7/10/08

En aquel tiempo salía "El As"

En aquel tiempo salía el "As". El "As" era un periódico deportivo, de papel basto y titulares agresivos plagados de signos de admiración. En primera plana, la instantánea de un futbolista de robustas rodillas chorreando sudor.
El "As" salía los lunes y era el anuncio de que comenzaba una nueva semana. Aún no era de día cuando en la esquina de la churrería, Lucio el topo se apostaba, se afianzaba en sus dos piernas, sacaba pecho y voceaba inmisericorde:
-¡¡¡Ha salido el "Aaaaaaaas"!!!
En respuesta al vocerío, Lope el borracho salía de la pensión de la Mucho y Bueno, que volcaba sus abundancias asomada a la ventana, sacudiendo las alfombras; Matiucas, el de la Mari la pescadera, arrimaba la furgoneta a la pescadería de su madre y empezaba a descargar las barras de hielo y los helechos. Eusebio el rápido abría el taller después de orinar en el patio de atrás, y comenzaba a la vez sus muecas y el arreglo de las primeras medias suelas del día.
Y comenzaba a formarse, en la puerta de la churrería, la cola de las mujeres con el monedero en la mano.
En aquel tiempo se desayunaban churros y porras mojados en el café con leche; y las neveras eran de hielo, que repartía Matiucas por las casas, barras de hielo que refulgían como diamantes y se deshacían en esquirlas cuando Matiucas las partía con un martillo y un punzón. Los niños cogían las esquirlas del suelo para chuparlas; las madres, si los veían, se las quitaban y les daban una torta en la boca y un azote en el culo.
A las ocho salían los últimos tractores camino de las eras, y los hombres que esperaban el coche de línea en el bar de Polo pedían un Chinchón para matar el gusanillo y se cruzaban a la esquina de la churrería para comprarle el "As" a Lucio el topo. Lucio les miraba por encima de sus gruesas lentes y rebuscaba el cambio con sus manos eternamente sucias dentro del bolsillo de cuero que llevaba atado a la cintura. Después se acomodaba el pitillo en la comisura de los labios, y volvía a gritar desatentado:
-¡¡¡Ha salido el "Aaaaaaaas"!!!
A las nueve se abría la escuela y Don Florián, el maestro, salía de su domicilio y cruzaba el patio de recreo para abrir las aulas. Por entonces entraba en la churrería la Heli, a buscar los churros de los señores, y Lucio el topo se la comía con los ojos detrás de sus lentes legañosos.
-¡¡¡Ha salido el "Aaaaaaaas"!!! -bramaba como ciervo en celo casi al oído de la chica.
Y la Heli, muy tiesa, agarrando altivamente el junquillo con los churros, sacudía los hombros despectivamente y murmuraba: "Qué tío más asqueroso".
En aquel tiempo, en el que sólo se descansaba el domingo, el lunes era la puerta del desierto, el inicio del tubo, el comienzo de una nueva eternidad. Fidel, el cura nuevo, cruzaba la calle con pasos presurosos, encendiendo un cigarrillo con sus manos nerviosas, y le compraba el "As" a Lucio el topo después de decirle: "Menuda chavala", señalando con la barbilla a la Heli que se alejaba. Doña Luisa salía de la iglesia guardando en el bolso su velo de blonda y saludando a diestro y siniestro. La Celsa terminaba de limpiar los higaditos de pollo, y los niños cantaban los ríos de España balanceando las piernas por debajo del pupitre.
Luego llegaba el correo, comenzaba a oler a comida; en la radio, una voz declamaba que el Ángel del Señor anunció a María, interrumpiendo una canción en inglés, y las madres cortaban chistando los reniegos de las hijas. A la una, Lucio el topo doblaba el último “As” que le quedaba y se marchaba a leerlo al bar de Polo donde ya la Celsa, al verlo cruzar la calle, comenzaba a servirle el menú en su mesa de siempre.
Lope el borracho se despedía con un gesto vago y subía trotandillo a la pensión de la Mucho y Bueno; los niños se desparramaban por las calles del pueblo, y Doña Luisa, suspirando, servía la sopa en el comedor de la luz siempre encendida, diciendo: “Un día más...”.
En aquel tiempo, en el que el hielo se vendía en pedazos, las mujeres hacían cola para comprar los churros del desayuno y los periódicos se voceaban en las esquinas, el "As" de Lucio el topo era la primera señal de que, después del sopor del domingo, la vida continuaba.


5 comentarios:

A. C. dijo...

Y el martes salía algo todavía más alucinante, el AS color, con la biografía por entregas de Paulino Uzcudun. Grandes fotos en color pasaban revista a la jornada y abundaban los titulares del tipo "Las tornas han cambiado y el temor ha vuelto a San Mamés", con una epicidad bien peinada, pelín rancia. Cuando todos dicen haber leído a Emilio Salgari yo leía la biografía de Paulino Uzcudun. Así me va.
Me gusta este sostenido describir, funciona muy bien.

dunna dijo...

Sólo un comentario para expresar, desde mi corta edad, una gran admiración hacia ustedes y este blog, que tuve la suerte de encontrar por casualidad, un día como hoy, y que me permitió alejarme un ratito del trabajo incesante de la universidad. Disfruté mucho leyendo sus entradas, así como sus comentarios. Y ya me sentiría afortunada si algún día llegase a pensar por mi misma del mismo modo como aquí se exponen y analizan las estupendas obras y fragmentos que introducen, entre otros varios asuntos. Felicitarles por la idea y animarles para que sigan escribiendo y exponiendo sus escritos y “encuentros” en este blog. Un beso

Anónimo dijo...

Muchas gracias, Marta. Creo que todos nos hemos sentido igual de contentos al leer tu comentario (muy generoso, por otra parte). Un beso para ti.

Gracias, bernardinas. Yo en cambio no leía el As, me horrorizaba el fútbol, llamado a veces balonpie, con esa voz de NODO que me horrorizaba más todavía. Y el boxeo me parecía una barbaridad, a pesar de lo mucho que le gustaba a mi abuela, con quien seguramente habrías podido hablar extensamente de Paulino Uzcudun. Por entonces no tenía ni idea de que andando el tiempo el boxeo iba a gustarme tanto a mí también. Para entonces mi abuela ya había muerto. Nunca sabré qué le hubiera parecido, de vivir, verme con guantes y protector dental, o escupiendo en un cubo los buches de agua que mis compañeros y yo nos echábamos al coleto en los descansos del entrenamiento. Ella pensaba que el boxeo es cosa de hombres, pero las abuelas son seres extraños, capaces de todo por sus nietas. Y cambiar sus códigos es lo mínimo que suelen hacer...

La independiente dijo...

Hola Luisa,
A mí también me gusta el tono sostenido que estás consiguiendo en estas entradas. Un caso de ajuste entre la forma y el fondo que creo que es muy difícil de conseguir.

Ahora, a mí ese tiempo me pone un poco triste. Era todo tan pardo...

Un saludo,
X.

Anónimo dijo...

Sí que era pardo, sí, pero por desgracia no era sólo "ese tiempo". Ahora mismo siguen siendo pardos muchos sitios (por ejemplo, la Castilla y León que yo conozco, a pesar de los colorines postizos que la colocan con el dinero de todos). Estas crónicas son en parte recuerdos de mis ocho o diez años, los veranos que pasaba en el pueblo de mi abuela, un lugar cercano a Madrid que ya no existe tal y como yo lo conocí. Con el tiempo llegué a pensar que, como Madrid había evolucionado, también el resto de España estaba igual. Tuve que venir aquí para darme cuenta de que lo pardo subyace a las subvenciones (que lo transforman en algo aún más horrendo) y a los pueblos disfrazados de verano que ven los visitantes en vacaciones.
Pero eso es otra historia.

Gracias Xavie, y un saludo.