo embadurna todo, lo pringa, lo desvirtúa, y este hombre habla con la exactitud de un analista de laboratorio, Meiwes tiene aspecto de profesor de universidad alemana, serio, reposado y distinguido, con su cartera de piel y la corbata siempre recta. Es imposible que nos hagamos una idea de a qué sabe la carne humana, no podemos, y aunque lo hiciéramos tampoco podríamos explicarlo. Armin Meiwes trata de explicarme a qué sabe la carne humana y lo único que alcanza a decir es que sabe a cerdo, que es como comer cerdo, la carne humana sabe a cerdo pero un poco más fuerte, y es algo más sustanciosa. Y uno piensa: claro, la carne es carne, es carne de cerdo, de ternera, de hombre, pero esa idea de que &lt;em&gt;la carne es carne &lt;/em&gt;nos asusta, nos desasosiega, porque hay un valor distinto, inapelable, ponemos un valor delante de esa carne de modo que, dependiendo de dónde provenga, será una cosa o será otra, será un rico manjar o una atrocidad absoluta, será un banquete o un crimen horrendo, es cuestión de valor, de metafísica humana, si se quiere, de mentira o automitificación, no de hechos, no de cosas, no de carnes. Cuando, de pequeño, Meiwes y los demás niños del pueblo presenciaban la matanza de docenas y docenas de animales, cuando veían cómo los despellejaban y los desangraban y después los limpiaban, cuando a la noche se los comían, todos juntos, como gran banquete final de las fiestas, cuando asistían a estas orgías de sangre, de tradición y folklore, de exquisita e ineludible gastronomía, todo era bueno. Y después resultó, para el adulto y desconfiado Meiwes, que eso mismo pero en otro cuerpo ya no era tan bueno.&lt;br /&gt;Es posible, decía (hace un rato, ya casi ni me acuerdo), que todo empezara en 1969: el pequeño Meiwes, de ocho años, jugaba con los vecinos cuando vio que su padre se marchaba en coche. Nunca más volvió. Este abandono, unido a la huida de casa de sus hermanastros, sería decisivo en el diagnóstico del doctor Freud, y mientras me lo cuenta, Meiwes hace de &lt;em&gt;Freud de sí mismo&lt;/em&gt;, quizás ha leído o estudiado algo de psicoanálisis, pero no le servirá como treta para encontrar atenuantes de su crimen: Meiwes está juzgado y bien juzgado, ya nunca saldrá de la cárcel. «Tras el abandono de mi padre, me sentí muy solo. Mi madre se encerró en sí misma y no hablaba con nadie; se pasaba las horas, los días, los meses metida en casa». Waltrud Meiwes, que así se llamaba la madre, rompió completamente su relación con el mundo exterior y, poco a poco, fue sustituyendo la realidad por un mundo absurdo de fantasía: se veía a sí misma como la señora de la mansión y a su hijo como el paje; se vestía con ropajes medievales y hacía lo mismo con el pequeño Armin. Éste se dejaba controlar totalmente por su madre, digamos que vivía una existencia vicaria, la que representaba la voluntad de su madre; no era autónomo, independiente; hacía todo lo que ella decía, la obedecía en todo. Armin Meiwes siempre quiso tener un hermano más pequeño, y su único consuelo era la compañía de un amigo imaginario, que acabaría convirtiéndose pronto en su primera fantasía homosexual. Freud ha hecho mucho daño en este sentido. En poco tiempo Armin tuvo conciencia clara de la gran tarea de su vida, la que le acompañaría siempre: quería que los demás se convirtieran en una parte de él, y para conseguirlo tendría que comérselos. Era el deseo de &lt;em&gt;comerse a alguien para que siempre estuviera con él &lt;/em&gt;lo que le consumía. «El mejor antídoto contra la soledad», me dice el Freud que se esconde en el propio Meiwes, que a continuación teoriza: «El fetiche es la carne masculina. Matar a un chico y comérmelo, ésa era mi fantasía. Pero sin obligar, tenía que ser voluntariamente». Y ahí fue donde, años después, aparecería el segundo protagonista de esta historia, del horror: Bert Brandes.&lt;br /&gt;«Abreviemos la parte aburrida», me dice Meiwes, que por primera vez se muestra algo inquieto: «Me alisté en el ejército. Regresé a casa. Murió mi madre. A través de internet conseguí establecer contacto con unas 400 personas (caníbales o posibles víctimas). Frecuenté los chats sobre canibalismo: eran muchas las personas que querían ser comidas, pero sólo Bert Brandes quiso llevarlo a cabo». Brandes era un ingeniero berlinés homosexual que había alcanzado gran éxito en el mundo de los negocios; también era un constante aventurero sexual, masoquista hasta el extremo. No sólo le gustaba sentir dolor, sino que además atesoraba un gran sueño: que le cortasen el pene. Contactó por Meiwes por Internet y le dijo: «Te ofrezco la oportunidad de comerme vivo». Aquello era casi impensable, un inaudito caso de simbiosis: dos ideales de felicidad monstruosos que convergían y encajaban en un mismo punto: comer y ser comido.&lt;br /&gt;El 9 de marzo de 2001 a las 11.14 horas Bert Brandes llegó en tren a la tranquila ciudad de Rottenburgo. En el andén le esperaba Armin Meiwes. Tal y como habían acordado por Internet, fueron en coche a la casa de éste. Apenas hablaron en el camino. Llegaron a la casa y se dirigieron al salón. Inmediatamente, Brandes se desnudó: «Ya puedes contemplar tu cena», le dijo. Meiwes colocó una cámara de vídeo para grabar toda la escena, e incluso la conectó al televisor para que el propio Brandes pudiera verla, para cumplir así su sueño inmortal e inabarcable de felicidad, de presenciarse a sí mismo en la más intensa y excitante experiencia sexual imaginable, el mayor placer nunca alcanzado, el éxtasis que rasgaría la membrana del universo. Ser devorado vivo era para él la mayor felicidad. En realidad, la Consumación Absoluta del Placer, el &lt;em&gt;ser comido por otro&lt;/em&gt;, él no podría verlo, naturalmente, pero la antesala se presentaba lo suficientemente atractiva para él: quería ver con sus propios ojos cómo se le quedaba el pene cuando se lo amputaran. Se ofrecía en sacrificio, se inmolaba en la realización de una eucaristía oscura y tremenda, que coincidía &lt;em&gt;exactamente&lt;/em&gt; con su principal fantasía sexual, recurrente hasta la obsesión. Brandes puso su pene sobre la mesa y Meiwes se lo cortó de un tajo con un cuchillo. Brandes pegó un grito, pareció dolerse, pero enseguida —como se apreciaba en la copia de vídeo que me prestaron en el Juzgado— empezó a disfrutar viendo cómo la sangre manaba de su cuerpo, como un surtidor. Gozaba viendo su miembro deshecho y sangrante. El motivo de tantas desdichas, por fin, cercenado. Al rato ya no le dolía, pero Brandes quería experimentar más dolor. Le pidió a Meiwes que lo ayudara a incorporarse y lo acompañara a la bañera. Allí estuvo varias horas desangrándose. Mientras tanto, Meiwes intentó comerse el pene, pero no resultaba comestible (tendría que cocinarlo más adelante). «Sólo veo oscuridad», decía Brandes. Así lo relató el propio Meiwes: «Se iba desangrando en la bañera. Se sentía feliz por estar inmerso en su propia sangre. Se murió. Recé (¿al diablo o a Dios?, me pregunté)». Fue una agonía lenta, muy lenta, e inimaginablemente dolorosa, placentera.&lt;br /&gt;Después empezaría la labor de despiece del cuerpo. No es tan sencillo. ¿Cómo se descuartiza un cuerpo humano? «Le separé la cabeza del cuerpo. Lo colgué del techo. Le quité los órganos y le corté por la mitad, vertí agua caliente sobre las dos partes y las lavé», etcétera. Cocinó algunos trozos: por fin, tras cuarenta años de espera, de vida triste y sin sentido, Meiwes probó su primer trozo de carne humana. Durante varios meses (hasta que alguien dio la señal de alarma y la policía acudió a su casa) Meiwes siguió cenando a diario la carne de Brandes, que permanecía escondida en un congelador en el sótano. Esta ceremonia solitaria, repetida cada noche y convertida, por tanto, en rutina, resulta para mí lo más aterrador de todo. Con ritmo pausado y aire solemne, Armin Meiwes disponía la mesa en el comedor, se servía un buen vino y traía la carne de Bert Brandes cocinada en una bandeja, con una guarnición de patatas. Era todo un ritual, como un gran espectáculo para sí mismo y para los dioses que nos vigilan, esos ojos que asoman en la naturaleza. Un hombre solo, en una granja de Alemania, comiéndose el cuerpo de otro.&lt;br /&gt;Y ahora, aquí, yo solo, en mi casa de Wisconsin, sentado en el sofá como un vegetal frente a la televisión (he dejado el periodismo, el Viejo y el Nuevo: me niego a seguir conociendo el horror), aquí sentado, digo, ya de noche, pienso en la frialdad de Armin Meiwes, en la cadencia monótona de sus palabras, en su gesto inmóvil, en su mirada azul, en su mandíbula masticando carne… y no consigo conciliar el sueño.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-6273604561501020488?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/6273604561501020488/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=6273604561501020488' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/6273604561501020488'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/6273604561501020488'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2009/09/sangre-fria.html' title='A sangre fresca'/><author><name>conde-duque</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00408131078343703172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-6752171139902178972</id><published>2009-07-02T11:39:00.019+02:00</published><updated>2009-07-02T16:52:23.715+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>El fin del viaje</title><content type='html'>El tren partía de la estación y los primos ponían monedas en los raíles para que las ruedas las aplastaran. Yo nunca llegué a ver las monedas aplastadas, se quedó como uno más de esos misterios insolubles de la infancia, en la infancia hay muchos misterios insolubles y casos sin resolver y mitos vacíos e ilusiones rotas y sesiones de magia en plena calle y cosas que no entiendes porque están demasiado claras, la infancia es un continuo salirse por la tangente del mundo y sacar el cuello por la curva y ver las cosas desde el otro lado, estirando la cabeza como un chicle, saludando a los fantasmas, y así es imposible entender nada, ni falta que hace, y todo es nebulosa. La razón por la que nunca llegué a ver, como mis primos, las monedas aplastadas era porque siempre iba montado en el tren: era el viaje de vuelta, el regreso desde el norte, cada verano, el regreso, sí, el viaje de regreso a casa. Pero a veces me habría gustado bajarme del tren y quedarme en el andén y despedir a los viajeros y, cuando el tren hubiese desaparecido, cuando las manos y los pañuelos y los vagones se hubiesen esfumado, bajarme a las vías y recoger las monedas aplastadas y admirarlas como un tesoro recién acuñado; eso era algo que mis primos veían y yo no, el misterio de las monedas aplastadas (las de cinco pesetas, las de veinticinco, hasta las doradas de veinte duros), pero supongo que ellos tenían más envidia del que viajaba siempre, seguramente ellos nunca habían montado en tren y soñaban con despedirse de la gente que se quedaba, aburrida y tristona, en el andén, en el mismo sitio donde habían estado siempre, sin cambiar para nada, sin movimiento ni pasión, dejándose morir.&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_HKy_zSwv3es/SkyGHW3aKXI/AAAAAAAAEbs/6Oc83xi5hFo/s1600-h/Expo2002-29.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5353801517991864690" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 204px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_HKy_zSwv3es/SkyGHW3aKXI/AAAAAAAAEbs/6Oc83xi5hFo/s320/Expo2002-29.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Porque el viaje es vida y cambio y movimiento y, por eso mismo, alegría, porque viajar es transformarse y dejar de ser el mismo de antes y despedirse de uno mismo en la estación: sacas el brazo y te dices adiós; allí se queda el otro yo, el mustio y rutinario, en el andén, con cara de tonto, y mientras uno se despide de su otro yo, el lúgubre y grisáceo, a veces tiene ganas de soltar el pañuelo y hacerle un corte de mangas, ahí te quedas, gilipollas, saluda al jefe de mi parte y muérete de asco porque te lo mereces, porque ya estás muerto, te lo digo, y como sigas así a la vuelta te mato.&lt;br /&gt;El caso es que yo envidiaba a mis primos porque se quedaban a ver las monedas aplastadas y ellos me envidiaban a mí porque yo viajaba y me iba del andén para siempre. Pues sí, ya ves, siempre es lo mismo: nos pasamos la infancia y el resto de la vida deseando hacer lo que hacen los demás, queriendo tener sus cosas, vivir sus vidas, ser amados por quien lo son. Siempre envidias a los otros, y ese otro que es uno es envidiado por los otros, y nunca se da el caso de que tú, el envidioso, seas simultáneamente el envidiado por ese mismo, o sea, tú. Que tú te envidies a ti: me temo que eso nunca se da; quizás es imposible. Todos queremos ser otros pero no nos dejan. Lo ideal sería alcanzar cierta disciplina ascética, ojo, no el éxtasis místico, que después nos volvemos locos y nadie nos entiende porque usamos otro lenguaje; sí, lo ideal sería llegar a ese estado neutro, puro, limpio, esforzado, ascético, no místico, que alcanzó Fray Luis de León en la cárcel de Valladolid: &lt;em&gt;ni envidiado ni envidioso&lt;/em&gt;. Quién sabe, quizás en eso consiste la felicidad.&lt;br /&gt;Pues bien, el tren partía y nos asomábamos a la ventanilla del compartimento y nos despedíamos de la familia. Poco a poco se iban alejando los brazos y las caras se emborronaban y los primos se agachaban para presenciar el aplastamiento sucesivo de las monedas, una rueda tras otra, soportando los miles de toneladas del tren sobre su diminuto cuerpo, como en una acuñación mágica de un nuevo valor de cambio. Y yo pensaba: «¿Cómo se quedarán las monedas aplastadas? ¿Se seguirá viendo el perfil del rey, del dictador, del escudo?». Pero no era momento de preguntas, era momento de nostalgias, porque todo se acababa, dejábamos atrás el verano, el mar, la playa, las croquetas de la abuela, los juegos en la orilla, las siestas en la toalla, digamos la felicidad, dos meses y pico de no pensar en el tiempo, de dejar que éste pasase sin ni siquiera mirarlo, ni envidiados ni envidiosos. El viaje está muy bien, sí, pero el fin del viaje es lo más cruel de la vida. Todo es culpa del tiempo; quien inventó el tiempo debería morir y no obtener más dosis de su invento. Sí, ya sé, siempre es lo mismo: las cosas empiezan y acaban, todo pasa, &lt;em&gt;selaví&lt;/em&gt;. Cuando uno sale de viaje ya casi empieza a acordarse del que será cuando vuelva, y siente compasión por ese ser desgraciado que lleva su mismo nombre, su misma cara pero más cansada, y que el único error que ha cometido es viajar, vivir, desviarse de la rutina, dejar pasar el tiempo sin casi ni mirarlo, sin ser consciente de la agonía. Sssccchhhsss, no se lo digas a nadie, que pronto todo se sabe, no mires hacia los lados, no varíes el gesto, que nadie nos escuche, que este minuto transcurra sin que se dé cuenta el tiempo. [...] Pero nada: ahí está el tiempo. Y el instante transcurre y se acaba y el viaje se termina y las vacaciones bajan la persiana metálica como las tiendas, y es la hora de la siesta y el sopor te invade, y lo que en realidad te invade es el tiempo, que se aletarga, y los párpados de tus ojos se van cayendo, como las persianas, y hace calor y sudas, sudas mucho, sudas minutos, segundos, gotas que caen desde la frente y se secan en el paño de la toalla. Y la playa es el reloj de arena. Y al fondo, en la otra parte del sueño, suena la marea y los gritos de los niños, que quieren que vayas a seguir jugando. &lt;/p&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_HKy_zSwv3es/SkyGG98BmZI/AAAAAAAAEbk/iZqJp4Nb_Uo/s1600-h/vias.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5353801511300340114" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 240px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_HKy_zSwv3es/SkyGG98BmZI/AAAAAAAAEbk/iZqJp4Nb_Uo/s320/vias.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Todo termina, y es hora de ir cerrando la persiana; el minutero está tocando a su fin, se acaba el viaje. Peor aún: se acaba el viaje de vuelta. Porque el viaje de vuelta es, sobre todo, el velatorio que te reservas a ti mismo. En los viajes de vuelta todos velamos nuestro propio cadáver, lloramos las ilusiones perdidas y rezamos ante nuestros pasados fallidos, de cuerpo presente. Y qué quieres que te diga, ahora que esto se acaba, ahora que se aproxima el fin y nos diremos adiós y escribiré un FIN en mayúsculas, ahora, me están entrando ganas de saltar a las vías del tren y morir aplastado como las monedas de mis primos o como el cuerpo lánguido de Ana Karenina, Ana cayéndose a las vías en el último párrafo del libro o en el último fotograma de la película, como tantos y tantos miles de personas que no han resistido la tentación de lanzarse a las vías del tren o del metro para morir atropellados y que ya nada más les doliera, las vías dicen &lt;em&gt;ven, ven, ven&lt;/em&gt;, como en susurros, y tú, que no quieres ver la caída, estás ahí ante la inminente llegada de los vagones y piensas &lt;em&gt;me lanzo ya, me tengo que lanzar&lt;/em&gt;, y entonces, sin pensarlo más, te dejas caer a las vías y eres aplastado por las ruedas del tren y tus huesos crujen y se aplanan como las monedas de tus primos (esas monedas que nunca viste) y empiezas a flotar en una nube ascética, no mística, que quiere decir que ya estás muerto, que ya has terminado de una vez por todas con este maldito viaje. Ni envidiado ni envidioso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;-FIN-&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-6752171139902178972?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/6752171139902178972/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=6752171139902178972' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/6752171139902178972'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/6752171139902178972'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2009/07/el-fin-del-viaje.html' title='El fin del viaje'/><author><name>conde-duque</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00408131078343703172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_HKy_zSwv3es/SkyGHW3aKXI/AAAAAAAAEbs/6Oc83xi5hFo/s72-c/Expo2002-29.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-5599780598151961881</id><published>2009-06-11T21:50:00.002+02:00</published><updated>2009-06-11T21:55:37.149+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;strong&gt;En el despacho&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando fichamos me está esperando. Luego, un rato antes de la hora del bocadillo, levanto la vista de mi banco de trabajo y adivino su figura detrás, apoyado en la barandilla de la rampa de talleres, con la vista fija en mi nuca. Imagino que se muerde el labio inferior y sonríe. Después se marcha en compañía de otros como él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A media mañana alguien me da en el hombro. Es él. Me quito la mascarilla. Me dice que en cuanto termine esa pieza quiere verme en su despacho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Atravieso la nave. Algunos compañeros ven a dónde me dirijo y me hacen gestos de apoyo. Lo agradezco con la mirada. Llamo con los nudillos a la puerta. Me hace señas para que pase. Cierro la puerta y se amortigua el ruido del exterior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Siéntate—me dice.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero durante un rato no habla. Asiente con la cabeza y me observa como si yo estuviera actuando de una forma que él hubiera previsto. Da un trago de un vaso de agua que hay sobre la mesa. A su lado, el estadillo mensual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por fin dice:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No estás rindiendo. Tienes un porcentaje altísimo de piezas invalidadas por Control de Calidad.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;—Son piezas de precisión. No dispongo de herramientas apropiadas—me excuso.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;—¿Cómo que no dispones de herramientas apropiadas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Las piezas que se me encargan se fabrican en la nave dos, con herramienta apropiada.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;—¿Quién ha ordenado que fabriques esas piezas en esta nave?—pregunta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Usted.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;—Pues yo soy tu jefe. Si te lo he ordenado debes hacerlas.—Sonríe. Se acaricia la corbata con la yema de los dedos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Yo hago lo que usted ordena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—De acuerdo. Pero haz las piezas bien. No quiero ni una devuelta por Control de Calidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Eso es imposible—protesto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No es imposible. Esfuérzate.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Lo haré.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué harás?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Esforzarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tengo todas tus estadísticas a mano. Voy a por ti. Que lo sepas. Voy a machacarte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces veo que los dos estamos solos. La puerta del despacho está cerrada. Podría decirle cuatro cosas. Preguntarle el motivo de todo esto. Quedaría entre nosotros. También, si quisiera, podría agarrarle del cuello y retorcérselo. Pero caigo en la cuenta de que esto podría ser una trampa, podría tener un micrófono escondido, por ejemplo, así que hago un esfuerzo, debo hacerlo, doy un volantazo y salgo de la autopista por la salida del Bronx. Este camino es muy peligroso. Abandono el coche en el cruce entre la Cuarta y la Séptima. Corro. Suena música trepidante a mi espalda. Procuro esquivar a los transeúntes. Derribo el carrito de un bebé, no puedo evitarlo. Subo por una escalera de incendios. El gángster abre la puerta de su coche y dispara contra mí con una metralleta. Me ha alcanzado. Cesa la música. Sangro. Ríe como una hiena. Pero los malos nunca ganan, así que me rehago, es solo un rasguño, y saco la pistola de la sobaquera. Apunto y le meto un tiro entre las cejas. Ya no sonríe el hijo de puta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Me has entendido?—dice.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora los negocios de prostitución, los garitos de apuestas, la droga,  todo, pasará a manos del orfanato al que estaba extorsionando. Quería especular con los terrenos, quería abusar de los pobres huérfanos, pero ya no podrá ser. Está muerto. Yo soy el bueno y él era el malo.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Digo que si me has entendido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le miro. Da un poco de pena. Tan joven, con esa corbata tan bonita y ya está muerto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Contesto que sí, que le he entendido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Atravieso la nave. Los compañeros me miran. Preguntan con la mirada. Sonrío, porque otra vez he ganado la partida.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-5599780598151961881?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/5599780598151961881/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=5599780598151961881' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/5599780598151961881'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/5599780598151961881'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2009/06/en-el-despacho-cuando-fichamos-me-esta.html' title=''/><author><name>la luz tenue</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02389564597658498690</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-1721015638910657654</id><published>2009-06-08T21:47:00.008+02:00</published><updated>2009-06-08T23:11:39.435+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>Naranjas y limones</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_17msOnBlLlg/Si10Nor3NEI/AAAAAAAAAww/8a9cVjNhWrY/s1600-h/arts-graphics-2007_1182413a.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 388px; height: 400px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_17msOnBlLlg/Si10Nor3NEI/AAAAAAAAAww/8a9cVjNhWrY/s400/arts-graphics-2007_1182413a.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5345056110367159362" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;font-family:&amp;quot;Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;font-family:&amp;quot;;font-size:12.0pt;"&gt;Hacía mucho calor y tenía dolor de garganta. El mundo estaba a punto de acabarse, como siempre, aunque esta vez iba en serio. Ella ya se había marchado. Una nota atrapada por un imán en la nevera decía; comprar naranjas y limones. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;font-family:&amp;quot;Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;font-family:&amp;quot;;font-size:12.0pt;"&gt;Parecía que toda la ciudad dormía la siesta. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;font-family:&amp;quot;Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;font-family:&amp;quot;;font-size:12.0pt;"&gt;Oí un &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;cric cric&lt;/i&gt; que salía de la hierba seca, y de los arbustos y hasta del asfalto caliente. Cogí las llaves de casa, la cartera (comprobé que había billetes), y metí un libro pequeño en el bolsillo trasero del pantalón. Era &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Verde agua&lt;/i&gt; de Marisa Madieri. Me sentaría a leer en una cafetería, y después compraría naranjas y limones. Al bajar pensé que quizá tenía fiebre, porque el calor de afuera me parecía lejano. Di dos pasos y sudé un poco. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;font-family:&amp;quot;Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;font-family:&amp;quot;;font-size:12.0pt;"&gt;Un sudor sin humedad; un sudor seco. Caminé en dirección contraria al centro, y como es una ciudad tan pequeña y yo vivía casi a las afueras pronto me vi caminando por un barrio de la periferia. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;font-family:&amp;quot;Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;font-family:&amp;quot;;font-size:12.0pt;"&gt;Ni un alma por la calle. Los edificios, casi todos iguales, parecían vacíos, y quizá lo estaban pues no hacía mucho que los habían terminado de construir. Pero los jardines secos y terrosos y los hierbajos saliendo de las grietas de las aceras le daban un aspecto fantasmal a todo aquello. Se veían cortinas en algunas ventanas. Bajé una pendiente de tierra por un carrero estrecho que parecía un atajo y llegué a una explanada enorme con un edificio grande y cuadrado en el medio. Todo era asfalto a su alrededor y ni siquiera había coches aparcados. El edificio era un cubo de espejos oscuros. Se veía el reflejo del cielo y de los edificios tristes y oxidados que había en la calle de enfrente. Seguí por la acera desierta. Vi que había una cafetería unos portales más allá, y estaba abierta. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;font-family:&amp;quot;Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;font-family:&amp;quot;;font-size:12.0pt;"&gt;Dos tipos dentro. Entré sin pensármelo y fui a la barra. Cogí un periódico y le pedí un cortado a uno con la camisa por fuera y los brazos muy anchos que estaba tras la barra. Parecía sudado y tenía el pelo húmedo. La camisa también estaba abierta hasta el pecho, sin pelos, un pecho de goma. Me miró como si no pasara nada. Algunas mesas, todas vacías, estaban ocupadas por tazas y platillos y ceniceros colmados de&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;envoltorios y colillas. Escogí una mesa al lado de la ventana. En la televisión (una pantalla enorme en lo alto) no se veía nada, a no ser un menú fijo que no podía leer, pero algo horrible como un zumbido de un despertador o una alarma anti-incendios sonaba muy alto. El tipo apoyado en la barra llevaba el pelo muy corto y hablaba de unos chupitos, que le habían invitado a unos chupitos, que &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;les&lt;/i&gt; habían invitado a unos chupitos, que tomaron unos chupitos, y repitió tantas veces la palabra &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;chupitos&lt;/i&gt; que empecé a marearme literalmente, y creí oír &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;chepitos,&lt;/i&gt; &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;chopitos&lt;/i&gt; y algunas variantes extrañas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;font-family:&amp;quot;Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;font-family:&amp;quot;;font-size:12.0pt;"&gt;Tenía una sombra de barba muy marcada y las cejas gruesas, dejándole poco párpado a la vista. El rostro brillante, como encerado, de sudor secándose. Hablaba a gritos con el barman, que iba y venía de las mesas a la barra recogiendo taza a taza con las manos (quizá llevaban días allí, pues algunas parecían despegarse de la superficie), y charlaba con su cliente con mucha confianza; &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;¿os invitaron a unos chupitos?&lt;/i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;font-family:&amp;quot;Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;font-family:&amp;quot;;font-size:12.0pt;"&gt;Hablaban tan alto que me pareció que de seguir así tendrían, a la fuerza, que caerse muertos de un momento a otro, reventándoles las cabezas de tanto aguantar aquel barullo. Aparté el periódico (era del lunes pasado), que también gritaba a su manera (con unos titulares que parecían escritos por alguien que se rascaba la cara con las uñas de desesperación), y saqué el libro. Era tan fino lo que me proponía; tan civilizado, tan irrazonable, tan mariquita. ¿Qué hacía con &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;eso&lt;/i&gt; allí? ¿Qué iba a hacer? No podía hacer nada, lo sabía, pero no me conformaba, pues en ningún sitio podía hacer nada. De fondo, el mármol negro, y mis manos sujetando el libro. Sólo en aquel estado de insensibilidad intentaba aislarme con el libro de los demás. El libro de Madieri es un diario y al mismo tiempo un relato del pasado. Leía: “&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;La profundidad del tiempo es una reciente conquista mía. En el silencio de la casa, cuando durante la mañana me quedo sola, reencuentro la felicidad de pensar, de recorrer el pasado adelante y atrás, de escuchar el fluir del presente.&lt;/i&gt;” &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;font-family:&amp;quot;Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;font-family:&amp;quot;;font-size:12.0pt;"&gt;Pronto vi que allí estaba perdiendo el tiempo, o simplemente que allí no había tiempo. Que no podría leer y que me acabarían tirando un chupito por la cabeza y me plantarían fuego con un mechero, sólo para verme correr convertido en una antorcha humana. Durante unos minutos los miré por encima del libro y parecía que se movían y hablaban (los ojos entornados) como si les doliese la cabeza y ya no pudiesen librarse del mal a no ser huyendo hacia adelante, insistiendo en el ruido, en el alcohol y en los gritos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;font-family:&amp;quot;Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;font-family:&amp;quot;;font-size:12.0pt;"&gt;Entraron tres personas; una señora, con una gran sonrisa que parecía fija en su cara y un tipo que debía ser el marido y un chico de unos treinta. Se adaptaron perfectamente al tono del local, a grandes voces. Hablaban de un coche. Parecían bastante animados. Se quedaron en la barra. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;font-family:&amp;quot;Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;font-family:&amp;quot;;font-size:12.0pt;"&gt;Retorné al libro y en unos segundos sucedió lo más extraño. Escuché como todos los sonidos se unieron para formar distorsionado un corral de gallinas que se volvían locas, y quizá con otros animales salvajes no identificados unidos al jaleo. Un corral de gallinas gigantescas enchufado a un amplificador. Oí perfectamente los cacareos altísimos, y en cambio la imagen de los que me rodeaban era de agitación pero nada en sus bocas aparentaba que emitieran cacareos exactamente. ¿Cómo oía lo que oía? En total el sonido era el de un lugar en el que hubieran metido a distintos animales muy agitados y ruidosos, hambrientos, salvajes, pero por encima de ese fondo resaltaban los cacareos de unas sopranos con plumas e histéricas. Como el color negro es la suma de todos los colores, aquel sonido era el clímax de todas las voces y ruidos que se habían reunido allí en aquel momento, y de algo más. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;font-family:&amp;quot;Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;font-family:&amp;quot;;font-size:12.0pt;"&gt;Ya sin esperar ni un minuto más me levanté y me acerqué a la barra. Pagué el euro y pico que costaba el café y salí de allí con la certeza de haber fracasado una vez más. Quizá la última. Guardé el libro otra vez en el bolsillo y busqué la frutería para comprar naranjas y limones. Caminé bajo el sol. Notaba el sudor en las ingles y dentro del cráneo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;font-family:&amp;quot;Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;font-family:&amp;quot;;font-size:12.0pt;"&gt;La fruta estaba en un sótano al que se accedía por una rampa. Las dependientas cuchicheaban. Al verlas me desperté. Metí limones retorcidos en una bolsa pequeña y trasparente y naranjas en otra más grande. Eran unas naranjas enormes, mucho más que pelotas de tenis. La chica que me cobró, de ojos saltones y de piel muy blanca, me miró. Por un momento estuve a punto de decirle algo. Tenía unos pechos que respiraban bajo la blusa y el mandilón. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;font-family:&amp;quot;Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;mso-bidi-Times New Roman&amp;quot;font-family:&amp;quot;;font-size:12.0pt;"&gt;Volví a casa. No había nadie. Me hice un zumo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-1721015638910657654?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/1721015638910657654/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=1721015638910657654' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/1721015638910657654'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/1721015638910657654'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2009/06/naranjas-y-limones.html' title='Naranjas y limones'/><author><name>Mabalot</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09961022077052484776</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_17msOnBlLlg/Si10Nor3NEI/AAAAAAAAAww/8a9cVjNhWrY/s72-c/arts-graphics-2007_1182413a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-3610241222220930750</id><published>2009-06-06T17:28:00.008+02:00</published><updated>2009-06-06T17:58:49.072+02:00</updated><title type='text'>Un nuevo miembro para el Círculo</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Gran noticia, amigos: incorporamos un nuevo miembro a nuestro Círculo, que ríete tú de los fichajes galácticos de Florentino Pérez. En cuanto estén resueltos los trámites técnico-informáticos, lo veremos aquí a la derecha.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Se trata de José Manuel Martín Peña, nuestro &lt;a href="http://laluztenue.blogspot.com/"&gt;Luz Tenue&lt;/a&gt;. En realidad siempre ha sido de "los nuestros", pero hasta ahora no nos habíamos atrevido a preguntarle si quería unirse formalmente al club. Todos conocemos y admiramos mucho su escritura. Hasta el momento ha publicado dos magníficos libros de relatos (&lt;em&gt;Zeppelín&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;Parejas&lt;/em&gt;) y en su blog comparte con todos su manera de ver el mundo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Como no tenemos reglas ni estatutos oficiales, no sé cuál es la fórmula de bienvenida. Digamos simplemente: Bienvenido, José Manuel. Siempre fuiste de los nuestros. Ahora aún más.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-3610241222220930750?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/3610241222220930750/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=3610241222220930750' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/3610241222220930750'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/3610241222220930750'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2009/06/un-nuevo-miembro-para-el-circulo.html' title='Un nuevo miembro para el Círculo'/><author><name>conde-duque</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00408131078343703172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-4093780480772038600</id><published>2009-05-23T10:47:00.009+02:00</published><updated>2009-05-23T15:08:12.401+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Gyula Illyés'/><title type='text'>Gyula Illyés, postulante a solanista</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Me ha llegado una carta de un escritor húngaro, a la sazón ya muerto, que dice que quiere entrar a formar parte de nuestra nómina de ilustres solanistas. Yo creo que encaja en el perfil: Gyula Illyés se ajusta la boina, pasea por su pueblo y habla de la vida de sus gentes. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;N&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;ació en 1902 en Felsőrácegrespuszta y murió en Budapest en 1983. Entre otras muchas cosas, participó en la guerra de Szolnok contra los rumanos, trabajó en París como encuadernador de libros, se casó con una profesora de gimnasia terapéutica y escribió un &lt;a href="http://circulolateral.com/revista/revista/articulos/073gillyes.html"&gt;poema&lt;/a&gt; muy bonito contra la tiranía. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Aquí lo tenéis, con la boina, postulando su figura a cofrade del Círculo Solana: &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_HKy_zSwv3es/ShUICnMKUNI/AAAAAAAADqQ/OnecbIMGHRI/s1600-h/illyes_gyula.jpg"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5338181774290342098" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 238px; CURSOR: hand; HEIGHT: 320px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_HKy_zSwv3es/ShUICnMKUNI/AAAAAAAADqQ/OnecbIMGHRI/s320/illyes_gyula.jpg" border="0" /&gt; &lt;/span&gt;&lt;p align="left"&gt;&lt;/a&gt;Estoy leyendo su libro &lt;em&gt;Gente de las pusztas&lt;/em&gt;, en el que nos acerca a la historia y a la vida cotidiana del campesinado húngaro, centrándose en algunos de sus personajes corrientes y molientes. El retrato que hace en las primeras páginas del "espíritu de su pueblo" es realmente demoledor:&lt;br /&gt;&lt;em&gt;"La gente de las pusztas, lo sé por experiencia, es servil, sumisa. No lo es de forma calculada y consciente; por la expresión y también por el hecho de que levanta la cabeza incluso cuando grita un pájaro, se le nota que lo es desde siempre, por la sangre, por una experiencia milenaria. [...] Estoy convencido de que todo lo bueno y bello que se puede decir de un sirviente también es aplicable a la gente de las pusztas, cuyo lenguaje, costumbres y rasgos guardan casi sin mácula, en todo el país, cierta constitución ancestral. No se mezclaron con otras gentes, ni siquiera con las del pueblo vecino, sobre todo porque nadie estaba dispuesto a mezclarse con ellos. No tienen exigencias; son obedientes hasta el punto de que ni siquiera es preciso ordenarles nada, perciben los pensamientos de sus señores por telepatía y los ejecutan en el acto, como corresponde a unos sirvientes cuyos padres, bisabuelos y tatarabuelos ya habían servido en el mismo lugar y a un mismo señor. Esta gente conoce por instinto todas las costumbres domésticas, está disponible para todo, y al concluir su trabajo sale de la habitación, como de la vida o de la historia, sin que sea preciso ordenárselo, ni siquiera con la mirada".&lt;/em&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="left"&gt;(Gyula Illyés, &lt;em&gt;Gente de la pusztas&lt;/em&gt;, editorial Minúscula, Barcelona, 2002)&lt;br /&gt;Es un libro lleno de realismo, de poesía y de recuerdos familiares, entre el tratado histórico-sociológico y el libro de memorias; por momentos, me recuerda a la película &lt;em&gt;El árbol de los zuecos&lt;/em&gt; de Ermanno Olmi. &lt;/p&gt;&lt;p align="left"&gt;Ya en su día cuadramos el círculo descubriendo a un &lt;a href="http://nietos-de-solana.blogspot.com/2008/04/josef-winkler-autor-solanesco.html"&gt;Solana homosexual y austríaco &lt;/a&gt;(aunque, por lo que he leído después, lo de la homosexualidad podría ser mera licencia literaria), así que no sé por qué no íbamos a admitir a un político húngaro, pese a que sean dos palabras esdrújulas. Bienvenido al club, don Gyula.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-4093780480772038600?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/4093780480772038600/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=4093780480772038600' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/4093780480772038600'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/4093780480772038600'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2009/05/gyula-illyes-postulante-solanista.html' title='Gyula Illyés, postulante a solanista'/><author><name>conde-duque</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00408131078343703172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_HKy_zSwv3es/ShUICnMKUNI/AAAAAAAADqQ/OnecbIMGHRI/s72-c/illyes_gyula.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-8816771022731169916</id><published>2009-05-05T20:23:00.002+02:00</published><updated>2009-05-05T22:19:25.664+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='El chico de las cigueñas. Presentaciones de libros'/><title type='text'>El chico de las cigüeñas</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Aquel día, paseando con Ventura por el camino de la estación, vimos una cigüeña rezagada. Vuela alta, en dirección sur, con prisa en las alas y el cuerpo afilado, para incorporarse a los suyos. Ventura me pasa el brazo por los hombros mientras la vemos alejarse. “Son las historias las que mueven en mundo - me dice-. Falsas historias de personas que existieron o historias de gentes que no existieron pero que, de haber existido, habrían actuado así. Personas que se nos parecen, que son como nosotros quisiéramos llegar a ser, o como fuimos en un momento de nuestra vida dejado atrás. Personas que nos recuerdan a los que amamos o a los que amaríamos si les llegáramos a conocer. Sabemos de esas personas, hablamos de ellas y las imitamos porque ha habido alguien que nos ha contado su vida real o imaginaria. E imitando sus gestos crecemos, nos relacionamos con los demás enganchados a sus ilusiones, a veces incluso morimos imitando su heroísmo o su valor. Y ese comportamiento nuestro está basado en alguien que tal vez actuó así por imitación de otro alguien de quien le contaron, y así hasta ese principio nebuloso y caótico del que emergen las cumbres de los mitos. El narrador está ahí. Y no importa si el primer héroe fue real o inventado. En un mundo sin memoria, en un mundo sin pasado, el primer héroe será, sin duda, quien cuente a los demás que hubo una vez un héroe”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;em&gt;El chico de las cigüeñas&lt;/em&gt; (Ediciones del Viento, 2009) &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Presentación en Madrid, martes día 12 de mayo a las 2030 en la librería-café &lt;a href="http://labuenavidaweb.wordpress.com/"&gt;La buena vida&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-8816771022731169916?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/8816771022731169916/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=8816771022731169916' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/8816771022731169916'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/8816771022731169916'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2009/05/el-chico-de-las-ciguenas.html' title='El chico de las cigüeñas'/><author><name>Luisa Cuerda</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04288427960886879377</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_intHjRGjmoc/SWuxRvrjGNI/AAAAAAAAADg/bVHQWzS3rJw/S220/D%C3%BAn+Aenghus.jpg'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-9166275972215908469</id><published>2009-04-30T10:09:00.022+02:00</published><updated>2009-05-01T10:24:14.694+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>El dedo colgando</title><content type='html'>Una manzana mordida a medias en la mesa del ofis. La casa en silencio y medio en penumbra. Después mi madre arreglándose rápidamente en el cuarto de baño y mi hermana asustada y llorosa, apoyada en la puerta, junto a ella. Pero sobre todo esa manzana mordida a medias en la penumbra del ofis. Eso es lo que recuerdo más nítidamente de aquel domingo por la tarde. El símbolo evidente de la tragedia.&lt;br /&gt;Yo siempre llegaba tarde al escenario de los hechos, era mi sino, sólo llegaba a tiempo de ver las secuelas. Cuando todo había pasado, cuando el telón se había bajado, ahí aparecía yo. Pasaban las cosas y yo sólo me enteraba a medias, pero tampoco quería preguntar, no me gustaba interrumpir ni andar enredando en ese otro mundo, el de los mayores, eso que pasa en otra dimensión, un metro más arriba, aproximadamente, y tenía que ir reconstruyendo los hechos a partir de los gestos, de las miradas posteriores, de los objetos en desorden, de los arañazos que hubiera recibido la rutina, de los comentarios de los demás, entresacando de sus conversaciones el hilo diacrónico de los hechos. Observaba y recomponía los hechos, como Miss Marple los crímenes, a la que leía con fruición los domingos por la tarde, entendiendo poco de lo que leía, imaginando y reconstruyendo las frases para tratar de entenderlas. Eran mañanas de tebeos abiertos con migas de galleta María en los márgenes y tardes de libros abiertos con migas de galleta María en los márgenes, Miss Marple y Poirot en pueblos y casas y trenes muy lejanos, metidos en tramas que yo no entendía bien pero imaginaba y tenía que recomponer con los pedazos que iban recomponiendo ellos de unos hechos de los que nadie había sido testigo directo. Miss Marple y Poirot recomponían los hechos y yo tenía que ir recomponiendo a mi manera esa recomposición de los hechos porque no la entendía (la recomposición, digo), por lo que los hechos ya ni asomaban ligeramente pero eran más misteriosos que nunca. No sé por qué llegaba siempre tarde. Sería porque era el pequeño y no llegaba, estaba en otra dimensión, ya sabéis, un metro más abajo, sería porque iba a mi aire, porque llevaba mi propia vida en mi propio mundo, sobre todo los domingos, los demás conversaban o reían o jugaban y yo estaba tumbado en el suelo, encerrado en un cuarto con mi propia sombra, la luz cayendo a plomo por la ventana, y los clics o los tebeos o Miss Marple haciéndome compañía. No sé lo que pasó, no fui testigo directo, pero sin duda la manzana fue la clave de aquella tarde, la que me lo contó todo, y ahora yo os lo cuento, sin saberlo.&lt;br /&gt;Escuché los gritos y acudí corriendo pero ya era tarde, ya no había nadie en el lugar exacto, todos habían huido, se habían cambiado de sitio, habían estropeado los hechos, habían desaparecido. Sólo estaban los objetos. Pero los objetos no decían nada, estaban en su sitio, eran la imagen exacta de la rutina. Entonces, en la oscuridad, vi la manzana medio mordida en la mesa del ofis. Allí estaba. El cuerpo del delito. No, el cuerpo del delito no, pero sí quizás la clave del enigma. Desde luego era lo único a lo que podía atenerme, el único dato real, fijo, patente. No imaginaba hasta qué punto podía decirme tantas cosas una manzana mordida. Sobre todo era un dibujo insólito, una anatomía disconforme, un elemento extraño que distorsionaba el mundo y que envolvía la vida en una atmósfera de urgencia, de abandono, de prisas, de tragedia. El aire de la huida, de una huida que acababa de pasar, la urgencia de algo latía en el ambiente, era una respiración entrecortada, un corazón latiendo muy fuerte, un eco de voces huidas cuyo rastro borroso se esfumaba en el aire, como una pompa de jabón.&lt;br /&gt;Los antecedentes también se crean, se construyen, se inventan en la memoria. Llamémoslo la prórroga de la existencia previa. Yo tengo los de aquella tarde. Son fáciles de reconstruir, de componer, pues la historia se ha contado mucho en casa. Mi hermana y mi hermano peleando, a saber por qué discutirían, serían cosas de críos, cosas de hermanos, ese discutir por discutir, ese pelear por deporte, por diversión, para pasar el rato de la infancia, que es un rato largo y duro (unas veces más que otras). Pues estarían mi hermano y mi hermana discutiendo porque eran niños y hermanos y ella entró en su habitación y él entraba detrás de ella y de repente ella cerró la puerta de un golpe y él tenía el dedo fatalmente metido en la bisagra y la puerta se cerró y casi le arranca el dedo de cuajo, y se oyó el grito y la puerta se abrió y la falange del dedo índice colgando prácticamente en el aire, sólo sujeta al cuerpo por un hilillo de carne. Y los gritos y la sangre y las carreras y mi padre, que estaba tomándose una manzana junto a la cocina, soltaría la manzana (que caería en la mesa del ofis) y saldría corriendo y cojería a mi hermano en brazos para llevárselo a la Casa de Socorro. Mi hermano llorando y mi padre llevándolo en brazos, sujetándole con la mano el trozo de dedo escindido, como si se lo pegase al cuerpo sólo con la voluntad. Y los pasos rápidos en el suelo y la puerta que se cierra de golpe y el ascensor y la carrera calle abajo hacia la Casa de Socorro. Y yo estaría tumbado paseando por las calles de Saint Mary Mead o mirando el paisaje desde un vagón de tren o tomando té con Miss Marple en un lujoso salón, metido en una historia ininteligible, qué sé yo, leía pero no entendía, me faltaba cerebro o entendederas, no sé, y captaba trozos, gestos, miradas, palabras de los personajes, apenas nada de la trama, aunque sí objetos y lugares. Y oiría los ruidos y los gritos y las carreras y el golpe seco de la puerta de casa y saldría asustado de la habitación y no vería a nadie y, aterrorizado, llegaría a la cocina en penumbra y atravesaría el ofis, donde el miedo y la angustia tomarían la forma exacta de una manzana medio mordida tirada en la mesa. Yo sólo me fío de la manzana, sólo creo en ella. Es quien me dice toda la verdad. Lo demás es mentira. No sé si mi padre, al oír los gritos, tuvo tiempo de ser consciente de que había ocurrido algo grave y de que debía salir corriendo a ver qué había pasado y de que en el camino lo mejor sería soltar la manzana encima de la mesa para tener las manos libres. No sé si la puerta llegó a cerrarse del todo arrancando la falange del dedo o si sólo fue un breve devaneo de la bisagra suficiente para aprisionarlo. No sé si llegué a ver el dedo colgando o sólo me lo he imaginado o me lo han contado tantas veces que ya es como si lo hubiera visto. No lo sé, pero lo cuento.&lt;br /&gt;Cualquier día me dará un infarto o me atropellará un coche o me visitará el maldito cáncer y moriré instantáneamente o agonizaré despacio en la ambulancia o seré derrotado tras una lucha feroz, pero tengo claro que, entre las pocas imágenes memorables de mi triste vida, la manzana seguirá ahí para siempre: mordida, medio en penumbra, sobre la mesa.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-9166275972215908469?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/9166275972215908469/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=9166275972215908469' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/9166275972215908469'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/9166275972215908469'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2009/04/el-dedo-colgando.html' title='El dedo colgando'/><author><name>conde-duque</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00408131078343703172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-7387328151677575019</id><published>2009-04-05T14:15:00.005+02:00</published><updated>2009-04-05T14:48:43.265+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Solana'/><title type='text'>Solana en el Rastro</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;De paseo por las calles del Rastro ("las de más carácter de Madrid") aún se pueden percibir las huellas de Solana. De hecho, al doblar una esquina, me encuentro con los cuadros de un tal Antonio Pan, imitación evidente de los de nuestro patrón:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_HKy_zSwv3es/SdiRmbVF7XI/AAAAAAAAC94/P_r2nQo-NP4/s1600-h/MADRID-MARZO+2009+285.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5321163049095523698" style="WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 240px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_HKy_zSwv3es/SdiRmbVF7XI/AAAAAAAAC94/P_r2nQo-NP4/s320/MADRID-MARZO+2009+285.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Subes una cuesta o cruzas una calle y te imaginas perfectamente a Solana, con su figura un poco contrahecha, mirando las baratijas, asomado a un escaparate, agachado ante una hilera de libros o charlando con la gente, con las manos metidas en los bolsillos. Todavía queda algo de la atmósfera solanesca de los objetos arrumbados, aunque menos lúgubre y tremebunda: "Hay tiendas de baúles, pilas de sillas y muebles, mezclados con los más diversos objetos; cabezas de toro disecadas y algún esqueleto articulado y metido en su urna que ha pertenecido a un médico difunto, fotografías de delincuentes y criminales que han estado en las paredes de algún gabinete de antropología, álbumes de mujeres de mala vida, y de enfermedades de la piel y venéreo, con cabezas de niños llenos postillones, de sangre y de pus, de males heredados de sus padres; caimanes, culebras y gatos disecados." (&lt;em&gt;Madrid callejero&lt;/em&gt;)&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_HKy_zSwv3es/SdiRnpqE0WI/AAAAAAAAC-Y/7Axbl5SwRgc/s1600-h/MADRID-MARZO+2009+273.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5321163070121496930" style="WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 240px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_HKy_zSwv3es/SdiRnpqE0WI/AAAAAAAAC-Y/7Axbl5SwRgc/s320/MADRID-MARZO+2009+273.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_HKy_zSwv3es/SdiRm-K7SLI/AAAAAAAAC-A/NcRB4-DF_Zw/s1600-h/MADRID-MARZO+2009+277.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5321163058448124082" style="WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 240px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_HKy_zSwv3es/SdiRm-K7SLI/AAAAAAAAC-A/NcRB4-DF_Zw/s320/MADRID-MARZO+2009+277.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_HKy_zSwv3es/SdiRnRDi1bI/AAAAAAAAC-I/XJWxaLCJHIQ/s1600-h/MADRID-MARZO+2009+274.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5321163063517435314" style="WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 240px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_HKy_zSwv3es/SdiRnRDi1bI/AAAAAAAAC-I/XJWxaLCJHIQ/s320/MADRID-MARZO+2009+274.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_HKy_zSwv3es/SdiRnTVD_5I/AAAAAAAAC-Q/2HrYenvZWAM/s1600-h/MADRID-MARZO+2009+276.JPG"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5321163064127782802" style="WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 240px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_HKy_zSwv3es/SdiRnTVD_5I/AAAAAAAAC-Q/2HrYenvZWAM/s320/MADRID-MARZO+2009+276.JPG" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-7387328151677575019?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/7387328151677575019/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=7387328151677575019' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/7387328151677575019'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/7387328151677575019'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2009/04/solana-en-el-rastro.html' title='Solana en el Rastro'/><author><name>conde-duque</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00408131078343703172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_HKy_zSwv3es/SdiRmbVF7XI/AAAAAAAAC94/P_r2nQo-NP4/s72-c/MADRID-MARZO+2009+285.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-8480486029969763134</id><published>2009-02-07T21:18:00.004+01:00</published><updated>2009-02-07T21:35:47.633+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Del oficio'/><title type='text'>Noticias literarias</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Hola, queridos amigos: Hace siglos que no asomo por aquí, pero la verdad es que estamos todos un poco perdidos, aunque a veces cuentos como el de Teresa nos ponen las pilas de nuevo (o eso espero, porque las buenas historias como esta dan ganas de ponerse a escribir). &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Os tengo que dar buenas noticias, porque en primavera saco una nueva novela con Ediciones del Viento. Se llama "El chico de las cigüeñas" y es un trabajo que tenía muchas ganas de dar a la luz. Aparte de eso, el cuento "Mayo" que ya conocéis ha salido en un libro colectivo, TRENTACUENTOS, de la editorial Casa Abierta, al lado de otros cuentos de gente muchísimo más laureada y publicada que yo, lo que, por otra parte, no es difícil. Y hace unos días la editorial Bartleby ha sacado los CUENTOS AFRANCESADOS, en los que se supone que seis autores teníamos que hablar en tono satírico o cuando menos festivo del bicentenario del año pasado. Os incluyo el mío, que se llama &lt;em&gt;La perfidia francesa&lt;/em&gt;, a ver si os hace aunque sea sonreír un poco. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Bueno, así van las cosas, te pasas tres años esperando y luego salen varias cosas a la vez. Me encantaría veros en alguna o varias de las presentaciones, os avisaré de todas, que ya hay ganas de que nos conozcamos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Os dejo con Ginesa la Barragana y los demás:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;LA PERFIDIA FRANCESA&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal vez el hecho de que la tía abuela de la cuñada del postillón que hace doscientos años salió de Móstoles a uña de caballo hubiera nacido en Villapardillos, el pueblo donde soy maestro y concejal, pueda parecer insuficiente para celebrar ningún tipo de conmemoración. Y tal vez los que así opinen consideren que nos estuvo bien empleado lo que nos sucedió. Este mundo se divide entre los que pueden y los que no pueden. Y los primeros son bastante quisquillosos a la hora de ampliar su círculo. Pero los que pertenecemos al segundo grupo, los del Ayuntamiento de Villapardillos, quiero decir, estábamos ya cansados de ver pasar centenarios, bicentenarios y tricentenarios de cosas que habían sucedido siempre en otra parte; estábamos hartos de sentir envidia por las mejoras que dejaban en esos sitios los aniversarios del nacimiento o de la muerte de las lumbreras que nunca nacieron aquí; y nos moríamos de rabia, por qué no decirlo, con los viajes que se pegaban el alcalde y los concejales de Villalinces, el pueblo vecino, con el pretexto de hermanarse con los sitios más exóticos. Así que cuando a Mariano, mi alcalde, se le ocurrió la idea, no pensamos más que en lo bien que iba a salir la conmemoración del segundo centenario de aquel 1808 en el que el cuñado de la sobrina nieta de la tía Ginesa, de la familia de las Barraganas, se echó al monte con el recado que le dieron: “Españoles, la Patria está en peligro. Madrid perece víctima de la perfidia francesa. Españoles, acudid a salvarla”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Casi nada -dictaminó Eleonora Pascual cuando terminó de leerlo. Mariano y yo, sentados al otro lado de la mesa de su despacho, la habíamos estado mirando sin pestañear para ver el efecto que le hacía. Habíamos llevado con nosotros a Casilda, nuestra cuota femenina, que, incólume a nuestras discretas pataditas por debajo de la mesa, llevaba un rato dormitando al calorcillo de su respetable edad y del abrigo de visón que se ponía para aquellas ocasiones, con independencia de la estación.&lt;br /&gt;-De manera que este héroe popular tenía parientes en su pueblo…&lt;br /&gt;Mariano y yo asentimos con la cabeza, igualmente emocionados. A Eleonora Pascual nos la había recomendado Goyete, el alcalde de Villamiga. Ella se había encargado de prepararle, con gran éxito, el quinto centenario de la Pernoctación Imperial. Eleonora, que prefería que la llamaran Yiya, era una argentina viuda del que fue durante muchos años el diputado de zona, don Agapito Cienfuegos. Y, con relaciones por todas partes, había montado hacía diez años una empresa especializada en preparar eventos institucionales, La Ilustre Efemérides, que, según nos dijo, no daba abasto.&lt;br /&gt;-Qué bestia hermosa -exclamó Yiya sobresaltándonos no poco respecto al destino de su exclamación. Casilda despertó con un respingo y dijo “claro, claro”, como solía hacer en los Plenos. Después supimos que, en boca de Yiya, esta expresión era tan común como halagadora-. Vean, yo ahora mismo estoy desbordada. Desbordada, desbordada. Pero es tan lindo lo que ustedes me proponen, tan no sé, tan heroico y entrañable, que yo les voy a hacer un hueco, un huequecito chiquitín, chiquitín, ¿okey?&lt;br /&gt;-Claro, claro -dijo Casilda; y Mariano quiso saber cómo era de chiquitín ese huequecito.&lt;br /&gt;-Porque nosotros no vamos a pararnos en barras. Nosotros, doña Eleonora…&lt;br /&gt;-Yiya, por favor…&lt;br /&gt;-Yiya, nosotros queremos un centenario como Dios manda. Con extranjeros que den conferencias, con cantantes, con cenas y con lo que haga falta.&lt;br /&gt;-Y claro, mi querido alcalde. Ustedes van a tener una ilustre efemérides, algo que no van a olvidar nunca. Déjenme que lo estudie, que vaya a su pueblo. ¿Cuántos son ustedes?&lt;br /&gt;-Unos ciento y pico…&lt;br /&gt;-Perfecto. Esto tiene que ser algo muy, muy, popular. El pueblo en armas de nuevo… en armas amistosas, claro está. Ya lo estoy viendo. Tiene que ser un abrazo de los antiguos enemigos, una batalla florida con los franceses… ese arrojo viril del postillón, esa tía suya la Barragana, qué bestia hermosa…&lt;br /&gt;-Perdone usted, Yiya, pero eso de la Barragana no se puede decir.&lt;br /&gt;-¿?&lt;br /&gt;-Es que…eso se les llamaba por mal nombre, no sé si usted me entiende… que parece que alguien de la familia hace muchos años, pues que fue el ama del párroco y se dijo lo que se dijo y de ahí que la familia…&lt;br /&gt;-Comprendido. Es una pena porque es un nombre con fuerza, con energía… pero podemos sustituirlo por otro igualmente nutricio, yo lo voy a pensar. Lo importante es que este aniversario sirva para estrechar lazos.&lt;br /&gt;-Si nos hermanáramos con algún otro pueblo de allí… -se atrevió a sugerir Mariano- París, tal vez…&lt;br /&gt;Pero Yiya se había puesto de pie y nos acompañaba hasta la puerta.&lt;br /&gt;-En diez días les doy presupuesto, alcalde. Vaya usted trabajándose las subvenciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Eso es una mamarrachada -dijo Ginesa la Barragana, última de su linaje, sexagenaria, potente y solterísima, cruzando los brazos sobre su busto ilimitado.&lt;br /&gt;-Mira, Ginesa, si te vas a poner así…&lt;br /&gt;-Me pongo como me da la gana, porque estás hablando de mi familia, Mariano. Y yo con mi familia soy ciega. Y ese postillón de las narices que ahora resulta que se ha vuelto tan famoso fue un zascandil, que ni siquiera pisó este pueblo; y lo que tú ahora quieres hacer es mangonearnos a todos para hacerte famoso tú y traer por los pelos a esa señora que era la tía abuela de su cuñada…&lt;br /&gt;-Y tu tatarabuela, Ginesa, que hasta se llamaba como tú…&lt;br /&gt;-Pues más a mi favor. A mí no me hacen falta aniversarios ni festejos y menos que nos signifiques a nadie y menos a mí, que vivo tan tranquila.&lt;br /&gt;La cosa no pintaba bien, y el desánimo comenzaba a cundir. Aquella mañana habíamos estado en Diputación esperando en vano ser recibidos. Necesitábamos una subvención para pagar a La Ilustre Efemérides y necesitábamos un poco más de colaboración popular. Pero el pueblo permanecía, como siempre, en indiferencia absoluta hacia las celebraciones, los franceses o los parentescos con los héroes populares. Teniendo en cuenta que el setenta por ciento de la población tenía más de sesenta años, no era de extrañar. Así y todo, el día que Yiya desplegó ante nosotros el programa de Las Jornadas de la Amistad Bicentenaria, Mariano y yo volvimos a animarnos y hasta Casilda exclamó “claro, claro” con un cierto calor.&lt;br /&gt;La cosa duraba dos días, en los que hospedaríamos a una comisión de profesores franceses que darían cuatro conferencias, todas ellas con el común denominador de la concordia. El acto principal consistiría en el abrazo simbólico que Mariano, como alcalde español, se daría con uno de los historiadores franceses (Yiya estuvo buscando un alcalde francés, pero ya estaban todos reservados, nos dijo, para actos de este tipo a lo largo de todo el año). Habría un mercado de época, bailes populares y una pequeña dramatización. En ella, y merced a varias licencias poéticas, la tía abuela de la cuñada del postillón era en realidad la tía carnal de este. Y poco antes de que el muchacho partiera hacia su patriótica misión, le hacía ver en emotivas palabras que algún día franceses y españoles serían pueblos hermanos. El texto del mensaje había sido levemente variado, omitiendo toda referencia a la perfidia francesa y quedaba algo así como “Españoles, la Patria nos reclama. Acudamos todos juntos para que la democracia y la libertad triunfen”. Un encargo ejemplar, aunque no se comprendía muy bien cuál era exactamente la heroicidad del postillón ni qué pintaba en todo eso. Pero lo importante, según nos dijo Yiya, era que se notara la energía femenina y pacificadora de aquella insigne mujer cuyo papel, nos sugirió, debería recaer justamente en su descendiente, qué bestia hermosa…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Otra mamarrachada -dijo la Barragana una vez que, mirándonos de hito en hito, lo hubo escuchado todo-. Ni ese pelamanillas pisó nunca por aquí, ni mi tatarabuela era su tía ni si lo hubiera sido le hubiera dado otro consejo que el que nos han dado a todos de padres a hijos: “¡Sus y a ellos!”&lt;br /&gt;Estábamos reunidos en el Ayuntamiento con Pedrito el del bar, único empresario de Villapardillos, a quien Mariano intentaba interesar en el tema por sus evidentes implicaciones económicas.&lt;br /&gt;-Ginesa, parece mentira que te importe tan poco tu pueblo -decía en ese momento mi alcalde casi al borde de la desesperación-. Si conseguimos celebrar este bicentenario, comenzará para Villapardillos una nueva era. Vendrían turistas, crearíamos la Ruta del Postillón, Pedrito tendría más clientes y quién sabe si con el tiempo podría ampliar el bar.&lt;br /&gt;-Ampliarlo o hacer una casa rural, como en Villalinces -añadí yo, mirando con una cierta ansiedad a Pedrito, que no mostraba en su rostro emoción de ninguna clase.&lt;br /&gt;-Anda, una casa rural aquí -reaccionó al fin, sonriendo como ante una broma-… ¿Y a qué va a venir aquí la gente?&lt;br /&gt;-A nada, hijo -le apoyó la Barragana, abanicando su poderoso busto-. Esas son fantasías de este, que tiene la cabeza a pájaros como su padre y su abuelo, si lo sabré yo…&lt;br /&gt;-Ginesa, no me faltes -saltó Mariano, que ya estaba más que amoscado-. No me faltes, que todos tenemos cosas que callar.&lt;br /&gt;Y la reunión acabó cinco minutos más tarde, el tiempo justo para que Mariano sacase a colación a las Barraganas, Ginesa le llamase gañán y Pedrito se evadiese liándose el penúltimo canuto del día. El tipo de situaciones que ponen a prueba mi vocación por el mundo rural.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quedaba el último paso, tan delicado que ambos lo habíamos ido eludiendo sin decir nada. Pero con el programa del evento hecho, y aunque con Ginesa en contra, ya no había más pretextos para no ir a hablar con el hidalgo.&lt;br /&gt;El hidalgo era, para decirlo pronto, la puerta de la financiación. Y, teniendo en cuenta que, desde hacía ya casi un cuarto de siglo, “financiación” era un concepto que se aunaba al de “subvención” hasta el punto de confundir ambos, el hidalgo era la puerta a la Diputación y a sus riquezas.&lt;br /&gt;La razón de que el hidalgo fuera la llave que abría el Tesoro Público era uno de los arcanos de la comarca. Hijo de una de las familias principales de Villalinces, y destinado por ello a ser una gloria del foro, el hidalgo mostró desde su primera juventud una considerable resistencia a los estudios reglados, que sustituyó con su gran afición a investigar la historia local. Se hizo, con ello, primero cronista de Villalinces y más tarde del resto de la región. Desde las costumbres de las tribus neolíticas que acamparon en nuestras tierras, sorprendentemente parecidas a las que lo hicieron en el resto del planeta, hasta la repercusión local de la pérdida de las Colonias, fecha en la que el hidalgo consideraba prudentemente concluida su aportación a la Historia, no había en todo el contorno pueblo que no hubiera sido escrito por él. Esta noble ocupación, a la que dedicó su soltería, le valió la consideración de la Diputación, que le convirtió en la punta de lanza de la cultura rural. A él se debía la gestión de las subvenciones para la ingente cantidad de aniversarios, jornadas y efemérides de los que Villalinces gozaba, así como sus hermanamientos con varias localidades del Midi, de la Toscana y del Japón. Ahora bien, el hidalgo no era santo de la devoción de ninguno de los villapardillanos desde que, en su Historia de Villalinces, hizo nacer allí al eminente fray Deodato de la Cruz, único hijo de Villapardillos que había alcanzado notoriedad histórica al ser devorado por los caribes en el curso de la evangelización de La Española. Por ese rencor patriótico tan arraigado en los villapardillanos, Mariano y yo hubiéramos preferido no ponerle al corriente de nada, pero también sabíamos que, después de nuestro frustrado intento de hacerlo por nosotros mismos, no nos quedaba otra que recurrir a él si queríamos que la Diputación abriera sus arcas para bendecir, junto a los franceses, la hora en que el postillón más patriota de todos los tiempos fue engendrado por la suegra de la sobrina nieta de la Barragana.&lt;br /&gt;El hidalgo nos recibió con su amabilidad habitual y con ese aire distraído del que, seas quien seas y se hable de lo que se hable, sabe más que tú. Se interesó por la marcha de nuestro pueblo, nos reiteró la promesa de una visita que nunca hacía para catalogar un abrevadero que nos habíamos encontrado en la era y que Mariano consideraba, contra toda evidencia, de tiempos visigóticos, y nos preguntó el motivo de nuestra visita. Era el momento adecuado para ser breve, convincente y digno. Pero, por desgracia, nada más lejos de la actitud de Mariano. Entre el resquemor y la adulación, mi alcalde desarrolló un discurso que reptaba ante el hidalgo de forma tan meliflua como ininteligible. Entre complicadas referencias, que nadie más que yo entendía, al escamoteo de que había sido objeto nuestro fray Deodato y fantásticos ditirambos a la Diputación, las palabras de Mariano y las improbables conexiones de Villapardillos con el Levantamiento del Dos de Mayo naufragaban abyectamente en la exquisita sala del caserón desde donde el hidalgo impartía cultura a la zona. Yo, que notaba en mi alcalde un progresivo nerviosismo, una ansiedad creciente por salir de allí con la promesa de un dinero concedido por la munificencia del administrador de subvenciones, intenté varias veces interrumpir un discurso que ya se hacía incoherente. Pero, en cada ocasión, Mariano me atajaba con un gesto y continuaba desbarrando sobre Barraganas y postillones, sobre perfidias francesas y lazos de amistad. Al fin, el hidalgo alzó una de sus elegantes manos en un gesto patricio y Mariano, sudando copiosamente, calló, anhelante.&lt;br /&gt;-Y, ¿ya contáis con alguien que organice todo esto?&lt;br /&gt;-Contamos con la mejor -se apresuró a decir Mariano y a mí, no sé por qué, me dio mala espina tanto la pregunta como la entregada respuesta-. Eleonora Pascual, bueno, Yiya -añadió, encima, jactándose de familiaridades-, la conoce, ¿verdad? Nos lo va a hacer todo. Ella está entusiasmada, así que la cosa va a ser un éxito.&lt;br /&gt;A estas alturas pude observar dos cosas que me alarmaron por igual. Los ojos apagados del hidalgo comenzaron a relucir como los de un gato ante una presa. Y la facundia de Mariano derivó francamente en histeria comunicativa. Le contó todo: la comisión de profesores franceses, el mercado de época, la obra de teatro, el abrazo simbólico… El hidalgo sonreía casi con ternura, asintiendo con la cabeza como un cura en confesión.&lt;br /&gt;-Yiya es una gran amiga -comentó cuando Mariano, por fin, tomó aliento. Y levantándose, nos acompañó hasta la puerta-. Dejadlo todo de mi cuenta.&lt;br /&gt;-Ha estado majísimo, ¿verdad? -dijo Mariano, todavía sofocado, en cuanto salimos a la calle.&lt;br /&gt;Nunca tuve más claro un presentimiento de catástrofe.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo demás fue tan rápido como fácil de adivinar. Y si lo menciono es, únicamente, para que en este testimonio verídico no quede ninguna laguna entre nuestros heroicos intentos y lo que todo el mundo sabe que pasó.&lt;br /&gt;Porque las Jornadas Bicentenarias de la Amistad Franco-Española, organizadas en Villalinces por La Ilustre Efemérides con el patrocinio de la Diputación, merecieron una cobertura mediática sin precedentes en la comarca y fueron, en palabras del hidalgo, “la visión indispensable e irremplazable que necesitaba la historia para reinterpretar unos difíciles tiempos en una clave más comunicativa y por qué no decirlo, más femenina”.&lt;br /&gt;“En ese sentido”, añadió el periódico local, “fue tan imprescindible como entrañable la colaboración de la descendiente de aquella primera matriarca, Ginesa la Barbacana (llamada así por descender de una familia de artilleros al servicio del Rey) que, con una gran simpatía, encarnó la figura de su antepasada en una dramatización que, junto al abrazo simbólico en el que se fundieron el presidente de la Diputación y el profesor Duchamp, renombrado historiador del país vecino, constituyeron el momento cumbre de las Jornadas, celebradas en el marco incomparable de Villalinces, un municipio que tuvo un pequeño pero fundamental papel en aquella interacción francoespañola, no siempre bien entendida, que en estos días se ha conmemorado”.&lt;br /&gt;-Vae victis -le dije a Mariano aquella noche saliendo del bar de Pedrito. Estábamos bastante borrachos ya, y por eso no me preguntó, como suele, qué quería decir ese latinajo. Pero algo tiene el vino que trasciende las lenguas; o tal vez sea la comunicación de corazones en la hora decisiva del fracaso. El caso es que mi alcalde asintió con la cabeza y respondió mientras, apoyados el uno en el otro, tirábamos calle abajo: “Di que sí, majo. Mucha perfidia francesa, pero bien que nos la han metido los de aquí al lado…”&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-8480486029969763134?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/8480486029969763134/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=8480486029969763134' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/8480486029969763134'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/8480486029969763134'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2009/02/noticias-literarias.html' title='Noticias literarias'/><author><name>Luisa Cuerda</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04288427960886879377</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_intHjRGjmoc/SWuxRvrjGNI/AAAAAAAAADg/bVHQWzS3rJw/S220/D%C3%BAn+Aenghus.jpg'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-182626521314295454</id><published>2009-01-30T10:19:00.002+01:00</published><updated>2009-01-30T11:15:18.827+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>SALDO DEUDOR</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;i style=""&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:12;" &gt;“El que muere paga todas sus deudas” -&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:12;" &gt;William Shakespeare&lt;i style=""&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:12;" &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:12;" &gt;Tarde o temprano, todos tenemos que hacer frente a nuestras deudas. Cerrar nuestras cuentas al final del ejercicio, sacar un balance y que todo cuadre. El estaba tardando demasiado en pararse, tomar aire y ordenar un caos que no sólo le engullía a él, sino que también me arrastraba a mí. Pero es que Alfonso nunca fue bueno con los números: lo suyo eran las ventas, las sobremesas prolongadas hasta media tarde, el viento empaquetado y envuelto en lazos brillantes y papel de regalo. Era el mejor haciéndose el olvidadizo, siempre tan ocupado: ¿a quién, si no a mí, se le ocurría venir precisamente ahora con una bobada semejante, cuando lo que tenía entre manos era la venta del año? Ya hablaríamos cuando cobrara la comisión. Sabía dejar pasar el tiempo con esa elegancia que tienen los malos pagadores para hacer correr los días, las semanas y los meses, y conseguir que el que les prestó y no ellos sea quien se sienta culpable y estúpido a partes iguales. Creándome una desazón paralizante, incapaz de reclamar lo que era mío, volviendo del trabajo cada día, de lunes a viernes, con la sangre golpeándome en las sienes pero, otra vez, sin mi dinero. Mi mujer, que no sabía nada, se echaba a temblar cuando me veía entrar, otra vez, de mal humor. En su inocente inopia preguntaba y preguntaba, estirando mis nervios como una goma elástica que terminaba golpeándola a ella y haciendo que me sintiera un poco peor todavía. Lo único que conseguía era que descargara mi furia contra lo&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;más cercano, ella, algo que en lugar de aliviarme recrudecía mi tormento, porque aún en mi miserable estado mental, todavía era capaz de ver mi cobardía y lo injusto de mi conducta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:12;" &gt;Portarme mal con ella mientras agachaba la cabeza frente al responsable de todos mis males, me dolía casi tanto como la burla que suponía no sólo no recuperar lo mío, sino perder cada día un poco más. Sin embargo nunca le conté a mi esposa cómo caí en la trampa, de qué manera Alfonso consiguió engatusarme, jugando con mi legendaria incapacidad de saber decir que no. Cuando debí hacerlo no me atreví, y cuando quise hacerlo, ya era demasiado tarde. Hubiese perdido el respeto que ella me tenía, el que más me ha importado siempre, el que todavía hoy me pregunto cómo conseguí ganarme. Yo no soy un triunfador. No lo fui nunca, y ése fue mi segundo gran error: creer que podía serlo, que yo también tenía derecho. El primero de mis fallos fue confiar en él. Me había ido bien no fiándome de casi nadie, pero él me pareció distinto cuando no lo era. Bueno, en realidad sí que lo era. Alfonso era diferente a cualquiera, porque era peor que nadie. Apareció en el momento justo, y supo decirme lo que quería escuchar, de una manera en la que hacía mucho que nadie me hablaba, de igual a igual, como si yo fuese tan bueno como él. Las palabras justas para crearme la sensación de que, después de todo, el que estaba en deuda con él era yo. Sabía de sobra que el solo hecho de haberse fijado en mí, de tenderme su mano, de conseguir que dejara de sentirme transparente en la oficina y empezar a ser popular por el simple hecho de ir con él, ya era suficiente. Podría hacer de mí lo que quisiera. Y lo hizo. Primero fueron los cafés de la pausa de las once; nunca tenía suelto para la máquina. Más tarde, el menú del restaurante de la plaza; ¿cómo iba a pagar con un billete de cien una cuenta de ocho euros? A la salida del trabajo, conseguía liarme para que le acompañara siempre, con ganas o sin ellas, e invariablemente me tocaba pagar a mí nuestras consumiciones, salvo la última ronda. Cuando le empezaban a entrar las ganas de volver a casa, era él quien invitaba, recalcando lo rumboso de su gesto hasta conseguir que se me agriase la cerveza en el estómago. Me sentía incómodo, imbécil, pero no era capaz de enfrentarme a él, de encontrar el valor para plantarme, y decirle “Hasta aquí”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:12;" &gt;Una tarde, me esperó a la salida. Yo me había retrasado, tenía que terminar unas cosas, y me entretuve media hora más. Lo último que imaginaba era encontrármelo allí. ¿”Unas cañitas?”, me dijo. A la tercera ronda me lo soltó: necesitaba que le dejara dinero, tenía que cambiarle las ruedas al coche, y no podía seguir tirando de tarjeta. “¿Y no puedes esperarte a la próxima nómina?” Imposible, salía de viaje a Galicia al día siguiente, y con las lluvias se exponía a pegarse un golpe con unos neumáticos al límite. Yo no llevaba encima más que doscientos, pero me acompañó al cajero para sacar otros cuatrocientos euros. Fue al taller esa misma tarde. Cobramos a la semana de aquello, pero no me devolvió el dinero. Me contó que su mujer tenía que operarse de la miopía, y no lo cubría el seguro privado. Lo recuerdo bien, porque a pesar de las ruedas nuevas, cuatro días más tarde se salió de la autopista al volver de Orense, y sobre todo porque fue la primera vez que le presté tanto dinero. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:12;" &gt;Al principio me fié de mi memoria para recordar las cantidades. No era difícil, eran cifras redondas, trescientos, cien, quinientos, y siempre había un objeto concreto, una finalidad con nombre y precio, un gasto imposible de aplazar. Podía ser un fin de semana romántico para reflotar su matrimonio, o la ortodoncia del niño. Llegué a financiarle el entierro de su suegro, la reforma de la buhardilla, e incluso el regalo para su mujer en su décimo aniversario. Yo era una fuente de crédito inmediato que nunca oponía resistencia, que no reclamaba avales, y con el tipo de interés más bajo del mercado. Imbatible. Sin embargo, la frecuencia de los sablazos se espaciaba cada vez menos y, lo peor de todo, las cifras crecían peligrosamente, así que pronto tuve que empezar a apuntarlo todo. Ni siquiera cuando lo tuve por escrito, un cuadro de Excel con columnas de números y sumatorios mareantes, fui consciente de la magnitud del asunto. Fue en el momento en el que me vi marcando el número de “Dinero Urgente ¡Ya!” cuando vi la luz. Un latigazo eléctrico me hizo soltar el teléfono, como si quemara, y sentí una punzada en el pecho que me hizo temer lo peor: mi padre había muerto de un infarto cuando tenía mi edad. Cuando volví a respirar normalmente, cogí de nuevo el móvil, y decidí que todavía no había llegado el momento de morirme, mientras por primera vez en meses lo veía todo con una claridad tan brutal que me hizo guiñar los ojos. A pesar del tiempo transcurrido, más de veinticinco años, recordé sin problemas el número de Vicente con el mismo soniquete cantarín que en su día me permitió memorizarlo. No en vano fue mi mejor amigo, mi compañero de juegos desde la guardería hasta el instituto, el culpable del 90% de las broncas de mis padres, en parte porque terminó juntándose con lo peor del barrio, aunque sobre todo por gastar teléfono llamándole nada más llegar a casa, cuando me acababa de separar de él en el portal. Hacía por lo menos diez años que no hablábamos, pero yo sabía que no dudaría en ayudarme. Al contrario que yo, mi amigo seguía en el barrio, y según los puntuales informes de mi madre, conservaba la extraña habilidad de moverse entre la mierda sin mancharse. ¿Cuánto podía costarme? La verdad es que ya me daba lo mismo. Merecería la pena acudir a los de “Dinero Urgente ¡Ya!” para pagar lo que sería la última de mis aportaciones a un pozo sin fondo. Vicente pasó de la extrañeza de saber de mí después de tanto tiempo a la carcajada descontrolada cuando le dije lo que quería, aunque recuperó la compostura cuando vio que hablaba totalmente en serio. No, no bastaba con un susto, las piernas rotas se escayolan, y se curan. Mi plan para solucionar el problema no me permitiría recuperar mi dinero, al contrario, mi agujero financiero se haría más profundo con el importe del trabajo que le estaba encargando, pero había llegado a tal punto de desesperación que aquel era ya un detalle sin importancia. Quería librarme de Alfonso, como fuera, y después de darle muchas vueltas a la cuestión, sólo veía una manera: ésa. Conseguir que su nombre sólo fuese un mal recuerdo. Dejar que el tiempo borrase poco a poco la vergüenza que me ahogaba, esa humillación que me estaba quitando el sueño y la salud, y que, de no pararla, terminaría acabando con mi vida. El método era lo de menos, lo importante era el resultado. Porque lo que empezó como un asunto de amor propio se había convertido en una cuestión de supervivencia. Se trataba de él o de mí. Aún conservaba algunos restos de dignidad y la suficiente presencia de ánimo para elegir salvarme. A cualquier precio. Incluido el de condenarme.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:12;" &gt;Ahora duermo bien, como antes de todo esto, como siempre. Mi mujer, no sin esfuerzo, ha logrado perdonarme, no tanto por lo sucedido, sino por no haber confiado en ella. Debe quererme un montón, porque ahora tiene un marido delincuente, y además le debemos un dineral a mi suegra. Aún no sé los años que pasaré en la cárcel, pero francamente, me asombra comprobar lo poco que me importa. Desde que Vicente me llamó avisándome de que ya estaba hecho, y por mucho menos dinero de lo que me había dicho en un principio, me siento flotar dentro de una especie de burbuja mullida desde la que observo lo que me sucede, pero contra la que todo rebota, sin rozarme. Para ser sincero, lo único que lamento es no haber visto la cara de Alfonso en el instante en que fue consciente de que El Muelas le iba a meter una bala en la cabeza. Tal y como le pedí a Vicente que tenía que ser: sin mediar palabra, sin explicaciones, dejando que pareciese lo que en realidad era, un vulgar ajuste de cuentas. Alfonso se fue al otro barrio sin saber que aquel era el último favor que yo le hacía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-indent: 35.4pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:12;" &gt;Ignorante de que, gracias a mí, nunca más tendría problemas de dinero.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-182626521314295454?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/182626521314295454/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=182626521314295454' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/182626521314295454'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/182626521314295454'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2009/01/saldo-deudor.html' title='SALDO DEUDOR'/><author><name>Teresa, la de la ventana</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00525823307781512041</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/-SdlREwpgDe4/Tqvj-rXctlI/AAAAAAAABhU/F0PbxbYleik/s220/arellanos_0022.JPG'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-4995519413759949826</id><published>2008-12-31T14:03:00.007+01:00</published><updated>2008-12-31T14:26:29.315+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Polaroids'/><title type='text'>El insomnio</title><content type='html'>Las horas se estiran, el universo da más de sí. El tiempo se dilata y se sostiene en el aire como una burbuja. Estás obligado a observarlo, analizarlo, a ver cómo fluye, cómo baila, cómo dibuja círculos en tu memoria resignada, vacía. El infinito a tus pies. Tu rostro demacrado en el espejo del baño, cada madrugada. Contemplas esos ojos que no miran. Detrás del iris, el abismo. Los párpados resecos, apergaminados, la piel agrietada en los labios y el paladar arenoso, como de desierto. Dando vueltas en el colchón, cumpliendo la peor condena. El cansancio incontable, la derrota. Gotea el grifo, cruje el suelo, el armarito del lavabo chirría. No quedan pastillas en el bote.&lt;br /&gt;Te asomas a la ventana. Un cuadro abstracto oscuro con puntos brillantes. Formas geométricas escindidas de su significado. Edificios, azoteas, terrazas, calles, coches, farolas. Serpientes nocturnas reptando por los escalextric y desapareciendo en los túneles. Se apagan las oficinas. La ciudad desplegada, una sinfonía de luces y colores sin sentido. Fuegos de artificio por doquier. Todos fotografiándose, inmortalizando sus muecas de angustia, de odio, de pena. Todos van hacia algún lado. Nadie sabe adónde ir. Los árboles han muerto.&lt;br /&gt;La pantalla parpadeando, el colacao con galletas, la barrita de cereales. Pasan las tramas, los paisajes enlatados, los mapas meteorológicos, las prostitutas más decadentes, los anuncios de la teletienda. Un libro que se cierra con la misma presteza con que se abre. No hay calma ni nervios. No hay resquicio para la concentración. Demasiado tiempo para el pensamiento: un pensamiento empachado de sí mismo, abotargado, enmohecido en la nada. La cabeza flotando en el aire, llena de vacío, inflada como un globo. No cabe más. Duermen los objetos, protestan las cañerías, la nevera sostiene su ronquido. Los perros se han suicidado.&lt;br /&gt;El insomnio es el Aleph.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-4995519413759949826?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/4995519413759949826/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=4995519413759949826' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/4995519413759949826'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/4995519413759949826'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2008/12/el-insomnio.html' title='El insomnio'/><author><name>conde-duque</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00408131078343703172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-6131434912723123926</id><published>2008-12-16T09:49:00.019+01:00</published><updated>2008-12-16T11:31:15.340+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Polaroids'/><title type='text'>Yonquis</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Caminan de noche por la ciudad iluminada. Tienen las calaveras adheridas al rostro, sustituyéndolo. Son muertos andantes, en busca de su dosis. Consumen en los portales, en los sótanos, en las escaleras. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Él va sin camisa, pantalones vaqueros cortos, botas militares desatadas, pelo rapado, gafas redondas y un tatuaje en la espalda. Ella tiene las facciones hinchadas, como si se hubiese operado los labios y los pómulos, nariz y párpados de boxeadora, minifalda roja, en su camiseta de tirantes se lee en letras rosas I Love New York. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Van por una calle de Queens. Pasan los coches con sus luces, se cruzan con vecinos, escaparates, algunas tiendas abiertas. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Entran en un portal. Atraviesan un pasillo y acceden a las escaleras. Bob se pone en cuclillas, abre la papelina, la disuelve en el tapón de una botella de agua mineral, absorbe el líquido con la jeringuilla, mira el cristal al trasluz, lo golpea con la uña y empuja el émbolo hasta que sale una gota. Lo mira apenas a unos centímetros, quizás no ve bien del ansia que tiene, o porque se le superponen efectos anteriores, o por culpa de la escasa luz que sale de una bombilla agonizante. La pintura de las paredes se cae a trozos. Finalmente busca la vena con la jeringuilla. Y la encuentra. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;No piensan en el futuro ni en el pasado. En esta supervivencia sólo existe una palabra: heroína. Todo vale con tal de conseguir la siguiente dosis: hurgan en la basura, roban, se prostituyen. La única felicidad está en ese lento suicidio, en la aguja, en el mechero que se enciende y el humo que se inhala por la boca, hondas y largas caladas, interminables caladas, las manos acercándose a la cara, como si soplasen una caracola de mar o el cuerno de guerra. Son gárgolas huesudas y sufrientes. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;La sustancia llega rápidamente al cerebro. Sólo entonces descansan, dejan de deambular, de luchar, de morir.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-6131434912723123926?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/6131434912723123926/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=6131434912723123926' title='12 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/6131434912723123926'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/6131434912723123926'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2008/12/yonquis.html' title='Yonquis'/><author><name>conde-duque</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00408131078343703172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-203355930377370161</id><published>2008-11-27T23:03:00.002+01:00</published><updated>2008-11-27T23:10:58.499+01:00</updated><title type='text'>A propósito de las ausencias</title><content type='html'>Desde luego que se han perdido muchas bibliotecas y muchas obras de arte. No hace falta incluir las que nunca se llevaron a cabo para que la cifra sea descomunal. Y eso si no prescindimos también de las que, aun habiéndose conservado, llevan siglos sin ser leídas o escuchadas o vistas por nadie, aunque en realidad habría que contar también las que, pese a seguir vivas, no han podido ser nunca comprendidas.&lt;br /&gt;            Se estima que no llega al 10 % la porción de obras de la antigüedad griega y latina que nos ha llegado. Aparte de lo mencionado por el &lt;em&gt;Inventario&lt;/em&gt;, habría que añadir la mayor parte de la obra de aquellos autores que sí han quedado. Nos faltan pedazos enormes de obras maestras. Un montón de libros de Tito Livio, Salustio, Tácito, Polibio, Petronio y de infinidad de poetas antiguos. Sin embargo, en toda esta ruina quedan dos piedras curiosas.&lt;br /&gt;            A pesar de los cientos de manos cristianas que tocaron su contenido, se nos ha conservado &lt;em&gt;entera&lt;/em&gt; la obra de Lucrecio, un monumento al ateísmo, y buena parte de la de Catulo, un monumento a la modernidad. De los muchos cómicos que hubo en la Atenas clásica, sólo ha quedado uno, Aristófanes, pero todas las fuentes coinciden en considerar que era el mejor. Del más influyente de los filósofos que ha habido nunca, Platón, nos ha quedado &lt;em&gt;todo&lt;/em&gt; lo que escribió. De Virgilio sólo dudamos de unos cuantos poemas de juventud que tampoco nos aportan demasiado, pero sus tres grandiosas obras de arte nos han llegado intactas. De Petronio, a pesar de que por el túnel de la Edad Media se perdieron sus escenas más fuertes (se supone), nos quedó un manual de cómo se escribe una novela, amén de un modelo perfecto de realismo que todavía se imita.&lt;br /&gt;            Podemos seguir. Pero los datos indican que son pocas las obras, digamos, definitivas que hemos perdido. Es como la ley de Darwin aplicada a los libros y a las culturas. No hay en la Antigüedad ni una sola opción de vida o rama del saber que no haya dejado alguna huella. Lo poco que queda de Epicuro sigue protagonizando el centro del discurso ético. Los pecios que se recogieron de los cínicos siguen latiendo como la forma más descarnada de enfrentarse a la realidad. Parece ser que la evolución no se ha tragado obras que podrían haber cambiado el mundo, y además nos ha brindado indicios para que imaginemos lo que pudo haber, y de paso lo creemos.&lt;br /&gt;            Y sin embargo, y esa es la otra extraña piedra del asunto, de ese diez por ciento que nos ha quedado sólo hay otro diez por ciento que seguimos leyendo y nos sigue influyendo, o que, en todo caso, sigue disfrutando de un lugar en la memoria colectiva. Lo demás ha quedado para pasto de la erudición. Cada vez que voy a la Biblioteca Nacional tengo la sensación (muy placentera, por otra parte) de que me he metido en otra esfera de la realidad, en un hangar de tumbas que a veces ya no vuelven a ser abiertas jamás, y otras gozan de una minúscula existencia en el cuerpo de una nota a pie de página de un libro que va a correr la misma suerte pero mucho más deprisa.&lt;br /&gt;            Nos quedan suficientes frases de Heráclito para justificar que la misma mano que conservó algunas de aquellas joyas fue la que destruyó el resto. No destruimos: olvidamos, transformamos, digerimos, enterramos. No ha quedado el segundo libro de la &lt;em&gt;Poética&lt;/em&gt; de Aristóteles, pero en su lugar nos entretuvimos con &lt;em&gt;El nombre de la rosa&lt;/em&gt;. Su carácter de ruina forma parte de su condición humana.&lt;br /&gt;Estas conjeturas borgianas suelen pecar de funesismo: casi sería peor que se hubiese conservado todo, y que el tener que conocerlo todo nos hubiese paralizado la capacidad de suponer.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-203355930377370161?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/203355930377370161/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=203355930377370161' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/203355930377370161'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/203355930377370161'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2008/11/propsito-de-las-ausencias.html' title='A propósito de las ausencias'/><author><name>Bernardinas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13552590227953529076</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-i8DFngFaN8A/Tu5dZWGQM2I/AAAAAAAAKsE/LM77UL7zk0Y/s220/STENCIL-SHORT.jpg'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-3982136983279834439</id><published>2008-11-18T15:29:00.004+01:00</published><updated>2008-11-18T15:52:56.765+01:00</updated><title type='text'>Inventario de ausencias</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Los Jardines Colgantes de Babilonia ** El templo de Salomón ** La obra escultórica de Apeles ** La antigua biblioteca de Alejandría, que pudo poseer 20.000 rollos de papiro, según algunos, y, según otros, 700.000 ** La Décima Sinfonía de Ludwig van Beethoven y la de Gustav Mahler ** La Biblioteca de Pérgamo, que pudo contener 250.000 rollos de papiro ** El Templo de Diana de Éfeso, donde estuvo el único ejemplar del famoso tratado de Heráclito ** La caja donde guardaba Alejandro Magno la Ilíada que le había editado Aristóteles ** El indoeuropeo y más de 600 idiomas y dialectos ** El Coloso de Rodas ** La pintura de Zeuxis sobre un racimo de uvas que hizo que los pájaros creyeran que eran reales ** El Mausoleo de Halicarnaso ** Los Budas de Bamiyán, en Afganistán, devastados por los talibanes ** 2700 monasterios en el Tibet ** El nombre que se esconde tras las siglas “W.H.” en los sonetos de William Shakespeare ** La música de Ariadna de Monteverdi ** El verdadero significado del texto que oculta el manuscrito Voynich ** Las últimas palabras de Albert Einstein, que no supo entender una enfermera ** Los rostros que borraron los iconoclastas en Bizancio ** La maleta de Walter Benjamin, que contenía uno de sus manuscritos fundamentales y que quedó en la frontera entre Francia y España cuando el autor se suicidó en 1940 por miedo a caer en manos de la GESTAPO ** La lección más importante y secreta de Platón sobre el bien ** La valija que Hemingway le encargó traer a su esposa con todos sus escritos y que un ladrón robó en la estación de trenes de Lyon ** El tratado Sobre el no ser o Sobre la naturaleza de Gorgias de Leontini, un sofista que logró convencer a todos sus lectores de que nada existe ** El lugar donde enterraron a Francisco de Miranda ** El final del poema anglosajón titulado La batalla de Maldon, el de la novela Almas Muertas de Nicolás Gogol, el de Bouvard y Pecuchet de Gustave Flaubert, el de Memorias de Dirk Raspe de Drieu La Rochelle, y el de 2066 de Roberto Bolaño ** La pintura Animales devorándose entre sí, de André Masson ** La novela de Gonzalo Torrente Ballester que dejó olvidada en una gaveta ** Lo que dijo Simón Bolívar a San Martin en su enigmático encuentro ** Los 47 libros de las Memorias Históricas de Estrabón de Amasia ** Las Semanas del Jardín de Miguel de Cervantes ** El segundo libro de la Poética de Aristóteles, y en particular sus diálogos, sobre todo su Protréptico que fue una pieza retórica modelo en el mundo antiguo ** Unas 113 obras del prestigioso Sófocles, del que hoy sólo se hallan 7 piezas en estado íntegro y cientos de fragmentos ** 188 bibliotecas, 1.200 mezquitas, 150 Iglesias Católicas, 10 Iglesias Ortodoxas, 4 sinagogas, 1000 monumentos culturales arrasados por los serbios ** Sobre las bibliotecas de Marco Terencio Varrón ** La Guerra en Germania de Plinio El Viejo ** Los textos completos de Basílides, jefe de una escuela gnóstica de Alejandría ** La Historia de Escitia de Dexipo de Atenas, que vio en una pesadilla el erudito bizantino Juan Tzetzés, hombre que detestaba su pobreza porque no le permitía comprar libros ** La biblioteca de Alamut, sede de la secta de los famosos asesinos del mundo árabe medieval ** Los códices mayas que quemaron los frailes cristianos ** La primera versión de Los siete pilares de la sabiduría de T.E. Lawrence ** El paradero de los cuerpos de los argentinos y chilenos que fueron secuestrados por regímenes dictatoriales ** El manuscrito de In the Ballast of the White Sea de Malcolm Lowry que ardió en un incendio * El dirigible alemán Hindenburg, que ardió en 1937 ** La novela Ricardo y Samuel, que comenzaron Franz Kafka y Max Brod y que nunca pasó del primer capítulo * La novela The poodle springs story de Raymond Chandler, incompleta tras su muerte ** El fresco Hombre en la encrucijada (1933) de Diego Rivera, encargado para el nuevo edificio de la RCA en el Rockefeller Center de Nueva York y destruido poco después de su realización porque contenía un retrato de Lenin ** Las Torres Gemelas de Nueva York, aniquiladas en los ataques del 11 de septiembre de 2001, y las obras de arte que contenía el complejo de edificios: obras de Joan Miró, Masuyuki Nagare, Louise Nevelson y Alexander Calder, además de 1113 obras, entre esculturas y pinturas de los artistas más destacados de todos los tiempos: Alex Katz, Bryan Hunt, Wolf Kahn, Jacob Lawrence ** Un millón de libros quemados durante la invasión de Estados Unidos a Irak junto con miles de piezas de arte antiguo y moderno.&lt;br /&gt;Entre otras miles de cosas más, esto se ha perdido para siempre.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;(Fernándo Baez, &lt;em&gt;La hoguera de los intelectuales&lt;/em&gt;)&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-3982136983279834439?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/3982136983279834439/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=3982136983279834439' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/3982136983279834439'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/3982136983279834439'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2008/11/inventario-de-ausencias.html' title='Inventario de ausencias'/><author><name>conde-duque</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00408131078343703172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-3316431425793228453</id><published>2008-10-26T19:33:00.008+01:00</published><updated>2008-10-26T19:44:49.835+01:00</updated><title type='text'>Galdós, Juan Martín "El Empecinado"</title><content type='html'>Dice el señor Conde que a lo mejor quedaban bien aquí en este ropero las crónicas de lectura que estoy escribiendo de Galdós. Son eso, crónicas de lectura, un poco precipitadas, por lo menos en el caso que el señor Conde me pide que cuelgue aquí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5261533425900520050" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 298px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_20yJHBv1lVo/SQS4xiilAnI/AAAAAAAABd0/0n3ipxelXTw/s400/empeci.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;Ha sido un alivio dejar los salones de sesiones, las damas pazguatas y los héroes reaccionarios de &lt;em&gt;Cádiz&lt;/em&gt; para echarse al monte con la partida del Empecinado. Nada más empezar me he vuelto a acordar de Baroja y &lt;em&gt;El escuadrón del Brigante&lt;/em&gt;. Hay un cura en este Episodio, mosén Antón Trijueque, que es un salvaje de la misma laya que el cura Merino que pinta Baroja. Me pasa en todos: cuando no es Baroja es Valle-Inclán, y cuando no atisbos de Unamuno, aunque esto me ocurre más bien con las últimas novelas. La historiografía literaria tiene una deuda con Galdós, la de suturar la brecha que unos planes de estudio sin sentido infligieron durante muchos años en esa relación de maestría efectiva, esto es, bien aprovechada, que se estableció entre Galdós y los del 98, que no eran los nietos del Cid sino los hijos de don Benito. Todos querían matar al padre pero todos se quedaron con algún rasgo suyo. Y a todos les favorece.Pero este Antón Trijueque (quien, por cierto, es de Botorrita) no es una figura episódica como el cura Merino, un ente histórico y por lo tanto plano, sino un personaje que se desarrolla patéticamente cuando el retrato de El Empecinado ha llegado a su fin. A mitad de novela, huyendo de la emboscada que, después de pasarse a las tropas francesas, le han tendido los hombres del traidor Trijueque, El Empecinado salta por una sima nevada, en plan doctor Moriarty, y ahí dejamos de saber de él. Es entonces cuando Galdós trae a las damas folletinescas hasta Cifuentes (menudo trajín el de las condesas noveleras) para que estén cerca del lugar donde Gabriel Araceli cae preso. Aparece por allí Santorcaz, su afrancesdo futuro suegro, que aprovecha para contar su vida; el propio Antón da un exhaustivo repaso a sus penas de guerrillero, e incluso un simpático personaje, el carcelero francés, Plobertin, participa con una escena que parece de Walt Disney.&lt;br /&gt;El arranque había sido formidable. El cuadro de las partidas de guerrilleros da una tensión a la novela que no tuvo en toda la entrega anterior. Es interesante conocer la vida cotidiana de los guerrilleros, y apasionante su condición de héroes salvajes, de generales bruscos y descamisados. La historia de la traición de Albuín y después de Trijueque le sirve a Galdós para poner de manifiesto su desconfianza última del método de la guerrilla: aquello es un caos sin disciplina previa y plenamente asumida. Todos quieren mandar, o rapiñar, y muchos son capaces de venderse por un vaso de vino. Son, en definitiva, patriotas bandoleros, y ello hace que la figura del Empecinado cobre dimensión dramática: debe ser justo en un mundo de bandidos, ser general en un caos de desharrapados, imponer la disciplina por la fuerza y confiar en que el patriotismo pueda más que la avaricia. Debe transigir con los desmanes de sus soldados pero también atender a las reclamaciones de los perjudicados, como aquel señor que lo conoció de pequeño y le reclama que le devuelvan el dinero que le han robado los hombres del Empecinado. Ahí se desata el conflicto, las traiciones, el patetismo de un personaje que lucha por no perder un gramo de su dignidad.Pero hay un niño, una mascota, un recién nacido que se cría entre la tropa, y entre él y Santurrias van tramando un contrapunto amable a la cruda vida del guerrillero. Ese niño viene con un pan debajo del brazo, pero ni él ni mosén Antón, que son los encargados de sostener la trama cuando desaparece El Empecinado, pueden desarrollarse por el momento (sobre todo el cura), porque de pronto Galdós retoma la trama general, la de Inés y Amaranta, y ahora Santorcaz. La sensación es que decide un final a lo &lt;em&gt;Cartuja de Parma&lt;/em&gt;, con un ilustrado conde Mosca (no tan noble Santorcaz, desde luego) y la sensual Amaranta tomando las riendas de su destino, más una joven amada, Inés, que es como aquella muchacha que veía Fabrizio desde las mazmorras.La pericia de Galdós y su sentido de las proporciones hace que pronto la cosa se resuelva en un entretenido suspense sobre cómo va a huir Araceli de la cárcel, donde espera su ejecución acompañado del niño de marras. Los personajes episódicos que contaron su vida un poco de matute se convierten en candidatos a la liberación, y la sombra potente del Empecinado aún no termina de esfumarse. Todavía esperamos su presencia imponente en el desenlace de la novela.Todo indica que después de la traición de Antón Trijueque Galdós cedió paso a otra novela, la de la primera serie, cuyo final había que ir preparando. Desde Cádiz, con la reaparición de Amaranta e Inés, se va preparando un final que deje atados los cabos folletinescos (el reconocimiento de la madre, el amor recobrado, la liberación de la clausura, etc.) y pueda recrearse en La batalla de los Arapiles. Si Galdós es siempre muy previsor en los finales, hasta el punto de concederles el protagonismo de toda la segunda mitad de la novela, las proporciones aconsejan que en una novela de diez tomos y más de dos mil páginas el final debe irse preparando como mínimo setecientas páginas antes de acabar. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;Acabar. Hay algo que Galdós ya tiene muy claro. Araceli está exhausto como personaje. La primera persona narrativa no está hecha para el borbotón de personajes y de situaciones que le salen constantemente. Araceli se pasa el tiempo detrás de las cortinas o en una esquina de la mesa, escuchando a los verdaderos personajes, que deben renunciar a su autonomía porque sólo son lo que sabe de ellos Gabriel. La primera persona, en definitiva, se le queda estrecha, y de ahí que a veces se presenten personajes sin comerlo ni beberlo que reclamaban unos cuantos episodios para sí. El resultado es que queda una novela partida en dos. Magnífica la primera parte, tanto que el amaneramiento de la segunda nos viene un poco mal. Hay un momento que tenía que producirnos admiración por el hábil argumentista y sin embargo nos deja fríos: me refiero a cuando aparece la lima con la que Araceli puede serrar los barrotes del calabozo. Es un caso claro de lo que yo llamo barrer a los centrales. Forma parte del suspense parecer previsible, hacer creer al lector que el desenlace será uno concreto, verlo venir, y entonces hacer progresar la trama saliendo por peteneras. Los finales con suspense provocan el placer de fallar en nuestras predicciones. Queremos equivocarnos. Si cuando está en la cárcel llega a aparecer el Empecinado para liberar a Gabriel Araceli, cierro el libro y lo dejo. Pero no. Estaba lo único que no había dejado de estar: el niño. Está bien la salida, pero no nos conmueve. Es un brillante final rutinario. Muy bien que no haya sido El Empecinado.&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Pero, a todo esto, ¿dónde está el Empecinado? Los héroes se engrandecen con su ausencia. Así como al principio Galdós nos prepara con unos cuantos capítulos antes de presentárnoslo, aquí llega no para liberar a Araceli sino para cerrar el círculo narrativo. Entretanto, un detalle queda suelto: ¿quién puso la lima entre las ropas del niño? Se lo merecía Plobertin, el carcelero bueno, pero a Galdós da la sensación de que se le olvida. En todo caso, la escapada de Araceli está muy bien contada; sus calamidades bizantinas tienen la fuerza que echábamos de menos desde que se deshizo la partida de guerrilleros y mosén Antón se echó doblemente al monte. Sólo queda un reencuentro con Amaranta, con discursos demasiado largos para mi gusto. Después de las páginas de aventura, tan rápidas, este encuentro debería haberse resuelto con esticomitias en vez de con discursos.El que sí está bien contado es el encuentro, al final, entre El Empecinado y mosén Antón, mucho más intenso. Mosén Antón es a fin de cuentas un ejemplo de dignidad y otro de testarudez. El Empecinado es generoso, como corresponde al héroe bueno, al Cristo magnánimo que tiene que ser para que su tropa de fanáticos y facinerosos le siga sin rechistar. Mosén Antón es Judas, y como Judas termina, mientras Araceli sigue buscando a Inés, que ha huido con el hipócrita de Santorcaz.&lt;br /&gt;Es mucho mejor novela que la anterior, desde luego, y mucho más entretenida. Galdós ha cambiado los lamentos de salón por las aventuras montuosas. La mezcla, a veces, chirría un poco, pero no porque esté mal engastada sino porque la inercia de la aventura nos lleva siempre a más aventura, y es la prueba de que ha sido bien contada.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-3316431425793228453?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/3316431425793228453/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=3316431425793228453' title='12 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/3316431425793228453'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/3316431425793228453'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2008/10/galds-juan-martn-el-empecinado.html' title='Galdós, Juan Martín &quot;El Empecinado&quot;'/><author><name>Bernardinas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13552590227953529076</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-i8DFngFaN8A/Tu5dZWGQM2I/AAAAAAAAKsE/LM77UL7zk0Y/s220/STENCIL-SHORT.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_20yJHBv1lVo/SQS4xiilAnI/AAAAAAAABd0/0n3ipxelXTw/s72-c/empeci.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-6450670227052229256</id><published>2008-10-18T18:06:00.001+02:00</published><updated>2008-10-18T18:08:13.331+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Crónicas del tiempo aquel'/><title type='text'>Y...en aquel tiempo los ángeles bajaron del cielo</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;     En aquel tiempo los ángeles bajaron del cielo. Lo venía diciendo Carmina la modista desde hacía una temporada, que soñaba que los ángeles bajaban al pueblo. Pero nadie la creía; decían, simplemente, que era una cursi y una chiflada.&lt;br /&gt;   Lo dijo Lope el borracho más de mil veces, que los ángeles se paseaban arriba y abajo por la era de Don David, que tenían el pelo largo y que iban en cueros como Dios los echó al mundo; lo dijo Juan el pastor, que pasaba las noches al raso y juró que había visto otra luna que se desprendía de la primera y se acercaba al pueblo casi hasta chocar con la loma roja; y que de esa luna salían aparatos redondos, como los coches de choque de la feria, y se dispersaban por el horizonte hasta perderse de vista; pero como Juan el pastor pasaba tanto tiempo solo, todos sospecharon que se le estaba yendo la cabeza como le pasó a su padre y antes a su abuelo, que aseguraban hablar con gnomos y conocer el escondite del tesoro del cadí.&lt;br /&gt;   Y así hasta que Don José Miguel, el aviador, aseguró un día que, paseando de noche por la orilla del río, había visto a los ángeles bajar del cielo. Entonces todos le creyeron.&lt;br /&gt;   Don José Miguel había sido aviador en tres guerras y conservaba en la repisa de la chimenea tres fotos suyas con sus tres aviones. Conocía los cielos como Juan el pastor los montes y se había cruzado con toda clase de seres voladores. Era por lo tanto una autoridad en la materia. A partir de ese momento, comenzó en el pueblo la caza del ángel.&lt;br /&gt;   De nada sirvió que Don Eulogio dijese que los ángeles eran espíritus puros y por tanto invisibles a los ojos de los humanos; ni que Fidel asegurase que lo que hacía falta no eran ángeles sino gobernantes justos; ni que el maestro los llamase "marcianos". El pueblo, de noche, se vaciaba de gente, y las riberas del río, la era de Don David, los aledaños de la loma roja, se plagaban de pequeñas luciérnagas y cuchicheos entrecortados: hubo más de dos y más de tres nacimientos inesperados nueve meses después del verano en el que los ángeles visitaron el pueblo.&lt;br /&gt;   Pero pasaba el tiempo y los ángeles no aparecían. Ya, ni Lope los veía retozar por las eras, ni Juan observaba sus pequeños vehículos volantes, ni Carmina soñaba con ellos. Don José Miguel andaba perplejo y taciturno por la ribera del río, y el maestro observaba decepcionado las últimas estrellas de Junio.&lt;br /&gt;   Se apoderó del pueblo un malestar difuso, una decepción, un desánimo. Las noches pasadas bajo la luna menguante, en las que habían intercambiado comida, bebida y esperanzas, les parecían ahora una broma de mal gusto. Polo se peleó cuatro veces en dos semanas, y hasta las gallinas de las tres cocineras andaban melancólicas y poco ponedoras.&lt;br /&gt;   El día de Santiago, al salir de misa, Polo dijo: "Yo esta noche voy"; y la voz se fue corriendo, de modo que aquella noche la luna llena alumbró un pueblo de casas vacías. Hasta Don Eulogio, apoyado en Fidel, se llegó hasta las eras con su hisopo lleno de agua bendita.&lt;br /&gt;   A las dos de la mañana, la luna se desdobló y se acercó al pueblo, y de ella brotaron pequeños vehículos voladores que se posaron sin ruido en la era de Don David. Los mil trescientos siete habitantes del pueblo salieron de sus escondites y avanzaron hacia la era sin temor, sin angustia, sólo con un dulce anhelo que les hermanaba, de manera que muchos se cogieron de las manos. Y entonces salieron los ángeles.&lt;br /&gt;   Les dijeron que ya habían terminado lo que habían ido a hacer, pero que antes de marcharse habían querido que todos pudieran verlos: porque ellos, con su deseo y su tristeza, les habían llamado. Les dijeron que aunque lo contaran nadie les creería. Les dijeron que, aunque lo pareciera, no estaban soñando.&lt;br /&gt;   Les dijeron todo eso sin hablar, y todos supieron que se lo habían dicho porque, al mirarse, tuvieron la certeza de que a todos les habían sonado dentro las mismas palabras.&lt;br /&gt;   A Don Eulogio se le cayó el hisopo de las manos y dos lagrimones de los ojos, los mismos que a Polo, a la Mucho y Bueno, a Fidel... Todos se quedaron en la era hasta que la luna volvió a ser una, con lágrimas en las mejillas y el corazón esponjado. Los padres acariciaban a sus hijos, las parejas se abrazaban, los amigos se miraban a los ojos. Nunca como entonces se sintieron parte de algo fundamental, más importante que sus propias vidas y que sus rencillas e intereses; nunca después volvieron a sentir con tanta fuerza que eran parte de la era y de la loma roja y de la ribera del río: que eran parte unos de otros por encima de todo. Para siempre.&lt;br /&gt;   Y al día siguiente, y muchos días después, la vida de cada día tuvo otro significado.&lt;br /&gt;   Porque no iban a creerles o a pesar de eso, nadie habló nunca de los ángeles; ni siquiera unos con otros, porque todos sabían que los demás también habían estado allí y eso bastaba.&lt;br /&gt;   Hubo amistades nacidas en la noche de la doble luna que perduraron a través de los años; hubo antiguas querellas que, aunque rebrotaron más tarde con la tenacidad del absurdo, encontraron una pequeña tregua aquel cándido verano. Hubo intenciones buenas, hubo arrepentimientos, renuncias, propósitos que se estrellaron contra la realidad, y otros que lograron salvar el desaliento de lo cotidiano.&lt;br /&gt;   Y lo cotidiano al final se impuso; murieron unos, otros marcharon, llegaron nuevas gentes y, con el tiempo, los que fueron quedando comenzaron a dudar de lo que habían visto y lo inscribieron en un sueño común, en la alucinación colectiva de una noche de calor que dejó en los corazones la nostalgia de una inocencia imposible.&lt;br /&gt;   Pero a las niñas que nacieron nueve meses después de los días de la búsqueda, sus padres las llamaron María de los Ángeles. Y ellas, a su vez, han llamado así a sus hijas.  Mientras viva alguna de ellas, mientras alguien en el pueblo las llame por su nombre, no se extinguirá del todo el eco de la voz silenciosa de los mensajeros.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-6450670227052229256?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/6450670227052229256/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=6450670227052229256' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/6450670227052229256'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/6450670227052229256'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2008/10/yen-aquel-tiempo-los-ngeles-bajaron-del.html' title='Y...en aquel tiempo los ángeles bajaron del cielo'/><author><name>Luisa Cuerda</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04288427960886879377</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_intHjRGjmoc/SWuxRvrjGNI/AAAAAAAAADg/bVHQWzS3rJw/S220/D%C3%BAn+Aenghus.jpg'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-7801045807302001194</id><published>2008-10-07T13:24:00.002+02:00</published><updated>2008-10-07T13:29:36.016+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Crónicas del tiempo aquel'/><title type='text'>En aquel tiempo salía "El As"</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;     En aquel tiempo salía el "As". El "As" era un periódico deportivo, de papel basto y titulares agresivos plagados de signos de admiración. En primera plana, la instantánea de un futbolista de robustas rodillas chorreando sudor.&lt;br /&gt;   El "As" salía los lunes y era el anuncio de que comenzaba una nueva semana. Aún no era de día cuando en la esquina de la churrería, Lucio el topo se apostaba, se afianzaba en sus dos piernas, sacaba pecho y voceaba inmisericorde:&lt;br /&gt;   -¡¡¡Ha salido el "Aaaaaaaas"!!!&lt;br /&gt;   En respuesta al vocerío, Lope el borracho salía de la pensión de la Mucho y Bueno, que volcaba sus abundancias asomada a la ventana, sacudiendo las alfombras; Matiucas, el de la Mari la pescadera, arrimaba la furgoneta a la pescadería de su madre y empezaba a descargar las barras de hielo y los helechos. Eusebio el rápido abría el taller después de orinar en el patio de atrás, y comenzaba a la vez sus muecas y el arreglo de las primeras medias suelas del día.&lt;br /&gt;   Y comenzaba a formarse, en la puerta de la churrería, la cola de las mujeres con el monedero en la mano.&lt;br /&gt;   En aquel tiempo se desayunaban churros y porras mojados en el café con leche; y las neveras eran de hielo, que repartía Matiucas por las casas, barras de hielo que refulgían como diamantes y  se deshacían en esquirlas cuando Matiucas las partía con un martillo y un punzón. Los niños cogían las esquirlas del suelo para chuparlas; las madres, si los veían, se las quitaban y les daban una torta en la boca y un azote en el culo.&lt;br /&gt;   A las ocho salían los últimos tractores camino de las eras, y los hombres que esperaban el coche de línea en el bar de Polo pedían un Chinchón para matar el gusanillo y se cruzaban a la esquina de la churrería para comprarle el "As" a Lucio el topo. Lucio les miraba por encima de sus gruesas lentes y rebuscaba el cambio con sus manos eternamente sucias dentro del bolsillo de cuero que llevaba atado a la cintura. Después se acomodaba el pitillo en la comisura de los labios, y volvía a gritar desatentado:&lt;br /&gt;   -¡¡¡Ha salido el "Aaaaaaaas"!!!&lt;br /&gt;   A las nueve se abría la escuela y Don Florián, el maestro, salía de su domicilio y cruzaba el patio de recreo para abrir las aulas. Por entonces entraba en la churrería la Heli, a buscar los churros de los señores, y Lucio el topo se la comía con los ojos detrás de sus lentes legañosos.&lt;br /&gt;   -¡¡¡Ha salido el "Aaaaaaaas"!!! -bramaba como ciervo en celo casi al oído de la chica.&lt;br /&gt;   Y la Heli, muy tiesa, agarrando altivamente el junquillo con los churros, sacudía los hombros despectivamente y murmuraba: "Qué tío más asqueroso".&lt;br /&gt;   En aquel tiempo, en el que sólo se descansaba el domingo, el lunes era la puerta del desierto, el inicio del tubo, el comienzo de una nueva eternidad. Fidel, el cura nuevo, cruzaba la calle con pasos presurosos, encendiendo un cigarrillo con sus manos nerviosas, y le compraba el "As" a Lucio el topo después de decirle: "Menuda chavala", señalando con la barbilla a la Heli que se alejaba. Doña Luisa salía de la iglesia guardando en el bolso su velo de blonda y saludando a diestro y siniestro. La Celsa terminaba de limpiar los higaditos de pollo, y los niños cantaban los ríos de España balanceando las piernas por debajo del pupitre.&lt;br /&gt;   Luego llegaba el correo, comenzaba a oler a comida; en la radio, una voz declamaba que el Ángel del Señor anunció a María, interrumpiendo una canción en inglés, y las madres cortaban chistando los reniegos de las hijas. A la una, Lucio el topo doblaba el último “As” que le quedaba y se marchaba a leerlo al bar de Polo donde ya la Celsa, al verlo cruzar la calle, comenzaba a servirle el menú en su mesa de siempre.&lt;br /&gt;   Lope el borracho se despedía con un gesto vago y subía trotandillo a la pensión de la Mucho y Bueno; los niños se desparramaban por las calles del pueblo, y Doña Luisa, suspirando, servía la sopa en el comedor de la luz siempre encendida, diciendo: “Un día más...”.&lt;br /&gt;   En aquel tiempo, en el que el hielo se vendía en pedazos, las mujeres hacían cola para comprar los churros del desayuno y los periódicos se voceaban en las esquinas, el "As" de Lucio el topo era la primera señal de que, después del sopor del domingo, la vida continuaba.&lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;   &lt;br /&gt;   &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-7801045807302001194?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/7801045807302001194/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=7801045807302001194' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/7801045807302001194'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/7801045807302001194'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2008/10/en-aquel-tiempo-sala-el-as.html' title='En aquel tiempo salía &quot;El As&quot;'/><author><name>Luisa Cuerda</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04288427960886879377</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_intHjRGjmoc/SWuxRvrjGNI/AAAAAAAAADg/bVHQWzS3rJw/S220/D%C3%BAn+Aenghus.jpg'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-8118295145500940356</id><published>2008-09-30T20:59:00.001+02:00</published><updated>2008-09-30T21:04:48.506+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>El luthier</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;&lt;span style="line-height:150%;Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; letter-spacing:.2ptfont-family:&amp;quot;;font-size:12.0pt;"&gt;Espinho&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style=" line-height:150%;Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;letter-spacing:.2ptfont-family:&amp;quot;;font-size:12.0pt;"&gt; está a 18 kilómetros de Oporto. Y después esa calle anotada y ese número que son lugares misteriosos para nosotros, y no sabemos qué vamos a encontrarnos allí. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;letter-spacing:.2ptfont-family:&amp;quot;;font-size:12.0pt;"&gt;Lo que era ciudad de provincias, pueblo somnoliento y rectilíneo, se vuelve aldea de interior solo unas calles a la derecha. Es una calle larga sin aceras; preguntamos a una señora que camina con unos cartuchos (esas flores como de plástico) entre las tetas, como si le saliesen de ahí, dónde está el número 713. Nos dice, muy amable, que al final, hacia arriba, una curva y un poco más allá aparece la plaza de la iglesia, que ella también va para allí, al cementerio, y le queda detrás de la iglesia. Le decimos que se suba y unas curvas más adelante nos topamos con la plaza. Unos árboles darían sombra si hiciese sol, pero este ya se tapa tras unas nubes y los árboles están amarillos y un poco desnudos. Son troncos desperezándose, pues son horas de desperezarse, y algunos viejos debajo de estos plataneros nos miran al pasar. No se sabe si hacen la digestión en la plaza del pueblo o si esperan también ellos &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;su cáncer&lt;/i&gt; o sólo que la comida este hecha y ellos hambrientos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;letter-spacing:.2ptfont-family:&amp;quot;;font-size:12.0pt;"&gt;Buscamos la casa del luthier. Una placa sobre el cemento de una casa baja y el número sobre el portal nos quitan de dudas. Hay al otro lado, saliendo de la plaza hacia el norte unos chalets adosados muy modernos que nada tienen que ver con esta casa que tenemos delante. Ni siquiera es una casa vieja y venerable de piedra. De aspecto vulgar y pobre, abandonado, con el cemento a la vista, sin pintar. La puerta es de madera y muy descolorida e hinchada. El portal es de la misma madera agrietada. No hay aceras. Del asfalto pasamos directamente a la vivienda, pero aun no hemos llamado. No nos precipitemos. Estamos indecisos. ¿Será aquí? Me acerco a la ventana; un viejo en lo que parece un taller está sentado con algo en las manos. Parece un zapatero. Llamamos al timbre. Escuchamos unos ruidos dentro. Abre el viejo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;letter-spacing:.2ptfont-family:&amp;quot;;font-size:12.0pt;"&gt;- &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Boa tarde&lt;/i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;letter-spacing:.2ptfont-family:&amp;quot;;font-size:12.0pt;"&gt;Tiene aspecto de dentista de pobres. Nos invita a pasar. Hay un patio descubierto, con unas parras que lo cubren sólo unos pasos tras el portal. A la izquierda la puerta del taller, de madera y cristal, que cruje al abrirse. El luthier lleva una bata blanca que abrocha por detrás. Calza unas pantuflas de cuadros manchadas con serrines y lleva unas gafas enormes que le bajan por la nariz y le hace mirarnos por encima de la montura, dándole un aspecto de viejo sabio de dibujos animados. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;letter-spacing:.2ptfont-family:&amp;quot;;font-size:12.0pt;"&gt;Lo observo todo; el taller parece que no ha cambiado un ápice desde que en 1929 su padre lo montó en ese mismo lugar. Solo unos carteles de algún festival o de concursos de luthier, en japonés, en inglés, en francés, muestran que por allí también pasaron los años sesenta, setenta, y en algunas fotos vemos a alguno de las tres generaciones de luthiers posando. En una, el padre, el primero de la saga, parece enseñar a su hijo Antonio que atiende concentrado a la explicación y a las manos del maestro. Veo la foto y veo al Antonio real, ahora venerable viejo en el que apenas queda nada del joven aprendiz con orejas muy destacadas, como alerones, y la frente demasiado estrecha. Obediente y ambicioso. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;letter-spacing:.2ptfont-family:&amp;quot;;font-size:12.0pt;"&gt;No hay un centímetro de madera, y todo es madera en ese taller, que no haya sido taladrado por las polillas. Toda mesa, estantería, mueble, suelo, es rugoso y formado por millones de pequeños agujeritos que son como celdas de algún insecto monacal, de una superpoblación de insectos. Pero son los años de todo un siglo casi que han pasado por allí en forma de polilla, y todo eso aguanta dando un aire casi sagrado al lugar. Cuelgan de unos ganchos en el techo y cerca de las paredes (como patas de ternera colgadas) violines, chelos, violas, sin acabar la mayoría y en estado de espera, o como abandonados otros, como si algo les impidiera convertirse en buenos o malos instrumentos. Por el suelo, apoyados en las paredes por todas partes, un buen número de fundas de todo tipo, sucias de polvo, y que parecen contener armas de otra época, trabucos y rifles y pistolas de bandoleros antiguos y &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;asaltacaminos&lt;/i&gt;. Si alguien decidiese que el taller necesitara un adecentamiento higiénico, despojando del polvo a cualquier objeto o superficie, y recogiendo las virutas y restos de las esquinas y todo lo que ya es fósil y desechable, tendría que tirar todo y montar un nuevo taller, empezar de nuevo. Son tantos los objetos y minucias que colman cualquier mesa, estantería o esquina que la impresión sería la de tirar la propia vida y todo el pasado a la basura. Eso será lo que le impide a don Antonio deshacerse de todo lo inútil que quedó muerto en este taller.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;letter-spacing:.2ptfont-family:&amp;quot;;font-size:12.0pt;"&gt;Se mueve con lentitud, habla sin prisas. Entre las fotos y lo que nos va contando uno va pillando la historia del lugar y de la familia. Primero fue Domingos, el primer luthier, y después siguieron sus pasos Antonio, que ya tiene 75 años, y ahora Joaquim, con 39. Llegaría más tarde este último y como un ocioso que se dedica con mucho gusto a su afición cogería una tabla y se pondría a lijarla. Sin bata de dentista. El hijo de Joaquim, de unos once o doce años, y que se supone va a seguir la tradición familiar, aparecería también después. Tres generaciones reunidas en el taller. Hay algunos dibujos infantiles de violines expuestos en lo que queda libre de una pared.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;letter-spacing:.2ptfont-family:&amp;quot;;font-size:12.0pt;"&gt;Para don Antonio, un figura en lo suyo, son años de reconocimientos, según vemos después en un folleto con el historial de cada uno de los luthiers de la familia. Medallas de oro, vicepresidencias del colegio de luthiers europeo y de alguna cosa más, jurado de grandes premios que ya en su momento ganó. Ha vendido instrumentos en todo el mundo y ha recibido encargos de grandes intérpretes, Rostropovich entre ellos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;letter-spacing:.2ptfont-family:&amp;quot;;font-size:12.0pt;"&gt;Mientras ella prueba varios arcos y los canarios de una jaula que hay cerca de la puerta cantan como viejas sopranos pechugonas, uno charla con el viejo y le entretiene los trabajos que hace, o que hacía, pues deja todo y se dedica a hablar. Como presume bastante del mucho mundo que vio y como a uno le interesa oír y no hablar, el luthier continua su discurso sobre sus etapas en distintos países. Notamos que no parece tener mucha simpatía hacia lo español. En eso no es muy original, pues le pasa a muchos portugueses. También prefiere el gallego de antes, más auténtico, y según él, menos castellanizado en la pronunciación. Hace amagos a veces de seguir lijando algo, lo que quizá sea un &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;violino&lt;/i&gt; (como dice él) en el futuro, pero no empieza porque otra vez vuelve sobre un tema y uno se vuelve todo oídos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;letter-spacing:.2ptfont-family:&amp;quot;;font-size:12.0pt;"&gt;Una vieja peta en el cristal de la ventana y parece que se va a desmontar toda la vieja madera que sostiene los cristales y hasta el taller. No es nada, dice, pues quizá me vio la cara de susto. Atienden a la llamada de la vieja como a una señal que les avisa de algo. A veces se calla y sigue a lo suyo. Visto así lo mismo parece que pudiera estar fabricando un juguete de madera, una silla o uno de esas artesanías de decoración que venden los jipis en las ferias. El hijo, callado, sigue raspando algo más pequeño. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;letter-spacing:.2ptfont-family:&amp;quot;;font-size:12.0pt;"&gt;Ya nos vamos; nos despedimos y le agradezco la atención. Los negocios han quedado en nada, por ahora. Me trae un folleto con los &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;perfiles&lt;/i&gt; de los tres luthiers de la casa; el padre, muerto hace más de treinta años, él y el hijo. Tres violines por la parte de atrás del folleto, cada uno de ellos hecho por uno, como la joya de cada generación. El del hijo tiene una historia triste; ese violín pertenecía a una violinista que tuvo un accidente. El violín está dentro de un estuche hecho añicos (me señala una esquina con varios estuches). Ella murió, me dice. No sabe uno si para él tan terrible es lo del violín como lo de su muerte. Parece incluso que le brillan más esos ojos hundidos bajo las cejas melenudas. Dejamos a don Antonio en su taller, con la idea de volver otro día a reparar el mástil, un poco gastado de los dedos que lo recorren al tocar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;letter-spacing:.2ptfont-family:&amp;quot;;font-size:12.0pt;"&gt;Tomamos un café en un bar de la plaza. Dos viejas vestidas de negro de pies a cabeza, con una pañoleta que les acaba en pico por detrás, charlan tranquilas, con las manos encima de la mesa de formica. Nos saludan cuando nos marchamos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height:150%"&gt;&lt;span style=" line-height:150%;Georgia&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;;letter-spacing:.2ptfont-family:&amp;quot;;font-size:12.0pt;"&gt;- &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Boa tarde.&lt;/i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-8118295145500940356?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/8118295145500940356/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=8118295145500940356' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/8118295145500940356'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/8118295145500940356'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2008/09/el-luthier.html' title='El luthier'/><author><name>Mabalot</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09961022077052484776</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-4016972796746225060</id><published>2008-09-19T07:02:00.002+02:00</published><updated>2008-09-19T07:11:03.675+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Crónicas del tiempo aquel'/><title type='text'>En aquel tiempo se enamoró Don David</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;     En aquel tiempo se enamoró Don David. Nela no había nacido cuando Don David ya polleaba lo poco que polleó Don David antes de ser definitivamente Don David a la muerte de su padre, que se diría que reencarnó en él para continuar viendo pasar la vida desde su sillón de mimbre y sus bigotes engominados.&lt;br /&gt;   Y, sin embargo, cuando Don David se enamoró de ella, hacía ya mucho que Nela era una solterona.&lt;br /&gt;   El día de Año Nuevo, Nela recibió un ramo de rosas de la floristería del pueblo de al lado. En el pueblo no había floristería, ni rosas en enero. En abril apuntaban las de las tres cocineras pero a pesar de su belleza, morían en julio, expirando con suavidad de piadosas vírgenes. El pueblo de al lado, que era cabeza de partido, tenía en aquel tiempo dispensario, juzgados e instituto. Y una floristería con rosas de invernadero.&lt;br /&gt;   Las que Don David envió a Nela eran dos veces rosas, de nombre y de color, y llevaban adherida una tarjeta en la que le felicitaba su onomástica y firmaba: "Un admirador".&lt;br /&gt;    Don David  comenzó a pasear a caballo por delante de la casa de Nela. El caballo de Don David era el único que quedaba en el pueblo y estaba añoso, pero aún conservaba su porte distinguido de caballo de recreo. Hacía siete años que Don David no lo montaba, y, juntos bajo el sol invernal, parecían evadidos de las ruinas de un mundo ya desvanecido.&lt;br /&gt;   La tercera tarde que Don David pasó por delante de la casa de Nela, la señora Flérida, su madre, se asomó al balcón y le invitó a tomar unas rosquillas.&lt;br /&gt;   Las relaciones de Don David y Nela fueron secretas en la intención pero conocidas por todos desde la segunda merienda en familia. De Nela se dijo que no se podía decir ni esto de Nela; de Don David, que estaba muy solo desde que murió su madre; de los padres de Nela, que descansarían viendo colocada a su hija; del caballo, que no estaba para muchos trotes.&lt;br /&gt;   El caballo duró menos que el noviazgo, que es como decir nada, porque al sexto día de paseo se quebró una pata y tuvo que ser sacrificado. Nela tardó dos semanas más en imponerse a sus padres y rechazar al pretendiente.&lt;br /&gt;   La señora Flérida se metió en la cama tres días, pasados los cuales recibió a Don David en el gabinete, con las persianas echadas luctuosamente, se disculpó del extravío de su hija y lamentó no tener más para ofrecerlas a quien tanto honor les había hecho.&lt;br /&gt;   Don David se puso tan pálido que sus bigotes engominados parecieron en la penumbra finos alambres vibrátiles, pero se repuso al instante y besó la mano de la señora Flérida con mundana entereza. Luego se marchó a su casa y no salió en un año.&lt;br /&gt;   De Nela se dijo que era orgullosa, o tonta, o loca, o mala; de sus padres, que no se merecían ese trato después de haberla educado como a una señorita a base de privaciones; de Don David, que se había trastornado tanto que hacía versos; de la Adriana, la vieja criada de Don David, que una cosa era ser discreta y otra no soltar prenda, y que quién se había creído que era.&lt;br /&gt;   Al cabo de un año, Don David se despidió de Don Lázaro, que era su primo, y se fue de viaje. Volvió casado con una vieja señorita muy parecida a Nela; tuvieron dos hijos en el término de once meses y jubilaron a la Adriana, que continuó muda hasta su muerte.&lt;br /&gt;   Hoy Nela vive con una amiga en los pisos que construyó sobre el solar de su casa a la muerte de sus padres. Escribe cuentos para niñas y viaja dos veces al año a los confines del mundo en viajes organizados. La viuda de Don David coincide con ella en la catequesis de los lunes; a la salida, suelen quedarse a merendar con las demás en la cafetería de la plaza, muy cerca de la esquina donde el caballo de Don David tropezó una tarde para no volver a levantarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-4016972796746225060?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/4016972796746225060/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=4016972796746225060' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/4016972796746225060'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/4016972796746225060'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2008/09/en-aquel-tiempo-se-enamor-don-david.html' title='En aquel tiempo se enamoró Don David'/><author><name>Luisa Cuerda</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04288427960886879377</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_intHjRGjmoc/SWuxRvrjGNI/AAAAAAAAADg/bVHQWzS3rJw/S220/D%C3%BAn+Aenghus.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-7217836571823446123</id><published>2008-09-06T13:32:00.003+02:00</published><updated>2008-09-13T15:29:16.970+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Crónicas del tiempo aquel'/><title type='text'>En aquel tiempo murió Lope el borracho</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;En aquel tiempo murió Lope el borracho. Tenía setenta años, o eso decía desde siempre. Al principio, cuando su cabello era negro y su voz firme, todos se reían de él cuando lo aseguraba con énfasis etílico; después, su físico se fue adecuando a la edad que juraba tener, y en los últimos años su aseveración se tomaba como una bravata.&lt;br /&gt;Lope el borracho tenía el cabello blanco como una aureola, los ojos de vidrio opaco y el cuerpo yerto y endeble, como sin alma dentro. Caminaba trotando menudamente, con los brazos colgando y un meneíllo dócil de cabeza, la sonrisa babosa perdida en su cara amoratada. Los niños se le quedaban mirando y las madres tiraban de ellos y se marchaban muy deprisa, sin volver la cabeza. Lope, que se pasaba la vida acobardado, infundía sin embargo un gran temor a todas las hembras del pueblo. A todas menos a la Mucho y Bueno que era además su patrona.&lt;br /&gt;La Mucho y Bueno había enviudado dos veces: una legítimamente y la otra de un viajante de aceitunas que estaba de fijo en su pensión y que una noche murió, decían que en la cama de la patrona, decían que en la suya propia aunque bien acompañado.&lt;br /&gt;Poco después a Lope se le murió la mujer, y las cuñadas le echaron de su casa y le pusieron sus cuatro cosas en la pensión de la Mucho y Bueno. Que pagaba el alojamiento puntualmente, era indudable. Sobre el cómo lo hacía había en el pueblo distintas opiniones, coincidentes todas en que no era con dinero.&lt;br /&gt;Lope el borracho comenzaba su jornada a las ocho de la mañana. La Mucho y Bueno le expulsaba de su casa con autoridad conyugal y con el café bebido y el pan con aceite en la mano. Apostado en la esquina de los coches de línea veía pasar por delante de él a todos los que se iban a trabajar a la fábrica o al matadero. En la noche invernal, los vahos que salían de la boca de los hombres se mezclaban con el vaho que emitía Lope cuando respondía con su voz vinosa a los saludos de los habituales.&lt;br /&gt;Para entonces ya estaban iluminadas la panadería y la pescadería; Pedro el de la tienda levantaba la persiana, y Celsa comenzaba a freír las primeras patatas. Entonces Lope entraba en el bar de Polo, pedía un Chinchón y se ponía detrás de la puerta con la frente pegada al cristal, a ver pasar a las mujeres.&lt;br /&gt;Todos los hombres del pueblo se habían emborrachado por primera vez con Lope. Cuando los quintos volvían del sorteo, Lope les esperaba en la puerta del bar de Polo con los ojillos pícaros y la boca golosa. Esa noche los chicos le invitaban por turnos y no dejaban de hacerlo hasta que él se derrumbaba encima de la mesa; dependiendo de a cuantos mozos se hubiera llevado por delante, así era la fama de los quintos de aquel año.&lt;br /&gt;En mitad de la juerga, alguno preguntaba: “¿Cuántos años tienes, Lope?” Y Lope respondía: “Setenta”. Celsa, que pasaba una y otra vez al lado de la mesa, les reñía. Polo le decía: “Déjalos, mujer”.&lt;br /&gt;En aquel tiempo no había tonto en el pueblo, y Lope hacía sus veces. Las Fiestas las pasaba receloso, sobando dentro del bolsillo el duro que la Mucho y Bueno le obsequiaba para celebrar el día de la Virgen; vigilando a los grupos de mozos. Al final siempre acababa en la fuente de los peces, que a veces tenía agua y a veces no. De la última no se repuso.&lt;br /&gt;El mercenario le encontró a las dos de la mañana vagando sin rumbo, completamente empapado. Despertó a Don Lázaro, y le estuvieron dando unas friegas. Coñac no pudieron darle para que entrara en calor, porque su cuerpo no admitía una gota más.&lt;br /&gt;Salió de esa, Lope, pero ya no fue el mismo. Ese invierno fue muy crudo y Lope no aparecía en el bar de Polo hasta pasado el Ángelus, con temblor en todo el cuerpo y los vidrios de sus ojos cada vez más trágicos y opacados.&lt;br /&gt;La Mucho y Bueno se portó, a pesar de su fiereza. Le mantuvo en su pensión y en su aprecio y hasta, de cuando en cuando, le pasaba la navaja por la barba rala y blanca. Cuando al fin murió, la Mucho y Bueno fue a visitar a don Florián el maestro. Le dijo que quería unas palabras de categoría para Lope, unas buenas palabras para ponerlas encima del nicho que él compró en su día, la única de sus posesiones que no se había bebido.&lt;br /&gt;Don Florián estuvo pensando un buen rato y después escribió en un papel unas letras primorosas; le explicó el significado a la Mucho y Bueno y ella, después de dudar unos momentos, dijo: "Pues tiene usted razón". Se metió el papel en el escote y se fue taconeando.&lt;br /&gt;Hoy, el nicho de Lope, que en aquel tiempo estaba en el extrarradio del cementerio, ha ganado en status con las sucesivas ampliaciones y se ha quedado en la zona central, a muy poca distancia relativa del panteón de Doña Luisa. Todavía puede leerse la inscripción que la Mucho y Bueno hizo poner:&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A LOPE IN MEMORIAM&lt;br /&gt;IN VINO VERITAS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-7217836571823446123?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/7217836571823446123/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=7217836571823446123' title='11 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/7217836571823446123'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/7217836571823446123'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2008/09/en-aquel-tiempo-muri-lope-el-borracho.html' title='En aquel tiempo murió Lope el borracho'/><author><name>Luisa Cuerda</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04288427960886879377</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_intHjRGjmoc/SWuxRvrjGNI/AAAAAAAAADg/bVHQWzS3rJw/S220/D%C3%BAn+Aenghus.jpg'/></author><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-7549614574272855529</id><published>2008-08-25T02:31:00.002+02:00</published><updated>2008-08-25T02:35:56.765+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Solana'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Babelia'/><title type='text'>Solaneando</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#660000;"&gt;La herida de Gutiérrez Solana&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#660000;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#660000;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#660000;"&gt;&lt;br /&gt;José-Carlos Mainer, el sábado en Babelia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Detrás de este libro está una maleta que, más de medio siglo después de la muerte de sus propietario, sus herederos hicieron llegar al Museo Reina Sofía, de Madrid. Hay también una conservadora de esta entidad, María José Salazar, que hizo honor al nombre de su oficio y que alertó de que aquel equipaje contenía manuscritos inéditos del pintor José Gutiérrez Solana. Vinieron después dos estudiosos de sensibilidad acreditada, Ricardo López Serrano y Andrés Trapiello, y de la mano del último de los citados, llegó una editorial que trabaja con pulcra claridad y buen gusto, la granadina Comares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estamos, pues, de enhorabuena aunque un lector superficial pueda decir que los textos que aquí se acopian no añaden nada nuevo a los seis libros de Solana que ya conocíamos y cuya última edición, la de la Fundación Santander en su colección Obra Fundamental, satisfacía -por fin- las exigencias de rigor y exhaustividad. Pero, en cuestiones de literatura, no sólo importa la novedad sino también la insistencia, la perseverancia de los textos recién hallados en el camino que trazaron los ya conocidos. En definitiva, tras la lectura de este libro, estamos en condiciones de dar toda la razón a Trapiello cuando escribe en su prólogo que "Solana es uno de los grandes escritores españoles del novecientos. No es superior a Baroja o a Azorín, a Unamuno o a Galdós, pero no es inferior a ninguno de ellos".&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es curioso recordar que los dos últimos dibujaban con primor y gustaban de la pintura. Baroja, hermano de pintor, tenía acusada sensibilidad como oyente de música y como catador de cuadros; Azorín fue uno de los inventores del paisaje español y por algo dedicó Castilla a Aureliano de Beruete, con ánimo de establecer respetuoso cotejo de sus paisajismos. Tampoco han faltado en nuestro siglo XX otros testimonios de esta querencia visual de la estética literaria española, o viceversa, de la hermandad de plumas y pinceles: Salvador Dalí y Ramón Gaya son, como Solana, excepcionales escritores. Y en cada uno se establece un modo de complementariedad de la escritura y la pintura. Dalí teoriza y magnifica sus invenciones por medio de la escritura. Gaya, cuyos cuadros son como acotaciones leves (aunque densas) de un proceso espiritual, concibe la literatura como otra búsqueda paralela de la fidelidad a la verdad de las cosas (de ahí su Velázquez, pájaro solitario). En Gutiérrez Solana, el nexo común de pintura y literatura es el mismo curso de su vida, receptáculo abierto a las impresiones de un mundo grotesco, agobiante, hiriente. Cuando leemos Arredondo, esbozo -como conjeturan con acierto los editores- de unas memorias de infancia, un capítulo como 'La visita del obispo' nos da la clave: aquella imagen fue un recuerdo de la niñez en la casa familiar santanderina pero es también el título del prodigioso cuadro de 1926. Y es que la percepción de la España negra, por parte de Solana, es una experiencia autobiográfica, una suerte de herida personal continuamente renovada. En tal sentido, nos recuerda mucho la estética y la sensibilidad de Pío Baroja. Ambos tuvieron la misma curiosidad, mezclada de horror, por las ejecuciones públicas (como se percibe en muchos episodios de la serie 'Crímenes pasionales', en este libro); uno y otro experimentaron el mismo turbio atractivo y la misma repugnancia de fondo por las víctimas del sexo mercenario (ese mundo de criadas complacientes y de prostitutas resignadas está en 'La lucha por la vida' y en 'La sensualidad pervertida, pero también en muchos lienzos de Solana y aquí en las notas de 'Madrid'). Los dos ejercieron la mezcla de misantropía y piedad a la vista de la desnudez repugnante de los desheredados: de "esas canillas blancas, como de difunto" y de "esas espaldas y pecho blanco y descolorido, de no darles la luz", que describe Solana en 'Las casas de dormir o los albergues'. Y ambos tuvieron la misma compasión por el sufrimiento animal. El lector de El árbol de la ciencia no olvidará nunca la escena en la que un médico cruel le quita su gato a una agonizante del hospital; el lector de este libro tendrá las mismas sensaciones al leer 'La recogida de perros, los laceros y el depósito del Canal' o 'El desolladero de la plaza de Tetuán', ambos en los apuntes para Madrid.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Complacencia en el horror? Ninguna. Ese estilo seco y directo, siempre contado en presente, no quiere recrearse en la perpetuación de la sensación, en la suspensión del tiempo (como Ortega observaba sagazmente en Azorín), sino proporcionarnos mejor la inminencia directa del horror, por el que somos a la vez subyugados y espantados. La objetividad es su forma de probidad, como en la descripción -tan moderna- de Navalcarnero (que se limita a una lectura de sus desternillantes anuncios callejeros), aunque otras veces, la sensación descrita se deje llevar por lo hiperbólico y entremos en el territorio de la fantasía casi quevedesca: la citada excursión a Navalcarnero termina con una divertida exageración sobre la furia de las moscas indígenas; en 'Las polillas', único texto sobreviviente de Ogarrio, cuatro páginas describen con minucia la invasión por estos insectos de una casa abandonada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decididamente no hay complacencia alguna. Camilo José Cela, gran valedor de Solana, describía una crueldad que, en el fondo, compartía (lo que artísticamente es legítimo, por supuesto). Valle-Inclán y, en otra medida, Eugenio Noel visitaron los mismos barrios oscuros y el resultado moral es una cierta ambigüedad entre la denuncia y la estética. Solana no es el cazurro de su leyenda, que pinta y escribe sin reflexión alguna... Sabe que ese mundo que le atrae y al que aborrece tiene responsables directos de su miseria. Y sabe que, al final de la gesticulación, está la muerte. Los editores han decidido que el 'Prólogo de un muerto', escrito para el libro Madrid, abra esta nueva serie de textos. Es una decisión plausible porque esta pesadilla de difuntos (que hubiera encantado a Baroja, que remató con otra el edificio de Memorias de un hombre de acción) tiene mucha fuerza, al pintar al escritor como lo que fue, en su relación con el mundo: un muerto vivo, un hombre que llegaba del otro lado. Y, al paso, traza un incomparable friso de sus colegas del panteón donde había yacido, lleno de "esculturas malas de Benlliure": el político La Cierva, escoltado de inscripciones gratulatorias; Azorín, enterrado con librea pero que conserva el paraguas rojo de su juventud anarquista; Galdós, con su gabán y unas cómodas zapatillas de orillo; Pardo Bazán, que se ha calado la muceta académica pero lleva zapatos de baile; Baroja, "con la cabeza gorda pues la boina le viene chica", con una maleta a su lado donde guarda recuerdos de la guerra carlista. Sí..., la visión de Solana es la del resucitado que ya lo ha visto todo y para quien ya todo tendrá un sabor amargo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#660000;"&gt;&lt;br /&gt;(Y París contado por Solana -el pintor/escritor, no el Chucho)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La misma maleta milagrosa y los mismos editores -La Veleta, López Serrano y Trapiello- están detrás del rescate de París, un libro escrito (o, al menos, vivido) entre 1937 y 1939, en plena Guerra Civil. La primera frase ("El viejo París recuerda a Madrid con sus chamarileros y sus puestos de libros viejos") es casi una profesión de fe que a más de uno le hará cerrar el volumen, aunque recomiendo al lector que llegue por lo menos a la página donde Solana intenta definir la luminosidad de la ciudad como una "luz gris, azulada y neutra, de patio de cristal esmerilado" que paradójicamente intensifica los colores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero, ¿quién no encuentra en sus viajes lo que ha llevado hasta allí con él? Por eso, a Solana le hacen soñar las gárgolas de Notre Dame, visita el museo de cera, da cuenta de los siniestros espectáculos de Montmartre, de las casquerías de Les Halles o de los monstruos de las barracas de feria. No sabemos muy bien qué objeto pudo tener este libro de aire muy sistemático, aunque incompleto, que proporciona los precios y trayectos de los transportes públicos o que reproduce generosamente textos informativos tomados del Espasa, que Solana debía copiar en la biblioteca del Colegio de España. A su entonces vecino Pío Baroja, Solana le pareció un ser vulgar, grosero y crédulo, y sin embargo, lo que más se asemeja a estas páginas, desiguales pero a veces fascinantes, es una novela como El Hotel del Cisne, que también es heterogénea, desequilibrada y cautivadora: el escritor es un animal territorial y recela, más que de nadie, del que le resulta más cercano.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-7549614574272855529?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/7549614574272855529/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=7549614574272855529' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/7549614574272855529'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/7549614574272855529'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2008/08/solaneando.html' title='Solaneando'/><author><name>M.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07745354048030006773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-3775906243152059373</id><published>2008-08-24T20:34:00.007+02:00</published><updated>2008-08-24T21:14:05.352+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Solana'/><title type='text'>Los vagabundos del Sena</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;No cuesta mucho imaginarlo: París, hace setenta años; a la orilla del Sena, un grupo de mendigos tirados en el suelo; por la acera, pasan señoras y señores de abrigo, gabán y sombrero; cuando intuyen la presencia de los mendigos, miran hacia otro lado, forzando las pupilas para que nada empañe su feliz paseo de domingo; se suben las solapas o vuelven a anudarse la bufanda y comentan algo del tiempo, piensan en el café con croissant que van a desayunar en breve o en la estufa que les espera en casa junto al periódico y las alpargatas. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pues bien (y aquí llega el misterio del arte, de la literatura). Da la casualidad de que justo en ese momento pasa por allí un hombre bruto y genial que no tiene ojos sino para ellos. Lo demás no le interesa, pero su insignificante tragedia sí. Observa a los mendigos y después los inmortaliza sobre el papel: &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;"Vemos bajo el sol enfermizo de invierno a los vagabundos durmiendo desparratados con un sueño de piedra, con la cabeza colgando y aplastada la cara contra la tierra. Aquí se ven la miseria, los harapos y las caras moradas por el frío e hinchadas de los alcohólicos, con los ojos rojos como en carne viva, rascándose la miseria y echados en fila como guiñapos humanos. [...]&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Entre los grupos que juegan a las cartas se ve alguna mujer con el pelo enmarañado, caído por los hombros, rascándose los piojos de la cabeza, a uno remendando un pantalón, a un cojo asomado al muro del Sena y a otro hambriento, con cara de perro, que hace fuerza con las manos en un hueso que roe con gran ansia, mirando con recelo como si se lo fueran a quitar". &lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;(José Gutiérrez Solana, &lt;em&gt;París&lt;/em&gt;)&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ahora, tantos años después, esos seres marginados, desgraciados, ignorados por la gente de su tiempo, vuelven a vivir para nosotros. Existen, y son muy reales, mientras que aquellos paseantes que les negaban el mínimo consuelo de la mirada (para eludir así su presencia) están muy muertos. Nadie los recuerda desde hace décadas, han desaparecido para siempre; ya es como si jamás hubiesen estado en ningún sitio.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-3775906243152059373?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/3775906243152059373/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=3775906243152059373' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/3775906243152059373'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/3775906243152059373'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2008/08/los-vagabundos-del-sena.html' title='Los vagabundos del Sena'/><author><name>conde-duque</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00408131078343703172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-6679187490030571017</id><published>2008-08-10T17:03:00.002+02:00</published><updated>2008-08-10T17:09:04.420+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Crónicas del tiempo aquel'/><title type='text'>En aquel tiempo apareció el inglés</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;En aquel tiempo apareció el inglés. Era un hombre alto, orgulloso y duro. Tenía cuarenta años o quizá cincuenta, la mirada casi blanca y un cuerpo de soldado.&lt;br /&gt;   Se dijo que el inglés estaba en tratos para comprar la casa grande, pero al final no hubo nada. Se dijo también que pensaba construir una gran casa en la era de Don David; que venía a montar una fábrica de envasados; que había huido de su país, que traía muchísimo dinero, que con sus ojos pálidos veía de noche como los gatos; que había presenciado un horrible crimen y por eso el pelo se le había quedado blanco; que en su tierra nunca salía el sol. Que no era católico.&lt;br /&gt;   El inglés le compró a los curas el monasterio de la loma roja y contrató a cuatro albañiles para que lo arreglaran. No tenía ni idea de español, pero era seco y autoritario y los hombres se plegaron pronto a sus órdenes. Por la tarde, en el bar de Polo, relataban las maravillas del día: la habitación pequeña de madera que él había traído desmontada, los grandes cuartos de baño, el enorme salón con chimenea, los diminutos dormitorios.&lt;br /&gt;   El inglés no cambió demasiadas cosas del viejo monasterio: llenó el claustro de flores, desembozó las fuentes y convirtió en piscina el estanque de las ranas. Llegaron dos camiones con muebles claros y sillones metálicos. En la capilla instaló un piano.&lt;br /&gt;   Contaban los albañiles que en la mudanza cayó por las escaleras una caja de metal y de ella escaparon dando tumbos dos cruces y una pistola; las cruces eran como las condecoraciones que se veían en las películas; la pistola, blanca y fría como el inglés: nadie se atrevió a tocarla.&lt;br /&gt;   Las obras duraron poco tiempo, mucho menos que las de la casa grande, pero el inglés siempre metía prisa con sus frases cortantes y duras. Los albañiles aprendieron a decir "okey": se lo decían unos a otros chateando en el bar de Polo, con chunga y orgullo; Polo, secando vasos, meneaba la cabeza; Celsa decía que un monasterio no es sitio para vivir.&lt;br /&gt;   Una mañana, el inglés cogió su coche y se marchó. Volvió al día siguiente, a la salida de la misa del domingo. Paró su coche en la plaza, bajó y ayudó a bajar a su mujer. Ella paseó la mirada por la plaza, por la iglesia, por la gente. Sonreía, era muy hermosa y estaba embarazada. Detrás de ella asomó un niño con la piel muy oscura, el pelo rizado y los ojos azules, que se cogió de su mano. Ella, la esposa del inglés, fue la primera mujer negra que se vio en el pueblo.&lt;br /&gt;   Todos se la quedaron mirando sin poderlo evitar. El inglés le rodeó los hombros con su brazo y los miró a ellos con su mirada blanca, con su aire de soledad y desafío.&lt;br /&gt;   Entonces Don Florián, que había viajado, se acercó a la pareja, besó la mano de la mujer y le dijo:&lt;br /&gt;   -Enchanté, madame.&lt;br /&gt;   Los demás se sintieron tan orgullosos de él que le aplaudieron.&lt;br /&gt;   Hoy, los hijos de los ingleses viven también en el pueblo. Uno tiene un criadero de orquídeas; el otro, un gimnasio. Gracias a ellos todos pudieron enterarse de que sus padres no eran ingleses en realidad. Pero llevaban tantos años llamándoles así, que el nombre de sus países verdaderos cayó pronto en el olvido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-6679187490030571017?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/6679187490030571017/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=6679187490030571017' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/6679187490030571017'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/6679187490030571017'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2008/08/en-aquel-tiempo-apareci-el-ingls.html' title='En aquel tiempo apareció el inglés'/><author><name>Luisa Cuerda</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04288427960886879377</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_intHjRGjmoc/SWuxRvrjGNI/AAAAAAAAADg/bVHQWzS3rJw/S220/D%C3%BAn+Aenghus.jpg'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-4263317138054566462</id><published>2008-07-31T07:25:00.015+02:00</published><updated>2008-07-31T14:06:52.863+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Solana'/><title type='text'>El "París" de Solana</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Estamos de suerte en el Círculo: segundo año de andadura y segundo libro inédito de nuestro admirado Solana. En esta ocasión son notas sobre París que Solana tomó entre febrero de 1938 y junio del 39 (durante la guerra civil se fue con su familia de Madrid a Valencia y de Valencia a París, donde vivieron en el Colegio de España, situado en la Ciudad Universitaria). Ya algunos de estos cuadernos fueron publicados en un &lt;a href="http://www.abc.es/hemeroteca/historico-10-12-2002/abc/Cultura/publican-los-cuadernos-de-paris-de-solana-dormidos-en-una-maleta-durante-a%C3%B1os_148976.html"&gt;facsímil&lt;/a&gt; hace varios años, pero éste es un buen tocho de casi 400 páginas. No creo que la famosa maleta nos depare más sorpresas, aunque esperemos que sí...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Si la mayor parte de la obra de Solana está hecha "a medias" (como él mismo decía), ésta debe de estarlo a "un cuarto", porque se nota que se quedó en las primeras fases de su elaboración. Desde aquí habrá que darle las gracias a Ricardo López Serrano por su ardua tarea de reconstrucción y ordenación de los manuscritos solanescos y a Andrés Trapiello -otra vez- por su constante labor de recuperación, publicación y evangelización de nuestro santo patrón (ay, qué lástima ese "inflingido" al final de su prólogo).&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Llevo leídos unos cuantos capítulos y, aunque seguramente no es de lo mejor de Solana, este hombre siempre nos regala detalles geniales. Resulta curioso constatar cómo lleva su españa negra allá adonde va y nos enseña un París muy distinto al habitual, distinto pero muy real (seguramente &lt;em&gt;más &lt;/em&gt;real), lleno de mendigos, putas y perros. Y encuentra parecidos con Madrid por todos lados.&lt;/div&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_HKy_zSwv3es/SJFU8gqNNqI/AAAAAAAABXI/gPYn_Fjbm3c/s1600-h/paris.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5229054040889702050" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_HKy_zSwv3es/SJFU8gqNNqI/AAAAAAAABXI/gPYn_Fjbm3c/s400/paris.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;em&gt;Preciosa cubierta, por cierto (¿será que la bandera francesa es más fotogénica que la española?)&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Me ha encantado, por ejemplo, cómo Solana describe los perros de París: &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;"Hay viejas que bajan a la calle con cuatro o cinco perros a los que cuidan como a hijos. Hemos visto a un perro sentado en una silla al lado del despacho de una estanquera; el perro, con el hocico constipado y cara de viejo, mira entrar y salir a los parroquianos; el inteligente animal parece estar satisfecho y celoso de su cargo desempeñándolo muy bien. La estanquera le da la mano y el perro estira la pata agradecido. O esas mujeres que llevan en el metro, metida en el capacho, una perra chata y peluda que parece una persona aburrida y vieja que no le da ya a nada importancia, nada más que a que no se metan con ella y a las comodidades, pues es ya muy vieja y está ya para pasarse la vida en un rincón bien atendida. Hemos visto un perro de lanas viejo, al que le pesa el culo y le molesta que le lleven de la cadena y le hagan andar deprisa, pues ya no está para muchos trotes".&lt;/p&gt;&lt;div align="justify"&gt;También es genial cómo describe a la gente en el metro (pp. 37-39), la ciudad bajo la nieve (pp. 42-47), algunas calles y barrios, jardines, fiestas, etcétera. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Que lo disfrutéis. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-4263317138054566462?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/4263317138054566462/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=4263317138054566462' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/4263317138054566462'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/4263317138054566462'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2008/07/el-pars-de-solana.html' title='El &quot;París&quot; de Solana'/><author><name>conde-duque</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00408131078343703172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_HKy_zSwv3es/SJFU8gqNNqI/AAAAAAAABXI/gPYn_Fjbm3c/s72-c/paris.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-5676469209933023580</id><published>2008-07-24T12:49:00.002+02:00</published><updated>2008-07-24T12:55:34.739+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Crónicas del tiempo aquel'/><title type='text'>En aquel tiempo solían reunirse las abuelas</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;     En aquel tiempo solían reunirse las abuelas. Eran cinco y se conocían desde niñas: el recuerdo más antiguo que unas tenían de las otras coincidía con el más antiguo recuerdo de sí mismas.&lt;br /&gt;   Las abuelas crecieron en una época irresponsable que pasó a la historia como "bella". En el mundo, hombres jóvenes morían en las trincheras, los profetas del pueblo cambiaban comida por sumisión, un barco que desafió a Dios se hundía en los hielos, niños obreros vagaban por las calles de ciudades que exudaban lujo; en los cabarets, los ricos encendían el tabaco con dinero cuando inyectar morfina en el muslo de una mujer era considerado una sofisticación exquisita. En el pueblo, Don Enrique se compró el primer automóvil, un carro dejó inválido a Marcial el porquero y sus ocho hijas tuvieron que echarse a la vida en la capital, se aprobó una derrama para adecentar el Casino, dos diputados celebraron dos banquetes en el Círculo de Agricultores y las cinco chicas -las cinco futuras abuelas- hicieron el mismo día la primera Comunión con sendas coronas de flores firmemente encasquetadas en la cabeza.&lt;br /&gt;   Luego vinieron los bailes, los novios, las bodas. Don Enrique se compró el segundo coche, su chófer se fugó con la hermana de Don Dámaso; Sisebuto, el hijo de la comadrona, se hizo político radical.&lt;br /&gt;   Cuando llegó la guerra civil, las cinco tenían hijos pequeños. Los amigos de Sisebuto requisaron el coche de Don Enrique y lo asesinaron; eso fue al principio. A Sisebuto y a sus amigos los mataron al final. Entretanto, un hijo nació muerto y otro murió de hambre; tres de ellas quedaron viudas y las otras dos apenas reconocieron a sus maridos cuando regresaron -piojosos y enflaquecidos- de un infierno del que nunca quisieron contarles.&lt;br /&gt;   Las cinco mujeres, que habían vivido tres años compartiendo miseria y congojas, enterraron a sus muertos y comenzaron, minuto a minuto, con firmeza implacable, a construir desde las ruinas.&lt;br /&gt;   Los campos estaban quemados; los hijos, hambrientos; los hombres, muertos o enloquecidos. Brotaban las venganzas como flores podridas, agravio por agravio, rencor donde hubo miedo. Y ellas, como obsesas, sordas al dolor, a la fatiga, con fuerza, con rabia, construían.&lt;br /&gt;   Limpiaron las tierras y las ruinas de sus casas, sembraron patatas, nabos y boniatos; a los hijos les raparon al cero para llevarlos a estudiar con las monjas, que les daban leche. Las viudas veían pasar las primaveras intentando olvidar que aún eran jóvenes; las casadas añoraban al hombre que se fue mientras consolaban al que regresó de su sueño agitado, sus llantos sin sentido, el terror que ocultaban sus revanchas brutales.&lt;br /&gt;   A veces, cosiendo en la ventana, veían pasar por la calle una multitud que arrastraba a un pelele alucinado. "¡Denunció a tu marido!", les gritaban desde abajo,  "¡mató a tu padre!", "¡violó a tu hermana!" Y a ellas, que lo sabían, les parecía ahora imposible tanta maldad en ese cuerpo desarticulado.&lt;br /&gt;   Habían ganado, les decían por todas partes. Y ellas no lo creían.&lt;br /&gt;   Lejos de allí, un avión con nombre alegre destruyó para siempre la inocencia de los salvadores del mundo; seis millones de personas fueron a la desintegración en trenes decorados de fiesta mientras en otro universo paralelo las mujeres y los hombres bailaban sus historias de amor con trajes de satén y sombreros de copa; los jóvenes artistas, hijos de burgueses, purgaban su mala conciencia en antros de lujo ensayando ingenuas perversiones; la Iglesia clamaba en vano contra la descomposición de los valores.&lt;br /&gt;   En el pueblo se aquietaba la locura; los vencidos callaban y comían las primeras cosechas; comenzaban a reconstruirse las casas, las haciendas y la esperanza. Doña Luisa recuperó el coche de su padre y le dio las gracias a la Virgen comprándole un precioso manto. Los hijos crecían con la leche de las monjas; los hombres ocupaban, poco a poco, el puesto que ellas les habían guardado en el tiempo del horror. Pero ellas, que habían soportado la tempestad como juncos, habían aprendido de dónde brotaba la fuerza de su casa. Y eso marcó sus vidas.&lt;br /&gt;   En aquel tiempo, pues, se reunían las abuelas. Los hijos casados, los hombres guardados en casa con prematura vejez; o en una tumba antigua con la foto de boda adornada de flores de trapo y una inscripción mentirosa: "Tu esposa no te olvida". Se reunían las abuelas y hablaban de sus cosas, poderosas las cinco, de su casa, su hacienda, sus hombres y sus nietos; hablaban con voz fuerte y parecían muy jóvenes moviendo sus pulseras colmadas de colgantes, riéndose al recordar sus historias de niñas, el hambre de la guerra desde su recuperada abundancia de muelas empastadas en oro, carnes regresadas, canas teñidas en la peluquería del pueblo en interminables sábados. Las abuelas mandaban en su casa y en las de sus hijos; hablaban de sus nietos como de hijos propios. Se habían instalado en la vida de forma tan dolorosa y certera que alargaban el plazo de gozar de su victoria.&lt;br /&gt;   En el mundo, los jóvenes cuestionaban la autoridad de los mayores, reinventaban la tribu, descubrían las flores; el hambre era sólo un recuerdo, el horror y las muertes se habían trasladado a países lejanos: no importaban ya. Florecían los inventos, las razas se mezclaban, las canciones se volvían incomprensibles; las consignas, enigmáticas. En el pueblo, donde casi todo aquello estaba prohibido, se sabía sin embargo que inexorablemente llegarían los aires nuevos. Ellas también lo sabían pero querían mantener, mientras vivieran, intacto su poder, su respeto, la vida que habían construido.&lt;br /&gt;   No pedían más.&lt;br /&gt;   No pedían menos.&lt;br /&gt;   Hoy, sus hijos, abuelos ellos mismos, cuentan que la muerte de sus madres fue el principio de sus propias vidas; imitan sin saberlo los gestos de una autoridad que no tienen; relatan sus anécdotas, su valentía, su dureza de los tiempos heroicos, su eterno dominio sobre ellos, con un cariño suave mezclado aún de rencor a veces.&lt;br /&gt;   Después de tantos años las aman y las temen.&lt;br /&gt;   Sus nietos las recuerdan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-5676469209933023580?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/5676469209933023580/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=5676469209933023580' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/5676469209933023580'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/5676469209933023580'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2008/07/en-aquel-tiempo-solan-reunirse-las.html' title='En aquel tiempo solían reunirse las abuelas'/><author><name>Luisa Cuerda</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04288427960886879377</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_intHjRGjmoc/SWuxRvrjGNI/AAAAAAAAADg/bVHQWzS3rJw/S220/D%C3%BAn+Aenghus.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-7528561600734880318</id><published>2008-07-17T10:22:00.013+02:00</published><updated>2008-07-19T10:40:59.198+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Turner'/><title type='text'>Interior en Petworth</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Cada tarde, a la hora de la siesta, me siento en el salón de Lord Egremont con el firme propósito de divagar, de pasar el rato delirando, de dejarme llevar por las alucinaciones y los sueños. En esos ratos de ocio nadie me molesta. Detrás de la ventana el mundo sigue su ritmo: los jardineros continúan su labor, los sirvientes van y vienen con bandejas y manteles y notas de los señores y los campesinos se dirigen a labrar la tierra por última vez en la jornada.&lt;br /&gt;El salón me hipnotiza. Sólo allí me siento a gusto y sin temor. Por el arco del fondo invade la estancia una nube de fuego, una luz cegadora, que agacha la cabeza y extiende sus alas para penetrar más profundamente en lo que parece un pozo o una cueva. Se borran las sillas, los baúles, las cómodas, el misterioso secreter. Todos los objetos se difuminan en esa media penumbra de cortinas echadas. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://bp1.blogger.com/_HKy_zSwv3es/SH8B53KNcrI/AAAAAAAABWw/PJwKFEv7khg/s1600-h/Turner.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5223896186344010418" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_HKy_zSwv3es/SH8B53KNcrI/AAAAAAAABWw/PJwKFEv7khg/s320/Turner.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Si aprieto los párpados, veo a la inmortalidad cabalgando en volutas, subida a un carro como de ocre etéreo, y criaturas marinas rodeándola, seres extraños, desconocidos, fantásticos, y las Tres Gracias agachadas o bailando o jugando al escondite, no sé. Por el suelo se derrama el corolario de las fiestas de otro siglo: papeles, vasos, hijos, licores, hogueras.&lt;br /&gt;Si me quedo traspuesto, se me abalanza una jauría de perros con los ojos encendidos y los colmillos babeantes, pero abro rápidamente los míos y se quedan reposando bajo mis pies, dóciles y esponjosos como gatitos. Los acaricio y duermen, duermen.&lt;br /&gt;A la derecha, desde un piano o un ataúd abierto, me saludan los cadáveres de la última peste. Tienen —o eso me parece a mí— el cabello erizado y las uñas manchadas de sangre. No me dan miedo, sólo un poco de lástima, como las estatuas de museo que se mandan callar unas a otras.&lt;br /&gt;Lo sé. Digo cosas extrañas, que no tienen sentido. Por todo el condado de Essex corre la especie de que estoy loco. Me han visto —imagino— caminando solo por los prados y colinas y más allá del bosque, caminando día y noche, sin parar. Suelo cubrir mi cabeza con un sombrero negro, que sólo me quito para saludar a los cisnes del lago o para contemplar las nubes o para lanzarlo a las copas de los árboles.&lt;br /&gt;George ha muerto y Elisabeth me ha dejado. Esto es un hecho; mejor, dos hechos incontrovertibles. Ya no podré disfrutar más de las conversaciones de aquél, ni tiene sentido seguir pensando en la boca de ésta. Se me suelen aparecer los dos en el espejo del fondo del salón. Nunca juntos. Un día uno y otro día el otro. Son reflejos borrosos espiándome. Mira, ahí está ella. Otra vez.&lt;br /&gt;El reloj parisino da la hora. Entonces llega por los pasillos el olor a té y me incorporo del sillón y espanto los fantasmas que pueblan mi cabeza, cada tarde, de tres a cinco.&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;J. M. W. TURNER, otoño de 1843.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-7528561600734880318?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/7528561600734880318/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=7528561600734880318' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/7528561600734880318'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/7528561600734880318'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2008/07/interior-en-petworth.html' title='Interior en Petworth'/><author><name>conde-duque</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00408131078343703172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp1.blogger.com/_HKy_zSwv3es/SH8B53KNcrI/AAAAAAAABWw/PJwKFEv7khg/s72-c/Turner.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-1996226298691310885</id><published>2008-07-08T12:08:00.001+02:00</published><updated>2008-07-08T12:11:01.778+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Crónicas del tiempo aquel'/><title type='text'>En aquel tiempo regresó el mercenario</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;En aquel tiempo regresó el mercenario. Todos le llamaban así desde que se marchó a África con la Legión Francesa. Antes era el Toño, y en los buenos tiempos, el boxeador. Pero eso fue hace mucho: no habían nacido aún los quintos del año en el que el mercenario regresó.&lt;br /&gt;Hubo señales aquel año, antes de que el mercenario regresara: las cigüeñas abandonaron el nido del campanario y, después de sobrevolar todo el pueblo, comenzaron a construir su nuevo hogar en el tejado del molino viejo, al lado del remanso del río seco; cayeron dos estrellas el día de Viernes Santo y desapareció misteriosamente el pañuelo de encaje que la Virgen llevaba en la mano el día de la procesión del Dolor. Lo del pañuelo fue una travesura del chico del sacristán y se supo a los dos días. Lo de las cigüeñas y las estrellas, sólo algunos lo entendieron; y eso fue mucho después, cuando el mercenario se hubo marchado para siempre.&lt;br /&gt;Al mercenario le habían criado sus abuelos. El padre murió en una explosión de la mina. La madre se fue a servir a una capital lejana al lado del mar. No volvió.&lt;br /&gt;El Toño, para ir a la escuela, tenía que atravesar un trozo de bosque que le daba miedo. Llegaba al aula jadeante y aterido y los chicos se reían de él. Una vez, los cinco mayores le esperaron a la salida y le arrinconaron contra la pared. El Toño se orinó en los pantalones: por eso se hizo boxeador.&lt;br /&gt;La primera vez que la abuela vio el saco de tierra colgado de una viga del pajar salió corriendo y chillando, pensando que era un ahorcado. El Toño ensayaba contra ese saco los golpes que imaginaba dar a los que se reían de él y de su miedo. En el silencio de la noche se oían sus jadeos, sus pequeños gruñidos de cachorro.&lt;br /&gt;El día que cumplió doce años, el Toño desafió a los cinco chicos que le habían arrinconado y a los cinco los venció. Cuando pegaba, los ojos se le vaciaban de vida y se le cubrían de una niebla que escondía un pajar oscuro, un saco oscilante, sudor, rabia. Vergüenza. Veinte años más tarde, cuando peleó en el ring por última vez, esa mirada se había hecho famosa más allá del pueblo, de la capital de la que su madre no habría de volver, del país entero. Entonces fue a despedirse de sus abuelos, les dio el dinero que había ganado y se marchó a África. De mercenario.&lt;br /&gt;El mercenario se instaló en el molino viejo, al lado del remanso del río seco. No quiso volver a su casa, donde sus abuelos habían muerto años atrás sin noticias suyas. Arregló las goteras, pintó la fachada, plantó, en el viejo remanso, árboles frutales. Se pasaba los días trenzando juncos y con ellos hacía cestos, sombreros... luego los regalaba a los que le iban a ver.&lt;br /&gt;Todos iban para que él les contase cosas de sus viajes; pero al final, eran ellos los que le contaban sus vidas. Y el mercenario les escuchaba en silencio mientras trenzaba juncos y asentía con la cabeza como si nada pudiera sorprenderle. Por eso volvían.&lt;br /&gt;La mujer de Pedro el de la tienda se enamoró del mercenario. Todos se dieron cuenta porque iba a verle con cualquier pretexto, pintada y arreglada aunque fuera para llevarle el mandado de la semana. Tanto se habló en el pueblo de la mujer de Pedro, que hasta Pedro se tuvo que dar por enterado. Pero el mercenario, si lo supo, hizo como si no lo supiera.&lt;br /&gt;Por fin Pedro no pudo más, y una tarde cargó la escopeta y se fue al molino viejo. Cuando llegó, encontró al mercenario sentado, haciendo un cesto, y a su mujer con su mejor vestido, muy arreglada y compuesta, hablándole. Tenía las mejillas arreboladas y los ojos brillantes. El mercenario asentía, como siempre, y la miraba de vez en cuando con una sonrisa llena de cariño.&lt;br /&gt;Pedro el de la tienda, que iba preparado para escenas peores, no pudo resistir sin embargo esa intimidad tan diferente y se puso a disparar a través de la ventana.&lt;br /&gt;La mujer cayó enseguida, con el pecho florecido de rojo. El mercenario se tiró al suelo, se arrastró hacia ella y comprobó que estaba muerta. Entonces la levantó en brazos y avanzó hacia Pedro que seguía disparando.&lt;br /&gt;Pedro juró después ante el juez que las balas atravesaban su cuerpo sin dañarlo. Juró también que cuando el mercenario llegó a él, se le cayó la escopeta de las manos; que sintió un miedo espantoso pero que entonces el mercenario le abrazó y los dos lloraron teniendo entre ambos el cadáver de la mujer.&lt;br /&gt;El mercenario se marchó aquella noche, dejando sus árboles cargados con los primeros frutos. Sólo las tres cocineras salieron a despedirle, las únicas que nunca le habían visitado.&lt;br /&gt;Muchos dijeron que era un santo porque las cigüeñas se fueron con él y nunca regresaron. Otros se acordaron de las estrellas que cayeron el año en el que regresó y hablaron de magias y misterios de África; de maldiciones. Pedro el de la tienda murió en la cárcel dos años más tarde. Hasta el último momento lo estuvo llamando.&lt;br /&gt;Hoy casi nadie recuerda al mercenario: hace mucho que fueron quintos los niños que nacieron en el año de las estrellas fugaces. Cinco antes de que las cigüeñas se fueran del pueblo para siempre.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-1996226298691310885?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/1996226298691310885/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=1996226298691310885' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/1996226298691310885'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/1996226298691310885'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2008/07/en-aquel-tiempo-regres-el-mercenario.html' title='En aquel tiempo regresó el mercenario'/><author><name>Luisa Cuerda</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04288427960886879377</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_intHjRGjmoc/SWuxRvrjGNI/AAAAAAAAADg/bVHQWzS3rJw/S220/D%C3%BAn+Aenghus.jpg'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-8292413165174195980</id><published>2008-06-27T16:02:00.003+02:00</published><updated>2008-06-27T16:09:02.570+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Crónicas del tiempo aquel'/><title type='text'>En aquel tiempo abrieron la casa grande</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;En aquel tiempo abrieron la casa grande. No fue de un día para otro. Seis meses antes, una mañana, se juntaron en la esquina de enfrente dos forasteros. Los forasteros, uno al lado del otro, señalaban la casa y movían la cabeza asintiendo. Con las manos trazaban formas en el aire o destruían, tajantes, esas formas para crear otras nuevas. Siempre mirando la casa. Sin perder nunca su aire de señores. Unos días más tarde llegó la cuadrilla.&lt;br /&gt;Eran diez obreros, capitaneados por uno de los forasteros que llevaba un traje, un casco en la cabeza, un rollo de papeles bajo el brazo. Fue él quien abrió el candado de la vieja verja. Los otros esperaban detrás. "Cuidado", dijo el forastero, "está perdida de óxido". Y dos de los obreros empujaron las puertas, que gemían, hasta dejarlas totalmente abiertas. Luego se internaron en el jardín.&lt;br /&gt;Pocos recordaban a los dueños de la casa grande, y esos pocos eran tan viejos que nadie les escuchaba. La casa servía de escenario a la imaginación de los niños; a los ensueños de los románticos. Los padres la usaban para infundir en sus hijos los primeros miedos; algunas parejas, para entrevistas clandestinas sobre los helechos del roto invernadero; los locos, para fingir otras vidas; los tristes, para refugiarse en su abandono.&lt;br /&gt;Y todos, para acunar en lo profundo de la mente un misterio, un sueño, un temor, una duda. Un deseo.&lt;br /&gt;Pero la verja fue abierta un día y los obreros desbrozaron el jardín y en él expusieron sin recato las tripas que fueron sacándole a la casa grande.&lt;br /&gt;Aparecieron bañeras desportilladas, viejos fogones, un espejo roñoso, un candil roto, cañerías corroídas, estremecidas e indefensas frente al ruido de los piquetes, el sol y las canciones.&lt;br /&gt;Alrededor de la verja se agolpaban todos para presenciar la autopsia. Y vieron arreglar los arrayanes, y reponer el cristal del invernadero; y vieron restaurar las maderas, con su olor picante, y componer las escayolas de los techos a través de los huecos de las violentadas ventanas. Y, apelotonados en dos filas, abriendo calle, presenciaron la llegada de un gran camión con muebles nuevos que parecían antiguos, una cama con volutas, un gramófono, una palmera enana en su tiesto de bambú.&lt;br /&gt;La casa amaneció un día aderezada y lista, el jardín florecido, la verja recién pintada. Y todos los que habían asistido a su metamorfosis se quedaron allí mirando. Y esperando.&lt;br /&gt;Por la tarde, un gran automóvil se paró delante de la verja. Un chófer uniformado salió, dio la vuelta al coche por delante, abrió la puerta de atrás y ofreció su brazo. Y apoyada en él, adelantando un bastón tembloroso, apareció la señora. Miró a todos sin verlos y miró, sin verla, a la casa grande. Estuvo un rato así, mirando en medio del silencio, con el temblor en su cuerpo y los ojos de agua. Tenía las manos abultadas de venas, el rostro rígido, la voz amarga y dura.&lt;br /&gt;La señora dijo: "Imposible volver."&lt;br /&gt;Se metió en el auto, el chófer cerró la puerta, dio la vuelta al coche por detrás, ocupó su sitio, puso el motor en marcha y se fueron. La casa grande se quedó allí con todos, viéndolos marchar.&lt;br /&gt;Hoy es un museo. En ella se exponen fotografías de cuando fue habitada. Todos recorren sus estancias esperando encontrar al volver una esquina, al abrir una puerta, el imposible pasado.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-8292413165174195980?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/8292413165174195980/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=8292413165174195980' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/8292413165174195980'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/8292413165174195980'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2008/06/en-aquel-tiempo-abrieron-la-casa-grande.html' title='En aquel tiempo abrieron la casa grande'/><author><name>Luisa Cuerda</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04288427960886879377</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_intHjRGjmoc/SWuxRvrjGNI/AAAAAAAAADg/bVHQWzS3rJw/S220/D%C3%BAn+Aenghus.jpg'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-3329017530880347590</id><published>2008-06-21T11:22:00.007+02:00</published><updated>2008-06-21T23:59:33.985+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>Perder un pie</title><content type='html'>&lt;meta equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;meta name="ProgId" content="Word.Document"&gt;&lt;meta name="Generator" content="Microsoft Word 12"&gt;&lt;meta name="Originator" content="Microsoft Word 12"&gt;&lt;link rel="File-List" href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CPROPIE%7E1%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtmlclip1%5C01%5Cclip_filelist.xml"&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;o:officedocumentsettings&gt;   &lt;o:relyonvml/&gt;   &lt;o:allowpng/&gt;  &lt;/o:OfficeDocumentSettings&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;link rel="themeData" href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CPROPIE%7E1%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtmlclip1%5C01%5Cclip_themedata.thmx"&gt;&lt;link rel="colorSchemeMapping" href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CPROPIE%7E1%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtmlclip1%5C01%5Cclip_colorschememapping.xml"&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:trackmoves/&gt;   &lt;w:trackformatting/&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:punctuationkerning/&gt;   &lt;w:validateagainstschemas/&gt;   &lt;w:saveifxmlinvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:ignoremixedcontent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:alwaysshowplaceholdertext&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:donotpromoteqf/&gt;   &lt;w:lidthemeother&gt;ES&lt;/w:LidThemeOther&gt;   &lt;w:lidthemeasian&gt;JA&lt;/w:LidThemeAsian&gt;   &lt;w:lidthemecomplexscript&gt;X-NONE&lt;/w:LidThemeComplexScript&gt;   &lt;w:compatibility&gt;    &lt;w:breakwrappedtables/&gt;    &lt;w:snaptogridincell/&gt;    &lt;w:wraptextwithpunct/&gt;    &lt;w:useasianbreakrules/&gt;    &lt;w:dontgrowautofit/&gt;    &lt;w:splitpgbreakandparamark/&gt;    &lt;w:dontvertaligncellwithsp/&gt;    &lt;w:dontbreakconstrainedforcedtables/&gt;    &lt;w:dontvertalignintxbx/&gt;    &lt;w:word11kerningpairs/&gt;    &lt;w:cachedcolbalance/&gt;    &lt;w:usefelayout/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;m:mathpr&gt;    &lt;m:mathfont val="Cambria Math"&gt;    &lt;m:brkbin val="before"&gt;    &lt;m:brkbinsub val="--"&gt;    &lt;m:smallfrac val="off"&gt;    &lt;m:dispdef/&gt;    &lt;m:lmargin val="0"&gt;    &lt;m:rmargin val="0"&gt;    &lt;m:defjc val="centerGroup"&gt;    &lt;m:wrapindent val="1440"&gt;    &lt;m:intlim val="subSup"&gt;    &lt;m:narylim val="undOvr"&gt;   &lt;/m:mathPr&gt;&lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:latentstyles deflockedstate="false" defunhidewhenused="true" defsemihidden="true" defqformat="false" defpriority="99" latentstylecount="267"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="0" semihidden="false" unhidewhenused="false" qformat="true" name="Normal"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="9" semihidden="false" unhidewhenused="false" qformat="true" name="heading 1"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="9" qformat="true" name="heading 2"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="9" qformat="true" name="heading 3"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="9" qformat="true" name="heading 4"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="9" qformat="true" name="heading 5"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="9" qformat="true" name="heading 6"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="9" qformat="true" name="heading 7"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="9" qformat="true" name="heading 8"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="9" qformat="true" name="heading 9"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="39" name="toc 1"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="39" name="toc 2"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="39" name="toc 3"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="39" name="toc 4"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="39" name="toc 5"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="39" name="toc 6"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="39" name="toc 7"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="39" name="toc 8"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="39" name="toc 9"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="35" qformat="true" name="caption"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="10" semihidden="false" unhidewhenused="false" qformat="true" name="Title"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="1" name="Default Paragraph Font"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="11" semihidden="false" unhidewhenused="false" qformat="true" name="Subtitle"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="22" semihidden="false" unhidewhenused="false" qformat="true" name="Strong"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="20" semihidden="false" unhidewhenused="false" qformat="true" name="Emphasis"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="59" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Table Grid"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" unhidewhenused="false" name="Placeholder Text"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="1" semihidden="false" unhidewhenused="false" qformat="true" name="No Spacing"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="60" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Light Shading"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="61" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Light List"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="62" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Light Grid"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="63" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Shading 1"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="64" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Shading 2"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="65" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium List 1"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="66" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium List 2"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="67" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Grid 1"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="68" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Grid 2"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="69" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Grid 3"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="70" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Dark List"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="71" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Colorful Shading"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="72" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Colorful List"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="73" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Colorful Grid"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="60" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Light Shading Accent 1"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="61" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Light List Accent 1"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="62" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Light Grid Accent 1"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="63" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Shading 1 Accent 1"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="64" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Shading 2 Accent 1"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="65" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium List 1 Accent 1"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" unhidewhenused="false" name="Revision"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="34" semihidden="false" unhidewhenused="false" qformat="true" name="List Paragraph"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="29" semihidden="false" unhidewhenused="false" qformat="true" name="Quote"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="30" semihidden="false" unhidewhenused="false" qformat="true" name="Intense Quote"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="66" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium List 2 Accent 1"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="67" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Grid 1 Accent 1"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="68" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Grid 2 Accent 1"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="69" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Grid 3 Accent 1"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="70" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Dark List Accent 1"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="71" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Colorful Shading Accent 1"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="72" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Colorful List Accent 1"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="73" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Colorful Grid Accent 1"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="60" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Light Shading Accent 2"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="61" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Light List Accent 2"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="62" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Light Grid Accent 2"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="63" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Shading 1 Accent 2"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="64" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Shading 2 Accent 2"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="65" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium List 1 Accent 2"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="66" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium List 2 Accent 2"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="67" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Grid 1 Accent 2"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="68" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Grid 2 Accent 2"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="69" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Grid 3 Accent 2"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="70" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Dark List Accent 2"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="71" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Colorful Shading Accent 2"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="72" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Colorful List Accent 2"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="73" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Colorful Grid Accent 2"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="60" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Light Shading Accent 3"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="61" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Light List Accent 3"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="62" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Light Grid Accent 3"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="63" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Shading 1 Accent 3"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="64" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Shading 2 Accent 3"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="65" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium List 1 Accent 3"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="66" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium List 2 Accent 3"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="67" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Grid 1 Accent 3"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="68" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Grid 2 Accent 3"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="69" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Grid 3 Accent 3"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="70" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Dark List Accent 3"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="71" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Colorful Shading Accent 3"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="72" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Colorful List Accent 3"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="73" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Colorful Grid Accent 3"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="60" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Light Shading Accent 4"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="61" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Light List Accent 4"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="62" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Light Grid Accent 4"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="63" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Shading 1 Accent 4"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="64" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Shading 2 Accent 4"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="65" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium List 1 Accent 4"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="66" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium List 2 Accent 4"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="67" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Grid 1 Accent 4"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="68" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Grid 2 Accent 4"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="69" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Grid 3 Accent 4"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="70" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Dark List Accent 4"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="71" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Colorful Shading Accent 4"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="72" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Colorful List Accent 4"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="73" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Colorful Grid Accent 4"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="60" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Light Shading Accent 5"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="61" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Light List Accent 5"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="62" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Light Grid Accent 5"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="63" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Shading 1 Accent 5"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="64" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Shading 2 Accent 5"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="65" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium List 1 Accent 5"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="66" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium List 2 Accent 5"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="67" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Grid 1 Accent 5"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="68" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Grid 2 Accent 5"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="69" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Grid 3 Accent 5"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="70" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Dark List Accent 5"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="71" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Colorful Shading Accent 5"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="72" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Colorful List Accent 5"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="73" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Colorful Grid Accent 5"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="60" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Light Shading Accent 6"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="61" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Light List Accent 6"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="62" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Light Grid Accent 6"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="63" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Shading 1 Accent 6"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="64" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Shading 2 Accent 6"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="65" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium List 1 Accent 6"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="66" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium List 2 Accent 6"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="67" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Grid 1 Accent 6"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="68" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Grid 2 Accent 6"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="69" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Medium Grid 3 Accent 6"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="70" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Dark List Accent 6"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="71" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Colorful Shading Accent 6"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="72" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Colorful List Accent 6"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="73" semihidden="false" unhidewhenused="false" name="Colorful Grid Accent 6"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="19" semihidden="false" unhidewhenused="false" qformat="true" name="Subtle Emphasis"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="21" semihidden="false" unhidewhenused="false" qformat="true" name="Intense Emphasis"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="31" semihidden="false" unhidewhenused="false" qformat="true" name="Subtle Reference"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="32" semihidden="false" unhidewhenused="false" qformat="true" name="Intense Reference"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="33" semihidden="false" unhidewhenused="false" qformat="true" name="Book Title"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="37" name="Bibliography"&gt;   &lt;w:lsdexception locked="false" priority="39" qformat="true" name="TOC Heading"&gt;  &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;style&gt; &lt;!--  /* Font Definitions */  @font-face 	{font-family:"MS Mincho"; 	panose-1:2 2 6 9 4 2 5 8 3 4; 	mso-font-alt:"ＭＳ 明朝"; 	mso-font-charset:128; 	mso-generic-font-family:modern; 	mso-font-pitch:fixed; 	mso-font-signature:-1610612033 1757936891 16 0 131231 0;} @font-face 	{font-family:"Cambria Math"; 	panose-1:2 4 5 3 5 4 6 3 2 4; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:roman; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:-1610611985 1107304683 0 0 159 0;} @font-face 	{font-family:Calibri; 	panose-1:2 15 5 2 2 2 4 3 2 4; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:swiss; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:-1610611985 1073750139 0 0 159 0;} @font-face 	{font-family:Georgia; 	panose-1:2 4 5 2 5 4 5 2 3 3; 	mso-font-charset:0; 	mso-generic-font-family:roman; 	mso-font-pitch:variable; 	mso-font-signature:647 0 0 0 159 0;} @font-face 	{font-family:"\@MS Mincho"; 	panose-1:2 2 6 9 4 2 5 8 3 4; 	mso-font-charset:128; 	mso-generic-font-family:modern; 	mso-font-pitch:fixed; 	mso-font-signature:-1610612033 1757936891 16 0 131231 0;}  /* Style Definitions */  p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal 	{mso-style-unhide:no; 	mso-style-qformat:yes; 	mso-style-parent:""; 	margin-top:0cm; 	margin-right:0cm; 	margin-bottom:10.0pt; 	margin-left:0cm; 	line-height:115%; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:11.0pt; 	font-family:"Calibri","sans-serif"; 	mso-fareast-font-family:"MS Mincho"; 	mso-bidi-font-family:"Times New Roman"; 	mso-fareast-language:ES;} .MsoChpDefault 	{mso-style-type:export-only; 	mso-default-props:yes; 	font-size:10.0pt; 	mso-ansi-font-size:10.0pt; 	mso-bidi-font-size:10.0pt; 	mso-ascii-font-family:Calibri; 	mso-fareast-font-family:"MS Mincho"; 	mso-hansi-font-family:Calibri;} @page Section1 	{size:612.0pt 792.0pt; 	margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; 	mso-header-margin:36.0pt; 	mso-footer-margin:36.0pt; 	mso-paper-source:0;} div.Section1 	{page:Section1;} --&gt; &lt;/style&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt;  /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable 	{mso-style-name:"Tabla normal"; 	mso-tstyle-rowband-size:0; 	mso-tstyle-colband-size:0; 	mso-style-noshow:yes; 	mso-style-priority:99; 	mso-style-qformat:yes; 	mso-style-parent:""; 	mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; 	mso-para-margin:0cm; 	mso-para-margin-bottom:.0001pt; 	mso-pagination:widow-orphan; 	font-size:11.0pt; 	font-family:"Calibri","sans-serif"; 	mso-ascii-font-family:Calibri; 	mso-ascii-theme-font:minor-latin; 	mso-fareast-font-family:"MS Mincho"; 	mso-fareast-theme-font:minor-fareast; 	mso-hansi-font-family:Calibri; 	mso-hansi-theme-font:minor-latin; 	mso-bidi-font-family:"Times New Roman"; 	mso-bidi-theme-font:minor-bidi;} &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%; font-family: georgia;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" &gt;Cuando dormía en su casa andaba descalzo. Había moqueta. Sus padres estaban de viaje. El ambiente oscuro, con las persianas bajadas, y un montón de cortinas y estores, que había que apartar una tras otra para ver la calle. La terraza, la calle; un piso alto. Los coches como aplastados allá abajo; al fondo la ría, y grúas, en el puerto. El edificio de enfrente, macetas en las ventanas. En invierno dormía con una camiseta y sólo una sábana en la cama. La calefacción mantenía la casa a veinte o más grados. Todo era silencio menos mi voz, que me salía muy ronca. Al hablar ronroneaba. Se me ponía voz de macarra y en cambio a ella la confundían por teléfono con una niña. Y es verdad, parecía una niña. Los ojos, inquietos, vagaban a veces buscando algo cuando la miraba fijamente, como si se pusiera nerviosa. Sonreía como una persona muy inocente, pero no era inocente. Yo tampoco. Comía con apetito y hacía pis con la mirada perdida, como si recordara algo triste.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%; font-family: georgia;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" &gt;Con el tiempo nos odiamos. Sobre todo cuando no la tenía delante. Sabía que no era nada. Quería no volver a verla, y disfrutaba pensando eso. O me daba igual. Miento: era un placer no querer volver a verla. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%; font-family: georgia;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-size:100%;" &gt;Un día cualquiera decidimos dejarlo. ¿Lo dejamos? En un bar; mirábamos la pantalla (quizá un partido de fútbol, que no nos interesaba nada). Vale, de acuerdo. Así está bien. No había rencor, ni nada que se pareciese al dolor. En realidad no había nada. Quizá un vértigo que daba un poco ganas de reír. Nos reímos, como nerviosos. Si acaso un poco de extrañeza ante lo improvisado de la situación. Lo fácil que era decidir de mutuo acuerdo no volver a vernos. Aunque no se dijo, pero era eso; no volver a saber nada uno del otro. De distintas ciudades, o de distintos mundos. Decidimos no volver a saber nada uno del otro. Bebimos Martini, y brindamos, por perdernos de vista. Y así fue.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-family:&amp;quot;;font-size:12;"  &gt;&lt;span style="font-family: georgia;font-family:georgia;font-size:100%;"  &gt;Al día siguiente me sentí un poco raro. Como si hubiese perdido un zapato, o un pie, o los dos.&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;font-family:&amp;quot;;font-size:12;"  &gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-3329017530880347590?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/3329017530880347590/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=3329017530880347590' title='12 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/3329017530880347590'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/3329017530880347590'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2008/06/perder-un-pie.html' title='Perder un pie'/><author><name>Mabalot</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09961022077052484776</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-6098815469225765527</id><published>2008-06-16T18:52:00.004+02:00</published><updated>2008-06-16T20:31:55.613+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Trapiello'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Julio Camba'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='diarios'/><title type='text'>Entrevista a Trapiello</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Queridos míos, dejo aquí el enlace de una entrevista que le hice la semana pasada a Trapiello, y que publiqué este domingo. El making-off es muy corriente, pero por supuesto hablé de esta docta casa, del respeto que le profesan algunos de sus miembros (si no todos) y recordó el escritor a "un joven muy amable" que hacía unas semanas le entregó un libro para que fuese dedicado al Círculo Solana. Puedo decir que se entusiasmó, y hasta se desvío un momento de la entrevista para ponerme al día de las novedades solanescas y dos libros que o bien acaban de salir o bien están a punto de hacerlo. Se expandió Trapiello: el encuentro duró más de una hora y, desafortunadamente, lo más enjundioso para el lector y el gallinero se dijo con la grabadora apagada. Como se hace siempre y como, supone uno, debe ser. Algunos compañeros me reprocharon no haber entrado más en sangre, pero aquello me hubiera parecido más una entrevista para el Qué me dices: sé que interesa más, por la cosita del morbo, pero también sé que es una incomodidad, cuando no falta de respeto, al entrevistado, y éste puede cortar por lo sano en cualquier momento (algo terrible para quien tenía dos páginas comprometidas que cerrar con la entrevista ese mismo día). Por lo tanto, sólo de pasada solté como quien no quería la cosa el nombre de Marías, y también al final le hice ver lo de sus enemigos. Hubo una pregunta más con su respuesta, que era sobre Juan Cruz, y la grabadora se lo comió entero. Como no me gusta escribir de oídas, ni poner en boca de nadie un pensamiento que no sea con sus palabras exactas, lo dejé fuera muy a mi pesar, pero vamos: no era irrespetuoso ni faltón, ni tampoco estaba ahí el titular. El titular, por cierto, que tuve que elegir no me convenció nada, pero no cabía una palabra más. El periodismo, jo, está esclavizado por el diseño. Por lo demás, sé que no llevo leyendo a Trapiello media vida ni soy un experto en él, así que la entrevista queda coja por ahí. Pero en fin: si se la he hecho es porque ya me he acercado a sus libros, y a su vida, y eso es por vosotros, así que va por ustedes.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://diariodepontevedra.galiciae.com/nova/12546.html"&gt;http://diariodepontevedra.galiciae.com/nova/12546.html&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-6098815469225765527?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/6098815469225765527/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=6098815469225765527' title='12 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/6098815469225765527'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/6098815469225765527'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2008/06/entrevista-trapiello.html' title='Entrevista a Trapiello'/><author><name>M.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07745354048030006773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-7731094488864749974</id><published>2008-06-15T12:01:00.001+02:00</published><updated>2008-06-15T12:06:29.775+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Crónicas del tiempo aquel'/><title type='text'>En aquel tiempo Doña Luisa se enfadó con la Virgen</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;    En aquel tiempo Doña Luisa se enfadó con la Virgen. Doña Luisa y la Virgen siempre habían tenido muy buenas relaciones desde que el abuelo de Doña Luisa, Don Agapito, encontrara a la Virgen escondida en la grieta de una roca en muy malas condiciones.&lt;br /&gt;   Don Agapito, que era el alcalde, colocó a la Virgen en su carro, entró con ella en el pueblo, se llegó a casa del cura y la depositó allí con toda clase de respetos y miramientos. Esa misma tarde echó cuentas y por la noche, en el casino, anunció que construiría una ermita en el mismo lugar en el que había encontrado a la madre de Dios. El cura, como es natural, bautizó a la Virgen y la llamó Nuestra señora del Amor Poderoso; pero en el pueblo todo el mundo continuó llamándola la Virgen.&lt;br /&gt;   La Virgen llegó al pueblo con lo puesto; pero en seguida las familias pudientes comenzaron a obsequiarla, y cuando la ermita quedó terminada tenía cinco o seis ajuares, una carroza con nubes doradas y querubines, pañitos para el altar, un manto de diario y otro para las Fiestas.&lt;br /&gt;   Cuando la guerra le robaron casi todo, y la Virgen quedó otra vez que daba pena verla. Por eso al terminar la guerra, en cuanto Doña Luisa se repuso de sus propias pérdidas, le encargó en la capital un manto como no se hubiera visto otro. Y así fue.&lt;br /&gt;   El día que llegó el manto, el alcalde declaró fiesta y todo el mundo salió a la calle con el traje de los domingos. Era un manto tan precioso, tan lleno de perlas y de oro, que tenían que llevarlo estirado entre ocho hombres. Cuando se lo colocaron a la Virgen y la sacaron en la carroza de los querubines, se pusieron a sonar las campanas y hasta los que en la guerra le habían robado cosas se santiguaron con los ojos llenos de lágrimas. Doña Luisa también lloró. Lloró más que nadie porque el manto lo regalaba ella.&lt;br /&gt;   Desde entonces, en las grandes festividades, ocho hombres le colocaban a la Virgen el manto de Doña Luisa y la sacaban en procesión. Venía gente a verlo de todas partes. Hasta que llegó Fidel.&lt;br /&gt;   Fidel era el nuevo cura pero no quería que nadie lo llamase padre o don Fidel. Había venido a sustituir a Don Eulogio, el cura viejo, que se había jubilado. Era muy flaco, tenía barba, hablaba muy deprisa; iba en una vespa de color gris y una vez recogió en ella a la hija del barbero, que era estudiante y había perdido el coche de línea: eso fue un disgusto muy grande.&lt;br /&gt;   A Fidel no le gustaron ni Doña Luisa, ni la Virgen, ni el manto. A Doña Luisa tampoco le gustó Fidel. Y por ahí vino la cosa: Doña Luisa opinaba que a la Virgen tampoco debería gustarle Fidel; pero la Virgen no se pronunciaba.&lt;br /&gt;   El día antes de la Fiesta, Fidel le dio a Doña Luisa un ultimátum: o el manto se vendía y se repartía el dinero entre los oprimidos, o él no sacaba a la Virgen en procesión. Doña Luisa también le dio un ultimátum a la Virgen: o hacía desaparecer a Fidel, o rompían las amistades.&lt;br /&gt;   El día de la Fiesta, Fidel continuaba en su sitio así que Doña Luisa se presentó en la ermita con ocho hombres y se llevó el manto. Esta vez no sonaron las campanas, pero otra vez lloraron todos en el pueblo, todos menos Doña Luisa y Fidel; dicen que hasta la Virgen lloró, pero Doña Luisa no quiso ni mirarla.&lt;br /&gt;   Esa tarde la procesión fue muy triste, y el balcón de Doña Luisa estuvo cerrado y sin colgaduras; ni el mantón de Manila quiso poner.&lt;br /&gt;   Poco después, Fidel se salió de cura y se casó con la hija del barbero, que era estudiante; se pusieron a trabajar de maestros en el pueblo de al lado.&lt;br /&gt;   Doña Luisa se confesó con el nuevo cura, que se llamaba Don Primitivo y no tenía barba ni vespa. Volvió a llevar el manto a la ermita y la Virgen se lo pone cada Fiesta Mayor.&lt;br /&gt;   Doña Luisa y la Virgen volvieron a ser amigas. Ella decía que la Virgen, aunque tarde, atendió su ruego de hacer desaparecer a Fidel.&lt;br /&gt;   También Fidel es amigo de la Virgen. Ahora se ha hecho folclorista y todos los años  lleva a la procesión a sus alumnos y alumnas para que vean el manto. Dice que es una interesante muestra del sentir popular.&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-7731094488864749974?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/7731094488864749974/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=7731094488864749974' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/7731094488864749974'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/7731094488864749974'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2008/06/en-aquel-tiempo-doa-luisa-se-enfad-con.html' title='En aquel tiempo Doña Luisa se enfadó con la Virgen'/><author><name>Luisa Cuerda</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04288427960886879377</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_intHjRGjmoc/SWuxRvrjGNI/AAAAAAAAADg/bVHQWzS3rJw/S220/D%C3%BAn+Aenghus.jpg'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-7481510228662475220</id><published>2008-05-29T21:11:00.002+02:00</published><updated>2008-06-05T19:22:46.204+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Crónicas del tiempo aquel'/><title type='text'>En aquel tiempo llegaron al pueblo las cocineras</title><content type='html'>&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5208449083470848034" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp3.blogger.com/_20yJHBv1lVo/SEgg2Ir9ICI/AAAAAAAAA2E/BZi4_fFX7AQ/s400/Millet,%2520Espigadoras.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;En aquel tiempo llegaron al pueblo las cocineras. Un buen día, sin que nadie supiera quiénes eran ni de dónde venían, aparecieron en el pueblo tres mujeres jóvenes llevando cada una a un niño pequeño de la mano.&lt;br /&gt;Al principio se acomodaron en la casa del Zagal, que estaba medio abandonada, y a media mañana bañaban a sus niños en un barreño de cinc que habían puesto al sol; tendían la ropa allí mismo, en el patio, y las sábanas gruesas azuleaban de puro blancas.&lt;br /&gt;Al cabo de una semana se colocaron de cocineras en el colegio de los curas; desde entonces se les llamó así, las cocineras; a los niños, sin embargo, se les conoció por sus nombres: Rafa, Perico y Juan; a este Juan, como había muchos, se le llamaba a veces Juan el de las cocineras para distinguirlo de los demás Juanes.&lt;br /&gt;Las cocineras y sus hijos se mudaron entonces al lado de las eras, a una casa que le alquilaron al sacristán. Allí plantaron rosales y pusieron gallinas, las gallinas más limpias de todo el pueblo y las mejor educadas: se decía que ponían los huevos por riguroso orden y que hacían sus necesidades en el mismo sitio del gallinero, como los gatos. Lo cierto era que los huevos de las gallinas de las cocineras se distinguían de todos los demás por el tamaño y el sabor, de la misma manera que sus rosales daban las rosas más grandes y más olorosas que nadie vio nunca en aquel tiempo.&lt;br /&gt;Las cocineras llevaron a sus hijos al colegio de los curas, que era de pago, porque los curas se los cogieron gratis por trabajar allí. Rafa, Perico y Juan no se distinguieron de los demás chicos más que en su prodigiosa agilidad. Al igual que sus madres siempre andaban juntos. Nunca se supo con certeza quién era hijo de quién, no porque lo ocultaran, sino porque nadie se atrevió a preguntarlo y ellos no lo dijeron. Las cocineras no le dejaban a nadie el saludo colgado pero tampoco iniciaban ninguna charla. Cuando sus hijos iban a merendar a casa de algún chico, les iban a recoger a la anochecida y llevaban un obsequio, media docena de huevos o un pedazo de pastel. Fuera quien fuera de las tres siempre lo ofrecían con el mismo gesto y ponían la misma sonrisa.&lt;br /&gt;Cuando los chicos se hicieron mayores se colocaron en la herrería. Su prodigiosa agilidad era ya proverbial. Por la tarde podía vérseles en el jardín de las rosas haciendo acrobacias delante de las modélicas gallinas; no quedó en el pueblo árbol o altura sin conquistar por ellos; en la Fiesta Mayor colgaban un alambre a lo largo de la plaza, a cuatro metros del suelo, y por ahí se paseaban Rafa, Perico y Juan como si estuviesen en su casa. A los diecisiete años los tres se echaron novia en el pueblo vecino. Las novias eran primas entre sí, y tan limpias y educadas como las gallinas de sus futuras suegras. Para entonces, los chicos ya habían pasado de aprendices a oficiales de la herrería, y la casa de sus madres florecía de rejas forjadas.&lt;br /&gt;El mismo día de la triple boda se jubilaron las tres cocineras y se quedaron a vivir en la casa que le habían alquilado al sacristán, al lado de las eras, cuajada de rosales. Cada día iban a la compra por turnos en las bicicletas de sus hijos. Ellas mismas construyeron en el patio de atrás un estanque con peces colorados y tres cisnes que dormían en una caseta con verja de hierro forjado. Se dedicaron a hacer bordados para novias y pronto hubo cola a su puerta para encargarles ajuares; pero en el pueblo siguieron llamándoles las cocineras.&lt;br /&gt;Antes de que naciera su primer hijo, Perico se mató en un accidente de coche; poco después una de las cocineras enfermó y murió. Entonces se supo que era su madre. Las otras dos cocineras continuaron cosiendo ajuares. Ahora tienen tres nietos: uno de Rafa, otro de Juan y el de Perico. La viuda de este pasa las tardes en la casa de los rosales, aprendiendo a coser.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-7481510228662475220?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/7481510228662475220/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=7481510228662475220' title='14 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/7481510228662475220'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/7481510228662475220'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2008/05/en-aquel-tiempo-llegaron-al-pueblo-las.html' title='En aquel tiempo llegaron al pueblo las cocineras'/><author><name>Luisa Cuerda</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04288427960886879377</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_intHjRGjmoc/SWuxRvrjGNI/AAAAAAAAADg/bVHQWzS3rJw/S220/D%C3%BAn+Aenghus.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp3.blogger.com/_20yJHBv1lVo/SEgg2Ir9ICI/AAAAAAAAA2E/BZi4_fFX7AQ/s72-c/Millet,%2520Espigadoras.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-4120902946382530698</id><published>2008-05-15T20:16:00.004+02:00</published><updated>2008-06-27T16:09:24.347+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Crónicas del tiempo aquel'/><title type='text'>En aquel tiempo el hombre pisó la luna</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;En aquel tiempo el hombre pisó la luna. Lo decía así el maestro, "el hombre", como si él no lo fuera. Polo el del bar, en cambio, decía: "Hemos pisao la luna", de la misma manera que los domingos en los que ganaba su equipo decía: "Hemos ganao", mientras limpiaba el mostrador con un trapo grisáceo.&lt;br /&gt;Dos o tres meses antes avisaron por la radio de que tres astronautas partirían hacia la luna y una vez en su órbita, uno de ellos se quedaría dando vueltas y los otros dos bajarían. También dijeron que se podría ver por televisión.&lt;br /&gt;Polo fue terminante: "Eso es imposible", dijo. Y no fueron bastantes a convencerle Don Florián el maestro, Fidel el cura y Don Lázaro, que era médico.&lt;br /&gt;Tuvo que ser el mercenario quien le hiciera cambiar de opinión. Polo, después de pasar dos días malhumorado y esquivo, se fue a verle al molino viejo y lo encontró haciendo cestos. "¿Es verdad eso que dicen de que van a echar lo de la luna por la televisión?" El mercenario levantó la cabeza, sonrió a Polo y asintió en silencio. Entonces Polo lanzó un juramento, le dio una patada a una pila de cestos y explotó al fin: "Entonces, me cago en mi estampa, voy a tener que comprar un aparato".&lt;br /&gt;En el pueblo sólo tenían televisor Doña Luisa, el médico y el alcalde; pero como estos dos últimos eran una misma persona, marido a su vez de Doña Luisa, resultaba que en el pueblo sólo había un televisor. Polo, pues, hizo recaer sobre sus hombros la responsabilidad de que sus convecinos fueran testigos de un momento histórico. Y a pesar de sus dudas y de sus rabias, cumplió.&lt;br /&gt;El aparato apareció un día en el bar, reluciente y enorme, encima de una repisa esquinera cercana al techo. Polo accedía a él mediante una escalerilla desde la que manipulaba los botones con suma concentración. Todos se agolpaban a su espalda formando un círculo de expectación, y los más cercanos transmitían las novedades a los siguientes que, a su vez, pasaban la información hasta la puerta de la calle y más allá.&lt;br /&gt;Los primeros días el televisor sólo emitió rayas transversales. Vinieron dos técnicos, lo pusieron del derecho y del revés con gran sobresalto de Polo, y al final se marcharon diciendo con aire de pésame que no llegaba la señal.&lt;br /&gt;Polo se quedó en su bar, rodeado del silencio afligido de todos los hombres del pueblo. Las rayas transversales ondulaban, blancas y negras, como peces en un acuario.&lt;br /&gt;Entonces Polo lanzó un juramento, una maldición y un zapato. El zapato dio en mitad de la pantalla y al instante las rayas dieron paso a una señorita que anunciaba medias de nylon. La celebración duró hasta la noche.&lt;br /&gt;La de la retransmisión, todo el pueblo se apiñaba en el bar de Polo. Celsa, su mujer, se había echado laca en el peinado y les recibía en la puerta, como una reina. Habían sacado las aceitunas adobadas de las Fiestas. Los niños jugaban a las chapas por debajo de las mesas, entre el serrín y las colillas. Las mujeres iban, como la Celsa, arregladas y con laca en el moño. Los del dominó no jugaban esa noche la partida y mareaban un palillo entre los dientes con un vaso de vino siempre mediado entre las manos gruesas. Don Florián el maestro explicaba que el momento era semejante a cuando Colón descubrió América; Carmina la modista respondía: "Qué cosas, señor, qué cosas".&lt;br /&gt;La luna, en su sitio de siempre, brillaba haciendo guiños; pero sólo el mercenario, en el molino viejo, la respondía sonriendo.&lt;br /&gt;Comenzó la retransmisión y todos contemplaron un planeta leproso contra un cielo negro; una nave espacial de juguete, unos muñecos que se desplazaban torpemente, una bandera lacia clavada con desmayo. El comentarista daba cifras que no entendían con una excitación que no entendían tampoco.&lt;br /&gt;Al acabar, Manolo el capador dijo: "Es un decorao; nos han tomao el pelo". Y Polo le dio un puñetazo en la nariz.&lt;br /&gt;Cuando los separaron, todos se marcharon pensativos a sus casas.&lt;br /&gt;Y no volvieron a hablar del tema.&lt;br /&gt;El televisor siguió allí, transmitiendo ficciones. Y ellos recuperaron a su luna de siempre.&lt;br /&gt;Siempre había estado allí. Todos la amaban.&lt;br /&gt;Y nunca como entonces la vieron tan lejos.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-4120902946382530698?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/4120902946382530698/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=4120902946382530698' title='16 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/4120902946382530698'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/4120902946382530698'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2008/05/en-aquel-tiempo-el-hombre-pis-la-luna.html' title='En aquel tiempo el hombre pisó la luna'/><author><name>Luisa Cuerda</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04288427960886879377</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_intHjRGjmoc/SWuxRvrjGNI/AAAAAAAAADg/bVHQWzS3rJw/S220/D%C3%BAn+Aenghus.jpg'/></author><thr:total>16</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-6207225498417447682</id><published>2008-05-04T11:23:00.005+02:00</published><updated>2008-05-04T11:41:54.843+02:00</updated><title type='text'>DISCURSO</title><content type='html'>&lt;em&gt;Al gran maestre de esta logia se le ha ocurrido que estos devaneos improvisados podían ir bien aquí. Sólo puedo justificar el desorden de lo que sigue como un acto de coherencia con lo que dice. Os pongo una foto Winkler que he tirado este puente (por este puente).&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5196453226034507138" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_20yJHBv1lVo/SB2CrVW4LYI/AAAAAAAAAzk/BgW29ZU9tww/s400/Valencia-5-2008+095.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Acabo de leer el discurso de ingreso de Javier Marías y la contestación de Francisco Rico. Poco antes había apañado la bernardina del &lt;em&gt;ingresante&lt;/em&gt; para que salga mañana jueves en el &lt;em&gt;Diario de Teruel&lt;/em&gt;, de modo que, entre pitos y flautas, llevo toda la tarde metido en el Reino de Redonda.&lt;br /&gt;El discurso de Marías es una hermosa pieza literaria pero bastante floja para tratarse del tema del que trata: la imposibilidad de describir la realidad para cualquier escritor y las ventajas de la novela en tanto que se trata de una realidad en sí misma, un mundo cerrado con principio y fin. Desde el momento en que la realidad es infinita (y, si no lo es en absoluto, sí para la finita, disgregada y cambiante percepción humana), ningún retrato podrá ser perfecto, es decir, completamente acabado.&lt;br /&gt;Eso es decir bien poco, la verdad, y Marías emplea muchas y muy hermosas e interesantes páginas en decirlo, matizarlo y repetirlo, aparte de nombrar a los amigos. Y Rico, después, de puro tiquismiquis, tampoco colabora en profundizar mucho. Quizá la ocasión sólo exigía el género de la literatura de circunstancias a la que tampoco se le puede pedir un docto tratado de epistemología.&lt;br /&gt;Pero sin necesidad de acudir tan lejos sí podría haber avanzado algo más. Marías parte de la idea clásica de que las palabras son la primera forma de traducción, es decir, la primera forma de distorsión del conocimiento. No nombramos las cosas para conocerlas sino para, a través de la traducción, hacernos una idea de lo que representan. Como muchas veces acertamos (sobre todo en cuestiones prácticas), damos la versión por buena. Lo que buscamos en una novela no es que nos represente la realidad, porque la realidad ya la conocemos, sino alguien que mire esa misma realidad, alguien que nos deje su agujero como cuando los niños o los ancianos se acercan a mirar una obra desde las vallas cubiertas con toldos o con chapas: todos sospechan que desde otro agujero distinto al suyo se ve mejor, por la sencilla razón de que en todos ellos se ve poco y mal. Es la &lt;em&gt;visión de la hostia&lt;/em&gt;, por citar una ocurrencia de Vila-Matas, la que nos mueve a curiosear, a &lt;em&gt;querer saber&lt;/em&gt; (uno de los temas favoritos de Marías, por cierto, es el de &lt;em&gt;no querer saber&lt;/em&gt;), a ver lo que otros han visto o que por la sola presencia del agujero nos reclama. Leemos una novela para mirar por un único y espléndido agujero, situado y abierto en la lona de la valla por alguien con más perspicacia o más arte para contar que nosotros. Las verdades informan, pero las ficciones invitan a fingir. No hay instrumento más secreto y menos sospechoso que un libro, a pesar de que sirva para luchar contra la tediosa realidad-real, para desatar los delirios de grandeza, para prestar nuestro pensamiento, para ser otro por momentos, para ser testigos de la gran obra que se construye al otro lado de la valla. Igual que los niños y los ancianos quedan atraídos menos por el edificio ya hecho que por el edificio en construcción, nosotros nos sentimos atraídos por ver las entrañas de alguna historia, el relato que no supimos ver, y cuando está terminada nos damos cuenta de que el placer era estar leyéndola, mucho más que haberla leído.&lt;br /&gt;Eso es, y nada más, un novelista: un placer presente, un edificio en construcción. Los libros de historia y la inmensa mayoría de nuestras deleznables noveluchas hablan de lo ya sabido, de la historia ya vivida, de la dichosa guerra civil, de una experiencia memorable, de su adolescencia, de sus adulterios o de sus fracasos, por decirlo en el tono más acumulativo y mariano posible. Y son pocos los novelistas que respetan la condición ficticia de su trabajo. Pocos los que, sin idear ni planear, ni tampoco recordar o copiar de los libros de historia, se arrojan a la ficción con una mano delante y otra detrás, son cronistas de su imaginación y no testaferros de sus memorias; pocos dejan que sean las palabras y, sobre todo, el arte de narrar, lo que vaya dando forma a ese mundo alternativo y falso, que sin embargo sirve como ninguno para entender el mundo real. La novela es la éntasis de las columnas, esa ondulación (ese fraude) que ayuda a que parezcan rectas. Ser o no buen novelista no depende sólo del oficio. Bucear en una novela, escucharla, transcribirla, traducirla, es más parecido a asistir al parto que a parir, en el hipotético caso de que diésemos forma al destino según pusiésemos de un modo u otro nuestras manos para extraer a la criatura; pero exige la bizarría literaria de no empalmar cosas de otros, ni recurrir a tópicos ni a escenas de probado efecto. En ningún ámbito es tan ostentoso y desagradable mentir como en la pura ficción. Qué mal rollo nos dan esos novelistas a los que de pronto se les nota que se lo están inventando todo, y sin embargo qué placer suponen aquellos otros que saben de lo que va a ocurrir lo mismo que tú que los estás leyendo, pero ellos lo saben contar.&lt;br /&gt;Marías lo sabe contar. De todos los experimentos con la realidad que llevamos padeciendo en las dos últimas décadas, de la glorificación de Sebald a la insoportable vulgaridad de las autobiografías encubiertas, el de Marías ha consistido en usar la realidad no más que como referente de un mundo completamente ficticio. La prestancia de un novelista se mide en su capacidad de apropiarse de esa realidad sin ser fiel a nada previsible por él, no por la historia. La carga real de su última trilogía es una simple conversión al universo del Redonda, una traducción que admiramos por la pericia del traductor y por la perspicacia del traducido. Yo he ido a muchas librerías como la que salía en &lt;em&gt;Negra espalda del tiempo&lt;/em&gt;, pero verlas así exigiría recordarlas al tiempo que las veo. Son tiempos distintos, no tanto como los de Stern, que cita en el discurso, pero casi. Forma parte de la realidad el que no te dé tiempo a comprenderla sino retrospectivamente. Aunque seas un lince, el piélago de hipótesis y alternativas y suposiciones por el que navega Marías no puede ser vivido, y por lo tanto no es real. No se puede vivir así. Su carácter ejemplar procede de su éntasis, de su falsedad.&lt;br /&gt;Y de esto, en lo que Marías me sigue pareciendo muy superior a la media y a la altura del mejor (Pombo), Marías no habló. Su hermoso discurso fue tocando las cosas, tanteándolas más bien, como si también navegara por ellas, como si también su pieza oratoria se hubiese atenido a las exigencias del ensayo: pensar por escrito, sin saber muy bien adónde se va a parar, como han hecho siempre los descubridores, porque iban a la ventura.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-6207225498417447682?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/6207225498417447682/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=6207225498417447682' title='14 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/6207225498417447682'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/6207225498417447682'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2008/05/discurso.html' title='DISCURSO'/><author><name>Bernardinas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13552590227953529076</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-i8DFngFaN8A/Tu5dZWGQM2I/AAAAAAAAKsE/LM77UL7zk0Y/s220/STENCIL-SHORT.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_20yJHBv1lVo/SB2CrVW4LYI/AAAAAAAAAzk/BgW29ZU9tww/s72-c/Valencia-5-2008+095.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-1265244355323597221</id><published>2008-05-04T09:54:00.010+02:00</published><updated>2008-05-04T10:37:46.545+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Murakami Haruki'/><title type='text'>Cultivemos</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp1.blogger.com/_17msOnBlLlg/SB1smoiwyII/AAAAAAAAAaQ/GnJsCllr67U/s1600-h/murak.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://bp1.blogger.com/_17msOnBlLlg/SB1smoiwyII/AAAAAAAAAaQ/GnJsCllr67U/s400/murak.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5196428956029470850" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Murakami en su bar de jazz, en el barrio de Sendagaya, Tokio, 1978.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;p&gt;Vagando por la Red me encuentro un texto de Haruki Murakami, ese adalid de las letras niponas.&lt;a href="http://camabarca.blogspot.com/"&gt; Ahora&lt;/a&gt;, con calma (saboreándolo) y alternándolo con otras cosas, tengo en la mesilla un tocho que se intitula&lt;span style="font-style: italic;"&gt; Crónica del pájaro que da cuerda al mundo&lt;/span&gt;, y la verdad me tiene prendado. Sólo lamento estar a años luz de poder leer un texto literario en japonés y conformarme con la traducción, pero tampoco está nada mal. Lo que os pongo a continuación es un texto bonito, más que agudo u original. Es, digamos, la poética de este autor explicada por sí mismo (las negritas son mías):&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;"&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:arial;font-size:85%;"  &gt;Nunca tuve ninguna intención de convertirme en un novelista, al menos no hasta que cumplí 29. Esto es absolutamente cierto.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;"&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Leí mucho desde chico, y siempre me metí tanto en los mundos de las novelas que estaba leyendo que mentiría si dijera que nunca tuve ganas de escribir nada. Pero jamás creí que tuviera talento para escribir ficción.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;En mi adolescencia me encantaban escritores como Dostoievsky, Kafka y Balzac, pero nunca me imaginé que pudiera escribir nada que estuviera a la altura de las obras que ellos nos legaron. Por lo tanto, a temprana edad simplemente abandoné mi esperanza de escribir ficción. Decidí seguir leyendo libros como hobby, y buscar otra manera de ganarme la vida.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;La música fue el área profesional en la que me instalé. Trabajé duro, ahorré dinero, pedí prestado mucho a amigos y parientes, y poco después de dejar la universidad abrí un pequeño club de jazz en Tokio. Servíamos café durante el día y tragos por la noche. También servíamos algunos platos sencillos. Pasábamos discos todo el tiempo y teníamos a jóvenes músicos tocando jazz en vivo los fines de semana. Lo mantuve durante siete años. ¿Por qué? Por una simple razón: me permitía escuchar jazz de la mañana a la noche.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Cuando cumplí 29, de pronto y de la nada tuve esta sensación de que quería escribir una novela; de que podía hacerlo. No podría escribir nada que estuviera a la altura de lo de Dostoievsky o Balzac, por supuesto, pero me dije a mí mismo que eso no importaba. No tenía que convertirme en un gigante literario. Aun así, no tenía idea de cómo escribir una novela ni sobre qué escribir. Después de todo, no tenía absolutamente ninguna experiencia, ni disponía de ningún estilo ready-made a mi alcance. No conocía a nadie que pudiera enseñarme cómo hacerlo, ni tenía amigos con los que pudiera hablar de literatura. &lt;/span&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:85%;" &gt;Lo único que pensaba a esa altura era lo maravilloso que sería poder escribir como si tocara un instrumento.&lt;/span&gt;  &lt;/p&gt;&lt;p  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Había estudiado piano de chico, y podía leer música lo suficiente como para sacar una melodía simple, pero no poseía el tipo de técnica que se necesita para convertirse en un músico profesional. En mi cabeza, no obstante, sí sentía a menudo que había algo parecido a una música propia que circulaba alrededor de un impulso rico y poderoso. Me pregunté si me sería posible traducir esa música en escritura. Así es como empezó mi estilo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Ya sea en la música o en la ficción, lo principal es el ritmo. Tu estilo tiene que tener un ritmo bueno, natural, firme, o la gente no va a seguir leyéndote. Aprendí la importancia del ritmo de la música, y especialmente del jazz. A continuación viene la melodía, que en literatura viene a ser un ordenamiento apropiado de las palabras para que vayan a la par del ritmo. Si las palabras se acomodan al ritmo de una manera suave y bella, uno no puede pedir más. Lo siguiente es la armonía; los sonidos mentales que sostienen las palabras. Luego viene la parte que más me gusta: la libre improvisación. A través de algún canal especial, la historia fluye libremente desde el interior. Todo lo que tengo que hacer es sumergirme en la corriente. Finalmente viene lo que quizá sea lo más importante de todo: &lt;/span&gt;&lt;span style="font-weight: bold;font-size:85%;" &gt;esa elevación, esa emoción que uno experimenta al completar su “interpretación” y al sentir que ha alcanzado un lugar nuevo y significativo. Y si todo sale bien, uno consigue compartir esa sensación de elevación con sus lectores&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; (su audiencia). Es una culminación maravillosa que no puede obtenerse de ninguna otra manera.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Prácticamente todo lo que sé acerca de escribir, entonces, lo aprendí de la música. Sonará paradójico, pero si yo no hubiera estado tan obsesionado con la música, podría no haberme convertido en novelista. Incluso ahora, casi treinta años después, sigo aprendiendo mucho sobre la escritura de la buena música. Mi estilo está tan profundamente influido por los riffs salvajes de Charlie Parker, digamos, como por la prosa elegantemente fluida de F. Scott Fitzgerald. Y todavía tomo la permanente autorrenovación de la música de Miles Davis como modelo literario.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Uno de mis pianistas de jazz favoritos de todos los tiempos es Thelonious Monk. Una vez, cuando alguien le preguntó cómo hacía para obtener cierto particular sonido del piano, Monk señaló el teclado y dijo: “No puede ser ninguna nota nueva. Cuando uno mira el teclado, todas las notas ya están ahí. Pero si uno quiere una nota lo suficiente, sonará diferente. Uno debe elegir las notas que realmente le importan”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;A menudo recuerdo estas palabras cuando estoy escribiendo, y pienso para mí: “Es verdad. No hay palabras nuevas. Nuestro trabajo es darles nuevos significados y tonalidades especiales a palabras absolutamente ordinarias”. Esa idea me reconforta. Significa que aún yacen delante de nosotros alcances vastos y desconocidos, territorios fértiles que tan solo esperan que los cultivemos.&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;"&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt; (Sacado de &lt;a href="http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-3982-2007-07-29.html"&gt;aquí)&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;span&gt;Miles Davis and John Coltrane play one of the best renditions of SO WHAT ever captured on film-(Live in 1958)&lt;/span&gt;&lt;!-- /#cuerpo --&gt;&lt;script type="text/javascript"&gt;       //&lt;![CDATA[       var cuerpo = new get_obj('cuerpo');       cuerpo.style.fontSize = ACTUAL_FONTSIZE + "px";       //]]&gt;      &lt;/script&gt;&lt;!-- #botonera_bot --&gt;&lt;br /&gt;&lt;object height="355" width="425"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/U4FAKRpUCYY&amp;amp;hl=en"&gt;&lt;param name="wmode" value="transparent"&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/U4FAKRpUCYY&amp;amp;hl=en" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" height="355" width="425"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-1265244355323597221?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/1265244355323597221/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=1265244355323597221' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/1265244355323597221'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/1265244355323597221'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2008/05/cultivemos.html' title='Cultivemos'/><author><name>Mabalot</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09961022077052484776</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp1.blogger.com/_17msOnBlLlg/SB1smoiwyII/AAAAAAAAAaQ/GnJsCllr67U/s72-c/murak.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-1361481370741890830</id><published>2008-04-24T17:20:00.024+02:00</published><updated>2009-05-23T11:07:32.836+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Josef Winkler'/><title type='text'>Josef Winkler, autor solanesco</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Supongo que es difícil imaginarse a un Solana homosexual y austríaco. Pues ¡lo he encontrado! Se llama Josef Winkler, parece recién salido de una película de Pasolini y tiene esta pinta de psicópata...&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;'&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_HKy_zSwv3es/SBCm-HJ-BgI/AAAAAAAAAw8/FQ5tX0Bp2Ss/s1600-h/winkler.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5192833956361143810" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_HKy_zSwv3es/SBCm-HJ-BgI/AAAAAAAAAw8/FQ5tX0Bp2Ss/s320/winkler.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p align="justify"&gt;Estoy enfrascado en &lt;em&gt;El cementerio de las naranjas amargas&lt;/em&gt; (Galaxia Gutenberg, 2008), seguramente el libro más tétrico que he leído en mi vida. Aun así, os lo recomiendo. &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;A las imágenes tremendistas que plagan el libro -sus temas preferidos son los ritos católicos, los cadáveres, el sexo, lo sucio, lo feo, la pobreza, los curas, la muerte, la violencia religiosa... (y a ellos vuelve una y otra vez, obsesivamente, como en una letanía infernal)- se une una de las escrituras más intensas, plásticas y contundentes que he podido ver nunca, además de un estilo musical que hará las delicias de nuestro Antonio Castellote. Cada una de sus frases representa una imagen terrible, compone un bodegón pútrido, una naturaleza muerta... que está muy viva. Me recuerda a Solana en los temas y en la intensidad de una escritura que parece pintura, de trazos gruesos, de pinceladas densas; en cambio, la construcción sintáctica es muy distinta, mucho más pulida y musical. &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Necrófilo y blasfemo, Winkler es considerado el único heredero posible de Thomas Bernhard. &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Dos pasajes:&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;"Los habitantes de Nicolisi, en Sicilia, cuando la lava se acercaba cada vez más, amenazando sepultar el pueblo entero, no sacaron sólo las imágenes de santo de la iglesia, los altares y las reliquias, los huesos en sus redomas de vidrio y los ataúdes de cristal. Obtuvieron autorización eclesiástica para desenterrar a sus muertos del cementerio del pueblo y cargar en carretas tiradas por cuatro bueyes blancos aquellos cadáveres en descomposición, cráneos y osamentas, para enterrarlos en un cementerio vecino que no podría ser alcanzado por la lava del volcán". &lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;"Cuando llegamos a la Stazione Centrale de Nápoles, a la mañana temprano, todavía había dos chicos de diez años, sin padres, que tenían que pasar la noche al sereno, en un prado que había ante el edificio de la estación. En los cruces había chicos desnudos de seis a diez años que, con cubos de agua y limpiaparabrisas, aguardaban a que los semáforos se pusieran en rojo, lavaban los parabrisas de los coches detenidos y tendían sus sucias manos hacia las ventanillas abiertas de los coches. Una mujer, que daba de mamar a un niño pequeño en el asiento de al lado, con un pecho fuera, metió al chico en la mano una moneda de cien liras. Un vendedor ambulante había pinchado en palitos los panecillos que llevaba en un cesto de madera. Sobre uno de los panecillos pinchados había una hoja de periódico árabe, con la foto de un niño muerto."&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-1361481370741890830?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/1361481370741890830/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=1361481370741890830' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/1361481370741890830'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/1361481370741890830'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2008/04/josef-winkler-autor-solanesco.html' title='Josef Winkler, autor solanesco'/><author><name>conde-duque</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00408131078343703172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_HKy_zSwv3es/SBCm-HJ-BgI/AAAAAAAAAw8/FQ5tX0Bp2Ss/s72-c/winkler.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-8649904414970308488</id><published>2008-04-23T19:46:00.024+02:00</published><updated>2008-04-23T20:47:34.809+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Trapiello'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Solana'/><title type='text'>Una dedicatoria</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Madrid, calle Alcalá, 17:00 horas. Debate sobre los "Diarios: realidad o ficción". A la derecha, con calzón blanco, Andrés Trapiello; a la izquierda, con calzón azul, José Luis García Martín; en una esquina, de moderador inútil, Antonio Jiménez Morato. Cuatro gatos como público.&lt;br /&gt;Antes de que empiece el combate, me acerco a A.T. (en su vertiente de editor y prologuista) y le pido que nos dedique &lt;em&gt;La España negra II &lt;/em&gt;a los amigos del Círculo Solana... &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_HKy_zSwv3es/SA92O3J-BbI/AAAAAAAAAwU/QcDz32GPlCk/s1600-h/solana.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5192498893077480882" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_HKy_zSwv3es/SA92O3J-BbI/AAAAAAAAAwU/QcDz32GPlCk/s400/solana.jpg" border="0" /&gt; &lt;p align="justify"&gt;&lt;/a&gt;Me informa de la próxima aparición del inédito sobre &lt;em&gt;París&lt;/em&gt; (que por lo visto es grandecito y está muy bien), me cuenta los vaivenes de la famosa "maleta Solana" y revela la existencia de un precioso facsímil solanesco que habrá que buscar por las librerías de lance. &lt;/p&gt;&lt;a href="http://bp0.blogger.com/_HKy_zSwv3es/SA98VXJ-BdI/AAAAAAAAAwk/WeoFxbFHBIY/s1600-h/espaÃ±a+negra.bmp"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5192505601816397266" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp0.blogger.com/_HKy_zSwv3es/SA98VXJ-BdI/AAAAAAAAAwk/WeoFxbFHBIY/s320/espa%C3%B1a+negra.bmp" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;p align="justify"&gt;Por si no se lee bien (lo he escaneado fatal), lo transcribo: "Para el Círculo Solana, lo más redondo que ha podido producir nuestra cuadriculada y cerrera España. Su amigo Andrés Trapiello. 23 de abril de 2008 Madrid". Hay que reconocer que tiene buenos reflejos: "círculo"-"redondo"-"cuadriculada"...&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-8649904414970308488?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/8649904414970308488/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=8649904414970308488' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/8649904414970308488'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/8649904414970308488'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2008/04/una-dedicatoria.html' title='Una dedicatoria'/><author><name>conde-duque</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00408131078343703172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_HKy_zSwv3es/SA92O3J-BbI/AAAAAAAAAwU/QcDz32GPlCk/s72-c/solana.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-5597100213909694936</id><published>2008-04-20T13:09:00.005+02:00</published><updated>2008-04-20T13:27:22.883+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>Un paraguas, un puente, un río y un señor</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;"&gt;Nadie sabe a cuantos suicidas ha visto uno en realidad en su vida. Cuantas personas que han pasado a nuestro lado, hablándonos o no, compartiendo mesa, aula, viaje, el aire mismo, por estar a nuestro lado en una sala de espera, en un autobús, en un avión, y hasta en una cama, y a las que ya les hemos perdido la pista, hayan sido estas personas pocas o muchas, y que ya no volvimos a ver ni volveremos a ver, han desaparecido para siempre. Personas, que en algún momento fueron alguien en nuestra vida, y no sabemos cuántas de estas dejaron de vivir porque les apeteció, porque les pareció más atractivo dejarlo todo que quedarse aquí. Ley de vida, se dice, el muerto al hoyo y el vivo al bollo, y hay que seguir, o la vida sigue etcétera. Pero lo que recuerdo ahora en medio de unas neblinas que me hacen desconfiar de la memoria y de su naturaleza caprichosa, es un suicidio que vi hace la tira de años, cuando era pequeño.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;"&gt;Fuimos testigos de aquello todos. Todos éramos mi padre, madre, hermano y yo. No conocíamos al suicida, o supuesto suicida, pues de este caso quedan muchas dudas, y lo único que supimos de él es lo que vimos y aún así ni estamos, o estoy, seguro de lo que vimos, como una alucinación colectiva, familiar. Es posible también que sí lo conociéramos. Pasa en las ciudades pequeñas que todo el mundo se sabe de vista, como sin querer, y en una rueda de reconocimiento por la que pasaran individuos de todo el mundo sabríamos decir quién vivía en nuestra ciudad y quién no, y para ello era suficiente que lo hubiéramos visto una sola vez y ya se quedaría grabado en la mollera como conciudadano nuestro. Contaré lo que vimos sin desviarme un ápice, o lo que recuerdo que vi, porque no sé qué pueden recordar los demás. Quizá cuando los vea les pregunte si recuerdan algo, aunque es poco probable que mi hermano se acuerde de algo, quizá era demasiado pequeño, y también mi padre, que ahuyenta el pasado como si de moscas se tratara. Mi madre sí, quizá sepa de qué le hablo, y quizá sepa más que uno, que al fin de al cabo era sólo un crío de ocho años o por ahí. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp1.blogger.com/_17msOnBlLlg/SAsk3tWGCOI/AAAAAAAAAZw/MCUAnlZu0mI/s1600-h/henri_cartier_bresson800.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://bp1.blogger.com/_17msOnBlLlg/SAsk3tWGCOI/AAAAAAAAAZw/MCUAnlZu0mI/s400/henri_cartier_bresson800.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5191283534958299362" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;"&gt;Era domingo, me parece. Un día nublado, lluvioso, pero no de chaparrones. Un orvallo, que se movía en el aire como en remolinos, llevado por el viento de un lado a otro y haciendo volatines y esquivando los paraguas. La lluvia más puñetera. Quizá íbamos a alguna parte, o sólo habíamos salido a tomar el aire. El caso es que estábamos caminando todos juntos por la acera paralela al río que cruza la ciudad. Aunque la ciudad propiamente dicha está a un lado y lo que queda salvando el puente es una periferia sin apenas rastro de ciudad, a no ser el campo de fútbol, y el mercado y algunas calles que casi se salen del mapa urbano. Estábamos como a unos cien metros del puente, aunque soy muy malo para las mediciones y puede que sean doscientos o cincuenta. La única persona que estaba sobre el puente era un tipo de gabardina o abrigo negro, creo. Era un hombre en todo caso. Poco más podría jurar. Tenía un paraguas cerrado, aunque no estoy seguro que lo viera en ese momento. No había nada extraño en la escena. No era el día para pensar mirando el río, quizá, dónde la lluvia parecía revolverse con más furia, pero no vimos nada fuera de lo normal que nos hiciese pensar en lo que pasaría un minuto o menos después. Quizá aquel hombre estaba tomando su última decisión y al vernos venir a lo lejos se dejó de dudas e hizo que lo venía a hacer. Lo que quizá llevaba tiempo intentando y nunca había conseguido hacer. Fue pasar una pierna al otro lado de la barandilla, por encima, y acabar poniendo los dos pies y mirando abajo. Quizá en esos momentos todos teníamos la boca abierta. Se dio la vuelta sin dejar de agarrarse, cómo me acuerdo de ese detalle, o cómo creo acordarme, mirando de frente al río, que bajaba seguramente más revuelto y oscuro que nunca. Era, es, un río rabioso, de la mucha arena de los fondos que le han quitado, con esos remolinos que se ven a docenas desde cualquier puente y que se tragan la basura que sigue la corriente como succionada por una gran boca en el fondo. Vemos a esos papeles, condones, ramas, porquerías varias, girando locos, como si fuesen a despegar, y desaparecer en el fondo opaco. Y eso fue lo que hizo aquel hombre, que lo vimos desaparecer del puente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;"&gt;No recuerdo si uno de nosotros vio algo que otros no vieron, o si todos fuimos testigos de aquello. El caso es que dónde había un señor, en mitad del puente, ya no había nadie, en cosa de segundos, y que la única posibilidad era que aquel individuo se tirase a la poza negra que era aquel río. Corrimos al puente y encontramos un paraguas a la altura dónde había estado aquel tipo. Era un paraguas negro, grande, con la puntera afilada de metal. El paraguas estaba allí, quizá lo había dejado porque a él ya no le aprovecharía nada dónde pensaba ir y lo abandonaba para que otro le sacase partido. Es posible que también hubiese dejado una gabardina, o un abrigo, pero eso, no lo juraría tampoco, ni lo voy a poner como dato fidedigno. Aunque fidedigno no haya nada en realidad. Somos máquinas de transfigurar recuerdos, de vestirlos en las partes desnudas, de mudarlos, cambiarles la ropa de vez en cuando y presentarlos más claros de lo que eran. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;"&gt;Aparecieron unos policías, ya no sé de qué cuerpo, quizá una pequeña delegación de varios cuerpos, para pensar juntos y decidir las acciones. Y vieron el paraguas, y se lo quedaron, y preguntaron mucho, mirándonos a todos, quizá con el ojillo entrecerrado, como estudiándonos, si era verdad que habíamos visto a un tipo tirarse desde allí, sopesando si estábamos delirando en familia. Y señalaban el punto exacto que el paraguas había marcado. No recuerdo si dibujaron una cruz con tiza en el suelo, para que los buscadores de cuerpos hiciesen sus cálculos, y no recuerdo lo más importante, si al final habían encontrado un cadáver, o si tod0 había quedado así, en uno más desaparecido que podía ser o no el que se había tirado desde el puente. El único que sabía la verdad era el paraguas, y el que sabía quién era su dueño, o quien lo había sido hasta ese fatídico momento, y hasta qué razones le habían llevado a tomar esa decisión, si es que hay alguna razón para tomar una decisión así. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;"&gt;Como si hubiese una causa lógica para que eso se dé. Como si en el listado de causas y efectos ordinarios señalados para este mundo hubiese unas razones concretas o aproximadas que conducen a alguien, de forma casi irremediable, a ese resultado. Era aquel paraguas negro tan señorial y parroquiano, como de tratante de ganado, quizá aún tuviese el mango caliente, el que podría haber escrito la noticia con todo detalle. Si los paraguas escribiesen novelas ese tendría una novela con sólo que contara los episodios, con sus desdichas, de la vida de su dueño. Si el paraguas aquel pudiese contar todo lo que uno no puede contar entonces tendríamos algo más claro qué pasó en realidad y si aquel tipo tenía la intención de ahogarse o todo era una tapadera para desaparecer y empezar una nueva vida en Brasil o Venezuela u otro país más exótico y a dónde suelen ir a parar todos los suicidas fraudulentos, y todos los fraudulentos en general. Pero suponemos que al tirarse sólo quiso matarse y suponemos también que no le costaría mucho conociendo el río. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%;"&gt;Pasaron los días, pasaron los años, aquel paraguas y aquel suicida y aquel puente y aquel río, todo en conjunto y en combinación, vuelven a la neblina de la que salieron y ya está.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-5597100213909694936?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/5597100213909694936/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=5597100213909694936' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/5597100213909694936'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/5597100213909694936'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2008/04/un-paraguas-un-puente-un-ro-y-un-seor.html' title='Un paraguas, un puente, un río y un señor'/><author><name>Mabalot</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09961022077052484776</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp1.blogger.com/_17msOnBlLlg/SAsk3tWGCOI/AAAAAAAAAZw/MCUAnlZu0mI/s72-c/henri_cartier_bresson800.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-2983759348632935158</id><published>2008-04-13T10:59:00.008+02:00</published><updated>2008-04-13T14:14:39.834+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>Nada que hacer</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style=""&gt;Me lo contó él mismo. No es ese tipo de cosas que pasan de boca en boca, y que se cuentan de terceros como un hecho extraordinario. No es una historia asombrosa para una sobremesa. Incluso me lo contó como un inciso (un descanso) en una conversación sobre algo más grave. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style=""&gt;Al principio no supe qué pensar de la anécdota; quizá más que en la propia situación detallada uno veía a la persona en ella, en cómo actuó y si en aquello que me contaba y en cómo me lo contaba en­contraba algún antecedente de todo lo que le pasaría después. En aquella &lt;i style=""&gt;historia&lt;/i&gt; uno veía los rincones desconocidos del amigo, y al posterior enfermo, y al que va perdiendo pie sin saber nadar y del que ya casi no esperamos otra cosa que una confirmación en la de­rrota. Sólo después, con el tiempo, vi que aquella pequeña anéc­dota sin importancia me volvía a la memoria como una comida que no somos capaces de digerir. Y cada vez me parecía más extraña. No creo que pueda representar por escrito, ni de ninguna manera, esa emoción un poco descabellada que percibí en sus ojos y en sus gestos y en su voz cuando me lo contó. &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style=""&gt;Entendí que la cosa ocurrió hace unos diez años, quizá algo menos. Acababa de casarse. Hace poco cumplió 41 años; pues tendría 31 de aquella, o por ahí. No hacía mucho había sacado plaza de profesor de secundaria en biología. Todo le iba bien, en apariencia. Su fu­tura mujer trabajaba en un hospital psiquiátrico como psicóloga. Se llevaban muy bien. Hacía seis años que se conocían. Les espe­raba una luna de miel que llevaban tiempo preparando. Tenían dos meses para recorrer varias ciuda­des europeas; Praga, Berlín, Viena, Budapest… &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style=""&gt;En una pequeña ciudad del centro de Europa (por la que estaban de paso) visitaron un parque zoológico, mientras esperaban el si­guiente tren. El lugar era un pequeño zoológico que habían encon­trado por casualidad al perderse. No salía en la guía de viaje que llevaban y cuando entraron vieron que aquello estaba bastante aban­donado. Apenas había público, y fuera por el mucho calor o por lo poco atractivo (más bien triste) del sitio, no les extrañó. Recor­daba aquel lugar como algo bastante feo, con animales en un estado lamentable, e inquietantes, como si en realidad no fuesen lo que parecía que eran. Imagino que el aspecto de estos no sería el mejor, el que se ve en los documentales. Me dijo que algo en ellos les repug­naba, y no eran las moscas, los excrementos o la desidia en la que todos parecían sumidos. Había algo &lt;i style=""&gt;como humano &lt;/i&gt;en ellos (eso dijo exactamente, &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;recuerdo sus palabras). Reconocía tam­bién que esto podía ser una impresión que se hizo a posteriori, aunque de lo que sí es­taba seguro (e insistió en ello) era que aquel lugar y los animales les producían cierta aprensión en el momento que no sabían expli­carse. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style=""&gt;Era un día de calor y habían bebido algún refresco que pronto les bajó a la vejiga. Buscaron los servicios. Apenas había trabajadores a los que preguntar, así que recorrieron buena parte del parque antes de encontrarlos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp0.blogger.com/_17msOnBlLlg/SAH5HpT_4YI/AAAAAAAAAZo/7qy34m90HiU/s1600-h/freudbyauerbach.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://bp0.blogger.com/_17msOnBlLlg/SAH5HpT_4YI/AAAAAAAAAZo/7qy34m90HiU/s400/freudbyauerbach.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5188702155451654530" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp0.blogger.com/_17msOnBlLlg/SAHNApT_4XI/AAAAAAAAAZg/hOsMWBipLNo/s1600-h/devilsrain2.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style=""&gt;Según dijo, los servicios no tenían muy buena pinta y no había na­die. Estaban un poco apartados de la zona en teoría más transitada del recinto, como si fueran unos baños abandonados. No le hicie­ron ascos a lo que había y se separaron en la puerta. Entró en aquellos servicios a toda velocidad, desabrochándose los boto­nes. En cam­bio se acercó a las piletas y lo que debía ser blanco era de un amari­llo profundo, con mucha porquería y hasta insectos. Una guarrada. Parecía que no los usaban desde hacía años. A pesar del apuro, y antes de acercar su querido miembro a aquellos vertede­ros con forma de meadero vertical, fue puerta por puerta para entrar en un váter pero estaban todos cerrados. Le pare­ció raro, pues pensaba que no había nadie allí. La puerta del baño para minusválidos se abrió. Entró, cerró, y rápidamente em­pezó a ori­nar. Aquel baño tampoco estaba muy limpio. Mientras orinaba se fijó; sobre la tapa del váter había pelos, unos asquero­sos. Algunos eran marrones, otros blancos, y no sabía qué animal podía haber estado allí, pues no parecían de humano. Aún no había acabado de orinar cuando oyó un golpe en la puerta de afuera, como si alguien entrara cho­cando con algo. Le siguió un so­nido de ruedas chi­rriando, lentas, y unos gorjeos tan irreconocibles y salvajes que le pusieron la piel de gallina. Se quedó quieto. Ya había aca­bado, se abrochó los botones del pan­talón y sin saber muy bien por­qué se guardó de no hacer ningún ruido. Sólo se escuchaba su respiración y el sonido de lo que parecían unas ruedas sobre aquellos suelos sucios. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style=""&gt;No pasaron muchos segundos hasta que algo movió una y otra vez el manubrio de la puerta dónde él estaba, el retrete para minusváli­dos. En ese momento podía haber respondido que estaba ocupado, pero fuera por creer que no estaba en su derecho de usar un baño para minusválidos o por la desconfianza que le causaba el parque zooló­gico y los animales en concreto, o por los ruidos ciertamente extra­ños que había emitido lo que fuese que estuviera al otro lado de la puerta, el caso es que no movió ni una ceja y esperó a que el sujeto volviese por donde había venido. Claro que si tenía tantas ganas como él de orinar no se daría por vencido tan rápido, y más sabiendo que un impedido no tenía otra alternativa. Estas y otras cosas pensaba (ya casi decidido a portarse con toda la normalidad del mundo y abrir la puerta y pedir disculpas olvidando todos los temores que quizá de forma irracional se habían acumulado en su mente) cuando oyó otros gorjeos ciertamente &lt;i style=""&gt;acojonantes&lt;/i&gt;, y de origen un tanto dudoso. La puerta empezó a vibrar con la intensi­dad con la que &lt;i style=""&gt;aquello&lt;/i&gt; movía el picaporte. Y no tardaron los golpes, de una potencia desmesurada, feroz. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style=""&gt;No sabía qué hacer. Pensó en el puño que tenía que haber al otro lado de la puerta para dar semejantes golpes. Ahora tenía claro que no abriría. Miró instintivamente al techo y a su alrededor por si había alguna vía de escape. Nada. Entre la puerta y el suelo había un hueco. Se agachó cuidando de no hacer ningún ruido y vio una rueda de silla de mi­nusválido en bastante mal estado, con los neumáti­cos de bicicleta de carreras algo deshinchados y con los ra­dios visibles un poco oxidados. Se movía hacia delante y hacía atrás como si tomara impulso para los golpes. Después pensaría que quizá no eran puñetazos en la puerta sino cabezazos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style=""&gt;Lo siguiente que vio le heló la sangre: por un momento distinguió un calcetín de lana castaño con un pie pequeñísimo, o lo que tendría que ser un pie. El calcetín estaba roto en la punta y dejaba ver un unos pelos oscuros, como de animal, con una uña larguí­sima saliendo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style=""&gt;Según me dijo, en lo primero que pensó fue en buscar algo con lo que defenderse. Pero no había nada. Sólo el váter y esas barras de apoyo fijas en la pared. La puerta parecía que cedería de un mo­mento a otro debido a los golpes furiosos de &lt;i style=""&gt;aquello. &lt;/i&gt;Martín se apoyó contra la puerta para hacer contrapeso y buscó su móvil en los bolsillos de la cazadora. Justo cuando lo encontró y pulsaba la tecla de llamaba los golpes cesaron. Oyó la voz de su mujer contes­tando y el chirrido de las ruedas moviéndose hacia el fondo. Se de­tuvo pronto, seguramente a la altura de la primera o segunda pileta, que hacían esquina con el cubículo para minusválidos en el que él se encontraba. Permaneció en silen­cio; ella insistía al teléfono, sí, sí, qué pasa, ya acabé, estoy afuera esperando, ¿estás ahí? De re­pente escuchó el sonido de un chorro contra el suelo o contra una pared. &lt;i style=""&gt;Aquello&lt;/i&gt;, fuese lo que fuese, es­taba orinando. Era el mo­mento de abrir la puerta y salir corriendo. Apretó el manubrio, la otra mano en el pestillo, y al mismo tiempo accionó los dos. Abrió y con la cabeza girada hacia&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;su derecha, la zona en la que suponía estaba &lt;i style=""&gt;el peligro&lt;/i&gt;, salió pitando de aquel baño. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style=""&gt;Me contó que apenas vio nada, a no ser la parte de atrás de una silla de ruedas cochambrosa y algo encima echado de lado, sin lo­grar hacerse una idea de qué era &lt;i style=""&gt;aquello&lt;/i&gt;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style=""&gt;Al salir encontró a su mujer a unos metros de las puertas de los baños. Seguía sin haber nadie más a la vista. La obligó a correr en dirección a la salida, buscando a alguien de allí al que contarle lo que había pasado. Sólo encontraron en la puerta al fulano que vendía el ticket de entrada. Intentó explicarle lo ocurrido pero fue imposible entenderse; el hombre no sabía inglés y ellos no conoc­ían el idioma local. Salieron de allí. Él estaba bastante nervioso.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; page-break-after: avoid;"&gt;&lt;span style=""&gt;Esa noche, en el hotel de otra ciudad, le preguntó una vez más si no había oído nada, ningún golpe, mientras esperaba cerca del baño dónde a él le había ocurrido aquello. Le parecía muy improba­ble que aquel es­truendo no se hubiera escuchado fuera. Ella insistió en que no había oído nada. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style=""&gt;Fueron a otra ciudad pero no lo olvidó. Volvía al tema una y otra vez, como una intriga sin resolver que no le permitía concentrase en nada más. Acabaron discutiendo, casi por primera vez, en serio. Para ella, él exageraba algo sin importancia, e incluso llegó a dudar de que todo hubiese sucedido tal y como él lo contaba. Fue una luna de miel desastrosa. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style=""&gt;A la vuelta, poco a poco, fue dejando el asunto.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;A los tres años se separaron. Al parecer ella quería tener hijos y él no. Pero esa era la versión oficial, una simplificación. Estaba hundido. Un día lo encontraron, de madru­gada, desnudo en una calle del centro. Estuvo en el hospital unos días. No volvió a trabajar y de eso ya hace casi dos años. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;      &lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style=""&gt;Le pregunté; &lt;span style="font-style: italic;"&gt;¿qué vas a hacer ahora?&lt;/span&gt; Y me dijo: &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Ya no hay nada que hacer&lt;/span&gt;. Me quedé con esa frase, que en el momento me pareció la respuesta más natural del mundo, la más sabia. Sólo después caí en la cuenta de que no sabía a qué se refería.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: right;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span style="font-style: italic;font-size:85%;" &gt;(Santiago, Enero-2008)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-2983759348632935158?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/2983759348632935158/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=2983759348632935158' title='15 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/2983759348632935158'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/2983759348632935158'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2008/04/nada-que-hacer.html' title='Nada que hacer'/><author><name>Mabalot</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09961022077052484776</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_17msOnBlLlg/SAH5HpT_4YI/AAAAAAAAAZo/7qy34m90HiU/s72-c/freudbyauerbach.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>15</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-7824885011551480308</id><published>2008-04-07T23:44:00.002+02:00</published><updated>2010-05-13T21:00:16.069+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>Un poco de sangre</title><content type='html'>&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5186624272531889970" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp1.blogger.com/_20yJHBv1lVo/R_qXS8OunzI/AAAAAAAAAyI/gZMy1Q7VAw8/s400/Masada+Palomera+T3.jpg" border="0" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Si no se ha curado del todo, piensa Bernardo, mejor no salir. El domingo pasado el podenco se acercó más de lo debido a una cerda con crías. Bernardo se mantuvo a distancia, pero los vientos le venían al perro y tampoco hubo manera de pararlo. El animal se acercó ladrando, apenas pudo esquivar la embestida del jabalí. Bernardo disparó entonces a una de las crías. Marró el tiro, pero la cerda no se cebó con el podenco, y huyó.&lt;br /&gt;Después, en Alfambra, en la casa de sus padres, que ya solo sirve para guardar el perro y curar los jamones, Bernardo cosió al podenco con cuidado, una raja de seis centímetros de larga que por lo menos no había interesado las entrañas. Ya es la tercera dentellada que le tiene que coser. El perro tiene demasiada sangre, si le vienen los vientos no se sabe sujetar.&lt;br /&gt;Bernardo apaga los faros del jeep junto a la puerta de la casa, en lo que durante décadas fue el final del pueblo. Ahora las casas llegan hasta más allá de la piscina y más allá de la estación en ruinas, hasta el silo, en la carretera de Teruel. Cuando Bernardo era niño esa casa era nueva. Oye ladrar al podenco tras la tapia del corral, y a cuatro o cinco perros del contorno que se despiertan. Todavía es de noche. A Bernardo le gusta salir temprano de Teruel, antes de que se haga de día, y preparar el fuego para que cuando vuelva del campo se pueda estar en la cocina.&lt;br /&gt;El podenco rasca con la pata en la puerta del corral. Aunque la casa lleva muchos años deshabitada y daría lo mismo que el perro pudiera entrar, Bernardo suele cerrar mucho siempre todo, como si hubiese algo de valor o una familia errante pudiera instalarse sin su permiso. El perro está despierto y muy nervioso, caracolea entre las piernas de Bernardo mientras él comprueba si ha mermado la tolva del pienso y el agua no está helada. Dentro, en la pocilga donde duerme, encima de algunas pajas, Bernardo enfoca con la linterna y busca rastros de sangre fresca. Pero el perro parece haber cicatrizado bien. Ya sabe lo que le toca si se arranca los puntos, así que la herida está sucia de barro y de paja pero parece que no está infectada. Bernardo vuelve a rociarla con un spray cicatrizante de color violeta.&lt;br /&gt;El perro está bien. Bernardo entra en la cocina para cambiarse. Nadie de su familia va nunca por allí, pero todos le regalan para su cumpleaños alguna prenda de caza que compran en el Corte Inglés cuando bajan a Valencia y de algún modo le exigen que se las ponga. Bernardo sale del jeep disfrazado de cazador, pero entra en la cocina y cambia el Barbour por un tabardo, y las botas Geox por unas chirucas corrientes, y el chaleco enguatado verde por un jersey de lana con cremallera. Bernardo prefiere pasar por el camerino antes que encontrarse a alguien del pueblo mientras caza. Si pudiera cambiar el jeep por el cuatro latas viejo que guarda en el corral, también lo cambiaría.&lt;br /&gt;Bernardo conduce hasta un altozano desde donde se ven las faldas de los Montes de Camañas. El día nace despejado. El terreno avanza en pequeñas lomas, la carretera sube y baja por bancales en barbecho y oteros llenos de piedras. Hasta casi Sierra Palomera no se divisa el gran valle amarillo del Jiloca, todo está lleno de horizontes cercanos que se sobrepasan y se desdibujan. Bernardo conoce el terreno, pero prefiere dejar el jeep donde lo pueda ver. Saca al perro de la jaula rodante y la escopeta de la funda de cuero repujado, que cambia por una de loneta verde. También saca el almuerzo de una especie de neceser de Ralph Lauren y lo mete en el morral de cuero que llevaba su abuelo cuando era pastor, bastante cerca de allí, en las lindes de Camañas con Alfambra. Después comprueba que el jeep queda cerrado y echa a caminar, pronto se oye sólo el crujir de las botas sobre los rastrojos.&lt;br /&gt;Bernardo no espera que la mañana se dé bien o mal. La mañana es escuchar sus pasos sobre los terrones de tierra recién labrada y los cañutos de cebada seca, caminar hasta los pinos de Camañas y allí debajo fumarse un cigarro, recorrer un par de veces una ruta paseable y si sale una perdiz o un conejo apuntar y no darle casi nunca. Bernardo empezó cazando solo porque casi nunca cazaba nada, y luego, cuando aprendió las distancias y apuntaba justo al encuentro, dejó de interesarse por el hecho de cazar, pero no por el de ir de caza. Juzga las piezas antes de dispararles. Aun así, de vez en cuando, caza una perdiz despistada, o el perro le vuela una parva de codornices ante las que lo milagroso habría sido no acertar ninguna.&lt;br /&gt;El podenco suele ir a su lado, aunque a veces se adelanta y corre hasta más allá de la siguiente loma, y por unos momentos desaparece. Cuando Bernardo corona el repecho, el perro ya está allí, avanzando en círculos hasta que llegue su amo. Mientras la mañana se mantiene quieta puede soportarse el frío, pero a eso de las diez se gira un cierzo recio que desviaría los perdigones. Como no remite, y Bernardo empieza a sentir en la cara los alfilerazos de la matacabra, decide volver al pueblo cuanto antes. En vez de jornada de caza, habrá jornada de hogar. Llama al perro pero el viento también se le lleva la voz. Después de silbar en vano varias veces, Bernardo aprieta el paso hasta la siguiente loma, pero salva el repecho y el perro no aparece, ni en esa vaguada ni por las crestas blandas que se dibujan por detrás como los niños dibujan las montañas. Es posible que alguna de esas ráfagas de cierzo le haya llegado con toda la violencia del instinto y haya ido a parar otra vez al amín del jabato. Las cerdas recién paridas son muy peligrosas, aquella vez Bernardo se acercó más de lo debido, más allá de la línea del miedo, en la jurisdicción del bicho, supo el riesgo que corría pero siguió caminando, la carne de los jabatos no es jasca como la de los animales adultos.&lt;br /&gt;Es inútil seguir llamando al animal con esta ventolera. Bernardo se refugia junto a una sabina petrificada, que sin embargo creció hacia el sur, no porque buscara el sol sino empujada casi cada día por el cierzo. Tampoco es bueno que camine mucho. Lo mejor sería quedarse allí hasta que el podenco regresase, con los vientos así de cruzados es fácil que el animal se desoriente. Desde la sabina se ve la masada de Palomera. Son cuatro paredes rellenas con escombros que se hunden del tejado, Bernardo tiene muchas fotos de esa masía, casi todas hechas por la tarde, cuando el sol tiñe de naranja meloso, de un tono amarillo cadmio, tostado de bermellón, los bancales que todavía guardan sin recoger rulos de paja. Lo que más le impresionó de aquella ruina la primera vez que entró fue lo grande que era la casa y lo pequeño que era todo, las ventanas diminutas para protegerse del frío, el hogar estrecho sin respiración, o los cubiles que aún no se han desmoronado del piso de arriba, que Bernardo ve desde la escalera porque piensa que las vigas podridas y el suelo de cañizo y barro ya no podrían soportar el peso de una persona. A veces ha pensado en la posibilidad de alquilar una grúa para meterse sin peligro en aquellos dormitorios diminutos que durante el invierno sólo recibían el abrigo de las cuadras, los vahos de las bestias y de las ovejas que subían por los intersticios de las tablas, el aroma del fiemo.&lt;br /&gt;Bernardo aprieta el paso porque la matacabra está degenerando en ventisquero. Estamos a últimos de octubre. Hay un cobertizo en la pared oeste de la casa levantado con ladrillo y cubierto con vigas de madera reciente y tejas nuevas que no amenaza ruina. Si arrecia la tormenta, se puede refugiar allí sin que le caigan encima los cascotes. Bernardo intenta silbar pero el cierzo suena mucho más potente que su voz.&lt;br /&gt;La masía está en las faldas de la sierra que flanquea el valle del Jiloca, a treinta kilómetros de Teruel, encima de uno de sus últimos montículos, por los que serpentea, de este a sur, el barranco de la Cañada Seca. La sierra dibuja un entrante, una especie de ensenada fluvial en un enorme cauce vacío que sirve como abrigo de los vientos. Está muy bien situada, pero el frío y el viento en esta época del año es igual allí que en Patagallina, en la misma cresta de la sierra.&lt;br /&gt;Bernardo sube la cuesta que separa el camino de la masía. La visión de la casa se esconde y poco a poco reaparece mientras el frío y el sofoco le van cortando la piel. Nota cómo se le secan los labios y le pican y la piel es más tirante, cuando se pasa la lengua por ellos es como pasarla por una herida. Cuando sube al alto, que en realidad es una especie de era, la matacabra es una nube de humo que se arremolina y entra y sale por los muros derruidos del corral y por la puerta oscura. Pero entre el ruido de órgano de la ventisca escucha un ladrido. Bernardo asoma con cuidado la cabeza por la puerta, empieza a llover de firme y el ladrido no parece haber salido desde dentro. Vuelve a escucharse otro ladrido, que Bernardo no sabe si es ladrido o gañido, demasiado agudo, como un brote de aullido, y suena en la parte de atrás de la casa. Bernardo da la vuelta, pasa por delante del cobertizo, que está cerrado con una cadena, y se asoma por el murete del corral. Y allí ve al podenco, clavado a una hermosa perra blanca.&lt;br /&gt;Los perros ya han copulado y miran en sentidos opuestos, pero llevan unidos los cuartos traseros, el tejido cavernoso que los ata no se ha desinflado aún. Pero los perros no pueden moverse coordinadamente y les está cayendo la lluvia encima, un chaparrón con litines que arañan en la cara. La perra es más alta que el podenco y eso hace que esté como encogida, como en la posición de iniciar un salto con los cuartos traseros. Parece una perra de raza, como una galga peluda de hocico largo y acarnerado, más alta y más robusta que los galgos.&lt;br /&gt;Lo primero que siente Bernardo es un fastidio mezclado de temor. Esa perra tan rara es de caza sin ninguna duda y los dueños de las hembras son los que deciden cuándo las quieren montar. No debería representar ningún problema, también el podenco es de raza, pero hablamos de hombres que van armados. Están en mitad de una ventisca, en las faldas de un inmenso valle vacío, escondidos en el esqueleto de una casa. Los perros miran cada uno por su lado, aún están enganchados y miran como cuando saben que por detrás les va a venir un castigo, cuando acude el amo después de haberlos hecho parar con malos modos, con voz demasiado aguda, o demasiado bronca. Miran con ese no mirar al ser temido que se acerca. Y sin embargo el podenco lo llamaba.&lt;br /&gt;Bernardo se está empapando. La gorrilla de la Caja Rural que se puso en lugar del gorro Barbour está calada y el tabardo no lleva capucha. Junto a la pared no les cae toda la lluvia, pero a veces el viento se vuelve contra ellos y la lluvia estalla contra el muro. Sabe que no hay nada que hacer, ni siquiera refugiarse en el cobertizo, y mucho menos dentro de la casa. La lluvia cambia de intensidad por momentos, es una lluvia convulsiva que arrecia con la misma frecuencia que la ventolera. Bernardo decide buscar un abrigo más eficaz y dejar solos los perros, pero entonces es la perra la que ladra, un ladrido que Bernardo no sabe si es ladrido o gañido o brote de aullido, un ladrido raro que se parece a todos los ladridos pero él no ha escuchado jamás, y también aparece, ascendiendo por la cara norte de la loma, un enorme paraguas negro que camina hacia la casa contra el viento y que tapa el torso y la cabeza de la figura pero no las piernas. Son piernas de anciano que caminan firmes pero lentas, como más atentas a no caerse que a caminar deprisa. Las piernas tienen el andar trabajoso de las caderas descoyuntadas. Bernardo no ve colgando junto al muslo la culata de la escopeta.&lt;br /&gt;A pocos metros de los perros, que tirando el uno del otro se han salido hacia la era y la lluvia les está cayendo de lleno, el individuo levanta el paraguas y en efecto ve a un anciano con chaquetón de cuero negro, grandes bigotes de moco y una gorra como de marinero. De la cintura lleva colgada una liebre. Bernardo no ve asomar por ningún hombro el cañón de la escopeta. El viejo sonríe y señala a los perros y se acerca a Bernardo. Gesticula mucho pero no habla nada. Bernardo sabe por su forma de vestir y por sus gestos que es un anciano de pueblo, pero no de este pueblo. Bernardo se queda quieto al arrimo de la tapia, y el anciano hace lo posible por caminar más rápido. Llega a la altura de Bernardo y lo cubre con el paraguas y se ríe. Es una risa como todas las risas pero es una risa en otro idioma. El anciano dice &lt;em&gt;¡frío!&lt;/em&gt; varias veces y se ríe. Por la manera de decir &lt;em&gt;¡frío!&lt;/em&gt; Bernardo deduce que el anciano es eslavo. El anciano, sin dejar de reírse, con esa risa con que nos enfrentamos a la lluvia, como si fuera una tragedia divertida, se aleja de Bernardo y acude al lado de los perros, y llama desde allí a Bernardo con una palabra eslava que entre el viento suena como &lt;em&gt;pishki&lt;/em&gt;. Bernardo acude a refugiarse en el paraguas, junto a los perros que no se han terminado de soltar. El anciano acaricia la cara de la perra, la limpia de bolisas, y Bernardo se siente un poco en la obligación de hacer lo mismo, de modo que se vuelve de espaldas al anciano por un momento y se agacha sin salirse del paraguas, y al acariciar al podenco por la barriga nota que la herida está fresca, y al mirarse ve que lleva un poco de sangre en la mano.&lt;br /&gt;El anciano eslavo de largos bigotes de moco se percata. De inmediato le ofrece a Bernardo el mango del paraguas para que lo coja con la mano limpia. Se agacha y acerca sus ojos muy pequeños a la herida, con esa solicitud de las personas que no saben cómo agradar hasta que de pronto sucede algo en lo que son especialistas. Al agacharse se ha salido del paraguas, la lluvia cae sobre su espalda. Bernardo lo cubre y de la vuelta para estar los dos al mismo lado del podenco, y se agacha también un poco, y ve cómo el anciano recoge lluvia con el hueco de la mano para limpiar la sangre de la herida. De vez en cuando levanta la cabeza hacia Bernardo, parece que sonríe. Una de las veces se mete la mano en el bolsillo interior del chaquetón y saca un bote parecido al bote donde se vendía el ungüento Cañizares, de letras negras sobre fondo rojo. Es una especie de pomada marrón brillante que el viejo rebaña con un dedo y aplica en la cicatriz abierta del podenco. El perro acude a lamerse pero el olor de la pomada le repele.&lt;br /&gt;El viejo se incorpora. Quiere decir algo mientras guarda la pomada pero sólo le salen gestos y risas, amén de una palabra que Bernardo identifica como &lt;em&gt;pietsch&lt;/em&gt;. Han cedido las ventoleras. Ahora es solo lluvia fina lo que cae. La perra se inquieta y afirma en el suelo las patas traseras. El podenco no colabora, se deja incluso arrastrar y ambos salen fuera del refugio del paraguas. Bernardo y el viejo los miran porque tampoco tienen nada mejor que hacer. A unos metros, en medio de la lluvia, la perra consigue arrancarse y galopa unos metros, como si todavía le quedase viva la intención del susto, o del mismo pudor.&lt;br /&gt;Entonces Bernardo indica con un gesto al viejo que ate a la perra y vayan al coche. El gesto de atar a la perra, el de llevar el volante de un coche. Juntos bajan con sus perros por la vereda. Ya en las inmediaciones del jeep, Bernardo dice &lt;em&gt;Alfambra&lt;/em&gt; varias veces. El viejo asiente y sonríe. Pero antes de subirse al coche saca una navaja cabritera de un bolsillo del pantalón y luego descuelga el conejo que lleva en la canana. El cuchillo lo coge por el filo, como cortan el queso los pastores, y de un tajo limpio le abre la piel al conejo. Después, con señas, indica que ese conejo es para Bernardo. El viejo señala a la perra y luego el conejo y finalmente a Bernardo, y sonríe. Bernardo no sabe con qué gestos no aceptar. El viejo lo ha dado por hecho, sería un desaire, hace frío y Bernardo quiere volver a Alfambra cuanto antes. El viejo limpia la sangre en la hierba y le arranca la piel al conejo. Bernardo ve los hilos blancos de las telillas despegarse con la piel. El viejo, con el mismo cuchillo, le saca un ojo al conejo y lo sostiene para que le caigan las últimas gotas de sangre. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-7824885011551480308?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/7824885011551480308/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=7824885011551480308' title='12 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/7824885011551480308'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/7824885011551480308'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2008/04/un-poco-de-sangre.html' title='Un poco de sangre'/><author><name>Bernardinas</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13552590227953529076</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='28' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/-i8DFngFaN8A/Tu5dZWGQM2I/AAAAAAAAKsE/LM77UL7zk0Y/s220/STENCIL-SHORT.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp1.blogger.com/_20yJHBv1lVo/R_qXS8OunzI/AAAAAAAAAyI/gZMy1Q7VAw8/s72-c/Masada+Palomera+T3.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-3779693912213346245</id><published>2008-04-05T23:37:00.003+02:00</published><updated>2008-04-05T23:43:39.196+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='El enigma inexplicable de los enanos de jardín'/><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;div style="BORDER-RIGHT: windowtext 1pt solid; PADDING-RIGHT: 4pt; BORDER-TOP: windowtext 1pt solid; PADDING-LEFT: 4pt; PADDING-BOTTOM: 1pt; BORDER-LEFT: windowtext 1pt solid; PADDING-TOP: 1pt; BORDER-BOTTOM: windowtext 1pt solid; mso-element: para-border-div; mso-border-alt: solid windowtext .5pt"&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="BORDER-RIGHT: medium none; PADDING-RIGHT: 0cm; BORDER-TOP: medium none; PADDING-LEFT: 0cm; PADDING-BOTTOM: 0cm; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; BORDER-LEFT: medium none; LINE-HEIGHT: 150%; PADDING-TOP: 0cm; BORDER-BOTTOM: medium none; TEXT-ALIGN: center; tab-stops: 18.0pt; mso-border-alt: solid windowtext .5pt; mso-padding-alt: 1.0pt 4.0pt 1.0pt 4.0pt" align="center"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal"&gt;&lt;span style="FONT-FAMILY: 'Arial','sans-serif'; mso-ansi-language: ES"&gt;MANIFIESTO DEL FRENTE PARA &lt;?xml:namespace prefix = st1 ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" /&gt;&lt;st1:personname st="on" productid="LA ERRADICACIￓN DE"&gt;LA ERRADICACIÓN DE&lt;/st1:PersonName&gt; LOS &lt;span style="mso-spacerun: yes"&gt; &lt;/span&gt;ENANOS DE JARDÍN&lt;?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="BORDER-RIGHT: medium none; PADDING-RIGHT: 0cm; BORDER-TOP: medium none; PADDING-LEFT: 0cm; PADDING-BOTTOM: 0cm; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; BORDER-LEFT: medium none; LINE-HEIGHT: 150%; PADDING-TOP: 0cm; BORDER-BOTTOM: medium none; TEXT-ALIGN: center; tab-stops: 18.0pt; mso-border-alt: solid windowtext .5pt; mso-padding-alt: 1.0pt 4.0pt 1.0pt 4.0pt" align="center"&gt;&lt;span style="FONT-FAMILY: 'Arial','sans-serif'; mso-ansi-language: ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="BORDER-RIGHT: medium none; PADDING-RIGHT: 0cm; BORDER-TOP: medium none; PADDING-LEFT: 0cm; PADDING-BOTTOM: 0cm; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; BORDER-LEFT: medium none; LINE-HEIGHT: 150%; PADDING-TOP: 0cm; BORDER-BOTTOM: medium none; tab-stops: 18.0pt; mso-border-alt: solid windowtext .5pt; mso-padding-alt: 1.0pt 4.0pt 1.0pt 4.0pt"&gt;&lt;span style="FONT-FAMILY: 'Arial','sans-serif'; mso-ansi-language: ES"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;      &lt;/span&gt;Vivimos tiempos de oscuridad espiritual.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="BORDER-RIGHT: medium none; PADDING-RIGHT: 0cm; BORDER-TOP: medium none; PADDING-LEFT: 0cm; PADDING-BOTTOM: 0cm; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; BORDER-LEFT: medium none; LINE-HEIGHT: 150%; PADDING-TOP: 0cm; BORDER-BOTTOM: medium none; tab-stops: 18.0pt; mso-border-alt: solid windowtext .5pt; mso-padding-alt: 1.0pt 4.0pt 1.0pt 4.0pt"&gt;&lt;span style="FONT-FAMILY: 'Arial','sans-serif'; mso-ansi-language: ES"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;      &lt;/span&gt;Vivimos tiempos de banalidad en el arte.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="BORDER-RIGHT: medium none; PADDING-RIGHT: 0cm; BORDER-TOP: medium none; PADDING-LEFT: 0cm; PADDING-BOTTOM: 0cm; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; BORDER-LEFT: medium none; LINE-HEIGHT: 150%; PADDING-TOP: 0cm; BORDER-BOTTOM: medium none; tab-stops: 18.0pt; mso-border-alt: solid windowtext .5pt; mso-padding-alt: 1.0pt 4.0pt 1.0pt 4.0pt"&gt;&lt;span style="FONT-FAMILY: 'Arial','sans-serif'; mso-ansi-language: ES"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;      &lt;/span&gt;Vivimos tiempos de menosprecio de la sabiduría.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="BORDER-RIGHT: medium none; PADDING-RIGHT: 0cm; BORDER-TOP: medium none; PADDING-LEFT: 0cm; PADDING-BOTTOM: 0cm; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; BORDER-LEFT: medium none; LINE-HEIGHT: 150%; PADDING-TOP: 0cm; BORDER-BOTTOM: medium none; tab-stops: 18.0pt; mso-border-alt: solid windowtext .5pt; mso-padding-alt: 1.0pt 4.0pt 1.0pt 4.0pt"&gt;&lt;span style="FONT-FAMILY: 'Arial','sans-serif'; mso-ansi-language: ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="BORDER-RIGHT: medium none; PADDING-RIGHT: 0cm; BORDER-TOP: medium none; PADDING-LEFT: 0cm; PADDING-BOTTOM: 0cm; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; BORDER-LEFT: medium none; LINE-HEIGHT: 150%; PADDING-TOP: 0cm; BORDER-BOTTOM: medium none; TEXT-ALIGN: center; tab-stops: 18.0pt; mso-border-alt: solid windowtext .5pt; mso-padding-alt: 1.0pt 4.0pt 1.0pt 4.0pt" align="center"&gt;&lt;span style="FONT-FAMILY: 'Arial','sans-serif'; mso-ansi-language: ES"&gt;VIVIMOS TIEMPOS DE ENANOS DE JARDÍN&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="BORDER-RIGHT: medium none; PADDING-RIGHT: 0cm; BORDER-TOP: medium none; PADDING-LEFT: 0cm; PADDING-BOTTOM: 0cm; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; BORDER-LEFT: medium none; LINE-HEIGHT: 150%; PADDING-TOP: 0cm; BORDER-BOTTOM: medium none; TEXT-ALIGN: center; tab-stops: 18.0pt; mso-border-alt: solid windowtext .5pt; mso-padding-alt: 1.0pt 4.0pt 1.0pt 4.0pt" align="center"&gt;&lt;span style="FONT-FAMILY: 'Arial','sans-serif'; mso-ansi-language: ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="BORDER-RIGHT: medium none; PADDING-RIGHT: 0cm; BORDER-TOP: medium none; PADDING-LEFT: 0cm; PADDING-BOTTOM: 0cm; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; BORDER-LEFT: medium none; LINE-HEIGHT: 150%; PADDING-TOP: 0cm; BORDER-BOTTOM: medium none; tab-stops: 18.0pt; mso-border-alt: solid windowtext .5pt; mso-padding-alt: 1.0pt 4.0pt 1.0pt 4.0pt"&gt;&lt;span style="FONT-FAMILY: 'Arial','sans-serif'; mso-ansi-language: ES"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;      &lt;/span&gt;La oscuridad se esconde en los enanos de jardín.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="BORDER-RIGHT: medium none; PADDING-RIGHT: 0cm; BORDER-TOP: medium none; PADDING-LEFT: 0cm; PADDING-BOTTOM: 0cm; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; BORDER-LEFT: medium none; LINE-HEIGHT: 150%; PADDING-TOP: 0cm; BORDER-BOTTOM: medium none; tab-stops: 18.0pt; mso-border-alt: solid windowtext .5pt; mso-padding-alt: 1.0pt 4.0pt 1.0pt 4.0pt"&gt;&lt;span style="FONT-FAMILY: 'Arial','sans-serif'; mso-ansi-language: ES"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;      &lt;/span&gt;La banalidad tapiza nuestros jardines en forma de enano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="BORDER-RIGHT: medium none; PADDING-RIGHT: 0cm; BORDER-TOP: medium none; PADDING-LEFT: 0cm; PADDING-BOTTOM: 0cm; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; BORDER-LEFT: medium none; LINE-HEIGHT: 150%; PADDING-TOP: 0cm; BORDER-BOTTOM: medium none; tab-stops: 18.0pt; mso-border-alt: solid windowtext .5pt; mso-padding-alt: 1.0pt 4.0pt 1.0pt 4.0pt"&gt;&lt;span style="FONT-FAMILY: 'Arial','sans-serif'; mso-ansi-language: ES"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;      &lt;/span&gt;El mero hecho del enano de jardín menosprecia el concepto de sabiduría.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="BORDER-RIGHT: medium none; PADDING-RIGHT: 0cm; BORDER-TOP: medium none; PADDING-LEFT: 0cm; PADDING-BOTTOM: 0cm; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; BORDER-LEFT: medium none; LINE-HEIGHT: 150%; PADDING-TOP: 0cm; BORDER-BOTTOM: medium none; tab-stops: 18.0pt; mso-border-alt: solid windowtext .5pt; mso-padding-alt: 1.0pt 4.0pt 1.0pt 4.0pt"&gt;&lt;span style="FONT-FAMILY: 'Arial','sans-serif'; mso-ansi-language: ES"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;      &lt;/span&gt;La&lt;span style="mso-spacerun: yes"&gt;  &lt;/span&gt;verdad y la belleza huyen de los enanos de jardín.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="BORDER-RIGHT: medium none; PADDING-RIGHT: 0cm; BORDER-TOP: medium none; PADDING-LEFT: 0cm; PADDING-BOTTOM: 0cm; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; BORDER-LEFT: medium none; LINE-HEIGHT: 150%; PADDING-TOP: 0cm; BORDER-BOTTOM: medium none; tab-stops: 18.0pt; mso-border-alt: solid windowtext .5pt; mso-padding-alt: 1.0pt 4.0pt 1.0pt 4.0pt"&gt;&lt;span style="FONT-FAMILY: 'Arial','sans-serif'; mso-ansi-language: ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="BORDER-RIGHT: medium none; PADDING-RIGHT: 0cm; BORDER-TOP: medium none; PADDING-LEFT: 0cm; PADDING-BOTTOM: 0cm; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; BORDER-LEFT: medium none; LINE-HEIGHT: 150%; PADDING-TOP: 0cm; BORDER-BOTTOM: medium none; TEXT-ALIGN: center; tab-stops: 18.0pt; mso-border-alt: solid windowtext .5pt; mso-padding-alt: 1.0pt 4.0pt 1.0pt 4.0pt" align="center"&gt;&lt;span style="FONT-FAMILY: 'Arial','sans-serif'; mso-ansi-language: ES"&gt;DECIMOS NO&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="BORDER-RIGHT: medium none; PADDING-RIGHT: 0cm; BORDER-TOP: medium none; PADDING-LEFT: 0cm; PADDING-BOTTOM: 0cm; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; BORDER-LEFT: medium none; LINE-HEIGHT: 150%; PADDING-TOP: 0cm; BORDER-BOTTOM: medium none; TEXT-ALIGN: center; tab-stops: 18.0pt; mso-border-alt: solid windowtext .5pt; mso-padding-alt: 1.0pt 4.0pt 1.0pt 4.0pt" align="center"&gt;&lt;span style="FONT-FAMILY: 'Arial','sans-serif'; mso-ansi-language: ES"&gt;DECIMOS NO&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="BORDER-RIGHT: medium none; PADDING-RIGHT: 0cm; BORDER-TOP: medium none; PADDING-LEFT: 0cm; PADDING-BOTTOM: 0cm; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; BORDER-LEFT: medium none; LINE-HEIGHT: 150%; PADDING-TOP: 0cm; BORDER-BOTTOM: medium none; TEXT-ALIGN: center; tab-stops: 18.0pt; mso-border-alt: solid windowtext .5pt; mso-padding-alt: 1.0pt 4.0pt 1.0pt 4.0pt" align="center"&gt;&lt;span style="FONT-FAMILY: 'Arial','sans-serif'; mso-ansi-language: ES"&gt;DECIMOS SIEMPRE NO AL ENANO DE JARDIN&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="BORDER-RIGHT: medium none; PADDING-RIGHT: 0cm; BORDER-TOP: medium none; PADDING-LEFT: 0cm; PADDING-BOTTOM: 0cm; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; BORDER-LEFT: medium none; LINE-HEIGHT: 150%; PADDING-TOP: 0cm; BORDER-BOTTOM: medium none; TEXT-ALIGN: center; tab-stops: 18.0pt; mso-border-alt: solid windowtext .5pt; mso-padding-alt: 1.0pt 4.0pt 1.0pt 4.0pt" align="center"&gt;&lt;span style="FONT-FAMILY: 'Arial','sans-serif'; mso-ansi-language: ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="BORDER-RIGHT: medium none; PADDING-RIGHT: 0cm; BORDER-TOP: medium none; PADDING-LEFT: 0cm; PADDING-BOTTOM: 0cm; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; BORDER-LEFT: medium none; LINE-HEIGHT: 150%; PADDING-TOP: 0cm; BORDER-BOTTOM: medium none; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 18.0pt; mso-border-alt: solid windowtext .5pt; mso-padding-alt: 1.0pt 4.0pt 1.0pt 4.0pt"&gt;&lt;span style="FONT-FAMILY: 'Arial','sans-serif'; mso-ansi-language: ES"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;      &lt;/span&gt;Has sido elegido para comenzar tu liberación. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="BORDER-RIGHT: medium none; PADDING-RIGHT: 0cm; BORDER-TOP: medium none; PADDING-LEFT: 0cm; PADDING-BOTTOM: 0cm; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; BORDER-LEFT: medium none; LINE-HEIGHT: 150%; PADDING-TOP: 0cm; BORDER-BOTTOM: medium none; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 18.0pt; mso-border-alt: solid windowtext .5pt; mso-padding-alt: 1.0pt 4.0pt 1.0pt 4.0pt"&gt;&lt;span style="FONT-FAMILY: 'Arial','sans-serif'; mso-ansi-language: ES"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;      &lt;/span&gt;Tus enanos de jardín están ahora donde ya no pueden hacer más daño. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="BORDER-RIGHT: medium none; PADDING-RIGHT: 0cm; BORDER-TOP: medium none; PADDING-LEFT: 0cm; PADDING-BOTTOM: 0cm; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; BORDER-LEFT: medium none; LINE-HEIGHT: 150%; PADDING-TOP: 0cm; BORDER-BOTTOM: medium none; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 18.0pt; mso-border-alt: solid windowtext .5pt; mso-padding-alt: 1.0pt 4.0pt 1.0pt 4.0pt"&gt;&lt;span style="FONT-FAMILY: 'Arial','sans-serif'; mso-ansi-language: ES"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;      &lt;/span&gt;Pero el enano de jardín es sólo un síntoma de tu indeseable situación. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="BORDER-RIGHT: medium none; PADDING-RIGHT: 0cm; BORDER-TOP: medium none; PADDING-LEFT: 0cm; PADDING-BOTTOM: 0cm; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; BORDER-LEFT: medium none; LINE-HEIGHT: 150%; PADDING-TOP: 0cm; BORDER-BOTTOM: medium none; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 18.0pt; mso-border-alt: solid windowtext .5pt; mso-padding-alt: 1.0pt 4.0pt 1.0pt 4.0pt"&gt;&lt;span style="FONT-FAMILY: 'Arial','sans-serif'; mso-ansi-language: ES"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;      &lt;/span&gt;Sólo podrás salir de ella leyendo. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="BORDER-RIGHT: medium none; PADDING-RIGHT: 0cm; BORDER-TOP: medium none; PADDING-LEFT: 0cm; PADDING-BOTTOM: 0cm; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; BORDER-LEFT: medium none; LINE-HEIGHT: 150%; PADDING-TOP: 0cm; BORDER-BOTTOM: medium none; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 18.0pt; mso-border-alt: solid windowtext .5pt; mso-padding-alt: 1.0pt 4.0pt 1.0pt 4.0pt"&gt;&lt;span style="FONT-FAMILY: 'Arial','sans-serif'; mso-ansi-language: ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="BORDER-RIGHT: medium none; PADDING-RIGHT: 0cm; BORDER-TOP: medium none; PADDING-LEFT: 0cm; PADDING-BOTTOM: 0cm; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; BORDER-LEFT: medium none; LINE-HEIGHT: 150%; PADDING-TOP: 0cm; BORDER-BOTTOM: medium none; TEXT-ALIGN: center; tab-stops: 18.0pt; mso-border-alt: solid windowtext .5pt; mso-padding-alt: 1.0pt 4.0pt 1.0pt 4.0pt" align="center"&gt;&lt;span style="FONT-FAMILY: 'Arial','sans-serif'; mso-ansi-language: ES"&gt;LEE&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="BORDER-RIGHT: medium none; PADDING-RIGHT: 0cm; BORDER-TOP: medium none; PADDING-LEFT: 0cm; PADDING-BOTTOM: 0cm; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; BORDER-LEFT: medium none; LINE-HEIGHT: 150%; PADDING-TOP: 0cm; BORDER-BOTTOM: medium none; TEXT-ALIGN: center; tab-stops: 18.0pt; mso-border-alt: solid windowtext .5pt; mso-padding-alt: 1.0pt 4.0pt 1.0pt 4.0pt" align="center"&gt;&lt;span style="FONT-FAMILY: 'Arial','sans-serif'; mso-ansi-language: ES"&gt;LEE&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="BORDER-RIGHT: medium none; PADDING-RIGHT: 0cm; BORDER-TOP: medium none; PADDING-LEFT: 0cm; PADDING-BOTTOM: 0cm; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; BORDER-LEFT: medium none; LINE-HEIGHT: 150%; PADDING-TOP: 0cm; BORDER-BOTTOM: medium none; TEXT-ALIGN: center; tab-stops: 18.0pt; mso-border-alt: solid windowtext .5pt; mso-padding-alt: 1.0pt 4.0pt 1.0pt 4.0pt" align="center"&gt;&lt;span style="FONT-FAMILY: 'Arial','sans-serif'; mso-ansi-language: ES"&gt;LEE UN LIBRO POR CADA ENANO&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="BORDER-RIGHT: medium none; PADDING-RIGHT: 0cm; BORDER-TOP: medium none; PADDING-LEFT: 0cm; PADDING-BOTTOM: 0cm; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; BORDER-LEFT: medium none; LINE-HEIGHT: 150%; PADDING-TOP: 0cm; BORDER-BOTTOM: medium none; TEXT-ALIGN: center; tab-stops: 18.0pt; mso-border-alt: solid windowtext .5pt; mso-padding-alt: 1.0pt 4.0pt 1.0pt 4.0pt" align="center"&gt;&lt;span style="FONT-FAMILY: 'Arial','sans-serif'; mso-ansi-language: ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="BORDER-RIGHT: medium none; PADDING-RIGHT: 0cm; BORDER-TOP: medium none; PADDING-LEFT: 0cm; PADDING-BOTTOM: 0cm; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; BORDER-LEFT: medium none; LINE-HEIGHT: 150%; PADDING-TOP: 0cm; BORDER-BOTTOM: medium none; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 18.0pt; mso-border-alt: solid windowtext .5pt; mso-padding-alt: 1.0pt 4.0pt 1.0pt 4.0pt"&gt;&lt;span style="FONT-FAMILY: 'Arial','sans-serif'; mso-ansi-language: ES"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;      &lt;/span&gt;Porque si no, los pondrás de nuevo y nosotros tendremos que volver.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="BORDER-RIGHT: medium none; PADDING-RIGHT: 0cm; BORDER-TOP: medium none; PADDING-LEFT: 0cm; PADDING-BOTTOM: 0cm; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; BORDER-LEFT: medium none; LINE-HEIGHT: 150%; PADDING-TOP: 0cm; BORDER-BOTTOM: medium none; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 18.0pt; mso-border-alt: solid windowtext .5pt; mso-padding-alt: 1.0pt 4.0pt 1.0pt 4.0pt"&gt;&lt;span style="FONT-FAMILY: 'Arial','sans-serif'; mso-ansi-language: ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="BORDER-RIGHT: medium none; PADDING-RIGHT: 0cm; BORDER-TOP: medium none; PADDING-LEFT: 0cm; PADDING-BOTTOM: 0cm; MARGIN: 0cm 0cm 0pt; BORDER-LEFT: medium none; LINE-HEIGHT: 150%; PADDING-TOP: 0cm; BORDER-BOTTOM: medium none; TEXT-ALIGN: right; tab-stops: 18.0pt; mso-border-alt: solid windowtext .5pt; mso-padding-alt: 1.0pt 4.0pt 1.0pt 4.0pt" align="right"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal"&gt;&lt;span style="FONT-FAMILY: 'Arial','sans-serif'; mso-ansi-language: ES"&gt;FEEJ&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 18.0pt"&gt;&lt;span style="mso-ansi-language: ES"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 18.0pt"&gt;&lt;span style="mso-ansi-language: ES"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;***&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Habíamos llegado a Los Oteros Reales, un conjunto de calles improvisadas en mitad de un pinar. Cantaban las lechuzas en medio de una oscuridad casi total y, al sonido de los coches, comenzaron a ladrar con rabia algunos perros. Jacobo nos había dicho que era una urbanización de temporada, ocupada en invierno únicamente algunos fines de semana. Los dueños dejaban allí a los perros, a los que echaban comida de vez en vez. Olía a miseria y a miedo, como en las perreras. Pensé en Bruno, mi único perro, al que tuve que ir a rescatar de allí alguna vez. Tuvimos que sacudir a Víctor para que espabilara. “Para dejar aquí el perro, mejor no tenerlo”, dijo Laia y Víctor le contestó que no eran caniches sino perros de verdad, para cazar o guardar la casa. “Pues peor me lo pones”. Víctor la miró con una sonrisa irónica y ella le sostuvo la mirada y le espetó un “qué” desafiante. “Vale, bonita”, dijo Víctor y volviéndose a mí, me hizo un guiño, “joder, cómo estamos…”  Los demás ya se habían bajado de su coche y miraban el plano a la luz de las linternas. Fuimos hacia ellos. Las lechuzas se habían callado y un conejo pasó en zigzag muy cerca de nosotros. “Joder, qué frío -dijo Víctor-. Vamos a movernos ya, que si no me vuelvo al coche”. Esta vez se trataba de desvalijar la urbanización de una sola vez. Íbamos a hacernos con un buen botín y pensábamos celebrarlo desplegando entre los pinos una inmensa pancarta con nuestro manifiesto. Nos dividimos en parejas. Como siempre, Víctor comentó, mirando a Julián, que a él le tocaba bailar con la más fea y como siempre nos reímos. Sin embargo, ellos eran los mejores. Nadie, ni ellos mismos quizás, podía comprender la extraña química por la que un tío tan triste y tan blandito como Julián conectaba con el rey del tunning y por qué juntos funcionaban tan bien que ni siquiera hablaban para entenderse. Pero el caso es que Julián, aquejado de la verborrea trascendente de los tímidos vanidosos, únicamente se callaba cuando estaba con Víctor. Y Víctor, que solía despreciar al entorno con todas las células de su cuerpo de hortera, no decía nada en presencia de Julián sin añadir un expectante “¿eh, colega?” al que el poeta respondía con un parpadeo aquiescente.&lt;br /&gt;      La cosa estaba así: de las veintidós casas, diez tenían perros, presumiblemente sueltos. Jacobo las había señalado en el plano con una cruz roja. Comenzamos, pues, por las otras doce, cuatro por pareja, con el mismo procedimiento de siempre, salvar los diferentes cerramientos, generalmente setos de boj y tela de alambre aunque a veces había que sacar del coche las escaleras y las cuerdas. Lo demás era relativamente sencillo. La gente tenía un gusto bastante unificado en cuanto al lugar escogido para sus enanos de jardín. Solían emerger con sus farolillos de alguna mata de juníperos o trasladar su carretilla llena de macetas por un sendero de grava entre dos macizos de pensamientos o de violetas. Si el lugar contaba con estanque artificial, los enanos se congregaban en torno en variadas actitudes, a veces acompañando a algún “bambi” recostado, otras en grupos artísticos que recordaban a las Tres Gracias y, en ocasiones, había algún enano exhibicionista que, con la túnica abierta de par en par, mostraba unos exagerados atributos a la pared hacia la que le habían colocado para dar sutileza a la broma, imaginaba yo por imaginar que algo de todo aquello tenía sentido. En mitad de la noche, nuestras linternas iluminaban pedazos de jardines dormidos buscando los cabos de aquella coreografía que alguien había ideado como creador absoluto de su propio universo. Y pensaba qué poco sabemos unos de otros y también qué extrañas cosmogonías se esconden tras las personas más anodinas en apariencia. Mientras la silueta de Laia me precedía descubriendo a su paso plantas ateridas, yo intentaba imaginar los motivos por los que cada una de las personas a las que robábamos realizaban así y no de otra manera su particular puesta en escena. Recuerdo ahora, desde la distancia, aquellos jardines plantados por ignorados colonos, que tapizaban de mediocridad la aridez que cercaba a la ciudad altanera. Y en ellos, aquellos muñecos de yeso que habían sido elegidos entre las demás posibilidades probablemente por lo que evocaban de una edad perdida para siempre. Por eso su presencia convocaba todas las dejaciones que a lo largo del tiempo habían hecho sus dueños, pero también mostraba, en aquellas facciones rígidas como una caricatura de la inocencia, la tenacidad de los años cándidos asomando bajo la vida en contra. Y, pasado el tiempo y las cosas, creo comprender aquella declaración de principios temerosa pero arraigada, la cada vez más leve aspiración a ser felices torpemente disfrazada de enano de jardín.&lt;br /&gt;      Aquella noche Laia y yo trabajamos durante tres horas en medio del concierto de los perros y de una llovizna mansa que acabó poco antes del amanecer. Víctor y Julián nos esperaban con su botín en mi coche, escuchando música. Lidia llegó al poco rato ayudando a caminar a Andrés, que se había torcido un tobillo al saltar apresuradamente una valla huyendo de un perro. No había podido resistir la tentación de un enano que, en el porche de una de las casas vedadas, parecía provocarle, según nos dijo defendiéndose de la bronca de su novia. Era uno de los de Blancanieves versión Disney, el “Sabio”, con sus gafitas en la punta de la nariz y su barba de intelectual ruso. En una mano llevaba un farol, como era costumbre, pero en la otra tenía un libro abierto. Era como un apóstol, susurró Julián que ya llevaba sus dos habituales canutos de fin de fiesta, y todos menos Lidia convinimos en que tanto un tobillo torcido como la posibilidad de ser devorado por los perros eran un precio barato ante semejante hallazgo. El relato de la hazaña fue contado a dos voces discordantes. Parece ser que Andrés, fascinado por la llamada del enano apóstol, franqueó con facilidad la tela metálica que le separaba de él y recorrió el sendero hacia la casa sin más problemas que los gritos con los que Lidia le auguraba desde la calle los peores males. Sea porque esta tenía razón, como decía ella, o sea porque los propios gritos alertaron a los perros guardianes, como sostenía Andrés, el caso es que en el momento en que este estrechaba al enano contra su corazón, aparecieron por la esquina de la casa dos doverman de aspecto engañosamente somnoliento por la presteza con la que se hicieron cargo de la situación y comenzaron a correr hacia Andrés, arrugando el hocico de un modo que no admitía segundas interpretaciones. El diapasón de Lidia subió dos octavas cuando, como nos explicó dramáticamente, se vio viuda para toda la vida; y Andrés, más asustado, según dijo, por la prodigiosa capacidad canora de su compañera que por los sordos gruñidos de las bestias, voló por el sendero y salvó la valla abrazado al enano aún no se explica cómo, para caer a los pies de Lidia con los nudillos sangrantes, el hombro magullado y el tobillo torcido, y escuchar doscientas veces en un trayecto de cien metros que era un verdadero idiota y que eso a ella no se lo vuelva a hacer porque le deja plantado con los perros y se va.&lt;br /&gt;      Recuerdo ahora esa noche, una de las más memorables de nuestra memorable aventura por tres buenas razones: La pancarta con nuestro manifiesto, desplegada entre los pinos, salió en las ediciones nacionales de todos los periódicos; nuestro enano apóstol, que decidimos bautizar como Roel y no entregar a Jacobo, pasó a ser la mascota de un grupo cada vez más cohesionado. Y por Laia.&lt;br /&gt;      Cuando la llevé a su casa, cerca del río, eran las ocho de la mañana. En el maletero de mi coche se amontonaba una parte de los enanos, Roel se escondía en mi mochila y estábamos bastante eufóricos. Nos dimos un par de besos, la primera vez que la veía despedirse así de nadie, también la primera vez que sonreía como si hubiese dejado por un momento de pensar. Mientras volvía a mi casa me di cuenta de que no le había dicho en ningún momento que ya no salía con Mayte y decidí que lo dejaría caer la próxima vez.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-3779693912213346245?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/3779693912213346245/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=3779693912213346245' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/3779693912213346245'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/3779693912213346245'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2008/04/manifiesto-del-frente-para-la.html' title=''/><author><name>Luisa Cuerda</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04288427960886879377</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_intHjRGjmoc/SWuxRvrjGNI/AAAAAAAAADg/bVHQWzS3rJw/S220/D%C3%BAn+Aenghus.jpg'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-6999474639819443307</id><published>2008-04-01T15:24:00.045+02:00</published><updated>2008-04-03T22:57:56.396+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Relatos'/><title type='text'>PARÍS ERA UNA FIESTA (O NO)</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;[RELATO EN OBRAS]&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5185125525525560578" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_HKy_zSwv3es/R_VEMYjC_QI/AAAAAAAAAs4/PIB_C6jvNOI/s400/obras.jpg" border="0" /&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div align="center"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-6999474639819443307?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/6999474639819443307/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=6999474639819443307' title='20 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/6999474639819443307'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/6999474639819443307'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2008/04/pars-era-una-fiesta-o-no.html' title='PARÍS ERA UNA FIESTA (O NO)'/><author><name>conde-duque</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00408131078343703172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_HKy_zSwv3es/R_VEMYjC_QI/AAAAAAAAAs4/PIB_C6jvNOI/s72-c/obras.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>20</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-2243107137815147278</id><published>2008-03-25T18:08:00.009+01:00</published><updated>2008-03-25T18:27:11.564+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Horacio'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Rafael Reig'/><title type='text'>Horacio en España</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Por fin encuentro en la biblioteca el &lt;em&gt;Manual de literatura para caníbales&lt;/em&gt;, que llevaba bastante tiempo queriendo leer. En sus páginas Rafael Reig plantea con gran inteligencia y sentido del humor (dos marcas de la casa) algunas cuestiones básicas sobre literatura, muchas de las cuales hemos debatido aquí mismo, en el Círculo Solana.&lt;br /&gt;Os pongo este pasaje, especialmente didáctico e ilustrativo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Hacia 1970, Juan Benet se enfrentó a Isaac Montero, un escritor realista, en un debate organizado por la revista &lt;em&gt;Cuadernos para el Diálogo&lt;/em&gt;. Acabaron prácticamente a sopapo limpio.&lt;br /&gt;¿De qué discutían?&lt;br /&gt;De lo mismo que han discutido siempre los escritores: ¿qué es la literatura? ¿Cómo se hace? ¿Para qué sirve?&lt;br /&gt;La Historia de la Literatura no es más que un bestiario, un recuento de animales feroces que se devoran unos a otros. El argumento de sus depredaciones lo resumió Horacio en su &lt;em&gt;Epístola ad Pisones&lt;/em&gt;, donde afirma que un escritor tiene que tomar partido con respecto a tres cuestiones básicas:&lt;br /&gt;-&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Ars&lt;/em&gt; &lt;em&gt;versus&lt;/em&gt; &lt;em&gt;ingenium&lt;/em&gt; (arte contra genio natural)&lt;/strong&gt;: o bien la literatura es un &lt;em&gt;ars&lt;/em&gt;, algo que se puede aprender como cualquier otro oficio, con unas reglas definidas, como si se tratara de la cantería, de la electrónica o de la prestidigitación. O bien todo lo contrario: la literatura es fruto del &lt;em&gt;ingenium&lt;/em&gt;, del genio innato e individual del artista creador, de su inspiración y de su trato con las musas. En otras palabras: ¿qué es un escritor? ¿Nace o se hace? ¿Es alguien que domina un oficio, que ha llevado a cabo un aprendizaje, que conoce ciertas técnicas? ¿O es más bien un genio espontáneo y silvestre, un médium que mantiene relaciones íntimas con las musas y expresa el desorden sagrado de su espíritu, que se emulsiona (¡pssst!) y eyacula su interioridad sobre el papel?&lt;br /&gt;-&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Res&lt;/em&gt; &lt;em&gt;versus&lt;/em&gt; &lt;em&gt;verba&lt;/em&gt; (las cosas contra las palabras)&lt;/strong&gt;: ¿y cuál es el componente esencial de la obra literaria? ¿La &lt;em&gt;res&lt;/em&gt;, es decir, la cosa, el contenido, lo que dice? ¿O más bien la &lt;em&gt;verba&lt;/em&gt;, es decir, la forma, las palabras con las que lo dice? ¿Fondo o forma? ¿Es la literatura un vehículo para transmitir ideas, conceptos, visiones del mundo? ¿O se trata de un conjuro abracadabrante en el que lo fundamental es la música verbal, la construcción narrativa, el estilo literario?&lt;br /&gt;-&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Docere versus delectare &lt;/em&gt;(enseñar contra divertir)&lt;/strong&gt;: y por último, ¿para qué sirve en realidad la literatura? ¿Qué pretende? ¿Qué se propone el que escribe? ¿&lt;em&gt;Docere&lt;/em&gt;, es decir, enseñar, adoctrinar, transmitir algún mensaje? ¿O más bien &lt;em&gt;delectare&lt;/em&gt;, o sea, deleitar, provocar un placer estético? ¿El arte es transitivo o intransitivo? ¿La poesía es belleza o comunicación?&lt;br /&gt;Cualquiera respondería: "Oiga usted, ¿por qué narices tengo que elegir? ¿Es que acaso no pueden ser las dos cosas a la vez?" &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;[Es decir: el artista como el resultado de un talento natural (&lt;em&gt;ingenium&lt;/em&gt;) al que se añade el estudio y el aprendizaje de un &lt;em&gt;ars&lt;/em&gt;; la forma y el contenido como dos elementos inseparables; y la literatura cumpliendo una función social, o sea, su poquito de &lt;em&gt;docere&lt;/em&gt;, pero al mismo tiempo persiguiendo un placer estético, su ración de &lt;em&gt;delectare&lt;/em&gt;]. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;(Rafael Reig, &lt;em&gt;Manual de literatura para caníbales&lt;/em&gt;, Debate, Madrid, 2006).&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-2243107137815147278?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/2243107137815147278/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=2243107137815147278' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/2243107137815147278'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/2243107137815147278'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2008/03/horacio-en-espaa.html' title='Horacio en España'/><author><name>conde-duque</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00408131078343703172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-4622525220006056359</id><published>2008-03-06T18:54:00.022+01:00</published><updated>2008-03-07T14:30:42.552+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Baroja'/><title type='text'>Baroja y yo</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Siempre he pensado que a Baroja hay que leerlo y no alabarlo, porque pierde su valor. (Aunque esto parezca absurdo, yo sé lo que me digo). &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Baroja es para leerlo, porque Baroja es escritor. En eso consiste. Y eso es lo único importante. (Aunque esto parezca de Perogrullo, yo me entiendo).&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Y el Baroja escritor es, sobre todo, un estilo y una personalidad:&lt;br /&gt;• Su estilo -su no estilo- es admirable. Yo creo que tendría que ser obligatorio, por Ley, escribir así. El mundo sería mucho mejor.&lt;br /&gt;• Su personalidad, para mi gusto, tiene luces y sombras, como explicaré a continuación.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Nunca he comprendido la dinámica &lt;em&gt;a favor &lt;/em&gt;o &lt;em&gt;en contra &lt;/em&gt;que tanta gente tiene metida en la cabeza. Me parece absurda en cualquier ámbito, pero más si cabe en el de la literatura. Lo normal es que de un escritor nos gusten unas cosas y otras no. Que disfrutemos de unos libros más que de otros. Eso de salvar o condenar a un escritor, así, como un todo, no lo entiendo. Y con Baroja esa dinámica se ha dado –y se sigue dando– de una manera especialmente virulenta. En su figura convergen los odios más encarnizados y los amores más extremos (acríticos). O lo aborrecen o lo adoran, no sólo como escritor sino también como persona. O le insultan con verdadera saña o tratan de maquillar sus zonas más oscuras, que también las tiene.&lt;br /&gt;Vaya por delante que Baroja me encanta como escritor y, en general, me cae bien como “personaje”, aunque trataré de enumerar qué es lo que más me gusta y lo que menos. Seguro que me dejaré cosas en el tintero, pero en fin... Allá voy:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ME CAE BIEN el Baroja solitario, el paseante, el misántropo, el que dice lo que piensa sin mayor miramiento, con sinceridad y sin escrúpulos ante el qué dirán. Me encanta el Baroja que camina, observa y después describe lo que ha visto. Ése, a mi modo de ver, es el gran Baroja. El que cuenta las cosas de forma natural y directa, sin afectación. El que escribe tanto, tantísimo… y tan bien, ese que siempre será actual porque nos habla directamente, de inteligencia a inteligencia, porque en él el lenguaje no es un obstáculo, como en tantos otros, sino el instrumento esencial de la comunicación. Un medio que hace vida, que da vida. Como debe ser. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Me cae bien el Baroja que vive escribiendo, ese hombre a una pluma pegado, y que se contradice cuando quiere; el Baroja que se quita importancia; el que es un poco insolente y kamikaze; el que sabe mirar; el que pone un toque de lirismo en mitad de la estepa. He disfrutado muchísimo con el Baroja de &lt;em&gt;Las horas solitarias&lt;/em&gt;, el de las &lt;em&gt;Memorias&lt;/em&gt;, el de los viajes y paseos, el que describe gentes y paisajes, etcétera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[&lt;strong&gt;Me hace gracia &lt;/strong&gt;el Baroja cazurro, el cabezón, el cascarrabias, el que no entiende las cosas &lt;em&gt;porque no las quiere entender&lt;/em&gt;, &lt;strong&gt;pero a la vez me cabrea &lt;/strong&gt;–y mucho– el Baroja ignorante que está orgulloso de serlo, que casi presume de ello, el que va con su amargura y con sus miserias a cuestas y que lo único que quiere es imponerse; el que se niega, el que se cierra en banda… y caga su sentencia. Porque el señor Baroja caga muchas sentencias, y opina de todo sin saber, como los tertulianos de la tele. Y también me parecería estúpido negar que hay un Baroja ideológicamente muy controvertido (baste recordar el famoso título de uno de sus libros: &lt;em&gt;Judíos, comunistas y demás ralea&lt;/em&gt;).]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ME CAE MAL el Baroja pueril y ególatra, el que se da importancia, el que presume de linaje y antepasados y habla de la raza vasca y demás chorradas de paleto. El que para defenderse de los ataques que ha sufrido se sube a la parra del ridículo y fanfarronea absurdamente sobre cualquier tontería; el Baroja rencoroso y ventajista. No me gusta nada el Baroja crítico de arte ni de literatura ni de filosofía (me repatea especialmente cuando malinterpreta y utiliza de manera vergonzosa a pensadores como Nietzsche o Schopenhauer, ¡para matarlo!). El Baroja novelista a veces me aburre y a veces no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dice Mabalot que tengo una relación muy "extraña" con Baroja, y seguramente esté en lo cierto. Aunque creo que el rarito es él (Baroja), no yo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Voy a poner el ejemplo de sus &lt;em&gt;Memorias&lt;/em&gt;, que ya he dicho que me encantan. El Baroja personaje que allí aparece me hace gracia, en general me cae bien, pero no puedo obviar al Baroja escritor -y personaje “moral”- que se fabrica a sí mismo en sus &lt;em&gt;Memorias&lt;/em&gt; como si fuese un elemento más de sus novelas (del mismo modo que los personajes de sus novelas no son sino Barojas transfigurados, un poco cambiados, habitualmente mejorados). Y me resulta incómodo, porque es como estar pillando constantemente a alguien en falta. Es como si los lectores fuésemos sus confesores pero él tratase de esconder sus culpas a la vez que se confiesa, por lo que queda aún más en evidencia. No sé, me da un poco de pena... Me desconcierta ese Baroja pueril, el que llora y patalea tirado en el suelo, el que insiste una y otra vez en que nunca miente, lo que nos hace suponer -naturalmente- todo lo contrario: a saber, que es un auténtico mentiroso. Ojo: no creo que Baroja mienta por maldad o para sacar beneficio de algo, sino simplemente porque ése es su método de literaturizarse a sí mismo, al “personaje Baroja”. Y hay una permanente preocupación autodefensiva, autoexculpatoria, que resulta agotadora. Vamos, que Baroja tiene una conciencia moral -¿una psicología?- muy rarita, la verdad. O eso me parece a mí. Desde luego Freud se pondría las botas con este paciente (por ejemplo, un tema evidente es el de las mujeres...).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Baroja es muy grande. Baroja es un maestro. Baroja es el escritor que nos enseña a escribir... leyéndolo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-4622525220006056359?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/4622525220006056359/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=4622525220006056359' title='11 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/4622525220006056359'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/4622525220006056359'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2008/03/baroja-y-yo.html' title='Baroja y yo'/><author><name>conde-duque</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00408131078343703172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-6803133551164686581</id><published>2008-03-01T15:29:00.006+01:00</published><updated>2008-03-01T15:42:18.746+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Trapiello'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Galdós'/><title type='text'>El libro (antiguo)</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp0.blogger.com/_7UsJMAvRFpk/R8lpL7dGCSI/AAAAAAAAAKQ/A08Tx3UaCHA/s1600-h/IMG_6621.JPG"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://bp0.blogger.com/_7UsJMAvRFpk/R8lpL7dGCSI/AAAAAAAAAKQ/A08Tx3UaCHA/s320/IMG_6621.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5172781300670925090" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;"Un libro de viejo tiene mucho de mutilado de guerra y a un mutilado de guerra no hay que pedirle que haya sido buen o mal soldado, sino cederle los asientos del metro y un lugar en nuestra biblioteca".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Andrés Trapiello. &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Locuras sin fundamento&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;(Y mi primera edición de &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Angel Guerra,&lt;/span&gt; de Benito Pérez Galdós)&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-6803133551164686581?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/6803133551164686581/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=6803133551164686581' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/6803133551164686581'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/6803133551164686581'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2008/03/el-libro-antiguo.html' title='El libro (antiguo)'/><author><name>Teresa, la de la ventana</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00525823307781512041</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='31' height='21' src='http://4.bp.blogspot.com/-SdlREwpgDe4/Tqvj-rXctlI/AAAAAAAABhU/F0PbxbYleik/s220/arellanos_0022.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp0.blogger.com/_7UsJMAvRFpk/R8lpL7dGCSI/AAAAAAAAAKQ/A08Tx3UaCHA/s72-c/IMG_6621.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-7855087931410517549</id><published>2008-02-18T22:59:00.005+01:00</published><updated>2008-02-18T23:26:24.294+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Borges'/><title type='text'>El libro</title><content type='html'>&lt;a href="http://bp2.blogger.com/_HKy_zSwv3es/R7oCH6sTklI/AAAAAAAAApo/uGE1bV83SCI/s1600-h/borges1.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5168445857398493778" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://bp2.blogger.com/_HKy_zSwv3es/R7oCH6sTklI/AAAAAAAAApo/uGE1bV83SCI/s400/borges1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;"De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación.&lt;br /&gt;En &lt;em&gt;César y Cleopatra&lt;/em&gt; de Shaw, cuando se habla de la biblioteca de Alejandría, se dice que es la memoria de la humanidad. Eso es el libro y es algo más también, la imaginación. Porque, ¿qué es nuestro pasado sino una serie de sueños? ¿Qué diferencia puede haber entre recordar sueños y recordar el pasado? Esa es la función que realiza el libro. [...]&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Se habla de la desaparición del libro; yo creo que es imposible. Se dirá qué diferencia puede haber entre un libro y un periódico o un disco. La diferencia es que un periódico se lee para el olvido, un disco se oye asimismo para el olvido, es algo mecánico y por lo tanto frívolo. Un libro se lee para la memoria. [...]&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Si leemos un libro antiguo es como si leyéramos todo el tiempo que ha transcurrido desde el día en que fue escrito y nosotros. Por eso conviene mantener el culto del libro. [...]&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El libro es una cosa entre las cosas, un objeto entre los objetos que coexisten en las tres dimensiones, pero es también un símbolo como las ecuaciones del álgebra o las ideas generales. Podemos así equipararlo a un juego de ajedrez, que es un tablero negro y blanco y las piezas y la cifra casi infinita de maniobras posibles. También es evidente la analogía de los instrumentos de música, la del arpa que Bécquer entrevió en un ángulo del salón y cuyo silencioso mundo sonoro compararía con un ave que duerme. Tales imágenes son meras aproximaciones y sombras: el libro es harto más complejo. Los símbolos escritos son un espejo de símbolos orales, que a su vez lo son de abstracciones o de sueños o de memorias. Quizá baste dejar escrito que el libro, como el hombre que lo creó, se compone de alma y de cuerpo. De ahí el deleite múltiple que nos brinda: felicidad de la vista, del tacto y de la inteligencia. Cada cual imagina a su modo el Paraíso; yo, desde la niñez lo he concebido como una biblioteca. No como una biblioteca infinita, porque hay algo de incómodo y de enigmático en todo lo infinito, sino como una biblioteca hecha a la medida del hombre. Una biblioteca en la que siempre quedarán libros (y tal vez anaqueles) por descubrir, pero no demasiados. En suma, una biblioteca que permitiera el placer de la relectura, el sereno y fiel placer de lo clásico, y las agradables alarmas del hallazgo y de lo imprevisto".&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-7855087931410517549?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/7855087931410517549/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=7855087931410517549' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/7855087931410517549'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/7855087931410517549'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2008/02/el-libro.html' title='El libro'/><author><name>conde-duque</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00408131078343703172</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://bp2.blogger.com/_HKy_zSwv3es/R7oCH6sTklI/AAAAAAAAApo/uGE1bV83SCI/s72-c/borges1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-8058338328532411923</id><published>2008-02-10T17:02:00.000+01:00</published><updated>2008-02-10T17:05:40.158+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Textos'/><title type='text'>Sueltos</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Una tristeza viscosa empañaba sus ojos al abrirlos, y al acabar de bostezar (un bostezo largo y seco, con sus pliegues de fatiga) sonaba el despertador y lo apagaba dulcemente. El odio le había procurado sensaciones inéditas: entregaba su amor a las cosas con una paciencia infinita y dolorosa, y de repente parecía otra persona. Tanteaba en la oscuridad el despertador para acogerlo entre sus manos frías y tenerlo junto a sus pechos unos segundos, y pensaba que así sería de haber tenido un hijo y así sería de haberlo tenido sano y bien. Luego, al apoyar los pies en el suelo, brotaba de ella un equilibrio antes no asumido. Era el día que avanzaba, aún en la noche, y ella paseaba por el pasillo envuelta en nostalgias y tristezas inacabables, buscando entre lágrimas una cómoda, un sillón al que abrazarse y con el que gemir a través del espanto. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La escuchaba ir y venir alrededor de las siete de la madrugada en aquel piso de muebles antiguos que su padre le había dejado en Curros Enríquez. Como todas las rutinas, no podía precisar en qué momento comenzó, ni si entonces hubo conmoción por la ferocidad de la estampa. La tortura no tardaba un segundo: ella sollozaba en silencio y caminaba dando pasitos inútiles por la madera fría de aquel invierno, y desde ese momento ya no había forma de volver atrás, incluso al sueño: alguien había abierto las puertas del infierno. Todo era temible, desde un portero martilleando un cigarro en la puerta hasta el bullicio del palomar al mediodía. Incluso su imagen reflejada en el espejo: el verse despedazada día a día por una imagen vagamente cercana a su madre. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;En el baño se recogía el pelo con tristeza, ahuyentado moscas, y acercaba sus rasgos a sus propios rasgos. Todavía se le acumulaban las legañas junto a los ojos (azules, plateados) y sus pómulos permanecían fuera de foco, punzantes y oscuros. Tenía la nariz corta y chata, y los labios inmóviles hinchados por el sueño. No era bella, pero tampoco el monstruo que pretendía. Gesticuló varias veces y movió la cabeza. Volvió a separar el pelo de la frente con las manos, como un océano partiéndose a la mitad, y tuvo de nuevo enfrente aquel rostro lejano que había ocultado media vida secuestrado por el pánico y la vergüenza. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El odio se repartía no en esas oscuras rutinas, no en ese desentendimiento progresivo de lo cotidiano, no en los días iguales como paletadas de tierra ni en el aire infesto de pantano que recubría la vida, sino en el odio mismo, alimentándose como un Cronos que va devorando a sus hijos bajo una férrea disciplina matriuska: un odio cada vez más grande comiéndose al anterior, y así y así y así, a menudo día a día. Si uno prestaba atención hasta podía escucharlo dentro, como una tenia brutal, arrastrándose por los confines del cuerpo. Era el odio de ella, y también era el odio de él, más joven y por eso más furioso. Y peor aún: no era un odio que tuviese una causa justa y un destino concreto. Era un odio inútil, terrible. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando pasaban diez minutos escuchaba el ruido del agua cayendo en el suelo de la ducha. “Se está lavando con rabia, frotándose la esponja contra la piel como si se la frotase contra la culpa, y al salir tendrá el cuerpo cruzado de marcas rojas y en algún lugar se habrá hecho sangre. Como es tarde se vestirá a toda prisa con cualquier ropa, casi sin mirarla al meter la mano en el armario, y luego escucharé el portazo y sus pasos en la escalera bajando a toda prisa. Al salir a la calle hará frío, y será de noche. Si en ese momento, sola en la calle y abrigada con un chal negro sobre el abrigo, quizás con el gorro de lana blanco y los guantes viejos herencia de alguna amiga, nota el aliento de alguien en su espalda y siente que la tocan, que la violentan o peor aún, le dirigen la palabra entre gritos y amenazas, ella lo matará. Con sus propias manos. De forma brutal, en apenas dos o tres segundos. Eso es el odio”. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-8058338328532411923?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/8058338328532411923/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=8058338328532411923' title='12 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/8058338328532411923'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/8058338328532411923'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2008/02/sueltos.html' title='Sueltos'/><author><name>M.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07745354048030006773</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-3722744877501938884</id><published>2008-02-06T10:59:00.000+01:00</published><updated>2008-02-06T11:01:58.496+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Otro mundo es posible'/><title type='text'>ELOGIO DE LAS CIUDADES PEQUEÑAS</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo las ciudades pequeñas pueden ser la imagen del universo. Porque sólo las ciudades pequeñas caben abrazadas en un sueño, en una almohada, abarcadas por un solo recuerdo, rememoradas por una calle, un escaparate, una tienda de sombreros, una glorieta o una única piedra. Porque sólo ellas devuelven con eco las pisadas solitarias en la noche y retornan endomingadas cada mañana de primavera. Sólo las ciudades pequeñas entran en una maleta. Y cuando las abandonas, después de haber vivido durante años en ellas, te parece que aquellos años fueron una vida entera y que ya no eres el mismo ahora que viajas por otras ciudades, sino una hormiga trasteando por el infinito o una mota de polvo en medio del desierto.&lt;br /&gt;Todo cabe en las ciudades pequeñas, que son el universo de confines familiares y cotidianos. Los pobres a dos vueltas de manzana y los ricos tomando el vermú en la mesa de al lado, en la terraza de la plaza, donde  también rondan los pobres, aunque no tengan para vermú ni para pan tierno ni para sentir vergüenza siquiera del hambre, de la ropa vieja y la escarcha en la madrugada. Todo tan a mano; las almas arracimadas a lo largo del tiempo como si hubieran nacido de una única hornada.&lt;br /&gt;En las ciudades pequeñas el cielo no es el mismo que en el resto de la tierra; donde acaba la ciudad se termina el firmamento. Las estrellas que alumbran el tejado de la catedral –ni muy antigua ni demasiado soberbia- no son las mismas que lucen multitudinariamente en la metrópoli; porque la pequeña ciudad no tiene una catedral grandiosa ni imponentes palacios, pero duerme bajo sus estrellas particulares, y a la sombra de su propia luna sueñan los vecinos como niños acunados en el regazo de una madre.&lt;br /&gt;En las ciudades pequeñas la fraternidad y la envidia, el odio y el amor son el mismo viento que igual sopla para el norte que para el sur, de este a oeste y a la inversa, y atrapa al huraño oteando el bullicio del parque desde detrás de una ventana y a tres mujeres murmurando junto al mercado y a un escuadrón de niños persiguiéndose entre los árboles y a un anciano roncando en un banco de madera, a todos en el centro de la tolvanera de sentimientos que se mezclan y se posan en los corazones como sedimentos de río. Los ciudadanos de las pequeñas ciudades encuentran que los periódicos y los noticiarios de televisión hablan de sucesos de otros planetas que a ellos en nada les afectan. Porque no puede conmover la política de la corte ni las guerras lejanas al que sabe de la adolescente que ha parido un hijo del que se desconoce el padre, del concejal que se emborracha como una cuba en el bar de la estación o del oficinista que fulminó un infarto al salir de su casa. Aquí cada barrio es un continente, cada edificio una patria y cada familia una estirpe.&lt;br /&gt;En las ciudades pequeñas la soledad es un anhelo o una condena; los otros acechan. Y allá donde alcance tu vista, un semejante te estará mirando al mismo tiempo que lo miras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ricardo Rodríguez&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6292873503205988758-3722744877501938884?l=nietos-de-solana.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/feeds/3722744877501938884/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6292873503205988758&amp;postID=3722744877501938884' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/3722744877501938884'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6292873503205988758/posts/default/3722744877501938884'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://nietos-de-solana.blogspot.com/2008/02/elogio-de-las-ciudades-pequeas.html' title='ELOGIO DE LAS CIUDADES PEQUEÑAS'/><author><name>Luisa Cuerda</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04288427960886879377</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://3.bp.blogspot.com/_intHjRGjmoc/SWuxRvrjGNI/AAAAAAAAADg/bVHQWzS3rJw/S220/D%C3%BAn+Aenghus.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6292873503205988758.post-8197821117182081975</id><published>2008-02-05T14:37:00.000+01:00</published><updated>2008-02-05T14:50:11.337+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Arte'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Conan Doyle'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Lógica'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Sensacionalismo'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Sherlock Holmes'/><title type='text'>La aventura de la finca de Cooper Beeches</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Sherlock Holmes, dejando a un lado la página de anuncios del Daily Telegraph, hizo el siguiente comentario: &lt;/div&gt;&lt;div 
