16/1/08

El narrador oculto


Se supone que hay un narrador dentro de nosotros, ahí encerrado el pobre, un esclavo al que ponemos a escribir. Ha de tomar nota de todo y no puede descansar nunca, que para eso está. Se supone que él hace su trabajo en silencio sin molestarnos mucho cuando salimos por ahí. Todo esto es en teoría, porque en realidad no deja de tocarnos las pelotas como si en lugar de un narrador llevásemos un perro hambriento que ve huesos en todas partes.

Al llegar a casa lo sacamos del armario como quien dice y lo ponemos delante del ordenador, o lo que es lo mismo, ponemos la oreja a ver si lo escuchamos y qué es lo que nos tiene que decir. A ver, hoy qué... Pasa a veces que no nos dice nada. Está como muerto. ¿Habrá fallecido el narrador que llevamos dentro? Siempre pensamos lo mismo, y no es que haya fallecido, es que es muy cabrón y muy chulo y no quiere dejarse aconsejar ni guiar por una mano experta, aunque el experto sea él en realidad. Se hace el muerto. Basta que uno le imponga algo para que el tío se niegue en redondo a soltar unas frases de verdad. Y no solo eso; si, hartos, nos ponemos nosotros a la tarea aparece siempre para burlarse de lo que hacemos, razonándolo todo demasiado y destrozándonos los párrafos que hayamos acometido solos. El narrador, que debe ser mala persona, sabe lo que necesitamos y nos tiene cogidos por el saco testicular. Lo último que haría en su jodida vida de narrador sería dejarse aconsejar. Antes muerto que aconsejado. Uno se sienta para cumplir con sus tareas, autoimpuestas o no, y le dice, sin decir nada (no es necesario dialogar con nuestro narrador, con el pensamiento es suficiente), que quiere esto o lo otro, pero el tipo se resiste. No hay manera de indicarle por dónde queremos ir, pues él siempre irá por otro camino, aunque solo sea por llevar la contraria.

El narrador es así. Qué a gusto nos quedaríamos a veces si pudiéramos darle unas leches o mandarlo al cuerno y contratar a otro. Y es que tampoco hay forma de deshacerse de él. Ya son algunos años conviviendo con este sujeto y ya sabemos a lo que atenernos. Si le da uno la espalda y dice; a la mierda, a partir de hoy no vas a escribir ni una puñetera reclamación en una tienda de todoacien, a ver si explotas. Voy a hacer como que no existes. Pero es inmune a las amenazas, y además, un maestro en minar la paciencia de uno, pues según va pasando el tiempo sin que le hagan caso, se hace notar cada vez más, perturbándonos con sus locuras en los lugares más insospechados y comiéndonos el tarro a cada momento como si fuésemos unos esquizofrénicos que oyen voces amenazadoras que les dan mucho la vara y no les dejan vivir en paz. Nos vuelve irritables e impacientes y acaba uno solo deseando una cosa; un papel, un lápiz y un momento tranquilo, para librarnos del desgraciado que vive como un parásito en nuestro cuerpo. Acaba ganando él, y ya puede uno conformarse con lo que hay, pero así a todo es difícil ponerse de acuerdo con él. Hay que dejarlo en paz, no pedirle nada, no ser muy exigente ni obligarlo de malos modos a hacer esto u aquello, porque se negará y no sacaremos nada en limpio, ni en sucio.

Pasado el tiempo, la relación con nuestro narrador es parecida a uno de esos matrimonios mayores que se soportan con paciencia y un algo de resignación. Ni se quieren ni se dejan de querer; les une algo que no comprenden ni ganas que tienen de comprender. Están juntos porque así son las cosas, ni buenas ni malas; las cosas son como son. Se tienen el uno al otro.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué buen texto y qué buena foto.Muy consolador ver que no me pasa a mí sola. De todas formas, y aunque siempre he dicho que la buena escritura trasciende los géneros, la relación con mi narradora es más amable, más "de chicas", tal vez porque no tenemos saco testicular de dónde agarrarnos. Ella sabe muchísimo más que yo de escribir y tiene intuiciones que yo no tengo. Y yo le llevo unos cuantos años de madurez vital aunque la distancia entre nuestras edades se va acortando. Hay veces que nos fundimos totalmente y entonces, la relación es con los personajes, que esos sí que hacen lo que les da la gana. Esas veces, si es muy tarde y hay sueño, escribimos cosas que, a la mañana siguiente me deslumbran no sólo por buenas sino por desconocidas. Leí no se dónde que eso es el estado de "flujo" de todos los creadores. A mí me gusta llamarlo estado de Gracia.

Mabalot dijo...

Bueno, quizá me he puesto un poco dramático, un poco macho. Será porque escribir sobre escribir suele ser siempre un poco coñazo, y sobre todo para el que lee meterse en esos berenjenales.

Un saludo.

conde-duque dijo...

Muy bueno, Mabalot.
Yo todavía no he conocido a mi narrador oculto. No nos han presentado. ¿Dónde estará el hijoputa? Me tiene desasistido...

Por cierto, ayer invité a Teresa (http://desdemiventanaversiondospuntocero.blogspot.com/) a unirse a nuestro Círculo, si os parece bien. Se me ocurrió cuando leí en uno de sus comentarios este párrafo genial:
"Porque los mejores días de niebla son esos en los que vas andando a los sitios y parece que estás sola en el mundo, porque hasta los edificios parecen haber desaparecido. Hasta que de pronto surge andando por entre la bruma otro solitario. No le has oído llegar, las nubes amortiguan el sonido. Todo es tan irreal que no podría ser más real..."
Y después vi en su perfil que entre sus obras preferidas estaban "Fortunata y Jacinta", "El Quijote" y "Salón de pasos perdidos". Y, claro, como sé sumar dos más dos (¿son cuatro, no?), me dije: "Ya está, una de las nuestras".
Mabalot, me parece que tú eres el único que puede hacer las gestiones burocráticas.

Anónimo dijo...

Tiene toda la pinta de ser un buen fichaje, Conde.

Mabalot dijo...

Ya está invitada formalmente. Y ahora vosotros también sois administradores; acabo de ver que se permite otorgar privilegios de administrador, y los cuatro somos administradores...

Este es nuestro salón de pasos perdidos y encontrados...

Está muy bien el fichaje, ya casi somos una secta.

La de la ventana dijo...

Muchas gracias. No sé qué decir, pero se supone que tendré que decir algo ¿no? No me había visto en otra en mi vida, que conste. ¿Hay que prometer o jurar por el espíritu de Gutiérrez Solana durante el acto de investidura como miembro del Círculo? ¿O bastará con un post de ingreso?

Mabalot dijo...

Hola Teresa, bienvenida. Estaría bien lo de jurar y tal, pero con que te pongas al día, si hiciese falta, con alguno de sus libros, ya sería suficiente. Solana era más de maldecir, sin muchas formalidades.

Y con un post nos conformamos por ahora. Sobra decir que estás en tu casa y qué escribas de lo que te venga en gana.

Un saludo.

A. C. dijo...

Eso, eso, un discurso de ingreso, por favor.

conde-duque dijo...

Qué bien.
Además así CASI cumplimos con la ley de paridad. A ver si nos cae una suculenta subvención de esas que da el Ministerio...
(Y dejaros ya de cachondeítos, que esto del Círculo Solana es muy serio, coño).
Por cierto, muy chulos los dibujitos de herramientas que aparecen a la derecha (¡ya somos administradores!). Es la primera vez que soy administrador de algo...
Y Teresa, como ha dicho Mabalot, puedes escribir lo que te dé la gana.
Ahora, como no nos guste, te vamos a buscar a tu casa y te hacemos sufrir el castigo supremo: leerse de un tirón las obras completas de Juan Manuel de Prada.

Mabalot dijo...

Ese castigo es malo, quiero decir, pensado por un ruin, un malo de esos de cómic que cavilan suplicios terribles...