9/10/07

UNA RIÑA EN LA PRADERA

"...Una peripecia nos detuvo unos breves instantes. Fue una pelea de mujerotas. Pelea muy rara: por lo regular, estas riñas van acompañadas de vociferaciones, de chillidos, de injurias, y aquí no hubo nada de eso. Eran dos mozas: una que tostaba grabanzos en una sartén puesta sobre una hornilla; otra, que pasó y con las sayas derribó el artilugio. Jamás he visto en rostro humano expresión de ferocidad como el que adquirió el de la tostadora. Más pronta que el rayo, recogió del suelo la sartén, y echándose a modo de irritada tigresa sobre la autora del desaguisado, le dio con el filo en mitad de la cara. La agredida se volvió sin exhalar un ay, corriéndole de la ceja a la mejilla un hilo de sangre; y trincando a su enemiga por el moño, del primer arrechucho le arrancó un buen mechón, mientras le clavaba en el pescuezo las uñas de la mano izquierda: cayeron a tierra las dos amazonas, rodando entre trébedes, hornillas y cazos; se formó alrededor corro de mirones, sin que nadie pensase en separarlas, y ellas seguían luchando, calladas y pálidas como muertas, una con la oreja rasgada ya, otra con la sien toda ensangrentada y un ojo medio saltado de un puñetazo. Los soldados se reían a carcajadas y les decían requiebros indecentes, en tanto que se despedazaban las infelices. Advertí por un instante que se me quitaba el mareo a fuerza de repugnancia y lástima: me acordé de mi paisano Pardo y de aquello del salvajismo y la barbarie española..."
Emilia Pardo Bazán, Insolación

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Aquí tenéis un trozo de Doña Emilia. Lo he copiado de su novela "Insolación", una obra menor que, sin embargo, guarda algunos párrafos magníficos y unos diálogos muy interesantes en los que la Pardo Bazán pone en solfa la moral sexual de la época por el bonito método de ensalzarla. El libro puede parecer una novelita rosa entre una viuda aún joven y poco dada a habladurías y un guaperas bastante cargante que, sin embargo o tal vez por eso, la pone en el disparadero de conocerse a sí misma. Una lectura más atenta nos habla también de cómo la pasión, por vulgar que sea, puede ampliar nuestros límites y hacernos crecer.Doña Emilia, que le dedica esta novela a Lázaro Galdiano, una de sus "víctimas" preferidas, lo sabía muy bien.

Anónimo dijo...

La pelea que relata el párrafo se desarrolla en la pradera de San Isidro, el día de la romería. Me parece un cuadro digno de Solana, por eso lo he elegido.

Mabalot dijo...

Digno de Solana, cierto, Luisa.

Abre el apetito, no de pelea (quizá también), sino de volver a leer a la Bazán. Sale de rebote últimamente en los periódicos por el asunto ese del Pazo de Meirás, de la familia Franco, y que había sido levantado por doña Emilia.

conde-duque dijo...

Qué bueno... Solanesco total.
Vamos, ahora mismo voy a rebuscar en las pilas de libros a por una Bazán... La noche promete ser larga.

conde-duque dijo...

Ah, Mabalot! Han quedado bien las fotos, ¿no?
Ay, si Kate Moss escribiera... Y parecía una escuchimizada la tía, eh...

Portarosa dijo...

Joder...

Anónimo dijo...

Ostras, Luchilla, entre la escena carpetovetónica y lo del bigote, creo que voy a tener pesadillas esta noche. De hecho, el Pazo de Meirás -por su lista de inquilinos- no tiene nada que envidiarle al Castillo de Bran, más conocido como el Castillo de Drácula (conde como Doña Emilia) en Transilvania. Me leí *Los pazos de Ulloa* cuando yo leía novelas. Muy buena me pareció. Mejor lo digo del derecho, para que no se intuya ninguna reticiencia: Me pareció muy buena.

Al lado de esto del bigote –cosa en la que, te lo prometo, no había recaído- sé que en alguna carta extramatrimonial a Don Benito P.G. le llamaba “dulce vidiña”. Sólo cada uno de los dos factores por separado ya me produciría un terror indescriptible. Imagínatelos juntos (los factores).

Creo que fue Curros Enríquez quien le dedicó un asiento del tren en que recreó la *Divina Commedia* en cachondeo. Si no recuerdo malamente la situó en el vagón de la gula (por su obesidad). Lo que no soy capaz de traer a la memoria es si equivalía a Virgilio en su paseo con Dante, ni si habían en otros vagones-pecados más escritores. Curros te era muy de la broma.

La “princesa galaica” fue descartada de mi escueta lista de preferencias el día que supe que al ser preguntada su opinión sobre una poesía de Rosalía de Castro, contestó “Muy bonita” con una especie de mohín de condescencia, displicencia y superioridad. Ésta anécdota la contaba el Profesor Basilio Losada con tal maestría que hasta echaba para atrás toda la fila de vértebras cervicales y reproducía el gesto con la boca cerrada como un piñón y ladeada. Bueno, ya se sabe en España que el talento literario no siempre va unido a otras prendas.

Bueno, ya veré que tal duermo.

Anónimo dijo...

Ay, las rivalidades literarias... y aún digo más, ay, los pies de barro de los maestros...
Lo de "dulce vidiña" es para no pegar ojo, tienes razón. Pero quién sabe... a lo mejor escribía, en este caso, a gusto del lector, que ya se sabe que es una fórmula que no da buen resultado literario. De todas formas, leí un día un artículo de Rosa Montero en el que citaba fragmentos de cartas de amor de los grandes (de las que escribieron para no ser publicadas) y que venía a demostrar que no tiene nada que ver el estilo con lo que sale a bote pronto del corazón o de donde quiera que salgan esos desahogos.