27/5/10

La carta


El sobre le esperaba sobre la mesa, encima de la pila de la correspondencia que su secretaría había dejado como cada día, al lado de la impresora, junto con un montón de facturas, recibos bancarios y folletos de publicidad. La carta destacaba entre las demás por su color tostado y por una caligrafía que hubiese reconocido entre miles de páginas manuscritas por miles de manos.

Nunca quiso guardar sus cartas. Ni las que recibía de ella, ni las que él enviaba, cuando se trataba de correo electrónico. Sus mensajes, los de los dos, estaban a buen recaudo en un lugar donde incluso cuando el papel se pudre y los bites se volatilizan, las palabras permanecen. Y lo hacen para siempre. O al menos, mientras él viviera. Eso era para siempre. Su ahora. “La eternidad es ahora”, le dijo ella un día. En ese instante descubrió de golpe y en su justa medida el valor del ahora. Y le asustó lo efímera que puede ser la eternidad.

Pero el sobre estaba ahí. Esperándole. Palpable y real. Sobre la mesa de su despacho, donde tantos otros se amontonaban cada día. Diciéndole “Ábreme. Soy tuyo”.

Supo que nada volvería a ser lo mismo si rasgaba la solapa de papel color mostaza, donde no aparecía el nombre del remitente, ni falta que hacía. Fue consciente de que estaba dando un paso que no permitía ser desandado…

No le importó.

4 comentarios:

Bernardinas dijo...

Me faltan datos para disfrutar del cuento. Tengo la sensación de que el sobre es un símbolo demasiado ambiguo, y eso creo que me impide terminar de entenderlo. Algo ha pasado que se me escapa, o que debo reconstruir la historia más allá de lo que el narrador sabe y no ha dicho. O es mi propia condición espesa. Y el caso es que lo he leído unas cuantas veces porque me atrae lo mismo que me disgusta, el no saber, buscar debajo del montón de papeles o en el hecho de que los mensajes puedan destruirse, no sé.

Teresa, la de la ventana dijo...

Bueno, Antonio, ésa era justamente la idea. Crear una sensación lo suficientemente ambigua para que el lector no sepa exactamente qué demonios puede haber en el sobre para que sea tan determinante, tan definitivo.

A lo mejor me he pasado un poco... Jajajajjaa...

Luissiana Naranjo dijo...

Me gusta la idea de paradoja y duda en la literatura. Saludos, me encanta su post!

Teresa, la de la ventana dijo...

Muchas gracias, Luissiana.